Mateo 6:31-34

31 No os afanéis, pues, diciendo: ¿Qué comeremos, o qué beberemos, o qué vestiremos? 32 Porque los gentiles buscan todas estas cosas; pero vuestro Padre celestial sabe que tenéis necesidad de todas estas cosas. 33 Mas buscad primeramente el reino de Dios y su justicia, y todas estas cosas os serán añadidas. 34 Así que, no os afanéis por el día de mañana, porque el día de mañana traerá su afán. Basta a cada día su propio mal. ( RV 1960)

Ilustración:

El buscador

Esta es la historia de un hombre al que definiría como un buscador. Un buscador es alguien que busca, no necesariamente alguien que encuentra. Tampoco es alguien que, necesariamente, sabe lo que está buscando, es simplemente alguien para quién su vida es una búsqueda.

Un día, el buscador sintió que debía ir hacia la ciudad de Kammir. Había aprendido a hacer caso riguroso a estas sensaciones que venían de un lugar desconocido de sí mismo, así que dejó todo y partió.

Después de dos días de marcha por los polvorientos caminos divisó, a lo lejos, Kammir. Un poco antes de llegar al pueblo, una colina a la derecha del sendero le llamó mucho la atención. Estaba tapizada de un verde maravilloso y había un montón de árboles, pájaros y flores encantadoras; la rodeaba por completo una especie de valla pequeña de madera lustrada.

Una portezuela de bronce lo invitaba a entrar. De pronto sintió que olvidaba el pueblo y sucumbió ante la tentación de descansar por un momento en ese lugar. El buscador traspasó el portal y empezó a caminar lentamente entre las piedras blancas que estaban distribuidas como al azar, entre los árboles.

Dejó que sus ojos se posaran como mariposas en cada detalle de este paraíso multicolor. Sus ojos eran los de un buscador, y quizás por eso descubrió sobre una de las piedras, aquella inscripción, “Abdul Tareg, vivió 8 años, 6 meses, 2 semanas y 3 días.”

Se sobrecogió un poco al darse cuenta de que esa piedra no era simplemente una piedra, era una lápida. Sintió pena al pensar que un niño de tan corta edad estaba enterrado en ese lugar.

Mirando a su alrededor el hombre se dio cuenta de que la piedra de al lado tenía una inscripción similar. Se acercó a leerla, decía: “Yamir Kalib, vivió 5 años, 8 meses, y 3 semanas.”

El buscador se sintió terriblemente conmocionado. Este hermoso lugar era un cementerio y cada piedra, una tumba. Una por una, empezó a leer las lápidas. Todas tenían inscripciones similares: un nombre y el tiempo de vida exacto del muerto. Mas lo que lo conectó con el espanto, fue comprobar que el que más tiempo había vivido sobrepasaba apenas los 11 años.

Embargado por un dolor terrible se sentó y se puso a llorar. El cuidador del cementerio, pasaba por allí y se le acercó. Lo miró llorar por un rato en silencio. Luego el hombre le preguntó:

— ¿Por qué tantos niños muertos enterrados en este lugar; cuál es la horrible maldición que pesa sobre esta gente, que los ha obligado a construir un cementerio de chicos?

El anciano se sonrió y dijo:

— Puede serenarse. No hay tal maldición. Aquí tenemos una vieja costumbre. Cuando un joven cumple quince años sus padres le regalan una libreta, como ésta que tengo colgando del cuello. Es la tradición entre nosotros que a partir de allí, cada vez que uno disfruta inmensamente de algo, abre la libreta y anota en ella: a la izquierda, qué fue lo disfrutado, a la derecha, cuánto tiempo duró el gozo. Conoció a su novia, y se enamoró de ella. ¿Cuánto tiempo duró la pasión enorme y el placer de conocerla? ¿Una semana? ¿Dos, tres semanas y media? Y después, la emoción del primer beso, el placer maravilloso del primer beso, ¿cuánto duró? ¿El minuto y medio del beso, dos días, una semana?; ¿Y el embarazo o el nacimiento del primer hijo? ¿Y el casamiento de los amigos?; ¿Y el viaje más deseado?, ¿Y el encuentro con el hermano que vuelve de un país lejano?

¿Cuánto tiempo duró el disfrutar de estas situaciones?, ¿Horas?, ¿Días? Así vamos anotando en la libreta cada momento que disfrutamos.  Cuando alguien se muere, es nuestra costumbre abrir su libreta y sumar el tiempo de lo disfrutado, para escribirlo sobre su tumba, porque ése es, para nosotros, el único y verdadero tiempo vivido.

Cuerpo del Mensaje

En esta generación, casi todo el mundo vivimos una vida ajorada en tantas que actividades que no sacamos el tiempo para disfrutar nuestros logros y éxitos.

Mateo 6:31-34

31 No os afanéis, pues, diciendo: ¿Qué comeremos, o qué beberemos, o qué vestiremos? 32 Porque los gentiles buscan todas estas cosas; pero vuestro Padre celestial sabe que tenéis necesidad de todas estas cosas. 33 Mas buscad primeramente el reino de Dios y su justicia, y todas estas cosas os serán añadidas. 34 Así que, no os afanéis por el día de mañana, porque el día de mañana traerá su afán. Basta a cada día su propio mal.

Afán –  anhelo, deseo, ansia, aspiración, pretensión, ambición, codicia, determinación, interés, esfuerzo.

Afanarse puede convertir a cualquier persona en ambiciosa, interesada, en una persona ansiosa

El tener de mas nos hace vivir afanados, preocupados en cómo mantener todo lo que poseemos, hasta nos puede provocar amargura el simple pensamiento de qué haremos si lo perdemos.

El afán, nos hace adquirir y poseer mas, pero no disfrutar lo que tenemos. Solo se nos pasan los días mirando lo que tenemos y cómo podemos conseguir la forma de mantenerlo en buenas condiciones. Pero esto no es disfrutarlo.

Pedimos un trabajo el Señor nos lo concede pero luego no disfrutamos el fruto de ese trabajo.

Ver. 33 Mas buscad primeramente el reino de Dios y su justicia, y todas estas cosas os serán añadidas.

En el reino se disfruta todo lo que poseemos, porque es Dios quien nos da todas las cosas. Sean o no de nuestro agrado.  Aunque no nos guste, con el tiempo comprendemos que era necesario que obtuviéramos lo que Dios permitió en nuestras vidas.

El Reino de Dios nos enseña a que las cosas de este mundo son pasajeras y nuestra alma logra entenderlo. Solo los que reciben esta revelación y viven conforme a ella, disfrutarán de todo lo que pase en su corta vida por este mundo.

Los que comprenden que todo es  pasajero y esta pronto a desaparecer, pero deciden pelear en contra de esta realidad son los que terminan ansiosos preocupados. Entrando en en comportamiento de no disfrutar nada, pensando que se lo quitaran en algún momento.

Ver. 34 Así que, no os afanéis por el día de mañana, porque el día de mañana traerá su afán. Basta a cada día su propio mal.

Conclusión:

Nada podemos hacer para retener lo que con la llegada del nuevo día puede desaparecer. Mejor disfrutemos lo que hoy tenemos y esperemos con buena aptitud lo que traerá el día de mañana.

Aptitud – capacidad, habilidad, inteligencia, potencial, talento, don, disposición, pericia.

Poseemos todo esto para enfrentar cualquier situación positiva o negativa, regalo, propiedad o bendiciones que el día siguiente nos traiga. Solo que cuando el mismo termine hayamos disfrutado al máximo toda experiencia.

Son grandemente Bendecidos

Ricky Morales Pastor de:

Casa de Restauración «Una Visión Sin Límite»