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Mateo 17: El monte de la transfiguración

 Seis días después, Jesús se llevó a Pedro, a Santiago y al hermano de éste, Juan, a un monte alto a solas, y allí cambió de apariencia en presencia de ellos. Su rostro relucía como el Sol, y Su ropa se volvió tan blanca como la luz. Y, fijaos: Se les aparecieron Moisés y Elías hablando con Él. Pedro Le dijo a Jesús:

-¡Señor, qué bien que estamos aquí! Voy a hacer tres cabañas: una para Ti, otra para Moisés y otra para Elías.

Antes de que acabara de decirlo, fijaos: Los envolvió una nube luminosa; y fijaos: Salió una voz de la nube que decía:

-¡Este es Mi Hijo amado, en Quien Me complazco plenamente! ¡Oídle a ÉL!

Cuando los discípulos oyeron aquello, cayeron rostro a tierra y les entró mucho miedo. Jesús Se les acercó, los tocó y dijo:

Levantaos, y no tengáis miedo. Cuando ellos levantaron la vista no vieron allí a nadie más que a Jesús.

Al gran momento de Cesarea de Filipo siguió el gran momento del monte de la Transfiguración. Reconstruyamos primeramente la escena en que vino este momento de gloria a Jesús y a Sus tres discípulos escogidos. Hay una tradición que identifica el monte de la Transfiguración con el monte Tabor, pero no es probable. En la cima del monte Tabor había una fortaleza armada y un gran castillo; parece casi imposible que la Transfiguración pudiera tener lugar en una montaña que era una fortaleza. Mucho más probable es que la escena de la Transfiguración tuviera lugar en el monte Hermón. Hermón estaba a unos 25 kilómetros de Cesarea de Filipo. Hermón tiene 2,800 metros de altitud sobre el Mediterráneo, y 3,000 sobre el nivel del mar de Galilea, y 3,400 sobre el del mar Muerto. Es tan alto que se puede ver perfectamente desde el mar Muerto, al otro extremo de Palestina, a más de 150 kilómetros.

No puede haber sido en el pico más alto donde esto sucedió. Sería demasiado alto. El canon Tristram nos cuenta cómo lo escalaron él y su equipo. Pudieron cabalgar hasta casi la cima, en lo que tardaron cinco horas. No es fácil mantenerse activo a esas alturas. Tristram dice: «Pasamos una gran parte del día en la cima, pero nos sentimos penosamente afectados por lo enrarecido de la atmósfera.»

Sería en algún lugar de las laderas del hermoso y majestuoso monte Hermón donde tuvo lugar la Transfiguración. Tiene que haber sido por la noche. Lucas nos dice que los discípulos estaban rendidos de sueño (Luk_9:32 ). Ya era el día siguiente cuando Jesús y Sus discípulos bajaron a la llanura, y se encontraron esperándoles al padre del muchacho epiléptico (Luk_9:37 ). Así es que sería a la caída de la tarde, o ya de noche, cuando tuvo lugar esta maravillosa escena.

¿Por qué fue allí Jesús? ¿Por qué hizo esta expedición a aquellas solitarias laderas? Lucas nos da la clave. Nos dice que Jesús estuvo orando (Luk_9:29 ).

Debemos colocarnos, hasta donde nos sea posible, en el lugar de Jesús. Para entonces estaba de camino hacia la Cruz. De eso estaba totalmente seguro; una y otra vez se lo dijo a Sus discípulos. En Cesarea de Filipo Le hemos visto enfrentándose con un problema y resolviéndolo. Le hemos visto tratando de descubrir si había alguno que hubiera reconocido Quién y qué era Él. Hemos visto que aquella pregunta tuvo una respuesta triunfal, porque Pedro había captado el gran hecho de que a Jesús solamente podía describírsele como el Hijo de Dios. Pero había una pregunta todavía más grande que esa, que Jesús tenía que contestar antes de iniciar Su último viaje.

Tenía que estar totalmente seguro, sin la menor sombra de duda, de que estaba haciendo lo que Dios quería que hiciera. Tenía que estar seguro de que era de veras la voluntad de Dios el que Él fuera a la Cruz. Jesús subió al monte Hermón a preguntarle a Dios: «¿Estoy haciendo Tu voluntad al afirmar Mi rostro para ir a Jerusalén?» Jesús subió al monte Hermón para escuchar la voz de Dios. Nunca quería dar ningún paso sin consultárselo a Dios. ¿Cómo iba a dar el paso más importante de todos sin consultárselo? En toda situación hacía una pregunta y sólo una: «¿Es la voluntad de Dios para Mí?» Y esa era la pregunta que Le estaba haciendo a Dios en la soledad de las laderas del Hermón.

Es una de las diferencias supremas entre Jesús y nosotros, que Jesús siempre preguntaba:»¿Qué quiere Dios que Yo haga?;» y nosotros casi siempre preguntamos: «¿Qué es lo que yo quiero hacer?» Decimos a menudo que la única característica de Jesús era que no tenía pecado. ¿Qué queremos decir con eso? Precisamente esto: que Jesús no tenía más voluntad que la voluntad de Dios. La actitud del cristiano debe ser siempre la que expresó Teresa de Jesús: «Lo que da valor a nuestra. voluntad es juntarla con la de Dios, de manera que no quiera otra cosa sino lo que Su Majestad quiere.» Y en forma poética:

Vuestra soy, para Vos nací, ¿Qué mandáis hacer de mí?

Soberana Majestad, Eterna Sabiduría, Bondad buena al alma mía, Dios, Alteza, un Ser, Bondad, la gran vileza mirad que hoy os canta amor así: ¿Qué mandáis hacer de mí?

Vuestra soy, pues me criastes; vuestra, pues me redimistes; vuestra, pues que me sufristes; vuestra, pues que me llamaste; vuestra, pues que me esperastes; vuestra, pues no me perdí. ¿Qué mandáis hacer de mí?

¿Qué mandáis, pues, buen Señor, que haga tan vil criado? ¿Cuál oficio le habéis dado a este esclavo pecador? Veisme aquí, mi dulce Amor; Amor dulce, veisme aquí. ¿Qué mandáis hacer de mí?

. . Dadme muerte,, dadme vida, dad salud o enfermedad, honra o deshonra me dad, dadme guerra o paz crecida,

flaqueza o fuerza cumplida, que a todo digo que sí. ¿Qué mandáis hacer de mí?

. Dadme .Calvario o Tabor, desierto o tierra abundosa, sea Job en el dolor, o Juan que al pecho reposa; sea viña fructuosa o estéril si cumple así. ¿Qué mandáis hacer de mí?

Cuando Jesús tenía un problema, no trataba de resolverlo solamente mediante el poder de Su propio pensamiento; tampoco se lo presentaba a otros para recibir un consejo humano; se lo llevaba a un lugar solitario y se lo presentaba a Dios.

LA BENDICIÓN DEL PASADO

Allí, en las laderas de la montaña, se Le aparecieron a Jesús dos grandes figuras: Moisés y Elías.

Es fascinante ver en cuántos aspectos la experiencia de estos dos grandes siervos de Dios armonizaba con la de Jesús. Cuando Moisés descendió del monte Sinaí, no sabía que la piel de su rostro resplandecía (Exo_34:29 ). Tanto Moisés como Elías tuvieron sus experiencias más íntimas de Dios en la cima de las montañas. Moisés subió al monte Sinaí para recibir las tablas de la Ley (Exo_31:18 ). Fue en el monte Horeb donde Elías encontró a Dios, no en el viento, ni en el terremoto, sino en el silbo apacible y delicado (1Ki_19:9-12 ). Es curioso que no hubo nada terrible acerca de las muertes de Moisés y Elías. Deu_34:5 s nos cuenta la solitaria muerte de Moisés en el monte Nebo. Parece como si Dios mismo hubiera enterrado al gran líder del pueblo: « Y Él le enterró en la tierra de Moab, enfrente de Bet Peor; pero nadie conoce el lugar de su sepultura hasta hoy mismo.» En cuanto a Elías, el antiguo relato nos dice que marchó del lado del sobrecogido Eliseo en una carroza de fuego con caballos de fuego (2Ki_2:11 ). Las dos grandes figuras que se Le aparecieron a Jesús cuando iniciaba Su marcha hacia Jerusalén fueron hombres que parecían demasiado grandes para morir.

Además, como ya hemos visto, era la creencia general de los judíos que Elías había de ser el precursor y heraldo del Mesías, y también creían, por lo menos algunos maestros judíos, que, cuando el Mesías viniera, Le acompañaría Moisés.

Nos es fácil ver lo adecuada que era esta visión de Moisés y Elías. Pero ninguna de las razones expuestas es la razón verdadera por la que Jesús tuvo la visión de Moisés y Elías.

Una vez más, hemos de volver al relato que nos hace Lucas de la Transfiguración. Nos dice que Moisés y Elías hablaron con Jesús, como dice la versión Reina-Valera, «de Su partida, que Jesús iba a cumplir en Jerusalén» Luk_9:31 ). La palabra que se usa para partida en el original griego es muy significativa. Es Éxodos, que es de la que se deriva la palabra Éxodo en castellano.

La palabra Éxodo tiene un trasfondo especial; es la que se ha utilizado siempre en relación con la salida del pueblo de Israel de la tierra de Egipto, por un camino desconocido del desierto que acabaría conduciéndolos a la Tierra Prometida. La palabra Éxodo es la que describe lo que bien podríamos llamar el viaje más aventurero de la Historia humana, un viaje en el que todo un pueblo, en absoluta dependencia de Dios, salió a lo desconocido.

Eso era precisamente lo que Jesús iba a hacer. En absoluta dependencia de Dios iba a..ponerse en camino en una aventura tremenda en ese viaje hacia Jerusalén, un viaje erizado de peligros, que conducía inevitablemente a la Cruz, pero un viaje que desembarcaría en la Gloria.

En el pensamiento judío, estas dos figuras, Moisés- y Elías, siempre representaban ciertas cosas. Moisés fue el más grande de todos los legisladores; fue suprema y singularmente el hombre que trajo a la humanidad la Ley de Dios. Elías fue el más grande de todos los profetas; .por medio de él habló la voz de Dios a los hombres de una manera inconfundible. Estos dos hombres eran las cimas gemelas de la historia y la evolución religiosa de Israel. Es como si las figuras más grandes de la historia de Israel vinieran a Jesús cuando se ponía en camino en la última y más grande aventura hacia lo desconocido, y Le dijeran que siguiera adelante. En ellos, toda la Historia se levantaba y Le -señalaba a Jesús el camino. En ellos, toda la Historia reconocía a Jesús como su consumación. El más grande de los legisladores y el más grande de los profetas reconocieron a Jesús como Aquel con Quien ellos habían soñado, como el Que ellos habían anunciado. La aparición de ellos fue la señal para Jesús para seguir adelante. Así pues, las más grandes figuras humanas testimoniaron a Jesús que seguía el auténtico camino, y Le animaron a salir en Su aventurado éxito a Jerusalén y al Calvario.

Pero hubo más que eso; no fueron solos el más grande legislador y el más grande profeta los que aseguraron a Jesús que iba bien; la misma voz de Dios resonó para decirle que estaba en el verdadero camino. Todos los evangelistas hablan de la nube luminosa que los envolvió. La nube era .parte de la historia de Israel. A lo largo de toda su historia, la nube luminosa representaba la sejiná, que era nada menos que la gloria del Dios todopoderoso.

En Éxodo leemos acerca de la columna de nube que había de guiar al pueblo por el camino durante el día, que se volvía una columna de fuego por la noche Exo_13:21 s). En otro lugar de Éxodo leemos acerca de la construcción y terminación del Tabernáculo; y al final del relato encontramos estas palabras: «Entonces la nube cubrió el Tabernáculo de reunión, y la gloria del Señor llenó el Tabernáculo» (Exo_40:34 ). Fue en la nube como el Señor descendió para dar las tablas de la Ley a Moisés (Exo_34:5 ). Una vez más nos encontramos con esta misteriosa nube luminosa en la dedicación del templo de Salomón: « Al salir los sacerdotes del santuario, la nube llenó la casa del Señor» (1 Reyes 8: lOs; cp. 2Ch_2:13 s; 7:2). Por todo el Antiguo Testamento nos encontramos con esta imagen de la nube en la que se encontraba la misteriosa gloria de Dios.

Podemos añadir otro detalle gráfico a lo dicho. Los viajeros nos cuentan un curioso y característico fenómeno relacionado con el monte Hermón. Edesheim escribe: « Una extraña peculiaridad se ha notado acerca de Hermón; en «la extrema rapidez con que se forma una nube en su cima. En pocos minutos, una espesa capa se forma sobre la cima de la montaña, y se dispersa con la misma rapidez hasta desaparecer completamente.»» No hay duda que en esta ocasión se formó una nube en las laderas de Hermón; ni tampoco que, en un principio, los discípulos no le dieron ninguna importancia, porque Hermón era célebre por las nubes que iban y venían en él. Pero algo extraordinario sucedió; no nos es dado suponer lo que fue; pero la nube se hizo luminosa y misteriosa, y de ella llegó la voz de la Majestad divina, poniéndole el sello de la aprobación de Dios a Jesús Su Hijo. Y en ese momento fue contestada la oración de Jesús; y Él supo sin que Le quedara la menor duda que lo correcto era seguir adelante.

El monte de la Transfiguración fue para Jesús una cima espiritual. Su Éxodo se extendía delante de Él. ¿Estaba siguiendo el camino correcto? ¿Tenía razón en aventurarse hacia Jerusalén y esperar los brazos abiertos de la Cruz? En primer lugar, recibió el veredicto de la Historia: el más grande de los legisladores y el más grande de los profetas Le dijeron que siguiera adelante. Y después, algo infinitamente más grande Le vino: la voz que Le transmitía nada menos que la aprobación de Dios. La experiencia del monte de la Transfiguración fue la que Le permitió a Jesús recorrer inflexiblemente el camino a la Cruz.

LA INSTRUCCIÓN DE PEDRO

Pero podemos suponer que el episodio de la Transfiguración contribuyó algo, no solamente para Jesús, sino también para Sus discípulos.

(i) Los discípulos tienen que haberse quedado con la mente desconcertada y apesadumbrada ante la insistencia con que Jesús les decía que tenía que ir a Jerusalén a sufrir y a morir. Tiene que haberles parecido como si no les esperara nada más que una vergüenza tenebrosa. Pero, de principio a fin, toda la atmósfera del monte de la Transfiguración fue gloria. El rostro de Jesús brilló como el Sol, y Su ropa destellaba y relucía como la luz.

Los judíos conocían muy bien la promesa de Dios a los justos victoriosos: « Sus rostros brillarán como el Sol» (2 Ezr_7:97 ). Ningún judío podría haber visto nunca esa nube luminosa sin pensar en la sejiná, la gloria de Dios que se cernía sobre Su pueblo. Hay un pequeño detalle muy revelador en este pasaje. No menos de tres veces en sus ocho breves versículos aparece la pequeña interjección: «¡He aquí! ¡Fijaos!» Es como si Mateo no pudiera ni contar la historia sin tomar aliento de vez en cuando ante su asombrosa maravilla.

Aquí había algo sin duda alucinante para elevar los corazones de los discípulos y permitirles ver la gloria a través de la vergüenza; el triunfo, a través de la humillación; la corona, más allá de la Cruz. Está claro que todavía no podían entenderlo todo; pero sin duda captarían algún ligero atisbo de que la Cruz no era solo humillación, sino que, de alguna manera, también estaba teñida de gloria; de que, de alguna manera, la gloria era la misma atmósfera del Éxodo hacia Jerusalén y hacia la muerte.

(ii) Además, Pedro tiene que haber aprendido dos lecciones aquella noche. Cuando Pedro despertó a lo que estaba sucediendo, su primera reacción fue hacer tres tabernáculos: uno para Jesús, otro para Moisés y otro para Elías. Pedro era hombre de acción; siempre estaba dispuesto a hacer algo. Pero hay un tiempo para la quietud; hay un tiempo para la contemplación, para la admiración, para la adoración, para la temerosa reverencia en la presencia de la gloria suprema. «Estad tranquilos, y comprobad que Yo soy Dios» Psa_46:10 ). Puede que algunas veces estemos demasiado ocupados tratando de hacer algo cuando sería mejor guardar silencio, y escuchar, y maravillarnos, y adorar en la presencia de Dios. Antes de que uno pueda luchar y emprender la marcha de la aventura, debe arrodillarse ante la maravilla, y orar y adorar.

(iii) Pero esto tiene otra cara. Está claro que Pedro quena esperar en la ladera de la montaña. Quería que se prolongara aquel gran momento. No quería descender a las cosas cotidianas y ordinarias otra vez, sino quedarse para siempre en el resplandor de la gloria.

Ese es un sentimiento que todos hemos tenido alguna vez. Hay momentos de intimidad, de serenidad, de paz, de proximidad a Dios, que todos hemos conocido y querido prolongar alguna vez. Como ha dicho A. H. McNeile: «El monte de la Transfiguración siempre nos encanta más que el ministerio cotidiano o el camino de la Cruz.»

Pero el monte de la Transfiguración nos es dado solamente para proveernos de la fuerza para el ministerio cotidiano, y para ayudarnos a recorrer el camino de la Cruz. Susanna Wesley tenía una oración: «Ayúdame, Señor, a recordar que la religión no se limita a la iglesia o al retiro, ni se practica solamente en oración y meditación, sino que siempre y en todo lugar estoy en Tu presencia.»

El momento de gloria no existe independientemente; existe para revestir las cosas normales y comentes con un resplandor que nunca antes tuvieron.

ENSEÑANDO EL CAMINO DE LA CRUZ

Mateo 17:9-13, 22-23

Conforme iban bajando del monte, Jesús les dio instrucciones rigurosas:

No le digáis nada a nadie de la visión hasta que el Hijo del Hombre haya resucitado.

Los discípulos Le preguntaron a Jesús:

Entonces, ¿por qué dicen los escribas que Elías tiene que venir antes?

-Es verdad lo que dicen de que Elías ha de venir a restaurar todas las cosas -les contestó Jesús-; pero os aseguro que Elías ya ha venido, y no le reconocieron, sino que hicieron con él lo que quisieron. De la misma manera tiene que sufrir a sus manos el Hijo del Hombre.

Entonces comprendieron los discípulos que Jesús les hablaba de Juan el Bautista.

Cuando se reunieron en Galilea, Jesús les dijo:

El Hijo del Hombre va a ser entregado a manos de hombres que Le matarán; pero al tercer día resucitará.

Y los discípulos se quedaron tremendamente apesadumbrados.

Aquí tenemos otra vez la orden de mantener el secreto, que era sumamente necesaria. El gran peligro consistía en que se proclamara a Jesús como Mesías sin saber Quién ni Qué era el Mesías. La concepción general tanto acerca del precursor como acerca del Mesías, tenía que ser radical y fundamentalmente cambiada. Iba a requerir mucho tiempo el desaprender la idea de un mesías conquistador; hasta tal punto formaba parte de la mentalidad judía que fue difícil, casi imposible, alterarla. Los versículos 9-13 son un pasaje muy difícil. Detrás de ellos está esta idea. Los judíos estaban de acuerdo en que antes de que viniera el Mesías, volvería Elías como Su heraldo y precursor. «He aquí que Yo os enviaré al profeta Elías antes que llegue el día grande y terrible del Señor.» Así escribía Malaquías, -y proseguía: «Y él hará volver el corazón de los padres a los hijos, y el corazón de los hijos a los padres, no sea que Yo venga y castigue la Tierra con una maldición» (Malaquías 4: Ss). Poco a poco, a la idea de la venida de Elías se iban agregando detalles, hasta que los judíos llegaron a creer, no solamente que vendría Elías, sino que restauraría todas las cosas antes de la venida del Mesías; que él, digamos, haría que el mundo estuviera dispuesto para la llegada del Mesías. La idea era que Elías sería un reformador grande y terrible, que pasaría por el mundo destruyendo todo lo malo y enderezando todas las injusticias. El resultado era que tanto el precursor como el Mesías se concebían en términos de poder.

Jesús corrigió eso. «Los escribas -dijo- dicen que Elías vendrá como una bocanada de fuego purificador y vengativo. Él ya ha venido; pero su carácter fue doliente y sacrificado, como también ha de serlo el del Hijo del Hombre.» Jesús ha establecido que el método del servicio de Dios nunca consiste en acabar violentamente con la humanidad, sino en atraérsela con arrullos amorosos y un amor sacrificial.

Eso era lo que los discípulos tenían que aprender; y por eso tenían que guardar silencio hasta que lo hubieran aprendido. Si se hubieran puesto a predicar a un mesías conquistador, la consecuencia no habría sido más que una tragedia. Se ha, calculado que el siglo antes de la Crucifixión de Jesús hubo no menos de 200,000 que perdieron la vida en rebeliones inútiles. Antes de que se pudiera predicar a Cristo, había que saber Quién y Qué era Cristo; y hasta que Jesús enseñara a Sus seguidores la necesidad de la Cruz, tenían que guardar silencio y aprender. No son nuestras ideas, sino el mensaje de Cristo lo que debemos, comunicar a la humanidad; y nadie puede enseñar a otros hasta que Jesucristo le haya enseñado a él.

LA FE ESENCIAL

Mateo 17:14-20

Cuando llegaron adonde estaba la gente, se Le acercó a Jesús un hombre que se postró a Sus pies y Le dijo:

-Señor, ten piedad de mi hijo, que es epiléptico y sufre terriblemente; porque muchas veces se cae en el fuego, y otras en el agua. Y se le he traído a Tus discípulos, pero no han podido curarle.

Jesús exclamó:

-¡Oh generación infiel y perversa! ¿Cuánto tiempo voy a tener que seguir con vosotros? ¿Cuánto tiempo os voy a tener que soportar? ¡Tráemele!

Y Jesús se dirigió a él con autoridad, y el demonio salió de él, y el chico quedó curado al momento.

Cuando los discípulos se reunieron con Jesús en privado, Le dijeron:

-¿Por qué nosotros no pudimos echar al demonio?

-Porque tenéis muy poca fe -les contestó Jesús-. Os aseguro que si tuvierais una fe como un grano de mostaza, le diríais a este monte: «¡Quítate de en medio!,» y se quitaría. Así es que nada tiene que seros imposible.

Tan pronto como bajó Jesús de la gloria celestial se encontró con un problema terrenal y una demanda práctica. Un hombre había traído a su hijo epiléptico a los discípulos cuando Jesús estaba ausente. Mateo describe al chico con el verbo seléniazesthai, que quiere decir literalmente afectado por la luna, lunático. Como era normal en aquel tiempo, el padre atribuía la condición del chico a la influencia maligna de espíritus inmundos. Tan seria era su condición que ponía en peligro su persona, y a otras. Casi podemos oír el suspiro de alivio cuando apareció Jesús, e inmediatamente se hizo cargo de una situación que había estado totalmente fuera de control. Con una fuerte y enérgica palabra mandó salir al demonio, y el chico quedó curado. Esta historia está llena de cosas significativas.

(i). No podemos por menos de conmovernos ante la fe del padre del chico. Aunque los. discípulos habían recibido poder para echar demonios (Mat_10:1 ), aquí tenemos un caso en que fallaron notoriamente en público: Y .sin embargo, a pesar del fracaso de los discípulos, el padre no dudó nunca del poder de Jesús. Es como si se dijera: «Si consigo llegar al mismo Jesús, mi necesidad y mi problema estarán solucionados.»

Aquí hay algo muy conmovedor; y hay -algo que es muy universal y actual: Hay muchos que creen que la iglesia, los que profesan ser los discípulos de Jesús en su día y generación, han fracasado y son impotentes para resolver los males de la situación humana; y sin embargo, en el fondo; tienen el sentimiento: «Si pudiéramos llegar más allá de Sus seguidores humanos, si pudiéramos pasar al otro lado de la fachada de la iglesia y el fracaso de la iglesia, si pudiéramos llegar hasta el mismo Jesús, podríamos recibir las cosas que necesitamos.» Es al mismo tiempo nuestra condenación y nuestro desafío el que todavía en nuestro tiempo, aunque hay muchos que han dejado de creer en la iglesia, no han perdido del todo la fe en el Señor Jesucristo.

(ii) Aquí vemos las demandas constantes que se Le hacían a Jesús. Viniendo directamente de la gloria de la cima del monte, Se enfrentó con el sufrimiento humano. Inmediatamente después de escuchar la voz de Dios, vino a oír las demandas angustiosas de la necesidad humana. La persona que más se parece a Cristo en el mundo es la que nunca encuentra que sus semejantes son una molestia. Es fácil sentirse cristiano en el momento de la oración y la meditación; es fácil sentirse cerca de Dios cuando estamos de espaldas al mundo. Pero eso no es religión: es evasión. La religión real es levantarse después de haber estado de rodillas ante Dios para salir al encuentro de las personas y de los problemas de la situación humana. La verdadera religión consiste en recibir la fuerza de Dios para transmitírsela a otros. La verdadera religión incluye tanto el encuentro con Dios en el lugar secreto como encontrarse con la gente en el mercado. La verdadera religión quiere decir presentarle nuestras propias necesidades a Dios, no para disfrutar de la .paz y de la tranquilidad y de la comodidad sin molestias, sino para ser capacitados generosa, efectiva y poderosamente para resolver las necesidades de los demás. Las alas de la paloma no son para el cristiano que quiere seguir a Su Maestro haciendo el bien.

(iii) Vemos aquí el dolor de Jesús. No es que Jesús dijera que quería librarse de Sus discípulos. Es que Él dice: «¿Cuánto tiempo voy a tener que estar con vosotros hasta que lleguéis a comprender?» No hay nada más propio de Cristo que la paciencia. Cuando nos parece que vamos a perderla paciencia ante las locuras y las necedades humanas, recordemos la infinita paciencia de Dios con los extravíos y las deslealtades y la indocilidad de nuestra propia alma.

(iv) Vemos aquí la necesidad central de la fe, sin la cual nada puede suceder. Cuando Jesús habló de desplazar montañas, estaba usando una frase que los judíos conocían muy bien. Un gran maestro que pudiera realmente presentar y exponer las Escrituras y explicar y resolver las dificultades, recibía el nombre de un desarraigador, o hasta un pulverizador de montañas. Deshacer, desarraigar y pulverizar montañas eran imágenes que se usaban para resolver las dificultades. Jesús nunca pretendió que se tomara esto literalmente en su sentido físico. Después de todo, una persona normal no se encuentra frecuentemente en la necesidad de tener que desplazar montañas físicas. Lo que quería decir era: «Si se tiene suficiente fe, todas las dificultades se pueden resolver, y cumplir hasta la tarea más difícil.» La fe en Dios es el instrumento que permite a las personas eliminar las colinas de dificultades que bloquean el camino.

EL IMPUESTO DEL TEMPLO

Mateo 17:24-27

Cuando llegaron , a Cafarnaum, se le acercaron a Pedro los cobradores del medio siclo del impuesto del templo y le dijeron:

¿Es que tu Maestro no paga el impuesto? .

-¡Claro que sí! -contestó Pedro. Y cuando entró en la casa, antes de que dijera nada, Jesús le dijo:

-¿Qué crees tú, Simón? ¿De quiénes cobran impuestos y tributos los reyes de la tierra,, de sus ciudadanos o de los extranjeros?

Cuando Pedro Le contestó que de los extranjeros, Jesús le dijo:

Así, es que. los ciudadanos están exentos. Pero, para no hacer que se escandalicen, vete al mar, echa la red, y coge el pez que caiga; y cuando le abras la boca encontrarás en ella un siclo. Tómalo, y dalo por ti y por Mí.

El templo de Jerusalén tenía unos gastos de mantenimiento elevadísimos. En todos los sacrificios de la mañana y de la tarde se ofrecía un cordero de un año, con vino, harina y aceite. El incienso que se quemaba todos los días tenía que comprarse y prepararse. Había que reponer con frecuencia las cortinas y las .ropas de los sacerdotes, que eran caras; y las vestiduras del sumo sacerdote costaban no menos que el rescate de un rey. Todo esto suponía dinero.

Así que, sobre la base de Exo_30:13 , estaba establecido que todos los varones judíos de veinte años para arriba debían pagar el impuesto anual del templo de medio siclo. En los días de Nehemías, cuando el pueblo era pobre, se redujo a la tercera parte de un siclo. Medio siels equivalía a dos dracmas griegas; por eso se llamaba corrientemente al impuesto didrajm, como aparece en este pasaje. Para hacernos una idea de su equivalencia actual diremos que era igual al salario de dos días de un jornalero. Este impuesto hacía que ingresaran en el tesoro del templo unos 15,000,000 de pesetas al año; pero no olvidemos en este cálculo que el salario diario sería de 10 pesetas. En teoría, el impuesto era obligatorio, y las autoridades del templo tenían poder para deducírselo a una persona de sus bienes si dejaba de pagarlo.

El método de cobro estaba cuidadosamente organizado. El día 1 del mes de adar, correspondiente a marzo, se anunciaba en todos los pueblos y aldeas de Palestina que había llegado el tiempo de pagar el impuesto. El día 15 del mismo mes se instalaban puestos en todos los pueblos y aldeas, donde se pagaba el impuesto. Si no se pagaba antes del 25 de adar, se podía abonar directamente en el templo de Jerusalén.

En este pasaje vemos a Jesús pagando el impuesto del templo. Los cobradores se dirigieron a Pedro y le preguntaron si su Maestro pagaba Sus impuestos. Es probable que la pregunta se hiciera con una intención maliciosa, esperando que Jesús rehusara pagar; porque, en ese caso, los ortodoxos tendrían algo de que acusarle. Pedro contestó inmediatamente que claro que su Maestro pagaba el impuesto. Después fue, y Se lo dijo a Jesús, y Jesús usó una especie de parábola en los versículos 25 y 26.

La escena representada tiene dos posibilidades de interpretación, pero en ambos casos su sentido es el mismo.

(i) En el mundo antiguo, las naciones que conquistaban y colonizaban a otras no tenían mucha idea ni intención de gobernar para favorecer a los pueblos sometidos. Más bien lo que consideraban era que los pueblos sometidos existían para ponerles a ellos las cosas más fáciles. En consecuencia, la nación conquistadora nunca pagaba tributo, aunque las demás sí lo pagaran. Eran las naciones sometidas las que soportaban la carga y pagaban los impuestos. Así es que Jesús puede que quisiera decir: «Dios es el Rey de Israel; pero nosotros somos el verdadero Israel, porque somos ciudadanos del Reino del Cielo; los extranjeros puede que tengan que pagar, pero nosotros somos libres.»

(ii) Pero es probable que la alegoría fuera mucho más sencilla. Si algún rey imponía tributo a una nación, está claro que no incluía en la obligación de pagarlo a su propia familia. Los impuestos se cobraban para el mantenimiento de su propia casa. El impuesto en cuestión era para el templo, que era la casa de Dios. Jesús era el Hijo de Dios. Él dijo cuando Sus padres Le encontraron en Jerusalén: « ¿Es que no sabíais que Yo tendría que estar en la casa de Mi padre?» (Luk_2:49 ). ¿Cómo iba a estar obligado el Hijo a pagar el impuesto que se cobraba para la casa de Su Padre?

A pesar de todo, Jesús dijo que tenían que pagar, no porque estuvieran sometidos a la ley, sino por urca obligación superior. Dijo que debían pagar « para no ofender a nadie.» El Nuevo Testamento usa siempre el verbo ofender (skandalizein) y el nombre ofensa (skándalon) en un sentido especial. El verbo no se usaba nunca con el sentido de insultar, o molestar, u ofender el orgullo de nadie. Siempre quena decir ponerle una piedra de tropiezo en el camino a alguien. Hacer que alguien tropezara y cayera. Por tanto, Jesús está diciendo: «Debemos pagar para no dar a otros mal ejemplo. No debemos conformarnos con cumplir con nuestro deber, sino que debemos actuar de tal manera que los demás puedan ver lo que tienen que hacer.» Jesús no Se permitiría nada que pudiera hacer que otra persona menospreciara las obligaciones normales de la vida. En la vida ,puede que haya a veces exenciones que se pueden reclamar; puede que haya cosas que nos podemos permitir hacer u omitir sin riesgo. Pero no debemos reclamar nada ni permitirnos nada que pueda ser un mal ejemplo para los demás.

Nos podríamos preguntar por qué se transmitió esta historia. Por razones de espacio, los evangelistas tuvieron que seleccionar su material. ¿Por qué incluyeron esta historia? El evangelio de Mateo se escribió entre los años 80 y 90 d C. Ahora bien, un poco antes de entonces los judíos y los cristianos israelitas tuvieron que enfrentarse con un problema real e inquietante. Ya vimos que todo varón judío a partir de los veinte años de edad tema que pagar el impuesto del templo; pero el templo fue destruido totalmente el año 70 d C., y ya no se reconstruyó. Después de la destrucción del templo, el emperador romano Vespasiano decretó que el medio siclo del impuesto del templo tenía que pagarse entonces a la tesorería del templo de Júpiter Capitolino de Roma.

Aquí sí que surgió un problema. Muchos de los judíos y de los cristianos israelitas se sintieron tentados a rebelarse contra esta imposición. Cualquier rebelión semejante que se produjera tendría consecuencias desastrosas, porque sería aplastada inmediatamente, y habría reportado a los judíos y a los cristianos la reputación de ser ciudadanos desleales y desafectos.

Esta historia se incluyó en los evangelios para decirles a los cristianos, especialmente a los del pueblo de Israel que, por muy desagradable que les resultara, tenía que asumir sus obligaciones como ciudadanos. Esta historia nos dice a nosotros que el Cristianismo y la buena ciudadanía van mano a mano. El cristiano que se exime de las obligaciones de la buena ciudadanía, no solamente está fallando como ciudadano, sino también como cristiano.

CÓMO PAGAR NUESTRAS DEUDAS

Ahora llegamos a la historia misma. Si la tomamos con un miope y crudo literalismo, quiere decir que Jesús le dijo a Pedro que fuera a pescar un pez, y que encontraría un stater en la boca del pez, que seria suficiente para pagar el impuesto de ellos dos. No es irrelevante advertir que el evangelio no nos dice si Pedro lo hizo. La historia acaba con el dicho de Jesús.

Antes de empezar a examinar el pasaje debemos recordar que a todos los pueblos orientales les encanta contar las cosas de la manera más dramática y vivaz posible; y que les encanta decir las cosas con una sonrisa radiante y sugestiva. Este milagro es difícil en tres sentidos.

(i) Dios no realiza un milagro para hacer lo que podemos hacer nosotros. Eso nos perjudicaría más que ayudarnos. Por muy pobres que fueran los discípulos, no necesitaban un milagro para ganarse dos medios siclos. No estaba fuera de las posibilidades humanas el ganar esa cantidad.

(ii) Este milagro transgrede la gran decisión de Jesús de no usar nunca Su poder milagroso para Su propio fin. Él podría haber convertido las piedras en pan para satisfacer Su propia hambre, pero rehusó hacerlo. Podría haber usado Su poder para elevar Su propio prestigio como obrador de maravillas, pero rehusó hacerlo. En el desierto, Jesús decidió de una vez para siempre no usar Su poder para Sus propios fines. Si se toma esta historia con un crudo literalismo, nos muestra a Jesús usando Su poder divino para satisfacer Su necesidad, y eso es algo que Jesús no haría jamás.

(iii) Si tomamos este milagro literalmente, hay un sentido en que llega a ser hasta inmoral. La vida sería un caos si una persona pudiera pagar sus deudas encontrando monedas en las bocas de los peces. Nunca se pretendió que la vida se organizara de tal manera que la gente pudiera cumplir sus obligaciones de una manera tan fácil y despreocupada. «Los dioses -dijo uno de los grandes griegos-han dispuesto que el sudor fuera el precio de todas las cosas.» Eso es tan cierto para el pensador cristiano como lo era para el griego.

En tal caso, ¿qué podemos decir a esto? ¿Tenemos que decir que esto no es más que una historia legendaria, mera invención imaginativa, y que no encierra ninguna verdad? ¡Nada de eso! No cabe duda de que algo sucedió.

Recordemos otra vez el amor de los orientales para las narraciones vivaces. Indudablemente lo que sucedió fue lo que sigue. Jesús le dijo a Pedro: «Sí, Pedro, tienes razón. Nosotros también debemos pagar nuestras deudas justas y legales. Bien, tú sabes cómo hacerlo. Vuele a pescar un día más. Recibirás dinero suficiente, y encontrarás dinero suficiente para pagar nuestras deudas en las bocas de los peces. Un día de pesca nos producirá iodo lo que necesitamos.»

Jesús estaba diciendo: «Vuelve a tu trabajo, Pedro. Esa es la manera como debemos :pagar nuestras deudas.» De igual manera, el mecanógrafo encontrará una camisa nueva en las teclas y la cinta de su máquina de escribir. El mecánico encontrará comida para sí mismo y para su mujer y familia en el cilindro del coche. El maestro encontrará dinero para cubrir sus gastos en la pizarra y la tiza. El empleado encontrará lo suficiente para mantenerse a sí mismo y a los suyos en el archivador y en los libros de oficina.

Cuando Jesús dijo esto, lo dijo con esa sonrisa sugestiva Suya, y con Su característico don para el lenguaje dramático. No estaba diciéndole a Pedro literalmente que encontraría una moneda en la boca del pescado. Lo que estaba diciéndole era que obtendría lo que necesitaba para pagar su deuda con un día de trabajo honrado.

RELACIONES PERSONALES

Mateo 18 es un capítulo sumamente importante para la ética cristiana, porque trata de las cualidades que deben caracterizar las relaciones personales del cristiano. Trataremos en detalle de estas relaciones cuando estudiemos el capítulo sección por sección; pero antes de hacerlo, será bueno que lo consideremos en conjunto. En él se especifican siete cualidades que deben caracterizar las relaciones personales del cristiano.

(i) La primera y principal es la cualidad de la humildad (versículos 1-4). Solo la persona que es tan humilde como un niño es ciudadana del Reino del Cielo. La ambición personal, el prestigio personal, la publicidad. personal y el provecho personal son móviles que no tienen lugar en la vida del cristiano. El cristiano es una persona que se olvida de sí en su devoción a Jesucristo y en su servicio a sus semejantes.

(ii) En segundo lugar está la cualidad de la responsabilidad (versículos 5-7). El más grande de todos los pecados es enseñar a otro a pecar, especialmente si ese otro es .un hermano más débil, más joven, menos experimentado. El juicio más severo de Dios está reservado para los que ponen una piedra de tropiezo en el camino de otros. El cristiano es consciente constantemente de ser responsable del efecto de su vida, sus obras, sus palabras, su ejemplo, en otras personas.

(iii) Les sigue la cualidad de la autorrenuncia (versículos 8-10). El cristiano es como un atleta para el que ningún entrenamiento es demasiado duro si le ayuda a obtener el premio; es como el estudiante que sacrifica el placer y el ocio a alcanzar su meta. El cristiano está dispuesto a seccionar quirúrgicamente de su vida cualquier cosa que le impida rendir una perfecta obediencia a Dios.

(iv) Está el cuidado individual (versículos 11-14). El cristiano se da cuenta de que Dios se cuida de él individualmente, y de que él mismo debe reflejar ese cuidado individual cuidándose de otros. Nunca piensa en términos de multitudes; siempre en términos de personas. Para Dios no hay nadie que carezca de importancia ni que se pierda en la multitud; para el cristiano todas las personas son importantes e hijas de Dios que, si está perdidas, deben ser halladas. El cuidado individual del cristiano hacia los demás es de hecho la razón y la dinámica del evangelismo.

(v) Está la cualidad de la disciplina (versículos 15-20). La amabilidad y el perdón cristianos no quieren decir que a una persona que esté en el error se le debe permitir hacer lo que le dé la gana. Hay que guiar y corregir a tal persona y, si fuera necesario, imponerle una disciplina que la haga volver al buen camino. Pero esa disciplina se ha de administrar siempre con un amor humilde, y no con una actitud de condenación basada en una propia justicia. Siempre se ha de administrar por deseo de reconciliación, y nunca por deseo de venganza.

(vi) Está la cualidad de la solidaridad (versículos 19-20). Se podría decir que los cristianos son personas que oran juntas. Son personas que buscan la voluntad de Dios en compañía, que escuchan y adoran juntas en comunión. El individualismo es lo contrario. del cristianismo.

(vii) Está el espíritu de perdón (versículos 23-35); y el perdón del cristiano a sus semejantes se funda en el hecho de que él mismo es una persona perdonada. Perdona a otros de la misma manera que Dios, por causa de Cristo, le ha otorgado el perdón a él.

Mateo 17:1-27

17.1ss La transfiguración fue un vislumbre de la gloria del Rey (16.27, 28). Fue una revelación especial de la divinidad de Jesús a tres de los discípulos y una ratificación divina de Dios de todo lo que Jesús había realizado y estaba por realizar.

17.3-5 Moisés y Elías fueron dos de los más grandes profetas en el Antiguo Testamento. Moisés representa la Ley. Escribió el Pentateuco y predijo la venida de un gran profeta (Deu_18:15-19). Elías representa a los profetas que anunciaron la venida del Mesías (Mal_4:5-6). La presencia de ambos con Jesús confirma su misión mesiánica: cumplir la ley de Dios y las palabras de los profetas de Dios. De igual forma como la voz de Dios en las nubes sobre el monte Sinaí dieron autoridad a la ley (Exo_19:9), la voz de Dios en la transfiguración dio autoridad a las palabras de Jesús.

17.4 Pedro quiso construir tres refugios para que aquellos tres hombres sobresalientes se quedaran. Sin embargo, no era hora de actuar, sino de alabar y adorar. Pedro quería prologar el momento, pero debía aprender y avanzar. Había percibido a Cristo como igual a los demás, pero Cristo es infinitamente mayor y uno no puede igualarlo con nadie.

17.5 Jesús es más que un simple líder famoso, más que un buen ejemplo, una buena influencia o un gran profeta. El es nada menos que el Hijo de Dios. Cuando usted percibe esta verdad profunda, la única respuesta adecuada es la adoración. Cuando comprenda bien quién es Cristo, querrá obedecerle.

17.9 Jesús dijo a Pedro, Santiago y Juan que no debían contar lo que vieron hasta después de su resurrección, porque sabía que no lo habían comprendido totalmente y en consecuencia no lo podrían explicar. Sus preguntas (17.10ss) indican que no habían comprendido. Sabían que era el Mesías, pero tenían mucho más que aprender acerca del significado de su muerte y resurrección.

17.10, 12 Basado en Mal_4:5-6 los maestros de la ley del Antiguo Testamento creían que Elías debía aparecer antes que el Mesías. Jesús se refería a Juan el Bautista, no a Elías el profeta del Antiguo Testamento. Juan el Bautista, asumiendo el rol profético de Elías, confrontó en forma audaz el pecado y condujo a la gente hacia Dios. Malaquías mucho antes había profetizado que un profeta similar a Elías vendría (Mal_4:5).

17.17 A los discípulos se les había dado autoridad para sanar, pero no habían aprendido aún cómo apropiarse del poder de Dios. La frustración de Jesús estaba dirigida a la generación incrédula e indiferente. Sus discípulos, en esta instancia, eran un mero reflejo de esa actitud. El propósito de Jesús no fue criticar a los discípulos sino estimularlos a que ejercieran la fe.

17.17-20 Los discípulos fueron incapaces de echar fuera a aquel demonio, y por eso le pidieron a Jesús una explicación. Este se refirió a su falta de fe. Es el poder de Dios, y no nuestra fe, lo que mueve montañas, pero la fe debe estar presente. La semilla de mostaza es más pequeña de lo que uno se puede imaginar. Una fe pequeña o sin desarrollo hubiera sido suficiente. Tal vez ellos procuraron sacar al demonio con su propia capacidad en lugar de hacerlo con el poder de Dios. Hay un gran poder aún en una fe pequeña cuando Dios está con nosotros. Si nos sentimos débiles o incapaces como cristianos, debiéramos examinar nuestra fe, asegurándonos de que no estamos confiando en nuestra propia capacidad para obtener resultados sino en la de Dios.

17.20 Jesús no condenó a los discípulos por su falta de fe, sino que les mostró cuán importante sería la fe en su ministerio futuro. Si usted está enfrentando un problema que parece grande e inconmovible como una montaña, deje de mirar la montaña y busque más a Cristo con fe. Sólo así su obra para El será útil y vibrante.

17.22, 23 Una vez más Jesús predijo su muerte (véase 16.21), pero aún más importante, fue que se hablara de su resurrección. Desafortunadamente, los discípulos sólo oyeron la primera parte de las palabras de Jesús y llegaron a desalentarse. No entendieron por qué Jesús quiso volver a Jerusalén, al centro del conflicto.

Los discípulos no entendieron totalmente el propósito de la muerte y resurrección de Jesús hasta el Pentecostés (Hechos 2). No debiéramos recriminarnos por ser lentos para entender lo referente a Jesús. Después de todo, los discípulos estuvieron con El, vieron sus milagros, oyeron sus palabras y aún así tuvieron dificultad para comprender. Más allá de sus preguntas o dudas, sin embargo, ellos seguían creyendo. Nosotros no podemos hacer menos.

17.22, 23 Los discípulos no entendían por qué Jesús seguía refiriéndose a su muerte, si ellos esperaban que El estableciera un reino político. La muerte del Señor terminaría con sus esperanzas. No sospechaban que la muerte y resurrección de Jesús haría posible su Reino.

17.24 Todos los varones judíos tenían que pagar un impuesto al templo para cubrir los gastos de mantenimiento (Exo_30:11-16). Sólo Mateo registra este incidente, quizá porque él había sido un cobrador de impuestos.

17.24-27 Como de costumbre, Pedro contestó una pregunta sin saber de veras la respuesta, poniendo a Jesús y a los discípulos en una situación incómoda. Jesús usó esta experiencia, sin embargo, para enfatizar su rol soberano. Así como los reyes no pagan impuestos ni cobran impuestos de sus familias, Jesús, el Rey, no debía nada. Pero Jesús proveyó para el pago de los impuestos en favor suyo y de Pedro para no ofender a los que no entendían su reino. Cristo le mostró dónde obtener el dinero, pero Pedro tuvo que ir a buscarlo. Entendemos que todo viene de Dios, pero El quiere que participemos en el proceso.

17.24-27 Como pueblo de Dios, somos extranjeros en la tierra porque nuestra fidelidad es siempre a nuestro Rey soberano: Jesús. Sin embargo, tenemos que cooperar con las autoridades y la ciudadanía responsable. Un embajador al estar en otro país respeta las leyes locales a fin de representar bien al que lo envió. Somos embajadores de Cristo (2Co_5:20). ¿Es usted un buen embajador de El en este mundo?

Mateo 17:1-13

Estos versículos contienen la narración de uno de los acontecimientos más notables que tuvieron lugar al principio del ministerio de nuestro Señor: el acontecimiento conocido comúnmente con el nombre de la transfiguración. El orden en que se refiere es bello a la vez que interesante. La última parte del capítulo anterior trata de la cruz, es decir, los padecimientos del creyente; en este pasaje el Espíritu misericordiosamente nos ha permitido ver algo del galardón futuro. Los corazones que habían sido apesarados con la descripción de la pasión del Redentor, se regocijan a su turno con la contemplación de su gloria.

Cierto es que mucho de lo que en el pasaje se relata es para nosotros misterioso. Fuerza es que así sea; puesto que hallándonos aún revestidos de un cuerpo material, nuestros sentidos están en contacto con las cosas materiales y nuestras ideas acerca del cuerpo glorificado tienen que ser muy vagas y deficientes.

Prescindiendo, pues, de lo abstracto, nos ceñiremos al examen de aquellas verdades de carácter práctico que de la transfiguración se desprenden.

Ofrécenos, ante todo, un admirable tipo de la gloría en que Cristo y su pueblo aparecerán en el segundo advenimiento.

El objeto del rostro resplandeciente como el sol y la vestidura brillante como la luz era presentar ante los ojos de los discípulos una vislumbre de la gloria venidera. Se levantó un extremo del velo, y vieron ellos la majestad de su Maestro, y viéndola pudieron comprender que si aún no había aparecido con la dignidad de rey, era porque aún no se había llegado el tiempo de ponerse las insignias reales. He aquí la razón por la cual San Pedro dijo con alusión a la transfiguración: “ Como habiendo con nuestros propios ojos visto su majestad.” 2 Pedro 1.16. Otro apóstol también dice con relación al mismo suceso: “Y vimos su gloria, gloria como del Unigénito del Padre.” Juan 1.14.

También nos presenta una prueba incontestable de lo reales que son la resurrección del cuerpo, y la vida venidera. Moisés y Elías aparecieron con Jesucristo de una manera visible y rodeados de gloria. Se les vio en forma corporal, y se les oyó hablar con nuestro Señor. Hacia mil cuatrocientos ochenta años que Moisés había sido sepultado; y más de novecientos que Elías había ascendido al cielo en un torbellino.

Ahora bien, que dos hombres que hacia tiempo habían partido de este mundo, se presentasen en el cuerpo, es una especie de garantía de la resurrección de todos los mortales. El aniquilamiento es una quimera. Todos los que hayan vivido en la tierra serán vivificados de nuevo para que rindan sus cuentas. Los que hayan fallecido en la fe de Jesucristo habitarán en una morada de salvación–todos, desde los patriarcas, los profetas, los apóstoles y los mártires hasta el más humilde siervo de Dios. Que sus espíritus viven es tan seguro como que nosotros existimos, y que aparecerán algún día en cuerpos glorificados es tan seguro como que Elías y Moisés aparecieron en el monte de la transfiguración. Estos pensamientos son de inmensa trascendencia. La resurrección es innegable: que hombres como Festo tiemblen, y hombres como Pablo se regocijen.

Preséntasenos, finalmente, es estos versículos una atestación notable de la infinita superioridad de Jesucristo respecto de todos los hombres.

Pedro, aturdido por la visión celestial, y no sabiendo qué decir, propuso que se construyesen tres tabernáculos, uno para Jesús, otro para Moisés y otro para Elías. De ese modo parecía colocar al legislador y al profeta al nivel de su Maestro, como si los tres fuesen iguales. Tal proposición fue al momento rechazada con decisión. Moisés y Elías fueron envueltos en una nube y desaparecieron. Al propio tiempo una voz que procedió de la nube repitió las palabras solemnes que fueron pronunciadas al bautismo de nuestro Señor: “ Este es mi Hijo amado, en el cual tomo contentamiento: a él oíd.” Esa voz dio a entender a Pedro que había allí un Ser superior a Moisés y a Elías. Moisés había servido a Dios con fidelidad, y Elías había proclamado la verdad con intrepidez; más Jesús era infinitamente superior a ellos: El era el Salvador a quien la ley y los profetas se habían referido constantemente, el verdadero profeta que todos debían acatar.

Deut. 18.15. Cristo era el verdadero sol: ellos los satélites que debían recibir de El la luz diariamente; El era la raíz, ellos los ramos; El era el amo, ellos los siervos.

Esas palabras son una lección enunciada para provecho de toda la iglesia. Los hombres, por buenos que sean, no pueden ser más que hombres. Los patriarcas, los profetas y los apóstoles; los mártires, los Padres, los reformadores y los puritanos–todos han sido pecadores y han necesitado un Salvador. Cierto es que han sido rectos, útiles y honorables; mas han sido pecadores. Jamás debemos consentir que medien entre nosotros y Cristo. El es el único a quien se ha encomendado la misión de darnos el pan de la vida. Solo El tiene en sus manos las llaves del cielo. Cuidemos pues de acatar su voz y de seguir en pos de El.

Mateo 17:15-21

En este pasaje se nos refiere otro milagro de nuestro Señor.

Lo primero que es de advertirse es el emblema o representación que se nos presenta a la vista del influjo que Satanás ejerce a veces sobre la juventud.

Se nos refiere que el hijo de cierto hombre era lunático y padecía mucho, porque el espíritu malo lo estaba lanzando precipitadamente hacia la ruina del cuerpo y el alma. Era que estaba poseído del demonio, enfermedad que aunque era muy común en la época de nuestro Señor, es muy rara en nuestros días. Mas, fácil es comprender cuantas molestias causarían a los parientes y allegados del paciente. “En el infierno mismo,” dice un célebre escritor, “no podría presenciarse un padecer más intenso..

Pero Satanás ejerce un dominio espiritual sobre la juventud que es tan doloroso en sus consecuencias como la enfermedad de que trata el pasaje de que nos ocupamos. Jóvenes hay que parecen ser esclavos de la voluntad del maligno y haber cedido del todo a sus tentaciones. Hacen a un lado el temor de Dios y huellan sus mandamientos; rinden culto a la concupiscencia y al deleite; entréganse a toda clase de desordenes y excesos; desacatan los consejos de sus padres, maestros o párrocos; pierden todo miramiento por la salud, la reputación y el honor; y se empeñan tenazmente en perder cuerpo y alma temporal y eternamente. Son, en una palabra, esclavos voluntarios de Satanás.

Esto no obstante, ni aun respecto de ellos debemos jamás perder las esperanzas. Nuestro Señor Jesucristo tiene un poder infinito. Por duros que parezcan sus corazones, son susceptibles de conmoverse; por profunda que parezca su corrupción, aún pueden ser reformados. ¿Quién sabe si se arrepentirán y se convertirán? ¿Quién tiene derecho para decir que no? Los padres, los maestros y los párrocos no deben, pues, cesar de orar por ellos.

Llama la atención, en segundo lugar, el ejemplo notable que se nos presenta de la tendencia que la incredulidad tiene a debilitar las facultades del hombre.

Cuando los discípulos preguntaron a nuestro Señor por qué razón no habían podido lanzar fuera al demonio, El les contestó: “ Por vuestra infidelidad..

La fe es la causa principal del buen éxito en la campaña del cristiano: la incredulidad lo es de la derrota. Si nuestra fe se debilita y decae, todas las demás virtudes pierden su vigor. Los mismos Israelitas que atravesaron en triunfo el mar Rojo, retrocedieron ante el peligro, como cobardes, cuando llegaron a los límites de la tierra de promisión. El Dios que entonces los favorecía era el mismo Dios que los había sacado de la tierra de Egipto: el caudillo que los dirigía era el mismo Moisés que había obrado ante sus ojos tantas maravillas. Mas ya no tenían la misma fe, pues habían llegado a dudar del poder y el amor de Dios.

“No pudieron entrar a causa de la incredulidad.” Heb. 3.19.

Finalmente, de lo contenido en estos versículos se infiere, que no podrá derribarse el reino de Satanás sino con muchos y muy constantes esfuerzos. Esto es lo que parecen indicar las siguientes palabras con las cuales termina el pasaje: “ Este género de demonios no sale sino por oración y ayunos.”Tal vez los discípulos se habían engreído demasiado con el buen éxito que hasta entonces habían tenido; o quizá no habían cuidado durante la ausencia de su Maestro como durante su presencia de usar los medios conducentes al logro de su fin. Ello es que nuestro Señor les dio a entender de una manera inequívoca que no era sin trabajo que podía llevarse a cabo la lucha con Satanás; que si no hacían oraciones fervorosas y se imponían duros sacrificios, muchas veces saldrían mal librados de la lid.

Es un error grave el formar un cálculo exiguo de la fuerza del adversario. El que está con nosotros es mayor que el que está contra nosotros; mas no por eso debemos desentendernos de este. El es el príncipe de este mundo. “No solamente tenemos lucha con sangre y carne; sino con principados, con potestades.” Efes. 6.12. Es preciso que nos pongamos y que usemos la armadura de Dios. Efes. 6.11. Los que obtienen más triunfos contra el mundo, el demonio y la carne son los que en secreto oran más y los que “hieren su cuerpo y le ponen en servidumbre.” 1 Cor. 9.27.

Mateo 17:22-27

El suceso que se refiere en este pasaje no ha sido historiado por ninguno de los otros tres evangelistas. Tres puntos hay en la narración que merecen atención especial de parte del lector.

1. Que nuestro Señor tiene conocimiento perfecto de todo lo que se dice y se hace en este mundo. Es claro que El no estaba presente cuando los recaudadores del tributo le preguntaron a Pedro si su Maestro no pagaba las didracmas ; y, sin embargo, apenas acababa de entrar el apóstol en la casa, cuando le dijo: ¿Los reyes de la tierra de quién cobran el tributo o el censo? De esa manera demostró que estaba tan enterado de la conversación como si la hubiese oído.

Hay algo indeciblemente solemne en la idea de que nuestro Señor Jesucristo lo sabe todo; que hay un ojo que observa toda nuestra conducta diaria, un oído que percibe todas nuestras palabras; que todo ante El está descubierto y manifiesto. La disimulación es imposible: vana es la hipocresía. Tal vez sea posible engañar a los ministros o a los parientes y amigos; mas es imposible engañar a Jesucristo.

2. Que nuestro Señor tiene poder infinito respecto de todas las cosas creadas. Hizo que de un animal irracional saliese el dinero con el cual había de pagar al recaudador.

Se cumplieron así al pié de la letra las palabras del Salmista: “Le hiciste enseñorear de las obras de tus manos; todo lo pusiste debajo de sus pies…. Las aves de los cielos, y los peces de la mar.” Salmo 8.6 y 8.

Esta es una prueba entre muchas de la grandeza de nuestro Señor Jesucristo. Solo el Creador puede a su arbitrio exigir la obediencia de la criatura. “Todo fue creado por él.” “Todas las cosas subsisten en él.” Col. 1.16 y 18. El creyente que fuere a habitar entre los pueblos paganos para difundir el Evangelio puede con seguridad encomendarse en manos de su Maestro; pues él tiene completo dominio aun sobre las bestias del campo.

3. Que nuestro Señor estaba dispuesto a hacer concesiones antes que a ofender. Con sobra de justicia habría podido pedir que se le eximiera del pago del impuesto. Siendo Hijo de Dios tenía derecho de que se le excusase de contribuir para el sostenimiento de la casa de su Padre. Siendo más grande que el templo podría haber expuesto suficientes motivos para no dar dinero para el templo. Mas no lo hizo así: en vez de pedir exención alguna, mandó a Pedro que pagase la suma requerida, y siguió esa línea de conducta, según El mismo lo dijo, por no ofender.

¿Qué se sigue de ahí? Que en tratándose de ciertos asuntos conviene que los cristianos cedan en sus opiniones, y se sometan a ciertas exigencias que no son de su beneplácito, antes que ofender e impedir así el progreso del Evangelio. Por de contado que jamás debemos ceder lo que a Dios pertenece; mas sí podemos ceder algunas veces lo que nos pertenece a nosotros. Ocasiones hay en que el cristiano manifiesta más lealtad en ceder que en resistir.

Que este pasaje nos sirva de guía en el cumplimiento de nuestros deberes como súbditos o como ciudadanos. Puede suceder que no nos agraden muchos de los actos de nuestros gobernantes, o que nos parezcan demasiado gravosos los impuestos que establecen; mas la cuestión que, en resumidas cuentas, debemos proponernos es esta: ¿Reportará provecho alguno la causa de la religión si sus defensores desobedecen la autoridad civil? ¿Son realmente los actos de ésta perjudiciales a las almas de aquellos? Si no lo son, guárdese silencio por no ofender. “El cristiano.” Dice Bullinger, “no debe jamás turbar la paz pública por asuntos de importancia transitoria..

Sírvanos también de guía este pasaje en el cumplimiento de nuestros deberes como miembros de la iglesia. Puede acontecer que no nos gusten todos los ritos y ceremonias que en ella se practiquen; o que aquellos que rigen en materias espirituales no nos parezcan discretos y prudentes. Mas ¿son los asuntos de que nos quejamos de vital importancia? ¿Se trata de la aplicación de alguna gran verdad del Evangelio? Si así no fuere abstengámonos de protestar, por temor de ofender.

Finalmente, sírvanos este pasaje de guía en el cumplimiento de nuestros deberes como miembros de la sociedad. Acaso haya hábitos y costumbres en el círculo con el cual nos rozamos que para nosotros, en nuestro carácter de cristianos, son cansados o de ningún provecho; mas si no son asuntos que estén en pugna de nuestros principios o que obren en perjuicio de nuestras almas, ¿á qué fin rehusar el cumplir con ellos? ¿Resultaría tal conducta en bien de la religión? Seguro que no: entonces sometámonos con paciencia por no ofender.

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