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2 Corintios 8: Invitación a la generosidad

Pablo dice algo muy hermoso de los macedonios: lo primero fue que se dieron a sí mismos, y dejaron ejemplo. Dos de ellos descollaron entre los demás. Aristarco de Tesalónica estuvo con Pablo en su último viaje a Roma (Hechos 28:2). Como Lucas, tiene que haber hecho una gran decisión. Pablo estaba arrestado, e iba a que le juzgara el emperador. No había más que una manera de acompañarle, y era presentándose como esclavo de Pablo. Aristarco se dio a sí mismo totalmente. El otro fue Epafrodito. Cuando Pablo estaba preso al final, fue a visitarle con un regalo de los hermanos filipenses y, mientras estaba con Pablo, se puso gravemente enfermo. Como dijo Pablo: «Casi murió en la obra de Cristo» (Filipenses 2:26-30). No hay don que lo sea de veras a menos que el dador dé con él algo de sí mismo. Por eso la manera personal de dar es la más elevada, y de ella Jesucristo es el supremo ejemplo.

La cita del Antiguo Testamento con la que Pablo concluye este pasaje es de Exodo 16:18, que nos dice que, cuando los israelitas recogían el maná en el desierto, cogieran mucho o poco tenían bastante.

Arreglos prácticos

¡Gracias a Dios, que le ha puesto en el corazón a Tito la misma responsabilidad por vosotros que yo tengo! Su responsabilidad se demuestra en el hecho de que, no sólo aceptó de buena gana mi invitación, sino que también va a visitaros como cosa suya con su característica responsabilidad. Con él os mandamos al hermano que alaban todas las iglesias por su consagración al Evangelio. Y no sólo disfruta del aprecio universal, sino que también le han elegido las iglesias para que sea nuestro compañero de viaje en esta empresa de caridad que estamos administrando para promover la gloria de Dios y mostrar vuestra responsabilidad.

Estamos haciendo los preparativos para asegurarnos de que nadie nos critique por el manejo de la administración de este regalo tan importante. Nos proponemos seguir una conducta que sea digna, no sólo a la vista de Dios sino también a la de la gente. Con los hermanos mencionados mandamos a nuestro hermano que ha demostrado su responsabilidad a menudo y en muchas ocasiones, y que es ahora más responsable en esta empresa por la gran confianza que tiene en vosotros. Si hay alguna pregunta que hacer acerca de Tito, que quede claro que es mi colega y colaborador en todo lo que os respecta a vosotros. Y si hay alguna pregunta que hacer sobre nuestros hermanos, que se entienda bien que son apóstoles de la iglesia y gloria de Cristo. Dadles pruebas inequívocas de vuestro amor, y muestras de que todo lo que presumimos de vosotros es cierto. Al hacerlo, estáis dejando evidencia ante todas las iglesias.

Este pasaje es sumamente interesante precisamente por su carácter práctico. Pablo sabía muy bien que tenía enemigos y críticos. Sabía que había algunos que no dudarían en acusarle de haberse embolsado parte de la colecta para su propio uso, así es que tomó medidas para ponerles difícil el acusarle de tal cosa, y se aseguró de que habría otros de toda confianza que compartieran con él la responsabilidad de llevar la colecta a Jerusalén. Quiénes eran los dos hermanos que se citan aquí pero no por nombre, no lo sabemos. El primero, «el hermano que alaban todas las iglesias por su consagración al Evangelio,» se suele identificar con Lucas. La oración correspondiente al día de san Lucas en ciertas liturgias da por sentada esta identificación: «Todopoderoso Dios, Que llamaste al médico Lucas cuya alabanza es en el Evangelio para que fuera evangelista y médico de las almas: plúgate el que, por las saludables medicinas de la doctrina que él impartió, sean sanadas todas las enfermedades de nuestras almas.» El propósito de Pablo era dejar bien claro que quería estar limpio de sospecha no sólo delante de Dios sino también delante de los hombres.

Es sumamente interesante notar que este mismo Pablo, que sabía escribir como un gran poeta lírico y pensar como el más profundo teólogo, cuando hacía falta, actuaba con la minuciosidad meticulosa de un contable. Era suficientemente grande para hacer las cosas pequeñas y prácticas supremamente bien.

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