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2 de Tesalonicenses 1: Levantad vuestros corazones

Esta carta la envían Pablo y Silvano y Timoteo a la iglesia de los tesalonicenses que es en Dios nuestro Padre y en nuestro Señor Jesucristo. ¡Gracia y paz a vosotros de Dios nuestro Padre y del Señor Jesucristo! Hermanos: Para nosotros no es menos que un deber dar gracias siempre a Dios por vosotros como es debido, porque vuestra fe es cada vez más estable, y porque vuestro amor mutuo y general crece cada vez más, de manera que nosotros mismos hablamos con orgullo de vosotros en las iglesias de Dios sobre vuestra constancia y fe en medio de todas las persecuciones y aflicciones que sufrís -que son sin duda una prueba positiva de que el juicio de Dios era correcto en cuanto a que debíais ser considerados dignos del Reino de Dios por cuya causa estáis sufriendo. Y ese juicio es justo, al ser correcto a los ojos de Dios, como lo es, el retribuir con aflicción a los que os afligen, y con alivio con nosotros a vosotros que sois afligidos, cuando el Señor Jesucristo sea revelado desde el Cielo con el poder de Sus ángeles en una llama de fuego cuando dé el pago que les es debido a los que no reconocen a Dios ni hacen caso a la Buena Noticia de nuestro Señor Jesús. Estos son tales que recibirán el castigo de la destrucción eterna que los desterrará para siempre de la presencia del Señor y de la gloria de Su fuerza, cuando venga para ser glorificado por Sus santos y admirado por todos los creyentes -¡porque nuestro testimonio a vosotros fue recibido con fe!- aquel Día. Con este fin oramos siempre por vosotros para que nuestro Dios os tenga por dignos de la llamada que os llegó, y lleve a feliz término por Su poder toda decisión de obrar el bien y toda obra inspirada por la fe, para que el nombre de nuestro Señor Jesús sea glorificado en vosotros y vosotros en él, de acuerdo con la gracia de nuestro Dios y del Señor Jesucristo.

Tenemos en este pasaje inicial toda la sabiduría de un verdadero maestro. Parece que los tesalonicenses le habían enviado a Pablo un mensaje lleno de dudas. Habían tenido miedo de que su fe no iba a poder resistir la prueba y que -para decirlo con la frase expresiva moderna- iban a quedar con una asignatura pendiente. La respuesta de Pablo no tenía por, objeto sumirlos más en El pantano del desaliento mostrándose de acuerdo con ellos, sino resaltar sus virtudes y logros de tal manera que aquellos cristianos desanimados y timoratos cuadraran los hombros y dijeran: « Bien, si Pablo tiene ese concepto de nosotros debemos seguir presentando batalla.»

«Bienaventurados -decía Mark Rutherford- los que nos sanan de nuestros autodesprecios.» Y eso fue lo que hizo Pablo por la iglesia tesalonicense. Sabía que muchas veces una alabanza juiciosa puede hacer más que una crítica indiscriminada, y que una alabanza prudente nunca hace que uno se duerma en los laureles, sino más bien le llena de deseo de hacerlo mejor todavía.

Hay tres cosas que Pablo escoge como señales de la iglesia vital.

(i) Una fe que es estable. Es la marca del cristiano en progreso que cada vez está más seguro de Jesucristo. La fe que puede que empezara por una hipótesis culmina en una certeza. James Agate dijo una vez: « Yo no tengo una cabeza que se me deshaga y tenga que volver a hacer como una cama. Hay algunas cosas de las que estoy absolutamente seguro.» El cristiano llega a esa etapa en la que añade a la emoción de la primera experiencia la disciplina del pensamiento cristiano.

(ii) Un amor en ascendente. Una iglesia que crece es la que aumenta en capacidad de servicio. Uno puede que empiece sirviendo a sus semejantes por el sentimiento del deber que le impone su fe cristiana, y que culmine sirviéndolos porque ese es su mayor gozo. La vida de servicio reserva el gran descubrimiento de que la generosidad y la felicidad van de la mano.

(iii) Una constancia que resiste. Pablo usa una palabra magnífica, hypomoné, que se suele traducir por paciencia, pero que no quiere decir la habilidad de soportar pasivamente lo que se le venga a uno encima. Se ha descrito como « la constancia viril en la adversidad,» y describe el espíritu que no solo se mantiene firme en circunstancias difíciles, sino que las conquista. Acepta los golpes de la vida; pero, al aceptarlos, los transforma en escalones a un nuevo logro.

El mensaje animador de Pablo acaba en la visión más alentadora de todas. Acaba en lo que podríamos llamar la gloria recíproca. Cuando Cristo venga otra vez será glorificado en Sus santos y admirado por los que hayan creído. Aquí tenemos la verdad vertiginosa de que nuestra gloria es Cristo y la gloria de Cristo somos nosotros. La gloria de Cristo está en los que han aprendido en Él a resistir y a conquistar, y así a brillar como luces en un lugar oscuro. La gloria de un maestro está en los discípulos que produce; la de los padres, en los hijos que educa no solo para que se ganen la vida sino para que la enriquezcan; a nosotros se nos conceden el tremendo privilegio y la tremenda responsabilidad de que la gloria de Cristo esté en nosotros. Podemos contribuir al crédito o al descrédito del Maestro al Que pertenecemos y tratamos de servir. ¿Puede haber mayores privilegio y responsabilidad?

El sin ley

Hermanos: En relación con la venida de nuestro Señor Jesucristo y nuestra reunión con Él, os rogamos que no os inquietéis fácilmente en vuestra mente ni estéis en un estado de excitación nerviosa por ninguna afirmación que se suponga que os llega de nosotros, ya sea en el Espíritu o de palabra o por carta, alegando que el Día del Señor ya está aquí. Que nadie os engañe con nada. El Día del Señor no llegará sin que antes tenga lugar la gran Rebelión contra Dios, y se revele el Hombre del Pecado, el Hijo de Perdición que se opone y se exalta a sí mismo contra todo lo que recibe el nombre de Dios o es hecho objeto de culto de manera que trate de poner su trono en el mismo templo de Dios y proclamarse a sí mismo como Dios. ¿No os acordáis de que cuando yo estaba todavía con vosotros os decía estas cosas?

En cuanto al presente, sabéis el poder que le retiene hasta que se revele a su debido tiempo. Porque el secreto de la rebelión contra la Ley ya está en operación; pero el Hombre del Pecado aparecerá sólo cuando el que le retiene sea retirado de la escena. Y entonces El Sin Ley se revelará, y el Señor Jesucristo le destruirá con el aliento de Su boca y le dejará impotente con Su aparición y Su venida. La venida del Sin Ley es para los que están condenados. Vendrá por obra de Satanás con todo poder y señales y milagros realizados con falsedad, y con todo engaño malvado. Ellos están condenados porque no recibieron el amor de la verdad para salvarse. Por esta causa Dios les envía un poder engañoso para que crean en una mentira, para que sean juzgados todos los que no han creído sino que se han mostrado conformes con ese principio de injusticia.

Este es, sin duda, uno de los pasajes más difíciles de todo el Nuevo Testamento; y lo es porque usa términos y piensa en figuras que les eran perfectamente familiares a los que se dirigía Pablo pero que nos son totalmente extraños.

El cuadro general es este. Pablo les estaba diciendo a los tesalonicenses que debían abandonar esa espera nerviosa y tensa de la Segunda Venida. Negaba haber dicho nunca que el Día del Señor hubiera llegado. Esa era una falsa interpretación de sus palabras que no se le podía atribuir a él; y les decía que antes del Día del Señor sucederían muchas cosas. Primero, habría una era de rebelión contra Dios; ya se había introducido en este mundo un poder maligno secreto que estaba obrando en el mundo y en los hombres para producir ese tiempo de rebelión. En algún lugar se estaba ocultando uno que era la encarnación del mal como Jesús lo era de Dios. Era el Hombre del Pecado, el Hijo de Perdición, el Sin Ley. A su debido tiempo, el poder que lo estaba reteniendo desaparecería de la escena; y entonces vendría ese demonio encarnado. Cuando viniera, reuniría a su propio pueblo de la misma manera que nuestro Señor Jesucristo había reunido al Suyo. Los que se habían negado a aceptar a Cristo estaban esperando para aceptarle a él. Entonces se produciría la última batalla, en la que Cristo destruiría totalmente al Sin Ley; el pueblo de Cristo se reuniría con Él, y los malvados que habían aceptado al Sin Ley como su maestro serían destruidos.

Tenemos que recordar una cosa. Casi todas las fes orientales creían en un poder del mal al mismo tiempo que en un poder del bien. Por ejemplo: los babilonios tenían la historia de Tiamat, el dragón, que se había rebelado contra Marduk, el creador, y que había sido destruido en la batalla final. Pablo estaba tratando de una serie de ideas que eran propiedad común. Los judíos también tenían esa idea. Llamaban al poder satánico Belial, o más correctamente Beliar. Cuando los judíos querían calificar a alguien como rematadamente malo le llamaban hijo de Beliar (Deuteronomio 13:13; 1 Reyes 21:10,13; 2 Samuel 22:5). En 2 Corintios 6:15 Pablo usa este término como el contrario a Dios. Ese mal encarnado era la antítesis de Dios. Los cristianos asumieron esas ideas, después de Pablo, dándole el título de el Anticristo (1 Juan 2:18,22; 4:3). Obviamente, tal poder no podía seguir existiendo en el universo indefinidamente, así es que había una creencia muy extendida de que habría una batalla final en la que Dios triunfaría, y esta fuerza anti-Dios sería definitivamente destruida. Ese es el cuadro que Pablo está desplegando aquí.

¿Cuál era la fuerza que estaba reteniendo y manteniendo al Sin Ley bajo control? No se puede responder a esa pregunta con absoluta certeza. Es probable que Pablo pensara que era el Imperio Romano. Una y otra vez le salvaron los magistrados romanos de la furia de las masas. Roma era el poder restrictivo que guardaba al mundo de la locura de la anarquía. Pero llegaría un día cuando ese poder sería desplazado -y entonces llegaría el caos.

Así es que Pablo describe una creciente rebelión contra Dios, la emergencia de uno que sería la encarnación del diablo como Cristo era la de Dios, y tendría lugar una batalla final en la que triunfaría definitivamente Dios.

Cuando este mal encarnado se introdujera en el mundo habría algunos que le reconocerían como su señor, los que habían rechazado a Cristo; los cuales, con su maligno jefe, serían finalmente derrotados y juzgados.

Aunque estas figuras nos parezcan muy remotas, sin embargo contienen ciertas verdades permanentes.

(i) Existe una fuerza del mal en el mundo. Aunque no puedan probar que existe el diablo, muchas personas dirían: « Sé que existe, porque me he encontrado con él.» Escondemos la cabeza en la arena si negamos que hay un poder del mal que obra en el mundo.

(ii) Dios está en control. Las cosas puede que parezca que se van precipitando hacia el caos, pero Dios está en control hasta del caos.

(iii) El triunfo definitivo de Dios es seguro. A fin de cuentas, nada puede mantenerse contra Él. El Sin Ley puede que tenga su influencia, pero llegará un momento cuando Dios diga: « Hasta aquí, y no más.» Así es que la pregunta clave es: «¿En qué lado estás? En la contienda que se libra en el corazón del universo, ¿estás de parte de Dios o de Satanás?

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