La amada
Los poemas de amor que describen los encantos físicos de los enamorados eran comunes en el mundo antiguo, especialmente en relación con la mujer. Este es uno de los pocos casos en que un poema pondera la belleza física del varón. Como en el caso de la descripción de la belleza de la amada, el amado es descrito desde la cabeza hasta los pies, se lo compara con algunos animales, con bellezas naturales, con flores y especies, con fuentes y arroyos, con la obra de los arquitectos, herreros y joyeros. La belleza que se presenta es la de un varón ideal. El es un hombre modelo.
El versículo 10 hace una descripción general del amado. No se refiere a que él sea caucásico en cuanto al color de su piel, sino que es radiante y saludable (sonrosado). Evidentemente, se trata de un individuo distinguido, un hombre sumamente buen mozo. Parece que su cutis luce el tono cobrizodorado (su cabeza es oro fino) característico de alguien que pasa mucho tiempo al aire libre y expuesto a los rayos del sol. Sus largos cabellos, sueltos y flexibles, son ondulados y negros como el cuervo. Nótese que la amada describe los ojos de él de la misma manera en que él ha descrito los ojos de ella. Tan detallada es su descripción, que ella parece destacar el contraste entre el color del iris y el blanco de la esclerótica (bañados en leche y sentados sobre engastes).
Nuevamente se mencionan las mejillas, pero esta vez son las de él las que se alaban. Es interesante notar que muchos de los piropos que él le ha dicho a su amada, ahora ella los aplica a él. ¡Más de un varón hispanoamericano se sentiría algo molesto si su amada lo ponderara por estar bien perfumado! Pero un poco de loción facial no viene mal, si se aplica para agradar a la persona que se ama. Lo mismo vale para los labios, como instrumentos del beso amoroso. Es difícil que una mujer, por enamorada que esté, quiera besar a un hombre barbudo, con mal aliento y transpirado.
De la cabeza de su amado, la amada pasa a la descripción de sus manos y sus brazos (el término hebreo puede referirse a cualquier parte del brazo). El vientre es el tronco del cuerpo, que a ella le parece como una plancha de marfil, quizá por lo blanco (son las partes menos expuestas al sol). La mención de piedras preciosas no debe ser tomada más que como expresiones hiperbólicas, que pretenden destacar la belleza del cuerpo del varón. Finalmente, ella llega a las piernas o muslos, que los ve como columnas de mármol, debido a la fuerza de sus músculos y cómo están torneadas.
Para la amada, él es superlativo desde la cabeza hasta los pies. Para ella, su figura es como el Líbano, puesto que no hay nada más majestuoso que esa región al norte de Palestina, ni nada más imponente que los cedros que allí crecen. A sus ojos, él no tiene parangón. Además, reconoce que su boca, como órgano del habla, es dulce. Este hombre no sólo es físicamente atractivo para ella, sino que su conversación la seduce. ¡Todo él es deseable!. El es su amado (heb. dode, “amante,”), es decir, su compañero sexual. Pero también es su amigo, es decir, su camarada y compinche. Un buen esposo debe ser ambas cosas para su esposa: un buen amante y un buen amigo.
Posibles conflictos matrimoniales
1Debido al concepto de que el sexo es pecado. Los gnósticos influyeron grandemente en los primeros cristianos. La mayoría consideraba al cuerpo como fruto del mal, fuente de impureza para el alma. Había entre ellos dos grupos: los que lastimaban el cuerpo torturándolo, ya que lo importante era el espíritu; y los que le «daban rienda suelta» a los apetitos ya que no importaba mientras cultivasen el espíritu. Creció el concepto de que el sexo era expresión de la naturaleza carnal. Agustín, en el siglo V, fue más allá de sus contemporáneos al afirmar que el acto conyugal no es pecaminoso en sí mismo, pero sí es el único medio para que se transmita el pecado original; la única finalidad de la sexualidad eran los hijos dentro del marco de la fidelidad ya que el matrimonio era indisoluble. Sin embargo, hasta hoy algunos consideran que el acto sexual es pecado.
2. Debido a conceptos de que en ciertos días no se debían tener relaciones sexuales. Por ejemplo, en la Edad Media (siglos VI al X) en el catolicismo aparecen los «manuales penitenciales» que mostraban las penitencias que correspondían de acuerdo con los pecados cometidos. A los matrimonios estériles se les imponía la abstinencia, el placer sexual era implícitamente considerado como pecaminoso. Esto se ve muy claramente ya que durante ciertas fechas se prohibían las relaciones sexuales: los domingos, ciertas fiestas, etc., por ser «tiempos sagrados». Por ejemplo, los días jueves no se podían tener relaciones, en memoria de la captura del Señor, los viernes en memoria de su muerte, los sábados en memoria a la virgen María, los domingos en homenaje a su resurección, los lunes en conmemoración a los muertos, ¡y los martes y miércoles libre! siempre que no fuesen días de ayuno o festividades religiosas. Este es el germen de alejamiento entre lo «espiritual» y lo «sexual», herencia que pesa aún en el día de hoy a nivel social y religioso. Estaban prohibidas las relaciones durante la menstruación por la creencia de que podían nacer hijos deformes.
