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Éxodo 17: Agua de la roca

Éxo 17:11 Y sucedía que cuando alzaba Moisés su mano, Israel prevalecía; mas cuando él bajaba su mano, prevalecía Amalec.

Éxo 17:12 Y las manos de Moisés se cansaban; por lo que tomaron una piedra, y la pusieron debajo de él, y se sentó sobre ella; y Aarón y Hur sostenían sus manos, el uno de un lado y el otro de otro; así hubo en sus manos firmeza hasta que se puso el sol.

Éxo 17:13 Y Josué deshizo a Amalec y a su pueblo a filo de espada.

Aarón y Hur estuvieron parados junto a Moisés y sostuvieron sus brazos en alto para asegurar la victoria en contra de Amalec. También, necesitamos «levantar las manos» de nuestros líderes espirituales. Delegar un poco de responsabilidad, proporcionar una palabra de aliento u ofrecer una oración, son formas de reanimar a nuestros líderes espirituales en su trabajo.

Éxo 17:14 Y Jehová dijo a Moisés: Escribe esto para memoria en un libro, y di a Josué que raeré del todo la memoria de Amalec de debajo del cielo.(B)

Éxo 17:15 Y Moisés edificó un altar, y llamó su nombre Jehová-nisi;[c]

Jehová – nisi significa «el Señor es mi bandera»: La bandera es el símbolo bajo el cual los ejércitos y las comunidades se colocan. Cuando ésta se levanta llama al pueblo a la batalla, a congregarse o a instruirse. La frase pudo haber sido un grito de guerra. Al erigir un altar Moisés reconocía la presencia de Dios. Ante este altar Moisés honraba a Dios como el autor de la victoria sobre los amalecitas.

Éxo 17:16 y dijo: Por cuanto la mano de Amalec se levantó contra el trono de Jehová, Jehová tendrá guerra con Amalec de generación en generación.

La fe probada por la guerra.

De repente Israel enfrentó una crisis diferente. Antes su fe había sido probada por el seguimiento de un enemigo de atrás y después por la vida dura del desierto. Ahora los amalequitas presentaron otra clase de dificultad: un enemigo armado en frente de ellos que les impedía su avance hacia Sinaí. Era el primer conflicto armado de Israel después de la partida de Egipto. Aunque es imposible identificar precisamente la localidad de la batalla, la victoria en la zona de Refidim formó una parte vital de la memoria de la Providencia divina. Merece señalarse que, por primera vez frente a una crisis, el pueblo no murmuró contra Jehová  y sus dirigentes.

Los amalequitas eran descendientes de Esaú. Eran una gente nómada que se había establecido en la península de Sinaí; ocupaban la zona norte de la península, que incluía el Néguev, Seir y el sur de Canaán. Ejercían el control de las rutas caravaneras entre Arabia y Egipto, y evidentemente pensaban que no había suficientes pastos y aguas para que dos pueblos ocupasen el terreno tradicional de sus peregrinaciones. Ellos, juntamente con los cananeos, trataron de impedir la entrada de Israel en la tierra prometida. Balaam los llamó la primera de las naciones por su gran antigüedad. Más tarde Saúl y David lucharon contra ellos. Finalmente fueron destruidos como pueblo en la época de Ezequías. En el libro de Ester, Amán, el enemigo de los judíos, era un agageo, un descendiente de Agag, el rey de los amalecitas que fue matado por Samuel. A través del AT los descendientes de Amalec fueron enemigos de Israel y la batalla en Refidim fue un presagio del porvenir.

Por primera vez en la historia aparece Josué, y se lo presenta en el texto como alguien ya conocido por el pueblo. El es el conductor de las fuerzas israelitas, aunque en realidad es Moisés quien dirige la batalla. Normalmente identifica a Josué como el ayudante de Moisés. Se le nombra sucesor del gran profeta y líder de Israel.

En la batalla no es del todo claro el papel que jugaba la vara de Dios. Moisés dijo a Josué que estaría sobre la cumbre de una colina durante la batalla con la vara de Dios en la mano. Cuando alzaba la mano, Israel prevalecía; se presume que tenía la vara en la mano levantada, aunque el versículo simplemente indica el éxito militar cuando la mano estaba levantada. Pudo haber tenido la vara en la otra mano. Cuando a Moisés se le cansaron las manos, Aarón y Hur buscaron una piedra para que se sentara y sostenían sus manos, el uno de un lado y el otro del otro lado. Posiblemente Moisés alternaba las manos alzando la vara en una y después en la otra antes de cansarse totalmente. De todos modos, los dos ayudantes fueron fieles en su servicio al profeta y fueron instrumentos vitales en la victoria ganada aquel día.

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