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Éxodo 17: Agua de la roca

En cuanto a Hur, se lo nombra como si fuera un hombre bien conocido; sin embargo, fuera de la referencia aquí, su nombre aparece únicamente una vez más en el libro de Exodo. La tradición judía relata que era el esposo de María y el abuelo de Bezaleel.

Hay varias interpretaciones posibles del texto:

(1) Con una vista simple al texto, parece haber sido una obra milagrosa, como de magia. Con la mano levantada, de alguna manera misteriosa el ejército de Israel avanzaba contra el enemigo. Cuando se cansaba Moisés y bajaba la mano, los amalequitas prevalecían. Unicamente con la ayuda de Aarón y Hur podían los israelitas vencer.

(2) Desde la cumbre de la colina Moisés dirigía a los soldados israelitas con señales convenidas por medio de la vara alzada. Mientras que los hombres de Israel veían las indicaciones de Moisés, prevalecían; pero, al no verlas, fracasaban.

(3) Moisés tenía sus manos alzadas en oración; sin embargo, nada del relato indica que Moisés alzaba sus manos con este propósito. No hay duda en cuanto a su preocupación y oración; sin embargo, no se encuentra en el texto ninguna palabra de súplica al Señor.

(4) Posiblemente la mejor interpretación sea la siguiente: El levantar la mano era un hecho simbólico y profético que indicaba a las tropas que el Señor había entregado al enemigo en sus manos. Mientras que podían ver a Moisés, seguían el ataque con vigor y confianza. Al no verlo, se desanimaban y se retiraban.

El AT habla del poder de la mano extendida del Señor, y la vara de Dios era el símbolo del poder divino en la mano de Moisés. Con todo, probablemente hay dos factores en juego aquí: Uno psicológico, está relacionado con la acción simbólica de un profeta, y el otro se refiere al hecho de librar misteriosamente un poder divino por medio de levantar la vara. Es difícil interpretar precisamente el papel que juega la vara en las plagas, en el cruce del mar y en la batalla de Refidim. Sin embargo, la acción de levantar la vara siempre fue acompañada de una demostración de la gracia y poder divinos y de la palabra profética entregada.

Después de la derrota decisiva de los amalequitas, el Señor dijo a Moisés que escribiese el relato de la victoria como un memorial histórico (v. 14). Es la primera vez que se indica algo acerca del trabajo literario de Moisés. No es de extrañarse de su habilidad con la pluma; había sido enseñado en las artes de los egipcios y se daba cuenta de la importancia de una crónica fiel.

El texto hebraico dice que el Señor le indicó que escribiese en el libro; no era en cualquier libro. El artículo significa un libro específico. ¿Cuál fue? El texto no lo indica. No parece ser el libro de Exodo por la simple razón de la cronología; el pueblo apenas había iniciado su largo peregrinaje hacia la tierra prometida. El libro indicado sería una de las fuentes utilizadas más tarde en la confección de Exodo. Posiblemente podría ser una referencia al libro de Jaser, o al libro de las batallas de Jehová. Los dos son escritos perdidos que existían en la época de Moisés y ahora aparecen únicamente como fuentes literarias citadas por algunos escritores del AT.

Al concluir la batalla, Moisés edificó un altar y llamó su nombre Jehová -nisi (v. 15), es decir, Jehová  es mi estandarte. La palabra «estandarte» (de nes  H5251) también significa «bandera» o «señal». Se la usa raramente en el AT. Así ha dicho el Señor Jehová : “He aquí, yo alzaré mi mano hacia las naciones, y levantaré mi bandera a los pueblos…“. ¡La mano misma de Jehová  era la bandera divina a las naciones!

En Refidim, la implicación del nombre Jehová -nisi es que Dios mismo era la bandera, o estandarte, alrededor del cual se reunió el pueblo. Moisés con su mano levantada hacia el cielo (probablemente con la vara) servía como un símbolo, o estandarte, de la verdad e inspiraba al pueblo a luchar con fidelidad como ejército de Dios. Ya con la victoria ganada, se erigió un altar sobre el campo de batalla para dar gloria al Señor. Sirvió como un testimonio y memorial para las generaciones venideras del poder y fidelidad de Jehová .

Moisés resintió profundamente el ataque de los amalequitas. No había sido simplemente un ataque contra Israel, sino contra Jehová  mismo: alzó la mano contra el trono de Jehová. Esto era el pecado de Amalec; consecuentemente, Jehová , no Israel, tendría guerra contra Amalec de generación en generación, y la nación atacante sería cortada de la faz de la tierra.

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