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Exodo 40: Moisés erige el tabernáculo

De ser un pueblo esclavizado Dios los había convertido en una nación libre, en un pueblo peregrino en marcha hacia la tierra prometida, y el Señor peregrinaba con ellos. Años más tarde, con la desobediencia de la nación, el apóstol Juan volvió al tema y dijo que Dios no había fracasado en su propósito, sino que había puesto su tabernáculo entre nosotros en la persona de su Hijo: Y el Verbo se hizo carne y habitó (lit. «puso su tienda») entre nosotros, y contemplamos su gloria, como la gloria del unigénito del Padre, lleno de gracia y de verdad. Después dijo: La ley fue dada por medio de Moisés, pero la gracia y la verdad nos han llegado por medio de Jesucristo. ¡La gloria de Dios ha llenado el mundo, y el reino es de él para siempre!

Verdades prácticas

1. La presencia del Dios viviente da significado a la vida. Dios no promete una vida fácil, ni riquezas materiales; no promete el éxito en el mundo, ni el aplauso de los hombres. En contraste, promete una bendición mucho mayor, la cual es su eterna presencia viviente con los suyos.

2. En la construcción del tabernáculo no había ninguna separación entre lo sagrado y lo secular. Los artesanos que diseñaron y construyeron el tabernáculo estaban llenos del Espíritu de Dios. Las ofrendas y el trabajo de todos hizo posible la construcción. Así, toda labor emprendida para la gloria de Dios es sagrada ante sus ojos; y todos, pastores y laicos, deben trabajar juntos para extender su reino.

3. La experiencia de adoración pura hacía real la presencia de Dios entre los suyos. Por medio del culto se alimenta, se sostiene y se afirma la realidad de la presencia de Dios. Por medio de conmemorar los hechos divinos en la historia y en la vida de uno se renuevan los vínculos del pacto y la dedicación hacia el Señor, el autor de la redención. Para que la adoración sea eficaz y duradera, un día apartado y un lugar apropiado para ella son elementos indispensables para mantenerla.

4. La presencia de Dios con su pueblo nómada en el desierto es una promesa de su presencia en la vida nómada moderna. Hoy hay una nueva ola de personas nómadas arrojadas al desierto de la vida. Son personas desconectadas de su pasado que buscan soluciones a sus problemas o una mejoría de su condición socioeconómica. Como nómadas modernos, ¿cómo hemos de comportarnos? ¿Haremos nuestros dioses propios, nuevos becerros de oro? O ¿descubriremos de nuevo la presencia de Dios aun en medio de nuestras andanzas por nuestro desierto? ¿Andaremos con Dios o andaremos solos? El Dios que viaja con los suyos espera nuestra respuesta.

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