Éxodo 40:28 Puso asimismo la cortina a la entrada del tabernáculo.
Éxodo 40:29 Y colocó el altar del holocausto a la entrada del tabernáculo, del tabernáculo de reunión, y sacrificó sobre él holocausto y ofrenda, como Jehová había mandado a Moisés.
La ofrenda fue preparada y presentada a Dios como una comida que simbólicamente le ofrecía los mejores frutos de la vida humana para que él los utilizara según su voluntad.
Éxodo 40:30 Y puso la fuente entre el tabernáculo de reunión y el altar, y puso en ella agua para lavar.
Éxodo 40:31 Y Moisés y Aarón y sus hijos lavaban en ella sus manos y sus pies.
Éxodo 40:32 Cuando entraban en el tabernáculo de reunión, y cuando se acercaban al altar, se lavaban, como Jehová había mandado a Moisés.
Éxodo 40:33 Finalmente erigió el atrio alrededor del tabernáculo y del altar, y puso la cortina a la entrada del atrio. Así acabó Moisés la obra.
El tabernáculo es cuidadosamente ensamblado e inaugurado.
El cuidado físico del tabernáculo requería una larga lista de tareas, y cada una era importante para la obra de la casa de Dios. Este principio es igualmente importante para recordarlo hoy, cuando la casa de Dios es la iglesia. Hay muchas tareas que parecen ser igualmente insignificantes y que tienen que hacerse para darle mantenimiento a su iglesia. No parece muy espiritual el lavar los platos, pintar las paredes o quitar la nieve. Pero son vitales para el ministerio de la iglesia y juegan un papel importante en la adoración a Dios.
La nube sobre el tabernáculo
Éxodo 40:34 Entonces una nube cubrió el tabernáculo de reunión, y la gloria de Jehová llenó el tabernáculo.
El tabernáculo era la casa de Dios en la tierra. El lo llenaba con su presencia y su gloria. Casi quinientos años más tarde, Salomón construyó el templo, que sustituyó al tabernáculo como lugar central de adoración. También Dios llenó el templo con su gloria. Pero cuando Israel le dio las espaldas a Dios, su gloria y su presencia abandonaron el templo, y fue destruido por ejércitos invasoresx. El templo fue reconstruido en 516 a.C. y la gloria de Dios regresó con el mismo gran esplendor casi cinco siglos después cuando Jesucristo, el Hijo de Dios, entró en él y enseñó. Cuando Jesús fue crucificado, la gloria de Dios otra vez abandonó el templo. Sin embargo, Dios ya no necesitó más un edificio físico después que Jesús se levantó de los muertos. El templo de Dios ahora es su iglesia, el cuerpo de creyentes.
Éxodo 40:35 Y no podía Moisés entrar en el tabernáculo de reunión, porque la nube estaba sobre él, y la gloria de Jehová lo llenaba.
Éxodo 40:36 Y cuando la nube se alzaba del tabernáculo, los hijos de Israel se movían en todas sus jornadas;
Éxodo 40:37 pero si la nube no se alzaba, no se movían hasta el día en que ella se alzaba.
Éxodo 40:38 Porque la nube de Jehová estaba de día sobre el tabernáculo, y el fuego estaba de noche sobre él, a vista de toda la casa de Israel, en todas sus jornadas.
La gloria de Dios llenaba el tabernáculo. Sin ella y sin su presencia, la obra no habría concluido y el tabernáculo sería inutilizable. Se reitera el mensaje central de éxodo: Dios está presente en medio de su pueblo.
Moisés se cuidaba de obedecer las instrucciones de Dios al más mínimo detalle. Nótese que no hacía un facsímil razonable de la descripción de Dios, sino una copia exacta. Debiéramos seguir el ejemplo de Moisés y ser minuciosos en nuestra obediencia. Si Dios le ha dicho que haga algo, hágalo, hágalo bien y hágalo completamente.
Los israelitas fueron una vez esclavos egipcios que hacían ladrillos sin que le dieran paja. Ahora estaban siguiendo una nube de fuego, cargando el tabernáculo que habían construido para Dios. Exodo comienza en la penumbra y termina en la gloria, ejemplificando así nuestro progreso a lo largo de la vida cristiana. Comenzamos como esclavos del pecado, somos redimidos por Dios y terminamos nuestro peregrinaje viviendo con El eternamente. Las lecciones que aprendieron los israelitas a lo largo del camino también son lecciones prácticas para nosotros.
