Ministerio basado en principios bíblicos para servir con espíritu de excelencia, integridad y compasión en nuestra comunidad, nuestra nación y nuestro mundo.

Logo

Ezequiel 33: El Profeta, Atalaya del pueblo

Ezequiel 33:1  Y vino a mí la palabra del Señor, diciendo:

Oráculo de la restauración. Ahora que estaba sellada la suerte de Jerusalén, y mientras Ezequiel esperaba escuchar sobre la caída de la ciudad,  Dios habló de construir una nueva comunidad. Surgiría un Israel restaurado, unido y libre de pecado. La cristiandad evangélica interpreta el mensaje de estas profecías de dos maneras distintas. La hermenéutica dispensacionalista lo interpreta literalmente, y lo aplica a los que serían los últimos tiempos de la historia de Israel. La hermenéutica clásica los interpreta más en sentido simbólico: Israel representaría en lo fundamental a la Iglesia, pero también, hasta cierto punto, los últimos tiempos de la nación histórica. La consumación de los tiempos ocurriría en tres etapas: la era de la Iglesia, el Milenio y el mundo por venir. Ambas perspectivas se entrelazan en los comentarios sobre estos oráculos.

Este capítulo establece una nueva dirección para las profecías de Ezequiel. Hasta aquí, Ezequiel ha pronunciado juicio por los pecados sobre Judá y las naciones malvadas que la rodeanx. Ahora que Jerusalén cayó, cambia de los mensajes de fatalidad y juicio a mensajes de consuelo, esperanza y restauración futura para el pueblo de  Diosx. Con anterioridad,  Dios designó a Ezequiel para que fuera un atalaya que advirtiera a la nación del juicio venidero. Aquí  Dios lo designa para ser nuevamente un atalaya, pero esta vez para predicar un mensaje de esperanza. Todavía hay secciones de advertencia, pero estas son parte de un cuadro de esperanza mayor.  Dios no incumpliría su promesa de restaurar sus bendiciones a quienes le fueran fieles. Debemos prestar atención a ambos aspectos del mensaje de Ezequiel: advertencia y promesa. A los que persisten en rebelarse en contra de  Dios debe servirle de advertencia. A los fieles a  Dios debe servirle de aliento y esperanza

Ezequiel 33:2  Hijo de hombre, habla a los hijos de tu pueblo y diles: «Si yo traigo una espada sobre un país, y la gente del país toma a un hombre de entre ellos y lo ponen de centinela,
Ezequiel 33:3  y éste ve venir la espada sobre el país, y toca la trompeta y advierte al pueblo,

Ezequiel 33:4  y el que oye el sonido de la trompeta no se da por advertido, y viene una espada y se lo lleva, su sangre recaerá sobre su propia cabeza.

Ezequiel 33:5  «Oyó el sonido de la trompeta pero no se dio por advertido; su sangre recaerá sobre él. Pero si hubiera hecho caso, habría salvado su vida.

Ezequiel 33:6  «Pero si el centinela ve venir la espada y no toca la trompeta, y el pueblo no es advertido, y una espada viene y se lleva a uno de entre ellos, él será llevado por su iniquidad; pero yo demandaré su sangre de mano del centinela.»

Aunque este versículo se invoca a menudo para presionar a los cristianos a fin de que den testimonio, o de lo contrario  Dios demandará la sangre de quienes se pierdan por su causa, esa no es su intención. Más bien refleja una ley antigua, no un precepto, y una palabra dada a Ezequiel.

Ezequiel 33:7  Y a ti, hijo de hombre, te he puesto por centinela de la casa de Israel; oirás, pues, la palabra de mi boca, y les advertirás de mi parte.

Ezequiel 33:8  Cuando yo diga al impío: «Impío, ciertamente morirás», si tú no hablas para advertir al impío de su camino, ese impío morirá por su iniquidad, pero yo demandaré su sangre de tu mano.

Ezequiel 33:9  Pero si tú, de tu parte adviertes al impío para que se aparte de su camino, y él no se aparta de su camino, morirá por su iniquidad, pero tú habrás librado tu vida.

Responsabilidad del profeta atalaya . Los versículos 2-9 son similares a 3:17-21, pero aquí se traza de una manera más clara el paralelo entre Ezequiel y el atalaya, aunque el peligro que corren los justos no se menciona

Ezequiel 33:10  Y tú, hijo de hombre, di a la casa de Israel: «Así habéis hablado, diciendo: ‹Ciertamente nuestras transgresiones y nuestros pecados están sobre nosotros, y por ellos nos estamos consumiendo; ¿cómo, pues, podremos vivir?›»

Ezequiel 33:11  Diles: «Vivo yo»–declara el Señor  Dios–»que no me complazco en la muerte del impío, sino en que el impío se aparte de su camino y viva. Volveos, volveos de vuestros malos caminos. ¿Por qué habéis de morir, oh casa de Israel?»

Ezequiel 33:12  Y tú, hijo de hombre, di a los hijos de tu pueblo: «La justicia del justo no lo salvará el día de su transgresión, y la maldad del impío no le será tropiezo el día que se aparte de su maldad; como tampoco el justo podrá vivir por su justicia el día que peque.»

Los cautivos estaban desalentados por sus pecados pasados. Este es un punto crucial en este libro. En otras partes del libro de Ezequiel, el pueblo se negó a enfrentar sus pecados. Aquí, se sentían profundamente culpables por vivir tantos años en rebelión en contra de  Dios. Por lo tanto, El les aseguró que los perdonaría si se arrepentían.  Dios quiere que todo el mundo se vuelva a El. Ve lo que somos y lo que seremos, no lo que hemos sido.  Dios da a cada persona la oportunidad de volverse a El, así que aprovéchela. Trate de seguirlo con sinceridad y pídale que lo perdone cuando falle.

Ezequiel 33:13  Cuando yo diga al justo que ciertamente vivirá, si él confía tanto en su justicia que hace iniquidad, ninguna de sus obras justas le será recordada, sino que por la misma iniquidad que cometió morirá.

Las buenas acciones pasadas no salvan a una persona que decide volver a una vida de pecado. Algunas quizás piensen que han hecho suficientes obras buenas que eclipsan las malas acciones a las que no quieren renunciar. Pero es inútil tratar de ser bueno en algunos aspectos y deliberadamente malo en otras.  Dios quiere obediencia y amor completos.

Ezequiel 33:14  Pero cuando yo diga al impío: «Ciertamente morirás», si él se aparta de su pecado y practica el derecho y la justicia,

Ezequiel 33:15  si el impío devuelve la prenda, restituye lo que ha robado, anda en los preceptos de vida sin cometer iniquidad, ciertamente vivirá, no morirá.

Si bien las buenas obras no nos salvan, la salvación debe llevarnos a actuar con rectitud. Esto incluye una restitución por los pecados del pasado (como ilustra la historia de Zaqueo.  Dios espera que restituyamos, cuando fuera necesario, por las cosas malas que hemos hecho.

Ezequiel 33:16  Ninguno de los pecados que ha cometido le será recordado. El ha practicado el derecho y la justicia; ciertamente vivirá.

Ezequiel 33:17  Pero los hijos de tu pueblo dicen: «No es recto el camino del Señor», pero es su propio camino el que no es recto.

Ezequiel 33:18  Cuando el justo se aparta de su justicia y hace iniquidad, morirá por ello.

Ezequiel 33:19  Pero cuando el impío se aparta de su maldad y practica el derecho y la justicia, vivirá por ello.

Ezequiel 33:20  Y decís: «No es recto el camino del Señor.» Yo os juzgaré a cada uno de vosotros según sus caminos, oh casa de Israel.

Este pasaje es similar a 18:19-32. Cada día las personas tienen la oportunidad de escoger el derecho y la justicia . El individuo es responsable de sus acciones; lo que decida determinará cuál será su destino aquel día.

Ezequiel 33:21  En el año duodécimo de nuestro destierro, a los cinco días del décimo mes, vino a mí un fugitivo de Jerusalén, diciendo: La ciudad ha sido tomada.

La caída de Jerusalén fue reportada por Ezequiel el 8 enero de 585 a.C.

Ezequiel 33:22  Y la mano del Señor había venido sobre mí la tarde antes de llegar el fugitivo. Y El abrió mi boca cuando aquel llegó a mí por la mañana; mi boca se abrió y dejé de estar mudo.

La mano de Jehová : Con el anuncio de que la ciudad había caído, se cumplían todas las profecías de Ezequiel. Como había prometido  Dios, Ezequiel está ahora en condiciones de hablar. Su nuevo papel es ministrar consolación.

A principios de su ministerio, Ezequiel no podía hablar excepto para dar mensajes específicos provenientes de  Dios. Ahora que sus profecías se cumplieron y se revelaron los falsos profetas, Ezequiel vuelve a hablar sin restricciones. Debido a que ya no necesita demostrar nada, tiene la libertad de ofrecer el mensaje de  Dios de restauración y esperanza.

Ezequiel 33:23  Entonces vino a mí la palabra del Señor, diciendo:

Ezequiel 33:24  Hijo de hombre, los que viven en estos lugares desolados de la tierra de Israel, dicen: Uno solo era Abraham, y poseyó la tierra; así que a nosotros que somos muchos se nos ha dado la tierra en posesión.

Ezequiel 33:25  Por tanto, diles: «Así dice el Señor  Dios: ‹Coméis carne con sangre, alzáis los ojos a vuestros ídolos mientras derramáis sangre. ¿Poseeréis entonces la tierra?

Ezequiel 33:26  ‹Confiáis en vuestra espada, cometéis abominaciones, cada uno contamina la mujer de su prójimo. ¿Poseeréis entonces la tierra?›»

Ezequiel 33:27  Así les dirás: «Así dice el Señor  Dios: ‹Vivo yo, que los que están en los lugares desolados caerán a espada, y los que están en campo abierto los entregaré a las fieras para ser devorados, y los que están en los refugios y en las cuevas, de pestilencia morirán.

Ezequiel 33:28  ‹Y convertiré la tierra en desolación y en soledad, y cesará el orgullo de su poder; los montes de Israel serán desolados, y nadie pasará por ellos.

Ezequiel 33:29  ‹Y sabrán que yo soy el Señor, cuando yo convierta la tierra en desolación y en soledad por todas las abominaciones que han cometido.›»

Los judíos de Jerusalén, que no se habían exiliado en el 586 a.C., se vanagloriaban de que poseían mayores prerrogativas que Abraham porque éste era uno , y ellos muchos . Su pecado, sin embargo, no les permitiría heredar la tierra; sino caerán a espada , los devorarán las fieras , o morirán de pestilencia

Ezequiel 33:30  Pero en cuanto a ti, hijo de hombre, los hijos de tu pueblo hablan de ti junto a los muros y en las entradas de las casas; hablan el uno al otro, cada cual a su hermano, diciendo: Venid ahora, y oíd cual es la palabra que viene del Señor.

El pueblo se negó a actuar de acuerdo al mensaje de Ezequiel. Cuando las personas se burlen de su testimonio por Cristo o no actúen conforme al consejo que les ha dado, no se rinda. No testifica únicamente por el bien de ellas, sino por ser fiel a  Dios. No puede obligarlas a aceptar su mensaje, sino solo puede mantener su fidelidad al proclamarlo.

Ezequiel 33:31  Y vienen a ti como viene el pueblo, y se sientan delante de ti como pueblo mío, oyen tus palabras y no las hacen sino que siguen los deseos sensuales expresados por su boca, y sus corazones andan tras sus ganancias.

¿Ama en realidad a  Dios en su corazón? Estas personas aparentaban seguir a  Dios, pero amaban más al dinero. Muchas personas de nuestro tiempo aparentan ser muy religiosas, mientras que la codicia permanece en sus corazones. Jesús advirtió que no podemos amar a  Dios y al dinero a la vez (Mat_6:24). Cuando no tenemos mucho, es fácil decir: «Lo dejo todo». Pero en el momento en que comenzamos a ganar mucho resulta dificilísimo evitar amar al dinero.

Ezequiel 33:32  Y he aquí, tú eres para ellos como la canción de amor de uno que tiene una voz hermosa y toca bien un instrumento; oyen tus palabras, pero no las ponen en práctica.

El pueblo venía a escuchar a Ezequiel con el fin de entretenerse. No les interesaba escuchar un mensaje del Señor para ponerlo en práctica. Muchos van a la iglesia como un entretenimiento. Disfrutan la música, el compañerismo y las diversas actividades, pero no atesoran el mensaje en sus corazones. ¿Ha reducido usted los servicios de la iglesia al nivel del entretenimiento o acaso su adoración tiene un verdadero impacto en su vida? Escuche la Palabra de  Dios y obedezca, aplíquelas y póngalas en práctica en su vida.

Ezequiel 33:33  Y cuando suceda, como ciertamente sucederá, sabrán que hubo un profeta en medio de ellos.

Se informa a Ezequiel que la gente desea oir sus palabras (el cumplimiento de sus profecías lo ha hecho popular); pero no las pondrán por obra, sino seguirán sus propios caminos, a causa de su avaricia

El Profeta, Atalaya del pueblo.

Después de esta primera parte de vaticinios conminatorios contra Judá y las naciones paganas, viene ahora una serie de capítulos que versan sobre la rehabilitación del pueblo elegido en el futuro. Ha pasado la hora de la ira divina y se acerca la de la misericordia. El profeta ha tenido que desmontar las falsas ilusiones de los exilados sobre la supuesta invencibilidad de Jerusalén. Después de consumada la catástrofe y confirmados sus oráculos siniestros, el profeta, con plena autoridad, trata de formar la nueva conciencia de los exilados. La caída de Jerusalén trajo como consecuencia una crisis de la conciencia nacional. Yahvé parecía que había abandonado a su pueblo, y, por tanto, era inútil mantener ilusiones nacionales sobre el futuro. Todo estaba perdido. Contra esta posición desesperada se levanta Ezequiel, el cual se esfuerza en sembrar una esperanza de resurrección nacional. Todo lo pasado no ha sido más que una prueba de purificación, pero se acercan días de gloria para el pueblo israelita. El futuro es deslumbrante y glorioso, y, por tanto, los supervivientes deben prepararse para hacerse dignos de la nueva teocracia.

Esta última parte del libro de Ezequiel puede dividirse en dos partes:

a) promesa de restauración y paz perpetua
b) estructura interna del nuevo Israel. El estilo es difuso y convencional, y faltan en general indicaciones cronológicas.

Es como un mosaico de fragmentos, que sirven de transición entre los oráculos conminatorios que hemos estudiado en la primera parte del libro y los de consolación que van a predominar en la última sección de los escritos de Ezequiel. Se suele dividir en las partes siguientes:

a) Ezequiel, responsable de su misión de centinela del pueblo israelita
b) responsabilidad personal de los oyentes
c) anuncio de la caída de Jerusalén
d) amenaza contra los judíos supervivientes en Palestina
e) frivolidad de los exilados.

Ezequiel se compara a sí mismo a un centinela militar encargado de dar la voz de alarma ante el peligro. El profeta se siente responsable de la suerte espiritual de su pueblo, y por eso se cree en la obligación de mantenerse vigilante frente a los peligros que sobre él se ciernen. Es la misión de Ezequiel entre los exilados de Babilonia. Ha anunciado primero la destrucción de Jerusalén en castigo de los pecados acumulados durante generaciones por la comunidad israelita. Ahora tiene que anunciar nuevos peligros para la vida religiosa de los exilados y formar la conciencia de éstos en orden a la constitución del nuevo núcleo de restauración nacional. Como portavoz de la palabra de  Dios, tiene que anunciar los peligros para que el pueblo se aperciba de ellos. Si no quieren oírle, no tendrá responsabilidad alguna en la muerte de ellos, como en el caso del centinela militar. Al contrario, si éste no cumple su misión de anunciar el peligro de la invasión del enemigo, será responsable de lo que pasare y pagará con su vida su falta en el cumplimiento del deber. Este sentido de responsabilidad preocupa extremadamente a Ezequiel, como preocupará a San Pablo su misión de evangelizar: “¡Ay de mí si no anunciare el Evangelio!”

Las reflexiones aquí expuestas son paralelas a las que hemos visto en 8:21-32; pero las circunstancias no son idénticas. En el capítulo 18 se trata de contestar a las reacciones insolentes de los exilados, que creen que es una injusticia echar sobre ellos la culpabilidad de sus antepasados. Aquí la característica del auditorio es de desesperación. El castigo de  Dios sobre Judá ha demostrado que Yahvé ha abandonado a su pueblo, y los exilados se sienten pecadores, y, como tales, lejos de la providencia especial de Yahvé: Llevamos sobre nosotros nuestros pecados. Ezequiel les recuerda que la situación no es desesperada, pues ante  Dios no cuenta tanto la culpabilidad pasada cuanto las buenas disposiciones de arrepentimiento actuales.  Dios no se complace en castigar, sino que busca ante todo el retorno del pecador: No me gozo en la muerte del pecador, sino en que se retraiga de su camino y viva. La respuesta de Yahvé está basada en la idea de que es ante todo amoroso y misericor Dioso, y, como tal, está buscando siempre que el corazón del impío se convierta y vuelva a su buen camino, para poder prodigarle sus misericordias: Volveos. ¿Por qué os empeñáis en morir?.

La frase de los exilados nos vamos consumiendo., llevamos nuestros pecados tiene un aire de desesperación, de rabia y de cinismo, y no de compunción. Por eso, su situación espiritual no es buena. No quieren nada con un  Dios que los ha castigado. Es preciso una enmienda de vida. No bastan las buenas acciones pasadas del justo si éste en la actualidad anda por las sendas de la impiedad. Naturalmente, no es que el profeta quiera subestimar las acciones del pasado, pecaminosas o virtuosas, sino que quiere resaltar que, de hecho, en orden a la salvación de cada uno, interesan sobre todo las acciones buenas presentes. Sobre un pasado pecador se puede extender el velo del olvido de parte del Señor, siempre que el presente sea digno de la amistad y misericordia divinas.

En la perspectiva de Ezequiel se trata de la salvación de los israelitas en su destino de comunidad nacional y en su porvenir en esta vida. Nada en el libro de Ezequiel supone la creencia en la retribución de ultratumba. La perspectiva del profeta, como la de todos los libros del A.T. antes del libro de la Sabiduría, se proyecta sólo al horizonte terreno. No se trata, pues, en estas frases de Ezequiel del problema de la salvación eterna del alma de los israelitas. No obstante, su doctrina es válida en el nuevo estadio ideológico del N.T. También en la perspectiva doctrinal del ?. ?. valen, sobre todo, ante  Dios, las disposiciones actuales, en tal forma que un sincero arrepentimiento es suficiente para borrar un pasado pecaminoso, y viceversa, un pecado actual basta para anular todas las obras buenas de un pasado virtuoso.

Es importante la doctrina expuesta por Ezequiel, en cuanto hace resaltar el poder del libre albedrío en el ser humano en sus disposiciones actuales, como superación de una mentalidad entonces muy extendida sobre la influencia del pasado en la vida del hombre en orden a su reconciliación con  Dios. Hemos dicho que Ezequiel ha sido saludado con el título de campeón del individualismo, no sólo en cuanto que desconecta al individuo de la responsabilidad colectiva, sino que aun le desconecta de su pasado personal en el sentido de que ante  Dios interesan sobre todo las buenas disposiciones actuales, aunque sean superpuestas a un pasado pecaminoso.

Aquí nos encontramos sólo ante una exposición parcial del problema de la responsabilidad del individuo y de sus relaciones con  Dios según la mentalidad del A.T. Como decíamos antes, la tesis del profeta es un positivo avance sobre el ambiente conceptual de la época, en cuanto que se destaca el individualismo como base de las relaciones con  Dios. Tan revolucionaria es la tesis de Ezequiel, que sus oyentes exilados le dicen abiertamente: No es recta la vía del Señor. No pueden comprender que  Dios haga tabla rasa de un pecado pecaminoso o virtuoso en aras de un arrepentimiento o pecado actual. Para ellos pesaba más el pasado que el presente, y se les hace difícil que  Dios les perdone sus pecados. La doctrina, pues, de Ezequiel es un horizonte nuevo para aquellas mentalidades, anquilosadas y abrumadas por el peso de la tragedia de su pueblo: yo juzgaré a cada uno conforme a sus caminos.

La datación nos lleva al año 586 a.C., en el mes de diciembre-enero (Tebeth). El cautiverio de que habla es el iniciado con la deportación del rey Jeconías (598). Así, pues, el fugitivo llega con la noticia de la caída de Jerusalén medio año después del hecho. Seguramente que ya tenían noticias de ello antes por la información de los mismos vencedores babilonios, pero ahora se trata de la llegada del primer testigo ocular judío, escapado de la catástrofe. El día antes de la llegada de este fugitivo fue sobre  Ezequiel la mano de Yahvé; expresión que equivale a recibir una nueva revelación para que terminara su prolongado mutismo. Desde el comienzo del asedio de Jerusalén por las tropas de Nabucodonosor, Ezequiel no transmitió ningún mensaje especial a los exilados. Dejó que los acontecimientos hablaran por sí mismos en confirmación de sus oráculos anteriores. Ahora, consumada la catástrofe, es hora de iniciar una nueva etapa de predicación entre los exilados para levantar los ánimos y formar de nuevo la conciencia religiosa y nacional de ellos, tomando como base un grupo selecto.

Después de la caída de Jerusalén, los babilonios organizaron una deportación en masa de las fuerzas vivas de las naciones: jefes e industriales fueron llevados a Mesopotámia. Sólo dejaron los campesinos y gente de la clase baja, para que no tuvieran pretensiones nacionalistas. Al frente de esta comunidad depauperada pusieron los babilonios, como gobernador, al judío Godolías, el cual trabajó con todas sus fuerzas por organizar de nuevo la vida nacional, estableciendo su capital en Mispah. Sin embargo, había bandas incontroladas de nacionalistas por el campo, con falsas ilusiones de una pronta reconstrucción nacional, para de nuevo alzarse contra el invasor babilónico. Godolías fue muerto violentamente por estos nacionalistas a ultranza, excitándose de este modo la ira del coloso caldeo. El mismo profeta Jeremías fue llevado a Egipto por estas bandas incontroladas. En Jeremías 53:30 se alude a una nueva deportación de judíos realizada por las tropas de Nabucodonosor en 582. Por otra parte, los babilonios no transportaron al reino de Judá poblaciones extrañas, como lo habían hecho los asirios en Samaría. Judá, pues, quedó semiabandonada. Por lo que dice Ezequiel, parece que los exilados tenían puestos los ojos en los que habían quedado en Palestina para una pronta reconstrucción nacional. Por eso ahora el profeta quiere deshacer esta última vana ilusión. Los que quedaron en Palestina se creen los herederos legítimos de Abraham, y se hacen el cálculo que, si el gran patriarca, siendo solo, llegó a poseer la tierra, ellos, siendo bastantes, lo lograrían con más facilidad. La argumentación es infantil para un israelita, ya que el triunfo de Abraham descansó únicamente en la promesa de  Dios, no en los esfuerzos del patriarca.

La respuesta de Yahvé es terminante: Abraham recibió la promesa por su fidelidad, mientras que ellos continúan su conducta pecaminosa, haciendo sacrificios a los ídolos en los lugares altos (banqueteáis por los montes), derramando sangre inocente, prodigando los homicidios. Para ellos no existe más ley que la de la fuerza y la espada (os apoyáis sobre vuestras espadas), entregándose a todas las abominaciones, sin respeto para la mujer del prójimo. Por todas estas demasías, que son continuación de la pésima conducta antigua, Yahvé los destruirá totalmente, haciéndoles morir devorados por las fieras o por la peste. Nadie podrá huir de la ira de  Dios. Sólo así sabrán quién es Yahvé, intransigente con la maldad y la vana presunción.

Contra la frivolidad de los exilados

Los hechos habían dado la razón a Ezequiel, pues todos sus oráculos sobre la destrucción de Jerusalén se habían cumplido a la letra. Con ello el profeta alcanzó gran autoridad entre los exilados, los cuales hablan en público y en privado de las revelaciones de él, y así van a oírle como si se tratara de la convocación de una asamblea del pueblo para tratar de una cuestión de interés público. Pero esto no debe impresionar demasiado a Ezequiel, ya que es sólo apariencia externa, pues se limitan a escuchar sus palabras, sin preocuparse de poner por obra sus consejos y mandatos de parte de  Dios. Los oyentes aprueban sus palabras y halagan con su boca, pero su corazón sigue apegado a sus intereses personales. El profeta debe resaltar el carácter espiritual de entrega a  Dios que debe caracterizar al nuevo núcleo de restauración nacional, heredero de las promesas y bendiciones de  Dios. Los exilados creen que pueden compaginar la protección divina con su conducta materialista. Oyen el mensaje del profeta con agrado, como se escucha una canción de amor agradable, acompañada de un instrumento apropiado; pero después lo olvidan, como se olvida el canto que durante unos momentos cautivó el oído. Pero llegará un día, cuando se realicen las predicciones de salvación del profeta, en que reconocerán que ha habido entre ellos un profeta.

Deja el primer comentario

Otras Publicaciones que te pueden interesar