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Hechos 4: El arresto

Una Publicación escrita por uno de esos ángeles que se encuentran por doquier que nos prestan sus alas cuando se nos olvida cómo volar. Conviértete en uno de ellos y compártela. Será de Bendición para ti y para el que la reciba.

Cuando leemos este discurso de Pedro, y recordamos a quiénes lo dirigió, no podemos por menos de reconocerlo como una de las mayores pruebas de valor que se han dado en el mundo. Iba dirigido a una audiencia formada por los más ricos, intelectuales y poderosos del país; y sin embargo Pedro, un sencillo pescador galileo, se presenta ente ellos más como su juez que como su víctima. Además, este era el tribunal que había condenado a muerte a Jesús. Pedro sabía que se estaba jugando la vida.

Hay dos clases de valor. Hay un valor insensato, que apenas se da cuenta de los peligros que arrostra. Y hay una clase de valor mucho más elevada y consciente, que conoce el peligro, pero se niega a dejarse intimidar. Pedro dio muestras de la segunda clase de valor. Cuando le dijeron a Aquiles, el gran héroe griego, que si iba a la batalla moriría, contestó: «A pesar de todo, estoy decidido a ir.» Pedro, en aquel momento, sabía el peligro que le acechaba; pero, a pesar de todo, habló.

Hechos 4:13-22: Leales a Dios por encima de todo

Cuando los miembros del Sanedrín se percataron del coraje de Pedro y Juan, y se dieron cuenta de que eran hombres que no tenían una educación especial ni eran profesionales de nada sino gente corriente, se quedaron alucinados, y los reconocieron como seguidores de Jesús. Como también estaban viendo al que había sido sanado, que estaba allí de pie con ellos, no se les ocurría nada que pudieran decir en contra de ellos. Entonces dieron orden de que se salieran y esperaran fuera, y se pusieron a discutir la situación en privado.

-¿Qué podemos hacer con estos? -decían-. Porque no se puede negar que se ha manifestado el poder de Dios por medio de ellos, y toda Jerusalén se ha enterado. Lo mejor que podemos hacer para impedir que esto se siga extendiendo entre la gente es advertirles que se atengan a las consecuencias si no están dispuestos a dejar de hablarle a nadie en absoluto acerca del Nombre del tal Jesús.

Así es que los llamaron otra vez, y les prohibieron terminantemente que hablaran o enseñaran nada acerca del Nombre de Jesús. Pero Pedro y Juan les contestaron: -Juzgad vosotros mismos si está bien delante de Dios obedeceros a vosotros por encima de Dios. En cuanto a nosotros, no podemos dejar de decir lo que hemos visto y oído.

Los del Sanedrín entonces les dijeron que se atuvieran alas consecuencias si no los obedecían, y luego los soltaron, porque no encontraban forma de castigarlos; porque la gente estaba alabando a Dios por lo que había sucedido, ya que el hombre en el que se había realizado el milagro de sanidad tenía más de cuarenta años.

Aquí vemos con toda claridad tanto el ataque del enemigo como la defensa cristiana. El ataque del enemigo tiene dos características: la primera es el desprecio. La versión ReinaValera dice que el Sanedrín consideraba a Pedro y Juan « hombres sin letras y del vulgo» (13). La palabra que se traduce por sin letras quiere decir que no tenían ninguna clase de preparación técnica, especialmente en las cuestiones intrincadas de la Ley. La palabra que se traduce por del vulgo quiere decir que eran laicos sin cualificación profesional. El Sanedrín, como si dijéramos, los veía como personas sin títulos académicos ni categoría profesional. A menudo le es difícil a la gente sencilla enfrentarse con los que presumen de intelectuales. Pero el que tiene a Cristo en su corazón tiene una dignidad que no dan ni la universidad ni la cámara de comercio. Y en segundo lugar: el Sanedrín recurrió a las amenazas. Pero el cristiano sabe que lo que los hombres le puedan hacer es cosa de un momento, mientras que las cosas de Dios son para la eternidad.

Alenfrentarse con este ataque Pedro y Juan tenían ciertas defensas. La primera, un hecho indiscutible. Que el cojo había sido sanado no se podía negar. La defensa más incontestable del Cristianismo es un cristiano. Y la segunda defensa, una total fidelidad a Dios. Si tenían que escoger entre obedecer a los hombres o a Dios, Pedro y Juan no vacilaban lo más mínimo. Como decía H. G. Wells: «Lo que pasa con muchas personas es que la voz de los vecinos les llega a los oídos más alta que la voz de Dios.» El verdadero secreto del Cristianismo está en el elogio que le hicieron una vez al reformador escocés John Knox: «Tenía tanto verdadero temor de Dios que nunca se dejaba intimidar por ningún ser humano.» Pero la tercera defensa era la más grande: la de una experiencia personal de Jesucristo. No les había llegado ese mensaje de oídas. Sabían de primera mano que era verdad; y estaban tan seguros que estaban dispuestos a jugarse la vida por él.

Hechos 4:23-31: El regreso victorioso

Cuando los soltaron, Pedro y Juan volvieron a los suyos y les contaron todo lo que les habían dicho los principales sacerdotes y los ancianos. Después de escucharlo todo, elevaron a Dios una oración unida diciendo: -Soberano Señor: Tú eres el Creador de los cielos, de la tierra y del mar, y de todo lo que hay en ellos. Ya Tú habías dicho por medio del Espíritu Santo por boca de tu siervo David: u¿Por qué rugen las naciones, y los pueblos se confabulan en inútiles planes? Los monarcas de la Tierra se ensoberbecen, y los gobernantes forman coaliciones contra el Señor y contra su Rey ungido. » Eso es lo que estamos viendo en esta misma ciudad en la que se unieron Herodes y Poncio Pilato con los gentiles y con el pueblo de Israel, contra tu santo Siervo Jesús a Quien Tú has ungido como Mesías, para hacer con Él todo lo que habías decidido de antemano en tu poder y tu programa. Ahora, Señor, mira en qué situación nos encontramos por sus amenazas, y concédenos a tus siervos que proclamemos tu Mensaje sin miedo ni inhibiciones, mientras Tú mismo intervienes para realizar milagros de sanidad y otras demostraciones de tu poder que confirmen Quién es tu santo Siervo Jesús.

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Pastor Lionel

Evangelista. Autor de Vida de Jesús un Evangelio Armonizado; Sancocho Cristiano Vols.: I-IV y Bendiciones Cristianas Vols.: I y II. Libre entre los hombres, esclavo y siervo de Nuestro Señor Jesucristo

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