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Isaias 49: El Siervo de Yahvé

Esta profecía es presentada bajo la forma de un diálogo entre Jehová y Sion, personificada en una mujer. En los versículos  8-13, Jehová dice a Sion: En tiempo favorable te he respondido, y en el día de salvación te he ayudado. Se refiere a la liberación de los cautivos de Judá, a la salida de Babilonia y a los primeros tiempos en Sion. La expresión te guardaré y te pondré por pacto para el pueblo, que también aparece en 42:6, interrumpe la secuencia en el versículo  8. Hay comentaristas que lo consideran una cláusula marginal, cuyo lugar apropiado es después del versículo  7. El versículo  13 es una pieza lírica que subraya los hechos de Jehová para consolar a Sion y su compromiso para seguir teniendo misericordia de sus afligidos.

El versículo  14, como dijimos, expresa la amargura presente de Sion, que le impide apreciar en su verdadera dimensión los hechos redentores de Jehová y que le sumen en el abandono y la desesperación.

En los versículos  15-26 Jehová ratifica su compromiso de amor con Sion. La expresión final del versículo  15: “…yo no me olvidaré de ti“, retoma las palabras de Sion.

En el versículo  16 Jehová se refiere a Sion en términos más específicos, teniendo en mente la ciudad de Jerusalén. Le dice a Jerusalén: “He aquí en las palmas de mis manos te tengo grabada; tus murallas están siempre delante de mí.“ La imagen que se proyecta es un dibujo de la ciudad, grabado en las palmas de las manos como tatuaje, para que sirva de recordatorio. ¡Qué bella expresión de lo que significa Jerusalén para Dios!

En el versículo  17 Jehová anuncia la pronta reconstrucción de Jerusalén, y en los versículos  18-23 se habla de la repoblación de Jerusalén mediante la figura de hijos que se pegan a su madre para embellecer, como si fueran joyas o perlas, su vestido de gala, como si se tratase de un vestido de novia.

En cuanto al resto del territorio de Judá, los versículos  19-21 anuncian la pronta restauración de sus ruinas y su repoblamiento mediante aquellos hijos de Sion que nacieron en la cautividad y que están cercanos a volver a la tierra con la cual están unidos como los hijos de su madre.

Pero surge la pregunta: ¿Cómo podrían convertirse en realidad estas palabras si la mayor parte de los judíos están aún en Babilonia, ahora bajo la autoridad del gobierno persa, y por lo tanto no son libres e independientes para volver a Sion? Ellos están sujetos a la voluntad suprema del valiente guerrero, el nuevo soberano persa.

La respuesta divina dice: Ciertamente el cautivo le será quitado al valiente guerrero, y el botín será librado del tirano. Es posible que estas palabras aludan a las subsiguientes oleadas de inmigración a Sion que tuvieron lugar en los días de Esdras y Nehemías, pero la referencia parece ser aun más amplia. Lo que Dios va a hacer con Sion, según esta profecía, tiene alcance aun hasta la restauración de Sion en nuestros propios días. La magnitud de la obra divina a favor de Sion llegaría a ser sabida por todo mortal: Y sabrá todo mortal que yo soy Jehová tu Salvador, tu Redentor, el Fuerte de Jacob.

Sevene En Isaias 49:12 aparece un nombre misterioso: «Sevene». Algunas otras versiones traducen «Asún»    otras «tierra de Sinim». Nacar y Colunga, en su comentario dicen: «Sinim, nombre misterioso, que algunos corrigen Severim, Syena, al sur de Egipto». «Sevene» es el nombre que aparece en la RVA. Algunos otros comentaristas dicen que «Sevene» viene de una voz egipcia que significa «mercado». También la identifican con «Asúan», que es una ciudad fronteriza entre Egipto y Etiopía.

El Comentario Exégetico y Explicativo de la Biblia, Tomo I, en la pág. 631 dice referente a este versículo  12: «Sineos: Los árabes y otros asiáticos llamados chinos, ’Sin’ o ’Tchin’; los chinos no tenían un nombre especial para designarse a sí mismos, sino que adoptaban ora el de la dinastía reinante ora algunos títulos sumamente sonoros. Esta opinión con los ’sineos’ concuerda con el contexto, que requiere que el aludido sea un pueblo lejano, y distinto de los del Norte y el Oeste» (Gesenius).

«Tsin» era el nombre rabínico para China; para los árabes «Sin» era China. Ptolomeo, «el geógrafo» que vivió en el 140 d. de J.C. usó la palabra «Sinoe» o «Thinoe» para referirse a la China.

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