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La avaricia rompe el saco

Una Publicación escrita por uno de esos ángeles que se encuentran por doquier que nos prestan sus alas cuando se nos olvida cómo volar. Conviértete en uno de ellos y compártela. Será de Bendición para ti y para el que la reciba.

Un mendigo iba pidiendo por las casas con unas alforjas colgadas al hombro. Se lamentaba de su suerte y de que los ricos nunca estaban satisfechos: «Cada vez quieren más y más dineros. ! Parece que quieren apoderarse del mundo entero !

En cambio yo, si tuviera lo necesario para comer y para vestir, me sentiría del todo satisfecho…» decía el pobre hombre.

Precisamente en aquel instante, La fortuna, pasaba por la calle. Vio al mendigo, se detuvo a su lado y le dijo:

— Escucha hombre, hace mucho tiempo, que oigo tus lamentos y deseo ayudarte. Abre tus alforjas y sostenlas así para recibir el oro que voy a regalarte. Pero esto ha de ser con una condición: Todas las monedas que caigan en las alforjas serán para ti ; pero las que caigan en el suelo, se convertirán en polvo, ¿Estás enterado ?

— Sí, sí , lo comprendo: dijo el mendigo.

— Entonces ten cuidado, advirtió la fortuna, Tus alforjas son muy viejas y podrían romperse, no cargues demasiado.

Tan satisfecho estaba el mendigo , que rápidamente abrió sus alforjas, y en ellas en un momento cayó un torrente de monedas de oro, !las alforjas empezaron a pesar demasiado!

— ¿Basta ya? preguntó la Fortuna

— !Todavía no, Todavía no!

— No temes que se rompan, decía la Fortuna

— No,no, no se rompen…..había agitación en su voz, más que por miedo por ambición. Las manos del mendigo comenzaron a temblar, ¡Aún caben más!

— Pero ya eres el hombre más rico del mundo, intervino la Fortuna.

— !No, no, unas pocas más! cayeron unas pocas mas y … las alforjas se reventaron, el tesoro se vino a tierra, y las monedas se convirtieron en polvo.

La fortuna se fue y el mendigo quedó mas pobre que antes, sus lamentos teñidos de desesperación.

En el diccionario, la palabra avaricia, la describe como afán de poseer, para atesorar, desde luego no hay que confundirla con el deseo de tener lo suficiente, para satisfacer las necesidades propias.

El ejemplo del cuento, pone de relieve, que cuando uno se convierte en avaricioso, el dinero se torna un peso, imposible de soportar, «El avaro experimenta a la vez todas las preocupaciones del rico y todas las penalidades del pobre»

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Pastor Lionel

Evangelista. Autor de Vida de Jesús un Evangelio Armonizado; Sancocho Cristiano Vols.: I-IV y Bendiciones Cristianas Vols.: I y II. Libre entre los hombres, esclavo y siervo de Nuestro Señor Jesucristo

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