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Zacarías 10: Jehová redimirá a su pueblo

Zacarías 10:1 Jehová redimirá a su pueblo. Pedid a Jehová lluvia en la estación tardía. Jehová hará relámpagos, y os dará lluvia abundante y hierba verde en el campo a cada uno.[a]

Zacarías recuerda a Judá que Dios tiene poder sobre la lluvia, aun en la estación tardía (la primavera), cuando uno asume que habrá suficiente lluvia. Desde el punto de vista espiritual, solamente Dios puede enviar suficientes bendiciones y poder para hacernos madurar en Cristo. Debemos pedir sus bendiciones y no solamente darlas por sentado.

Cuán a menudo creamos ídolos del dinero, del poder, de la fama o del éxito y luego esperamos que nos den felicidad y seguridad. Sin embargo, estos ídolos no pueden proporcionar lo que necesitamos, de la misma forma que una imagen de piedra no puede hacer llover. ¡Cuán tonto resulta confiar en los ídolos! En vez de eso, confíe en las promesas de Dios para su futuro.

Zacarías 10:2 Porque los ídolos han dado vanos oráculos y los adivinos han visto mentira,[b] predicen sueños vanos y vano es su consuelo. Por eso el pueblo vaga como un rebaño y sufre porque no tiene pastor.[c]

Zacarías 10:3 «Contra los pastores se ha encendido mi enojo,[d] y castigaré a los jefes». Pero Jehová de los ejércitos visitará su rebaño, la casa de Judá, y los pondrá como su caballo de honor en la guerra.

Esto se refiere al juicio de Dios contra líderes pasados y presentes de Judá y el futuro papel del Mesías como buen pastor, incluyendo el efecto restaurador que ello tendrá. De nuevo, este pasaje se entiende mejor desde la perspectiva mesiánica y apocalíptica.

Los líderes, que deben ser pastores para el pueblo, son presentados como jefes , a los que Dios castigará.

Zacarías 10:4 De él saldrá la piedra angular, de él la clavija, de él el arco de guerra, de él también todos los jefes.[e]

El Mesías es la piedra angular . . . la clavija de que penden los destinos de la humanidad, el arco de guerra que conquista, el apremiador que reina.

La profecía de Zacarías, más de quinientos años antes de la primera venida de Cristo, lo llamó «la piedra angular», «la clavija», «arco» que gana la batalla y «apremiador» que es un hombre de acción; Este Mesías sería fuerte, estable, victorioso y confiable, todo esto al mismo tiempo. La solución a los problemas de Israel. Solo mediante el Mesías se cumplirán todas las promesas para el pueblo de Dios.

Zacarías 10:5 Serán[f] como valientes que en la batalla pisotean al enemigo en el lodo de las calles; pelearán, porque Jehová estará con ellos, y los que cabalgan en caballos serán avergonzados.

Zacarías 10:6 «Yo fortaleceré la casa de Judá y guardaré la casa de José.[g] Los haré volver, porque de ellos tendré piedad; serán como si no los hubiera desechado, porque yo soy Jehová, su Dios, y los oiré.

La «casa de Judá» se refiere al reino del sur y «la casa de José» al reino del norte. Efraín era la tribu más destacada en el reino del norte, llevaba el nombre del hijo de José. Algún día Dios unirá a su pueblo. Este versículo nos habla acerca de la reunificación de los judíos. Esta era una idea sorprendente: el pueblo del reino del norte se diluyó tanto entre otras culturas después del cautiverio, que la reunificación no sería posible por esfuerzo humano sino solo por Dios.

Zacarías 10:7 Será Efraín como valiente y se alegrará su corazón como con el vino; sus hijos lo verán y también se alegrarán, su corazón se gozará en Jehová.

Zacarías 10:8 »Yo los llamaré con un silbido y los reuniré, porque los he redimido; serán multiplicados tanto como lo fueron antes.

Zacarías 10:9 Pero yo los esparciré entre los pueblos, y aun en lejanos países se acordarán de mí; vivirán con sus hijos y volverán.[h]

Aunque el pueblo del pacto sea esparcido entre las naciones, Dios promete que volverán . Esta profecía se cumplió parcialmente en los días de Zacarías con el retorno de los exiliados de Babilonia. Pero su consumación final ocurrirá en la Nueva Jerusalén, donde no solamente los judíos, sino todos los pueblos, adorarán a Dios.

Zacarías 10:10 Porque yo los traeré de la tierra de Egipto y los recogeré de Asiria; los traeré a la tierra de Galaad y del Líbano, y no les bastará.[i]

Zacarías 10:11 La tribulación pasará por el mar:[j] él herirá en el mar las ondas y se secarán todas las profundidades del río.

La soberbia de Asiria será derribada y se perderá el cetro de Egipto.

Zacarías 10:12 Yo los fortaleceré en Jehová, y caminarán en mi nombre, dice Jehová».

Jehová vindicará a su pueblo

Los versículos 1 y 2 sirven de preámbulo al mensaje de ánimo y consuelo. La influencia de la idolatría en el pueblo era palpable; en muchas ocasiones se vieron arrastrados por creencias paganas, pidiendo lluvia a los dioses domésticos, o terafines, en vez de hacerlo al Creador. Desde que los israelitas ingresaron a la tierra prometida se vieron acosados por las creencias paganas de los cananeos que habitaban la tierra antes que ellos. Estos eran agricultores que habían labrado la tierra por muchas generaciones, y que mezclaban sus creencias religiosas con las técnicas de la agricultura. Si las cosechas no eran buenas, si la lluvia no caía a tiempo o era escasa, acudían a los terafines; esto llegó a ser una tentación permanente para Israel, quien llegó a tributar adoración a estos dioses domésticos y a demandar de ellos condiciones favorables para una cosecha abundante.

El pueblo de Israel tenía poco tiempo de haber regresado y vivía en una situación precaria, pues la ciudad se encontraba en una ruina total; pero lo más trágico era la pérdida de fe. El reto del profeta al pueblo era una renovación de su fe, que volvieran nuevamente su mirada al Creador que tiene dominio sobre los fenómenos naturales. ¡Pedid a Jehová la lluvia de la estación tardía! La lluvia tardía tenía un efecto multiplicador; se producía en los meses de marzo y abril, y servía para madurar el grano; su llegada era casi milagrosa. Por esto el profeta invita al pueblo con exclamación a que se acerquen a Dios para pedir lo que es imposible para el hombre. El sustento del hombre proviene de Dios, y no de los terafines.

Una de las razones por las que el pueblo se había desviado de su fe era que los pastores no habían cumplido con su misión de alimentar al rebaño para fortalecer su fe; les habían cedido el lugar a los falsos profetas y adivinos que sí influyeron en la vida del pueblo.

Siempre que escasea la palabra de verdad abundan los engañadores, pregonando sus mentiras como verdaderas revelaciones de Dios. Los adivinos, los falsos profetas y otros tantos que predicen bienestar y un futuro promisorio fuera de la revelación de Dios no hacen otra cosa sino mentir, engañar al pueblo, que a falta de una verdadera autoridad espiritual va tras las falsas doctrinas.

Las consecuencias de la carencia de una autoridad espiritual con vocación pastoral son funestas y trágicas. El cuidado del rebaño y la enseñanza de la verdad son las únicas armas para contrarrestar todas las malas enseñanzas que proliferan en muchas partes. He allí la necesidad de predicadores que transmitan mensajes apegados a la revelación divina; de lo contrario serán mensajes vanos que en vez de llevar bendición y consuelo producirán aflicción al pueblo.

En el versículo 3 Jehová dicta una sentencia contra los pastores inútiles que no han cumplido con su función de alimentar y fortalecer al rebaño. Serán castigados también los dirigentes, denominados machos cabríos, porque ellos iban delante del pueblo practicando toda clase de inmundicia. El pasaje no describe en qué consistirá el castigo, pero es evidente el rechazo de ellos por parte de Dios. Ser rechazado por Dios es caer en las manos del Dios vivo, como lo vemos en el caso del rey Belsasar cuando fue hallado falto y fue desechado. Jehová mismo promete tomar en sus manos la función de pastorear a su pueblo, y restaurarlo con honores; él los visitará y los convertirá en su corcel de honor en la batalla. El corcel en la batalla es símbolo de victoria; en este caso representa la victoria de Jehová sobre los pueblos enemigos y la exaltación del pueblo de Israel. Israel será exaltado y honrado por Dios mismo como un elegante e imponente corcel al frente de una caravana de la victoria encabezado por el mismo Jehová de los ejércitos, como un campeón que regresa con honores de una batalla.

El profeta utiliza cuatro figuras para ilustrar la restauración total:

1) La piedra angular era una piedra, generalmente maciza y pesada, que se usaba en el fundamento para unir dos paredes; es símbolo de seguridad. En el AT se usó siempre para designar a los gobernantes.

2) La estaca. Dentro de las tiendas de campaña orientales se colocaban estacas o clavijas sobre las cuales se colgaban todos los utensilios valiosos. Por haber vivido Israel en el desierto y por el tipo de vida que habían llevado, las tiendas de campaña eran comúnmente usadas. Otra manera de interpretar la estaca es como el sostén de la tienda. Los vientos en esa región son fuertes, y para mantener una tienda de campaña segura ante la fuerza de los vientos debe tener buenas estacas sembradas en tierra firme para seguridad de los ocupantes.

3) El arco de guerra se usaba para impulsar la saeta. Era el arma de guerra más peligrosa; con él se podía alcanzar un objetivo a relativamente larga distancia. Para lograr un buen tiro se requiere de un buen arco para impulsar la saeta. El arco de guerra es un símbolo de la seguridad militar.

4) El gobernante representa a un líder que tiene la autoridad suficiente para guiar al pueblo a hacer justicia y garantizar la seguridad de la nación.

Estas cuatro figuras son suficientes para transmitir el mensaje de seguridad que el pueblo estaba esperando e inspirar en ellos confianza y seguridad para dedicarse a la restauración espiritual y no vivir amedrentados por las amenazas. El mensaje de estas cuatro figuras se remonta a una época más allá de la de Zacarías y está anunciando una era mesiánica de seguridad; por lo menos dos de las figuras son usadas para referirse al Señor Jesucristo: la piedra angular y el gobernante (Príncipe y Señor). El Mesías vendrá a dar al pueblo esa confianza y seguridad que tanto ha anhelado.

El versículo 5 concluye con una promesa de reivindicación, augurándoles un éxito rotundo sobre sus enemigos. Los que montan a caballo serán avergonzados, tuvo su posible cumplimiento cuando los macabeos hicieron huir al formidable ejército sirio que tenía mucha caballería. Es el cumplimiento de la exaltación cuando sean convertidos en el corcel de honor en la batalla.

La vindicación del pueblo tiene algunas facetas interesantes que el profeta pasa a describir en los versículos 6-12. El pueblo de Israel fue objeto de una elección que le concedió privilegios especiales. Los israelitas llegaron a ser el tesoro de Dios; pero si desobedecían, el castigo caería sobre ellos también. Y así sucedió: fueron llevados cautivos a tierras extrañas por causa de su desobediencia; el orgullo nacionalista del pueblo intocable fue pisoteado. Gracias al decreto del rey persa Ciro, declarado en Isaías como “siervo de Jehová”, nuevamente regresan a su tierra como una débil nación. Jehová, cumpliendo su promesa, como un Dios fiel, perdonador y lleno de misericordia, los hizo volver y les concedió nuevamente todos los privilegios anteriores. No todos los que fueron llevados al cautiverio volvieron; muchos se quedaron en tierras extrañas. Ellos también serían restaurados y volverían también a tener los mismos privilegios especiales que tenían antes del cautiverio. Ocuparían un lugar de honor, como héroes. Su corazón se alegraría en Jehová su Dios, y no solo ellos sino también las generaciones futuras se alegrarían y recordarían esta nueva bendición como el segundo éxodo. El Señor mismo los llamaría con un silbido, con el amor tierno de un pastor amante.

En Egipto los israelitas se multiplicaban mucho, de tal manera que los egipcios les tenían miedo. En su tierra prosperaron y se multiplicaron aun más, pero al ser llevados cautivos muchos murieron; el número de los que regresaron era mucho menor, así que la promesa de Dios en la multiplicación del pueblo era un hecho deseado.

Uno de los temas que están muy relacionados con la nación de Israel es el regreso a la tierra de promisión; aun si los padres no pudieran regresar, los hijos sí lo harían. El pasaje dice que serán reubicados en la tierra santa y liberados de sus enemigos, representados en este caso por Asiria y Egipto, los cuales fueron siempre sus enemigos. La justicia de Dios se hará sentir sobre Asiria, humillándolos, y en Egipto el cetro del faraón será quitado como símbolo de humillación. Esta profecía posiblemente se refiera a hechos consumados, pero puede tener aplicación para aquellas naciones que se levanten contra el pueblo de Dios.

Nadie podrá evitar el retorno del pueblo; ni el mar, ni mucho menos el río sagrado de los egipcios como lo era el Nilo. El pueblo será fortalecido para que pueda andar en los caminos del Señor, es decir, en sus preceptos, con lo cual darán gloria al nombre de Jehová.

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