1 de Crónicas 20:6 Volvió a haber guerra en Gat, donde había un hombre de gran estatura, el cual tenía seis dedos en los pies y las manos, veinticuatro en total; y era descendiente de los gigantes.
1 de Crónicas 20:7 Este hombre desafió a Israel, pero lo mató Jonatán hijo de Simea, hermano de David.
1 de Crónicas 20:8 Estos eran descendientes de los gigantes de Gat, los cuales cayeron a manos de David y de sus siervos.
David captura a Rabatamón
Es obvio que este pasaje se basa en 2 de Samuel 12:26-31, pero es igualmente evidente que hay varias diferencias significativas. Esta batalla contra los amonitas es la última, y en cierta medida representa un desquite o venganza contra la ofensa de éstos en agravio de David. El tiempo de guerra para los reyes aludido por el Cronista probablemente se refiera a los meses después de las lluvias de primavera.
Según la fuente en el libro de Samuel, Joab, el general de los ejércitos de David, jugó sólo un papel preparatorio en la conquista de esta ciudad capital de los amonitas, pero fue David el que tomó la ciudad. Joab procedió con la batalla hasta el punto de sitiar la ciudad, pero luego hizo llamar a David con el fin de que viniera a dar “el tiro de gracia”. Según el historiador deuteronómico (autor de los libros de Samuel y otros), el mismo general no quería ser el principal en la toma de la ciudad para que la misma no llevara su nombre. Todo esto se lee como si fuera escrito por el mismo Cronista, pues tiende a elevar a David y no al general. En cambio, el Cronista tajantemente dice que el mismo general destruyó la ciudad, habiéndose quedado David en Jerusalén. Desde luego, cronológicamente es a esta altura cuando David está en Jerusalén inmiscuyéndose en asuntos que no le convenían (¡Betsabé!). Es obvio que el Cronista deja fuera esta historia adrede, pero de repente hace que David esté presente en Raba para posesionarse de la corona del rey amonita. ¿Sería toda esta inversión de papeles de parte del Cronista una maniobra para disimular lo de Betsabé?
Hay una ambigüedad textual en el versículo 3 que ha ocasionado no poca consternación entre los lectores. El Cronista emplea un verbo que a primera vista hace que los amonitas sean despedazados por sierras. El pasaje básico en 2 de Samuel 12:31 dice que David puso a trabajar a la gente con sierras. Obviamente hay una gran diferencia entre trabajos forzados para los amonitas y una muerte sangrienta. Algunos, llamando la atención a corrupciones textuales, opinan que el verbo más bien comunica que David mandó a cortar o destruir los ídolos de los amonitas. Precisamente debido al problema textual, es mejor hacer lo que nuestros traductores han hecho con el pasaje: permitir que se lea como el pasaje básico en Samuel.
Uno no puede menos que sentir cierta lástima por el rey David cuando se considera el peso de la corona que fue puesta sobre su cabeza. ¡Esta corona de oro y de piedras preciosas pesaba, según el Cronista, no menos de 33 kg.! Pero él sólo quiere demostrar, junto con su fuente, que David merecía todo el botín de los amonitas. Todo este botín, en cierta medida, demostraba que Dios estaba con él.
Otras campañas contra los filisteos
El autor concluye su descripción de las guerras de David con un último conflicto con los filisteos, los enemigos acérrimos y más persistentes de Israel. Este relato se basa en 2 de Samuel 21:18-22.
