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1 de Reyes 11: Apostasía y dificultades de Salomón

Una Publicación escrita por uno de esos ángeles que se encuentran por doquier que nos prestan sus alas cuando se nos olvida cómo volar. Conviértete en uno de ellos y compártela. Será de Bendición para ti y para el que la reciba.

1 de Reyes 11:1 Apostasía y dificultades de Salomón[a] Pero el rey Salomón amó, además de la hija del faraón, a muchas mujeres extranjeras, de Moab, de Amón, de Edom, de Sidón, y heteas;[b]

El mayor de los reinos en la historia de Israel comenzó a tambalearse, no por presiones externas, sino a causa de su debilidad interna. No sólo le estaba prohibido a Salomón dedicarse a criar caballos, sino casarse con muchas mujeres. La razón de estas restricciones era que las mujeres paganas podían llevar el pueblo de Dios a la idolatría. Como el Señor había advertido, eso fue lo que sucedió.

1 de Reyes 11:2 gentes de las cuales Jehová había dicho a los hijos de Israel: «No os uniréis a ellas, ni ellas se unirán a vosotros, porque ciertamente harán que vuestros corazones se inclinen tras sus dioses».[c] A estas, pues, se juntó Salomón por amor.

A pesar de que Salomón tenía claras instrucciones de Dios de no casarse con mujeres de naciones extranjeras, decidió no hacer caso de los mandatos de Dios. Se casó no sólo con una, sino con muchas mujeres, que a la larga lo separaron de Dios. Dios conoce nuestros puntos fuertes y nuestras debilidades, y sus mandatos son siempre para nuestro bien. Cuando las personas ignoran los mandatos de Dios, surgen consecuencias negativas inevitables. No basta con conocer la Palabra de Dios ni aun creerla. Debemos seguirla y aplicarla a las actividades y decisiones de la vida diaria. Tome en serio los mandatos de Dios. Al igual que Salomón, el hombre más sabio que jamás haya existido, no somos tan fuertes como creemos.

1 de Reyes 11:3 Y tuvo setecientas mujeres reinas y trescientas concubinas, y sus mujeres le desviaron el corazón.

A pesar de toda su sabiduría, Salomón tenía algunos puntos débiles. No lograba negarse a los deseos lujuriosos ni dejaba de transigir con sus esposas paganas. Ya sea que se casara para fortalecer las alianzas políticas o para obtener un placer personal, estas esposas extranjeras lo llevaron a la idolatría. Puede que usted tenga una fe firme, pero también tiene puntos débiles, y es a través de ellos que llega la tentación. Fortalézcase porque una cadena sólo es tan fuerte como lo son sus eslabones más débiles. Si una persona tan fuerte y tan sabia como Salomón cayó, usted también puede caer.

1 de Reyes 11:4 Cuando Salomón era ya viejo, sus mujeres le inclinaron el corazón tras dioses ajenos, y su corazón no era ya perfecto para con Jehová, su Dios, como el corazón de su padre David.

Salomón manejó grandes presiones al dirigir el gobierno, pero no pudo manejar las presiones de sus esposas que querían que él adorara a sus ídolos. Dentro del matrimonio y de otras relaciones, es difícil resistir la presión a transigir. Nuestro amor nos lleva a identificarnos con los deseos de aquellos que queremos.

Al enfrentarse a tal presión, Salomón al principio lo resistió manteniendo pura su fe. Luego, toleró la práctica más extendida de la idolatría. Finalmente, él mismo se vio envuelto en ella y encontró una explicación racional al peligro potencial que significaba para él y para su reino. Dios nos pide que no nos casemos con personas que no poseen nuestro mismo compromiso con El, debido a que por naturaleza deseamos agradar e identificarnos con aquellos que amamos.

1 de Reyes 11:5 Salomón siguió a Astoret,[d] diosa de los sidonios, y a Milcom,[e] ídolo abominable de los amonitas.

Astoret : La diosa cananea de la fertilidad, cuyo culto incluía no sólo ritos sexuales, sino astrología. El culto de Moloc incluía sacrificios humanos, especialmente de niños. El culto de Quemos también era cruel y centrado en la astrología.

1 de Reyes 11:6 E hizo Salomón lo malo ante los ojos de Jehová, pues no siguió cumplidamente a Jehová como su padre David.

1 de Reyes 11:7 Entonces edificó Salomón un lugar alto a Quemos,[f] ídolo abominable de Moab, en el monte que está enfrente de Jerusalén,[g] y a Moloc, ídolo abominable[h] de los hijos de Amón.

1 de Reyes 11:8 Lo mismo hizo para todas sus mujeres extranjeras, las cuales quemaban incienso y ofrecían sacrificios a sus dioses.

Astoret era la diosa que simbolizaba el poder reproductivo: una amante del dios Baal. Milcom puede ser otro nombre para Moloc, el dios nacional de los amonitas, llamado «abominable» porque sus ritos de adoración incluían el sacrificio de niños. Quemos era el dios nacional de los moabitas. Los israelitas fueron advertidos en contra de adorar a otros dioses en general y a Moloc en particular.

1 de Reyes 11:9 Y se enojó Jehová contra Salomón, por cuanto su corazón se había apartado de Jehová, Dios de Israel, que se le había aparecido dos veces

Aun en medio del juicio contra Salomón, Dios mostró su misericordia al prometerle que el reino no le sería quitado mientras viviera, y al asegurarle que su hijo reinaría sobre una de las tribus de Israel

1 de Reyes 11:10 y le había mandado sobre este asunto que no siguiera a dioses ajenos. Pero él no guardó lo que le mandó Jehová.

Salomón no se apartó de Dios de una sola vez o en un breve momento. Su frialdad espiritual comenzó con un breve alejamiento de las leyes de Dios. Al pasar los años, ese pequeño pecado creció hasta que causó la caída de Salomón. Un pecado al parecer insignificante, puede ser el primer paso para alejarse de Dios. No son los pecados que no conocemos, sino los pecados que disculpamos los que causan los mayores problemas. Nunca debemos permitir que un pecado pase sin ser cuestionado. ¿Existe en su vida algún pecado que se extiende como un cáncer mortal? No lo justifique. Confiéselo a Dios y pídale fortaleza para resistir la tentación.

1 de Reyes 11:11 Entonces Jehová dijo a Salomón: «Por cuanto has obrado así, y no has guardado mi pacto y los estatutos que yo te mandé, te quitaré el reino y lo entregaré a tu siervo.

1 de Reyes 11:12 Sin embargo, no lo haré en tus días, por amor a David, tu padre; lo quitaré de manos de tu hijo.

1 de Reyes 11:13 Pero no te quitaré todo el reino, sino que le daré una tribu a tu hijo, por amor a David, mi siervo, y por amor a Jerusalén, la cual yo he elegido».

El reino poderoso y glorioso de Salomón, que pudo haber sido bendecido eternamente, por el contrario estaba llegando a su fin. Salomón tenía las promesas de Dios, su guía, y las respuestas a sus oraciones y aún así permitió que el pecado permaneciera alrededor de él. A la larga, ese pecado lo corrompió hasta el punto que ya no estaba interesado en Dios. El Salmo 127, escrito por Salomón, expresa: «Si Jehová no edificare la casa, en vano trabajan los que la edifican». Salomón había comenzado a poner los cimientos con Dios, pero no continuó haciéndolo en sus últimos años. Como consecuencia, lo perdió todo. No basta con empezar correctamente a construir nuestro matrimonio, carrera o iglesia sobre los principios de Dios, debemos mantenernos fieles a Dios hasta el final. Dios debe tener el control de nuestras vidas desde el principio hasta el fin.

Amigos y enemigos: La reputación de Salomón trajo aclamación y riquezas de muchas naciones, pero él desobedeció a Dios al casarse con mujeres paganas y al adorar a sus dioses. Por lo tanto, Dios levantó enemigos como Hadad de Edom y Rezón de Soba (actualmente Siria). Jeroboam de Sereda fue otro enemigo que a la larga dividiría este poderoso reino.

1 de Reyes 11:14 Jehová suscitó un adversario a Salomón: Hadad, el edomita, de sangre real, que estaba en Edom.

Además de su debilidad interna, el Señor hace surgir la oposición externa al levantar dos adversarios: Hadad edomita  y Rezón . . . de Soba.

1 de Reyes 11:15 Porque cuando David estaba en Edom,[i] Joab, el general del ejército, al subir a enterrar los muertos, mató a todos los hombres de Edom

1 de Reyes 11:16 (porque seis meses se quedó allí Joab, con todos los israelitas, hasta acabar con todo el sexo masculino en Edom).

1 de Reyes 11:17 Pero Hadad, que entonces era un muchacho pequeño, huyó junto con algunos edomitas siervos de su padre, y se fue a Egipto.[j]

1 de Reyes 11:18 Luego salieron de Madián y llegaron a Parán, donde tomaron consigo algunos hombres de Parán. Llegaron a Egipto, a la presencia del faraón, rey de Egipto, el cual les dio casa, les asignó alimentos, y hasta les dio tierras.

1 de Reyes 11:19 Hadad se ganó de tal manera el favor del faraón, que este le dio por mujer a la hermana de su esposa, la hermana de la reina Tahpenes.

1 de Reyes 11:20 La hermana de Tahpenes le dio a luz a su hijo Genubat, a quien destetó Tahpenes en casa del faraón. Así Genubat vivió en casa del faraón entre los hijos del faraón.

1 de Reyes 11:21 Al enterarse Hadad en Egipto que David había dormido con sus padres, y que Joab, general del ejército, había muerto, dijo al faraón: –Déjame ir a mi tierra.

1 de Reyes 11:22 El faraón le respondió: –¿Por qué? ¿Qué te falta conmigo que procuras irte a tu tierra? –Nada; con todo, te ruego que me dejes ir –respondió él.

Edom era el reino al sudeste del Mar Muerto. David había añadido esta nación a su imperio. Tenía una importancia estratégica porque controlaba la ruta al Mar Rojo. La revuelta de Edom estorbaba la paz del reinado de Salomón.

1 de Reyes 11:23 Dios levantó también como adversario contra Salomón a Rezón hijo de Eliada, que había huido de su amo Hadad-ezer, rey de Soba;[k]

1 de Reyes 11:24 había reunido gente contra él y se había hecho capitán de una banda cuando David deshizo a los de Soba. Después fueron a vivir a Damasco y allí hicieron rey a Rezón,

1 de Reyes 11:25 quien fue adversario de Israel todos los días de Salomón. Esto se sumó al mal que representaba Hadad, pues aborrecía a Israel y llegó a reinar sobre Siria.

1 de Reyes 11:26 También Jeroboam hijo de Nabat, efrateo de Sereda, siervo de Salomón, cuya madre se llamaba Zerúa, la cual era viuda, alzó su mano contra el rey.

El más peligroso adversario que el Señor levantó contra Salomón fue Jeroboam , porque éste acaudilló una rebelión interna. Más tarde, Jeroboam dirigiría una rebelión de 10 de las tribus de Israel contra el sucesor de Salomón, Roboam. También se convirtió en el primer rey del reino del norte, conocido como «Israel».

1 de Reyes 11:27 La causa por la cual este alzó su mano contra el rey fue esta: Salomón, al edificar Milo, cerró la brecha de la ciudad de David, su padre.

1 de Reyes 11:28 Este Jeroboam era un hombre valiente y esforzado, y al ver Salomón que el joven era un hombre activo, le encomendó todo el servicio a cargo de la casa de José.[l]

1 de Reyes 11:29 Aconteció, pues, en aquel tiempo, que al salir Jeroboam de Jerusalén, lo encontró en el camino el profeta Ahías, el silonita; este iba cubierto con una capa nueva, y los dos estaban solos en el campo.

En una profecía simbólica, Ahías rompe una capa nueva en doce pedazos para demostrar visualmente cómo Dios habría de fracturar el reino de Salomón. Entregó 10 pedazos a Jeroboam, los que representaban las 10 tribus norteñas. Dos piezas quedarían para el hijo de Salomón y representaban las tribus de Judá y Benjamín. Judá asimiló a Benjamín, por lo que a las dos se les menciona a menudo como una tribu llamada «Judá».

1 de Reyes 11:30 Ahías tomó la capa nueva que tenía sobre sí, la rompió en doce pedazos,

1 de Reyes 11:31 y dijo a Jeroboam: «Toma para ti diez pedazos,[m] porque así dice Jehová, Dios de Israel: “Voy a arrancar el reino de manos de Salomón y te daré a ti diez tribus.[n]

1 de Reyes 11:32 Él se quedará con una tribu[ñ] por amor a David mi siervo, y por amor a Jerusalén, ciudad que yo he elegido entre todas las tribus de Israel,

1 de Reyes 11:33 por cuanto me ha dejado y ha adorado a Astoret, diosa de los sidonios, a Quemos, dios de Moab, y a Moloc, dios de los hijos de Amón, y no ha andado en mis caminos para hacer lo recto delante de mis ojos, ni mis estatutos ni mis decretos, como hizo David, su padre.

1 de Reyes 11:34 Pero no quitaré nada del reino de sus manos, sino que lo retendré como rey todos los días de su vida, por amor a David, mi siervo, al cual yo elegí, y quien guardó mis mandamientos y mis estatutos.

elegí, bachar: Escoger, seleccionar, elegir; optar por algo o a alguien en particular. Bachar describe la clase de elección que se hace cuando se examina más de una cosa o persona para seleccionar una (o unas pocas). Bachar se emplea fundamentalmente para destacar que Dios hace elecciones significativas. En cuanto a esto, Dios eligió a David para ser gobernante sobre Israel. El derecho divino a escoger a quien le parezca está bien establecido en la Escritura. Eligió a Abraham para ser pionero, a Moisés para instruir, a Israel para traer salvación al mundo, y eligió a los creyentes desde antes del principio del mundo.

1 de Reyes 11:35 Pero quitaré el reino de manos de su hijo y te daré a ti las diez tribus.

1 de Reyes 11:36 A su hijo le daré una tribu, para que mi siervo David tenga una lámpara[o] todos los días delante de mí en Jerusalén, ciudad que yo elegí para poner en ella mi nombre.

Este es un luminoso comentario sobre el hecho de que Dios honrará sus promesas a una persona más allá de su vida en este mundo. Aunque David ya había partido, Dios honró su compromiso con él.

1 de Reyes 11:37 Yo, pues, te tomaré a ti, y tú reinarás en todas las cosas que desee tu alma, y serás rey de Israel.

1 de Reyes 11:38 Si prestas oído a todas las cosas que te mande, andas en mis caminos y haces lo recto delante de mis ojos, guardando mis estatutos y mis mandamientos, como hizo mi siervo David, yo estaré contigo y te edificaré una casa firme, como la edifiqué a David. Te entregaré a Israel

1 de Reyes 11:39 y afligiré a la descendencia de David a causa de esto, pero no para siempre”».

El profeta Ahías predijo la división del reino de Israel. Después de la muerte de Salomón, diez de las doce tribus de Israel seguirían a Jeroboam. Las otras dos, Judá y Benjamín, permanecerían leales a David. Judá, la tribu más grande, y Benjamín, la más pequeña, fueron a menudo mencionadas como una sola tribu ya que compartían la misma frontera. Tanto Jeroboam como Ahías eran de Efraín, la más prominente de las diez tribus rebeldes.

1 de Reyes 11:40 Por esto Salomón procuró matar a Jeroboam, pero Jeroboam se levantó y huyó a Egipto, a Sisac,[p] rey de Egipto, y estuvo en Egipto hasta la muerte de Salomón.

Salomón, el hombre que comenzó su carrera implorando humildemente sabiduría, ahora se lanza al insano intento de matar a quien el Señor ha escogido para entregarle el reino que él había dilapidado.

1 de Reyes 11:41 Muerte de Salomón (2 Cr 9.29-31) El resto de los hechos de Salomón, todo lo que hizo y su sabiduría, ¿no está escrito en el libro de los hechos de Salomón?[q]

No se sabe nada de «el libro de los hechos de Salomón».

1 de Reyes 11:42 Los días que Salomón reinó en Jerusalén sobre todo Israel fueron cuarenta años.[r]

1 de Reyes 11:43 Durmió Salomón con sus padres y fue sepultado en la ciudad de su padre David. En su lugar reinó su hijo Roboam.

Declinación y ocaso de Salomón

Alejamiento de Dios

En cierto sentido, Salomón es un espejo que nos refleja a todos nosotros. Al verlo a él, podemos descubrir mucho acerca de nosotros mismos. Por lo menos, así era el propósito del deuteronomista. Su propósito al escribir el relato sobre Salomón no era sólo informarnos sobre un rey que había vivido hacía mucho tiempo. Más bien, su intención era otra; quería que Israel (y el pueblo de Dios hoy) entendiera lo que sucedía en su historia en cada época.

Es interesante notar cómo el deuteronomista colocó el relato de las dificultades de Salomón en un sólo capítulo, dando así la idea de que sus problemas únicamente acontecieron durante los últimos años de su reinado. Es claro que para el deuteronomista la raíz de todos los problemas de Salomón estribaba en su caída en la idolatría. Aunque esta contribuiría en gran manera, se ha podido observar, a lo largo del libro de 1 Reyes, que muchos de los males posteriores de su reino también podían achacarse a ciertas políticas menos que astutas y que no eran nada humanitarias.

Hasta aquí, pues, hemos visto algo del lado bueno de Salomón y de su reino, aunque no deja de haber en la narración ciertas insinuaciones de que no todo va perfectamente bien. ¿Cómo explicarnos este cambio en una nación considerada como el pueblo escogido de Dios; que además tiene como rey al hombre “más sabio”, rico y poderoso de la historia? Recordemos que había nubes en el cielo que amenazaban tempestad. Hay descontento en el pueblo; la «comunidad de tribu» ya no existe. Hay un reino centralizado y gobernado por la fuerza. El mismo trabajo es obligatorio. Se tiene como bueno todo lo que viene de afuera. Todo parece indicar que “la procesión anda por dentro”, los problemas de Salomón son originados en problemas internos.

Por esto, en el presente texto se declaran las causas directas y visibles de este trágico final. Primera: la mundanalidad. El rey se conforma a las normas del mundo; no atiende a las claras advertencias de la ley divina. El sabio peca contra la luz de su propio conocimiento. Se deja seducir por lo que parece ser su punto más débil: la sensualidad. Y aunque la poligamia era la costumbre de la época y era también señal de grandeza y de poder, no por esto era aprobada por Dios. Los reyes orientales competían entre ellos para hacer ver quién era el más poderoso. Aquellos matrimonios y uniones tenían también razones políticas y comerciales. Entonces Salomón, para no ser menos que los otros reyes, apela a este recurso mundano para llenar su sed de riqueza y de grandeza. Había otros gobernantes que usaban estas uniones para asegurar la paz y la seguridad. Segunda: La idolatría. La lujuria de Salomón lo lleva a cometer otros errores; el pecado nunca anda solo. Además, el rey se ve obligado a respetar las creencias religiosas de sus mujeres. Estas lo hacen tolerar, promover y hasta participar en sus cultos y rituales paganos. El problema de Salomón no fue tanto el tener muchas mujeres, sino en que éstas eran extranjeras, es decir que servían a otros dioses. La poligamia le abrió la puerta a otros pecados.

Veamos que la idolatría no sólo es un pecado en sí, sino que es abominable. Astarte era la diosa fenicia de la fertilidad y del amor, tenida como la consorte de Baal. Moloc y Quemós eran los dioses sedientos de sangre de los amonitas. En sus altares se sacrificaban niños. Quemós era también el dios de la guerra.

Sin duda Salomón no abandonó totalmente el culto al verdadero Dios, pero le faltó valor e integridad para oponerse a las falsas religiones de sus mujeres. Tuvo un corazón dividido entre Dios y otros dioses. Tampoco fue una tolerancia pasiva de «no hacer pero dejar hacer»: él participaba activa y conscientemente en el pecado. Veamos los tres pasos del pecado: consiente, promueve y participa. El que desde el principio Salomón se involucrara en la adoración a Dios en los lugares altos lo predisponía a la posterior idolatría. El ideal siempre era que la adoración verdadera a Jehová debía efectuarse solo en Jerusalén, aun antes de que hubiera un templo. Es claro que para el tiempo del deuteronomista en retrospección se podían contemplar los resultados funestos de cualquier adoración que no se hiciera dentro del templo.

Hay quienes tratan de excusar el pecado de Salomón, alegando que hacía esto sólo para halagar a sus mujeres y para mantener la paz en su reino, pero que, en su interior, él adoraba al verdadero Dios. Pero, ¿no es la hipocresía otro pecado? ¿No era Salomón consciente de que violaba la ley divina? ¿No son la tolerancia y la complicidad otras maneras de pecar? El texto declara que Salomón levantó altares a los dioses mencionados, y hasta bastante cerca al templo que él mismo había edificado.

Una cita de Brueggemann nos enriquece el pensamiento en torno al pecado de Salomón:

“La nueva alternativa religiosa es muchas otras mujeres extranjeras. Sin duda, hay una dimensión sexual de su perversidad: tales cantidades, ¡300 esposas y 700 concubinas! Pero no nos engañemos. El asunto no es sexual sino político. Los muchos casamientos y el harén son una manera para implementar alianzas internacionales. Y todos estos esfuerzos en la sexualidad de la política y la politización de la sexualidad son maneras de afianzar la existencia propia de uno, de retener la iniciativa para la vida personal. El resultado viene siendo la eliminación del Señor trascendente y cualquier crítica. Los nuevos amores alternos de Salomón han reducido la vida a algo manejable, predecible y administrable. Amar a Dios significa rendirse ante quien es un sobrecogedor misterio santo. Es confiar, pero no estar en control”.

Notemos que Salomón no era propiamente un anciano; tendría unos 60 años, pero el pecado envejece y debilita. Salomón fue sabio para administrar, edificar, en las ciencias y las artes, etc., pero no tuvo sabiduría espiritual. A pesar de sus años de experiencia, no supo vivir de acuerdo con el conocimiento que Dios le había dado. Esto nos demuestra que una gran sabiduría humana y el más refinado conocimiento de Dios, no son un casco protector contra el pecado, ni para vivir una vida de santidad y de continua fidelidad a Dios.

Verdades prácticas La conducta de Salomón está condenada en Deuteronomio 17: ¡Acumulaba muchas de sus riquezas haciendo cosas que eran prohibidas para los reyes de Israel! Jehová se indignó contra Salomón, porque su corazón se había desviado de Jehová Dios de Israel, que se le había aparecido dos veces [énfasis agregado]. De todos los “tesoros” de Salomón, este fue el más grande —el Señor se le había aparecido dos veces— y no sabía apreciar su valor. Salomón “el sabio”…

¿Cuánto discernimento tengo de lo que realmente tiene valor para mi? Mientras tenemos la disponibilidad de la presencia y acompañamiento del Espíritu Santo, y mientras intentamos permanecer en Cristo, ¿sabemos, realmente, cómo atesorar la presencia del Señor con nosotros?

Profecías de juicio y castigo

En esta sección del relato encontramos la explicación que el deuteronomista ofrece para la división del reino que acontece después del reinado de Salomón. El Señor había advertido a Salomón mediante sueños en contra de la idolatría. Debido a su desacato de las indicaciones del Señor, todas las tribus excepto una, la de Judá, serían quitadas de la casa de David. Claro está, el deuteronomista contempla la realidad de esta advertencia ya que vivió muchos años después de los hechos.

Muy adrede el escritor bíblico se refiere a Jehová Dios de Israel. La narración tiene por trasfondo el politeísmo tanto del tiempo de Salomón como de aquel del deuteronomista. Es decir, se creía que cada pueblo, cada nación tenía su propio dios. Este dios estaba en control de las cosas en su propio territorio. El escritor entiende que el mal de Salomón no es una apostasía del verdadero y único Dios para luego servir a otros dioses paganos. Más bien, el verdadero pecado de Salomón es que ha traído a Israel (tierra perteneciente a Jehová) la adoración a dioses de pueblos ajenos. Era en cierto sentido un acto de traición.

El pecado trae consigo juicio y castigo. Ante un Dios infinitamente perfecto, santo y justo, el pecado es intolerable. Salomón no prestó atención a Dios que se le había aparecido dos veces para advertirle que no debía adorar a dioses ajenos. De aquí que la razón fundamental de la caída del rey más poderoso en la tierra fue la desobediencia al primer mandamiento de la ley divina. El gran pecado de Salomón fue el apartarse de Jehová. Esta experiencia es muy parecida a la de Israel en el desierto, después de la dedicación del tabernáculo. Es casi un misterio inexplicable, el que un hombre que sube hasta lo más alto de su gloria caiga tan estrepitosamente hasta lo más bajo.

Es interesante notar que el padre (David) se esforzó por arrancar la idolatría de Israel, y ahora es su propio hijo (Salomón) quien trata de restablecerla. Y el hecho de que Dios se le aparezca dos veces hace aun más horrible e inexcusable el pecado. Jesús dijo: “Porque a todo aquel a quien le ha sido dado mucho, mucho se demandará de él”. De modo que, a mayor conocimiento, mayor responsabilidad.

Pero si grande es el pecado, grande debe ser el castigo anunciado. Y este sería el rompimiento de la unidad gloriosa que hasta ahora había prevalecido en Israel. El reino se dividiría en dos partes. El hijo Roboam reinaría sobre una sola tribu (Judá, Benjamín y Leví se consideran como una sola. Se cree que otros israelitas se pasaron a los linderos de Judá para poder gozar de las bendiciones del verdadero culto a Dios. Todo esto estuvo, sin duda, dentro del propósito de Dios, para la continuidad del pacto y de la línea de David. Porque aunque la casa de David fue humillada con la división, esta sería compensada con la venida del Salvador, de la tribu de Judá, descendiente de David. Sin embargo, este castigo va mezclado con la gracia y la misericordia de Dios. La división ocurriría, pero Dios dijo a Salomón: …no lo haré en tus días. Dios demoró el castigo hasta la muerte de Salomón.

Hay un sentido muy interesante que se puede observar en el uso del término “tribu” (shebut) por Jehová. Cuando Dios le dice a Salomón que dará a un hijo suyo una tribu, es muy posible que vaya implícito en la expresión un desdén por la nueva organización que Salomón había dado a la antigua anfictionía (confederación tribal que se conocía desde el tiempo de los jueces). En su reorganización del reino Salomón había hecho caso omiso de las tribus como la unidad fundamental; abolió las distinciones geográficas de sus antiguos límites. Este no es el único lugar en el AT en donde se expresa cierto prejuicio en pro de los “viejos tiempos buenos” cuando la confederación tribal. El mismo prejuicio se expresa en cierto estrato del Antiguo Pacto al desdeñar la monarquía y añorar la vida más pastoril y tranquila de la anfictionía y sus líderes, los jueces.

Adversarios de Salomón

Aunque a Salomón se le llama “el rey de paz”, sembró las semillas del odio, del descontento y de la rebelión. Por ello estuvo rodeado de enemigos por todas partes, que solo esperaban el tiempo oportuno para entrar en acción. Algunos de estos, como Hadad y Rezón, habían sido adversarios durante el reinado de David.

El primero era Hadad, un príncipe edomita que siendo niño huyó a Egipto y llegó a formar parte de la familia del faraón. Para entender esto cabalmente habrá que recordar que David había conquistado Edom. En la ocasión de la derrota de su pueblo, Hadad elude las tropa de Joab y sale rumbo a Egipto. Primero, huyó al desierto sureño de Madián, pasando luego a los oasis de Parán pertenecientes al península del Sinaí. Luego pasaría a Egipto, en donde se congraciaría con el faraón, y pasa a ser finalmente un miembro de la familia real por medio del matrimonio. Después el texto afirma que Hadad pide licencia al faraón para regresar a Edom, ya que David y Joab, su general, habían fallecido. Aunque todo el pasaje indica fuertemente que Hadad se constituyó en un enemigo acérrimo de Salomón, no se dan detalles en sí de su rebelión. Pese a la carencia de datos históricos concretos, se puede deducir que el odio de Hadad para el hijo de David sería grande, dada la descripción de la masacre que hubo en su pueblo por las fuerzas de Joab.

La rebelión de Rezón

Una nota de introducción a este texto: algunos se preguntarán ¿por qué el texto dice Dios también le levantó como adversario a Rezón…? Hay que recordar que el concepto que los hebreos tenían de Dios variaba de época en época. Durante muchos siglos se creyó que todo cuanto acontecía se podía atribuir a Dios, fuese bueno o malo. Tal era el concepto de la omnipotencia de Dios. Siglos después, el pueblo reconocería (especialmente por la predicación de los profetas clásicos de los siglos VIII y VI) que atribuir lo malo a Dios no sería correcto, dada la naturaleza amorosa de Dios. Por su contacto con los persas, después del exilio babilónico durante el siglo VI, los hebreos empezaron a achacar todo lo malo a Satanás (término persa que no figura en los estratos más primitivos del AT). Es bueno advertir que el vocablo hebreo que se traduce como “adversario” en el texto es la palabra satán. Durante el tiempo del deuteronomista, esta palabra no connotaba un ser maligno sino sólo “opositor” o “adversario”.

El segundo enemigo, Rezón, forma una banda de guerrilleros para luchar contra Salomón. Rezón era oriundo de Siria; este pueblo también había sido conquistado por David. Tal vez “conquistado” (jarag no sea la palabra más indicada, pues la RVA indica que el hebreo lit. reza (ver nota): “Cuando David los mató”. Es difícil ubicar geográficamente a Soba con precisión. Algunos han sugerido que puede haber quedado al norte de Damasco. Este adversario permanente logró quitarle a Salomón esta ciudad importante, Damasco, y la hizo un reino independiente. Esto debilitaba el reino de Salomón porque ya no recibía los impuestos de costumbre.

El tercer enemigo era Jeroboam, un israelita y viejo empleado de Salomón, que además había sobresalido por su valor y sus grandes capacidades como administrador. Ya había demostrado su inteligencia y habilidad en la construcción del Milo; relacionado este con el muro de Jerusalén. Al mostrar señales de rebeldía, cayó en el desfavor de Salomón, y éste lo buscó para matarlo, por lo que Jeroboam tuvo que huir a Egipto. Además, ya el profeta Ajías (procedente de Silo, un pueblo perteneciente a la tribu de Efraín) le había puesto en la cabeza que sería rey de diez tribus.

Notemos la acción simbólica del profeta al romper su propio manto en doce pedazos. Walsh sugiere algo muy interesante respecto a este acto profético de Ajías. Llama la atención a que Ajías lleva un manto nuevo. Tanto es así que el narrador enfatiza lo nuevo del manto, porque el profeta usará su manto en un acto sagrado y profético. Es instructivo notar que, además del acto, también hay un juego de palabras involucrado. El vocablo que se traduce en manto es salmah. El idioma heb. carece de vocales y esto hace que la palabra no se pueda distinguir del nombre propio Salomón. Debe ser obvio que cuando Ajías rompe el manto en doce pedazos, queda patente la destrucción de Salomón mismo. Para los hebreos, cuando un profeta realiza un acto simbólico como este, no es únicamente una demostración para ilustrar sus palabras; más bien, tanto el oráculo del profeta como su acción simbólica tienen poder; ejecutan lo dicho y lo simbolizado. Al romper Ajías su manto, le da la mayor parte a Jeroboam, y en el acto principia la desintegración del reino de Salomón. Dios ha hablado, y su palabra tendrá cumplimiento. De modo que estos tres adversarios le quitaron la tranquilidad y la paz en sus últimos días.

No creemos que este trío de adversarios fueron un castigo a la apostasía de Salomón en su vejez. Más bien, fueron enemigos que esperaron el tiempo de Dios para recoger el fruto de la semilla sembrada. Es que el pecado siempre nos alcanza; tarde o temprano. El mismo sabio Salomón ya había escrito: “…tiempo de guerra y tiempo de paz… Todo tiene su tiempo y todo lo que se quiere debajo del cielo tiene su hora”. Este fue el tiempo de Dios.

A susodicho pensamiento sería informativo agregar una cita del comentarista Brueggeman: “El narrador opina que el ímpetu profético es el factor decisivo. Jeroboam puede ser muchas cosas, pero acá él es simplemente una herramienta del juicio de Dios sobre la casa de David. La dinastía no puede resistir a la palabra. Ningún arreglo mundano de poder es final, inocente o seguro. Esta historia real es, de hecho, un hijo de la palabra inquietante de Dios. Y esa palabra no queda impresionada ni detenida por el camino de los reclamos reales ni de las pretensiones reales”.

Según las palabras finales del versículo 40, Jeroboam permaneció en Egipto hasta el fallecimiento de Salomón. Llama la atención que al principio Salomón se creía muy seguro de sus relaciones con Egipto, especialmente después de casarse con la hija del faraón. No obstante esto, es claro que Egipto nunca fue amigo de Salomón, ya que se prestó para ser el escondite de dos de los enemigos más temidos del rey: Hadad y Jeroboam. El hecho de que en el versículo que sigue inmediatamente se narre la muerte de Salomón, puede indicar que aunque la historia de Salomón termina, la de Jeroboam ha de continuar.

Punto final : muerte de Salomón

A través de todo 1 y 2 Reyes, el escritor emplea una fórmula fija para describir el paso de un rey al otro. La información que encontramos en los vv. 41-43 ilustra tal fórmula. Algo similar se usó respecto a la muerte de David en 1 de Reyes 2:10-12.

Pareciera que el deuteronomista, al emplear sus fuentes, supo ser selectivo en el uso de ellas. Los demás hechos de Salomón… implica que hay cosas adicionales en la historia de Salomón que no fueron incluídas en la interpretación del deuteronomista de sus fuentes. El libro de los hechos de Salomón debe ser uno de los registros en la corte del rey. Esta fuente, desde luego, no nos está disponible hoy.

El tiempo que reinó Salomón en Jerusalén… fue de 40 años. Pfeiffer asevera que en realidad el reinado de Salomón duró 42 años, pero esto incluiría dos años de correinado con David.

La expresión: Salomón reposó con sus padres… es un eufemismo por la muerte, semejante a nuestras expresiones contemporáneas “desapareció”, o “descansa en paz”. Su hijo Roboam reinó en su lugar. Por las semillas de división ya sembradas por Salomón, el reinado de Roboam sería de relativamente corta duración (17 años).

Walsh encuentra en toda la narración en torno al reinado de Salomón cuatro motivos o temas que tienden a gobernar todo lo demás. Estos cuatro motivos son:

(1) el casamiento de Salomón con la hija del faraón. Este motivo es importante, porque desemboca en la condenación de Salomón por entregarse a la práctica idolátrica de sus esposas extranjeras.

(2) Los encuentros de Salomón con Jehová. En cuatro lugares distintos en el relato el rey recibe o una visión de Dios o una palabra de él. En cada caso Jehová reacciona ante algo dicho o hecho por Salomón. Hay una progresión notable de una nota negativa de parte de Dios para con Salomón.

(3) La sabiduría de Salomón. Por esto se hizo legendario Salomón. Se usa con una frecuencia observable el vocablo heb. que traducimos en “sabio” o sus sinónimos. Estos vocablos se usan más de 20 veces en el relato. La palabra heb. encierra mucho más que la española, pues abarca también algunas ideas moralmente neutrales como “astuto”, “listo” y aun “destreza en artesanía”. Respecto a este motivo, Walsh dice textualmente: “Con la excepción del uso por David, el motivo no contribuye directamente a la caracerización de Salomón en la historia. Empero, de modo indirecto, refleja una oscuridad progresiva en el cuadro de Salomón. Lo hace al moverse desde el uso de la sabiduría con fines de lograr la justicia hasta el uso de la sabiduría para lucirla y para el lucro”.

El cuarto tema es David. Hay una frecuencia notable en alusiones a David, aun después de su muerte y sepultura. Son 46 veces que se menciona a David, la mayoría de éstas por Salomón o Jehová. Es llamativo el contraste en la manera en que los dos hablan de David. Cuando Salomón habla de David, su padre, predomina el contexto de las promesas de Dios a la dinastía; nunca habla de su padre como un ejemplo a seguir. En contraste, cuando Dios habla de David siempre lo pone como el ejemplo de obediencia a seguir para Salomón y para Jeroboam. También, Dios habla de David como la razón por la que el castigo de Salomón queda mitigado. Es obvio que para Dios David simboliza la obediencia y la ley; para Salomón, David representa promesa y bendiciones pero desde una óptica egoísta.

Han pasado a la historia 120 años del glorioso reino unido. Salomón escribe la última página de su historia: “Tiempo de nacer y tiempo de morir”. Quien dio una sabia respuesta a los problemas y enigmas que le presentaban, no supo resolver el rompecabezas de su propia vida, a la que calificó de “vanidad de vanidades”. A quien se olvidó de su Creador en su juventud, le llegan los “días malos y sin contentamiento”. A pesar de eso fue, sin duda alguna, el mejor de los gobernantes de su tiempo.

Ahora viene la gran pregunta: ¿Perdió Salomón su salvación? ¿Fue su apostasía total o parcial? La respuesta perfecta se la dejamos al Señor. Pero sí debemos declarar lo siguiente: No leemos que Salomón, como su padre David, escribiera su salmo penitencial. Sin embargo, no hay duda de que el gran libro de Eclesiastés, escrito por Salomón en sus últimos días, es el fruto de un corazón arrepentido. ¿Quién podría escribir: “Teme a Dios y guarda sus mandamientos, pues esto es el todo del hombre. Porque Dios traerá a juicio toda acción…”?.

¿Qué nos enseña la vida de Salomón? Primero: Que el mostrar mucho celo exterior por el honor de Dios, como el que Salomón demostró en la edificación del templo, no es prueba suficiente de una vida íntegramente consagrada a Dios. Segundo: Que acumular riquezas, fama y toda clase de bendiciones materiales, solo multiplica las oportunidades y tentaciones para desviarse de Dios. Y también señala la debilidad de cada uno. La victoria completa solo se alcanza por el poder de la infinita gracia de Dios. Por ello Pablo testifica: “¡Todo lo puedo en Cristo que me fortalece!” . Tercero: El que busca “primeramente el reino de Dios y su justicia”, siempre tendrá problemas. Pero quien lo busca en segundo lugar, no tendrá sino verdaderos problemas.

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Pastor Lionel

Evangelista. Autor de Vida de Jesús un Evangelio Armonizado; Sancocho Cristiano Vols.: I-IV y Bendiciones Cristianas Vols.: I y II. Libre entre los hombres, esclavo y siervo de Nuestro Señor Jesucristo

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