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1 de Samuel 12: La protesta de Samuel

1 de Samuel 12:1 Luego Samuel dijo ante todos los israelitas: –Ustedes han visto que yo los he atendido en todo lo que me han pedido, y que les he puesto un rey.

Este capítulo marca el fin de la era de los jueces, representada en Samuel. El poder político está ahora en manos de un rey. Aun el oficio de profeta está subordinado al rey.

Samuel siguió sirviendo al pueblo como su sacerdote, profeta y juez, pero Saúl ejercía más y más control político y militar sobre las tribus

1 de Samuel 12:2 Aquí tienen al rey que habrá de dirigirlos. Por mi parte, yo estoy ya viejo y lleno de canas, y mis hijos están entre ustedes. Yo soy quien los ha dirigido a ustedes desde mi juventud hasta el presente,

Como el gobierno de Samuel era intachable, su repudio equivalía a un rechazo de Jehová, quien había designado a Moisés y a Aarón, y a todos los demás gobernantes de Israel.

1 de Samuel 12:3 y aquí me tienen: Si me he apropiado del buey o del asno de alguien, o si he oprimido o maltratado a alguno, o si me he dejado sobornar, pueden acusarme ante el Señor y ante el rey que él ha escogido, yo pagaré lo que deba.

En su discurso de despedida, Samuel les pidió a los israelitas que señalaran cualquiera equivocación que hubiera cometido durante su período como juez. Con esta actitud, Samuel les estaba recordando que podían confiar en que él diría la verdad. Además les estaba recordando que la idea de tener un rey había sido del pueblo, no de él. Samuel estaba montando el escenario para la milagrosa tormenta registrada en 12.16-19 para que así el pueblo no pudiera culparlo cuando Dios los castigara por sus actitudes egoístas.

1 de Samuel 12:4 –Nunca nos has oprimido ni maltratado, ni te has dejado sobornar –dijeron ellos.

1 de Samuel 12:5 –El Señor y el rey que él ha escogido son testigos de que ustedes no me han encontrado culpable de nada –recalcó Samuel. –Así es –afirmaron.

1 de Samuel 12:6 Además, Samuel dijo al pueblo: –El Señor es quien actuó por medio de Moisés y de Aarón, sacando de Egipto a los antepasados de ustedes.

1 de Samuel 12:7 Por lo tanto prepárense, que en presencia del Señor voy a discutir con ustedes acerca de todos los beneficios que él les ha hecho a ustedes y a los antepasados de ustedes.

1 de Samuel 12:8 Cuando Jacob y sus descendientes se fueron a Egipto y los egipcios los oprimieron, [1] los antepasados de ustedes se quejaron ante el Señor, y él envió a Moisés y a Aarón, quienes sacaron de Egipto a los antepasados de ustedes y los establecieron en este lugar.

1 de Samuel 12:9 Pero ellos se olvidaron del Señor su Dios, y él los entregó al poder de Sísara, [2] general del ejército de Jabín, rey de[3] Hasor, y al poder de los filisteos[4] y del rey de Moab, [5] los cuales pelearon contra ellos.

1 de Samuel 12:10 Pero luego ellos reconocieron ante el Señor que habían pecado al abandonarlo para adorar a las diferentes representaciones de Baal y de Astarté, [6] y le suplicaron que los librara del dominio de sus enemigos, comprometiéndose a rendirle culto solo a él. [7]

A los baales y a Astarot : Eran los dioses cananeos de la fertilidad y del amor y de la guerra respectivamente. A veces se identificaba a Baal con Dagón

Los baales y Astarot eran dioses paganos

1 de Samuel 12:11 «Por consiguiente, el Señor envió a Jerubaal, [8] Barac, [9] Jefté, [10] y Samuel[11] para librarlos a ustedes del dominio de sus enemigos, y así ustedes pudieron vivir tranquilos.

Jerobaal : Otro nombre de Gedeón

1 de Samuel 12:12 Pero ustedes, cuando vieron que Nahas, rey de los amonitas, iba a atacarlos, me pidieron un rey que los gobernara, [12] siendo que el rey de ustedes es el Señor su Dios.

Dios concedió la petición de la nación por un rey, pero sus mandamientos y requerimientos para sus vidas permanecieron iguales. Dios tendría que ser su verdadero rey, y tanto Saúl como el pueblo tendrían que estar sujetos a su ley. Ninguna persona está exenta jamás de la ley de Dios. Ningún compromiso humano está fuera de la jurisdicción de Dios. El es el verdadero rey de cada una de las áreas de la vida. Debemos reconocer su reinado y someternos a El en obediencia.

1 de Samuel 12:13 Pero aquí tienen ustedes al rey que han escogido. El Señor les ha dado el rey que le pidieron.

Samuel traza el contraste entre el rechazo de Dios como vuestro rey y el rey que habéis elegido.

1 de Samuel 12:14 Ahora les toca a ustedes honrar al Señor y rendirle culto, atender su voz y no desobedecer sus mandatos, y vivir, tanto ustedes como el rey que los gobierne, conforme a la voluntad del Señor su Dios. Así les irá bien.

Un corazón obediente, no la forma de gobierno, trae la bendición de Dios.

1 de Samuel 12:15 Porque si no lo obedecen, sino que rechazan sus mandatos, él los castigará a ustedes y a su rey. [13]

1 de Samuel 12:16 «Así que no se muevan de donde están, y verán la grandiosa señal que el Señor va a realizar ante los ojos de ustedes.

1 de Samuel 12:17 Ahora que es el tiempo de la cosecha de trigo, no llueve, ¿verdad? Pues yo clamaré al Señor y él mandará truenos y lluvia, para que ustedes reconozcan y comprendan que, tal como lo ve el Señor, ustedes han hecho muy mal en pedir un rey.»

La siega del trigo tenía lugar al principio del verano, época del año en que no llovía ni se escuchaban truenos.

La cosecha del trigo llegaba cerca del final de la estación seca, durante los meses de mayo y junio. Debido a que la lluvia caía muy raramente durante este período, una gran tormenta era considerada como un suceso milagroso. Pero la lluvia durante la cosecha del trigo podía dañar las cosechas y hacer que se pudriera rápidamente. Este suceso inusual demostró el descontento de Dios con la petición que hizo Israel de un rey.

1 de Samuel 12:18 En seguida Samuel clamó al Señor, y al instante él mandó truenos y lluvia; entonces todo el pueblo tuvo mucho miedo del Señor y de Samuel.

1 de Samuel 12:19 Por eso, todos dijeron a Samuel: –Ruega al Señor tu Dios por estos siervos tuyos, para que no muramos; porque a todos nuestros pecados hemos añadido el de pedir un rey.

1 de Samuel 12:20 Samuel les contestó: –No tengan miedo. Es cierto que ustedes han hecho muy mal; pero ahora no se aparten del Señor, sino ríndanle culto de todo corazón.

1 de Samuel 12:21 No sigan a dioses falsos, que no pueden ayudar ni salvar porque son falsos.

1 de Samuel 12:22 Pues el Señor, haciendo honor a su nombre, no los abandonará; porque él quiere que ustedes sean su pueblo.

Samuel comprendió que Dios puede traer redención a esferas en las cuales las personas han causado desastres potenciales por sus decisiones equivocadas.

¿Por qué Dios hizo de Israel «su pueblo»? Dios no los escogió porque se lo merecieran, sino para que pudieran ser el medio por el cual Dios bendijera a todas las personas a través del Mesías, Dios nunca abandonaría a su pueblo, pero debido a que era su nación especial, a menudo los castigaría por su desobediencia a fin de traerlos nuevamente a una correcta relación con El.

1 de Samuel 12:23 En cuanto a mí, que el Señor me libre de pecar contra él dejando de rogar por ustedes. Antes bien, les enseñaré a comportarse de manera buena y recta.

¿Es pecado el dejar de orar por otros? Las palabras de Samuel parecen indicar que sí. Las acciones de Samuel ilustran dos responsabilidades de las que debía preocuparse el pueblo de Dios:

(1) orar de manera constante por otros y

(2) enseñar a otros el camino correcto hacia Dios. Samuel no estaba de acuerdo con la demanda de los israelitas de un rey, pero les aseguró que continuaría orando por ellos y enseñándoles. Podemos estar en desacuerdo con alguien, pero no debemos dejar de orar por esa persona.

1 de Samuel 12:24 Ustedes solo tienen que respetar al Señor y rendirle culto con verdad y de todo corazón, teniendo en cuenta lo mucho que él ha hecho por ustedes.

Esta es la segunda vez en el discurso de despedida que Samuel recordaba al pueblo que dedicara un tiempo para considerar cuán grandes cosas había hecho Dios por ellos (véase 12.7). Dedicar tiempo para la reflexión nos permite centrar nuestra atención en la bondad de Dios y fortalece nuestra fe. En ocasiones estamos tan orientados hacia el progreso y el futuro que no nos damos el tiempo para reflexionar sobre todo lo que Dios ya hizo. Haga un hábito el recordar lo que Dios ha hecho por usted para que pueda seguir adelante con agradecimiento.

1 de Samuel 12:25 Pero si se empeñan en hacer lo malo, tanto ustedes como su rey serán destruidos.

La protesta de Samuel

Con este discurso Samuel en efecto se retira de su ministerio activo. Aunque lo vemos en varias ocasiones, da a entender que ya tienen a su rey, desplazándole a él. Como el último juez, se hace a un lado para que la monarquía gobierne en Israel. Y protesta su preferencia por la monarquía como habiendo rechazado a él mismo como juez y a Jehová como su Rey divino. Los versículos 1 al 5 demuestran claramente que no había nada en Samuel que motivara su preferencia por un rey. Y luego en los versículos 6 al 12 repasan históricamente la fidelidad de Jehová para librarles y guiarles en todos sus aprietos. Su Dios había sido mejor que un rey por todos estos siglos. Su selección de un rey realmente fue un acto de rebeldía y falta de confianza en Dios. Testifican que no pueden acusarle de malversación, ni a Samuel ni a Dios.

A pesar de esto, en los versículos 13 al 15, Samuel declara la disposición de Dios para perdonarles su rebeldía y bendecirles con su nuevo rey si es que obedecieran. La obediencia determinaría el rumbo del futuro.

Joya bíblica Yo ya soy viejo y estoy lleno de canas, y he aquí que mis hijos están con vosotros. Yo he andado delante de vosotros desde mi juventud hasta el día de hoy.

La corrupción es hoy en manos del poder político el cáncer de los pueblos. La evaluación del gobierno de Samuel por tantos años y la transparencia de sus actos y pureza de sus palabras para con todos es un ejemplo digno de imitación. Fue intachable.

La prueba del poder de Dios

Dios haría por mano de Samuel una maravilla (lit. una gran cosa). Lo haría llover en tiempo de la siega de trigo. El trigo se cosechaba como la primera de las tres grandes cosechas del año. Venía entre mediados de mayo hasta mediados de junio, una temporada seca en Israel. Un aguacero en tiempo de cosecha podría dañar el trigo. La constante comunión que tenía Samuel con Dios se manifiesta y al invocar a Dios, caen truenos y lluvias. En temporada de lluvia tales cosas producirían gozo y acciones de gracias. Pero con el trigo de grano lleno, constituía un peligro y un castigo. La gente tendría que saber que tales cosas sólo se producen por la mano de Dios.

Produjo temor entre los presentes. En hebreo hay siete palabras que se traducen temor. Algunas dan una idea de timidez; otras de dolor tembloroso. Otras ideas prominentes son las de horror o de cautela. La palabra usada aquí es la más común. Tiene el significado de “tomar en serio”. Dios les había llamado fuertemente la atención con trueno y lluvia. Y le comenzaron a tomar en serio. Pero para que no fueran vencidos por su pavor, les dijo Samuel, “no temáis”. Habían tomado muy a pecho su maldad hasta pensar que Dios no les escucharía más. Rogaban a Samuel que orara a su Dios, es decir, al Dios que sólo a él le escucharía. Y ante esta expresión del reconocimiento de sus pecados, Samuel les aseguró que Dios todavía les amaba y les consideraba como su pueblo.

Samuel es el ejemplo más sobresaliente de un hombre de oración. Puesto que le habían rogado que orara, les aseguró también que iba a rogar por ellos, no sólo en ese instante sino siempre. Y 450 años después Jeremías todavía se acuerda del poder que tenía Samuel en la oración (Jer_15:1). Juan Bunyan, el gran predicador bautista del siglo XVII, dijo bien: “La oración aparta al hombre del pecado o el pecado le apartará de la oración. La oración es un escudo para el alma, un sacrificio para Dios y un azote a Satanás”. La oración no es autosugestión o racionalización o un vano ejercicio. Es comunión con Dios, es sentir lo que él siente, es pasar tiempo con él. Hacia esto les urge caminar Samuel, tomándole a Dios en serio, sirviéndole de corazón y andando en lo recto. Figura como uno de los gigantes de toda la historia de Israel. Cualquier ministro del evangelio no puede mejor que imitarlo.

¿Un gobernante conforme al corazón de Dios?

Cada vez que ejercemos nuestro privilegio como ciudadanos votando a un candidato que se postula para el alto cargo de gobernar la nación, es nuestro deber preguntarnos acerca de sus condiciones morales, su capacidad intelectual, su trayectoria política y sobre todo su respeto y acatamiento por las leyes que rigen a su pueblo… y podríamos seguir.

Después del fracaso de Saúl, Dios pidió a Samuel que buscara un hombre conforme a su corazón. En otras palabras, un hombre con elevados ideales, un corazón recto, incorrupto, alguien en quien se pudiera confiar. Y evidentemente que lo encontró. Dios había apostado por un muchachito humilde, el más pequeño de una familia de cinco hermanos. Era la reserva moral y espiritual de la nación y de quien dependería la esperanza mesiánica de Israel.

Ante la encrucijada, pues, de elegir un gobernante, es necesario volver a la Biblia y saber qué dice Dios en esta circunstancia. Romanos 13:1b nos asegura que «… porque no hay autoridad que no provenga de Dios; y las que hay, por Dios han sido constituidas». La advertencia divina está en 1 de Samuel 16:7, un pasaje que Lucas recordó muy bien en Hechos 13:22. La meta es muy alta para nuestro tiempo, pero no imposible. El que aspira un cargo público será necesario que esté revestido de un corazón con un estilo de vida conforme al corazón de Dios, y después votemos tranquilos. También vale para la elección de un nuevo pastor.

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