Dos veces tuvo David que consultar a Dios referente a su auxilio en Queila. Los hombres de David son temerosos y Dios vuelve a confirmar sus indicaciones. El imperativo ve es seguido por los verbos de propósito ataca y libra. Este último es realmente la palabra salva, estableciendo el hecho de que David funcionaba como los jueces que Jehová levantaba para salvarles de mano de los que les despojaban. Esta salvación sería física, pero el Hijo de David vendría para salvar espiritualmente y para siempre. Se aclara en el versículo 4 que Dios entregaría en su mano a los filisteos. El verbo entregar tiene el sentido de dar como regalo. Esta victoria no se realizará a base de pura fuerza sino por medio del don de Dios. Aunque ellos combatieron, la victoria les había sido asegurada de antemano. Así es también con nuestra lucha contra el enemigo de nuestras almas.
David fortalecido
En Queila David y sus hombres alcanzaron victoria. Además fueron fortalecidos por los alimentos y bienes que llevaron como el botín de guerra. Desafortunadamente no todos en Queila apreciaban a su gran benefactor David. Otra vez está en peligro y se entera de que Saúl le está tramando un plan para atraparle. La palabra planeaba viene del verbo que es forjar o fraguar metales. Da la intensidad y esfuerzo con que Saúl trabajaba su plan de maldad. Por medio de la consulta sacerdotal, sabe David que los señores (realmente los líderes) de Queila cederían a la tentación de entregarle a Saúl. Aun estando en la voluntad de Dios no encuentra siempre la gratitud. Jesucristo experimentaba los mismo. La gratitud viene de la gracia y caracteriza la vida de los redimidos. Pero es un hecho que muchas buenas obras pasan inadvertidas y sin agradecimiento. A pesar de su llegada tan fortuita, son muchos los de Queila que todavía miran a David como rebelde contra el rey, impresión equivocada que sólo se corregirá con el lento paso del tiempo.
David ahora tiene que retirarse al desierto, es decir al lugar sin habitantes donde sólo algunos animales pastaban. No faltaban allí los lugares de difícil acceso (realmente la palabra matzadot quiere decir fortalezas). El desierto de Zif quedaba unos veinte kilómetros al sudeste de Queila y todavía al sur de Hebrón donde antiguamente había vivido Abraham. Su lugar especial en este desierto se llamaba Hores, palabra que describe un bosque tupido o quizás chaparral. No hay evidencia ahora de tales cosas en la zona, pero tenemos que reconocer que Israel ha cambiado mucho en los últimos 2.000 años referente a su vegetación.
David había estado en Queila, palabra hebrea que es “lugar encerrado” o “fortaleza”. Sin embargo no hubo refugio para él allí. Más bien encuentra su fortaleza en la palabra y ánimo que le da su gran amigo Jonatán quien vino a fortalecer su mano en Dios. Esta frase se usa referente al acto de ayudar, restaurar o animar y la fuente de ello sería Dios. En otras referencias bíblicas se habla de fortalecer el corazón, las rodillas endebles, y los brazos. La misma palabra se traduce “endurecer” en Exodo 8:15 hablando del faraón. Es decir él fortaleció su corazón en contra de Dios. Y luego dice Exodo 13:9 : “con mano poderosa Jehová te sacó de Egipto”, donde la palabra “poderosa” es la misma para fortalecida. Se ve que la firmeza o fuerza del Creador venció la firmeza de la criatura. Nosotros, en la iglesia, debemos “ser fortalecidos con poder por su Espíritu en el hombre interior” y “¡todo lo puedo en Cristo que me fortalece!”.
Jonatán le anima y exhorta a no estar afanoso por cuatro razones. Saúl no le encontraría, iba a reinar y Jonatán le ayudaría, y Saúl bien sabía que todo esto ya estaba dispuesto por Dios. Renovaron su pacto de ayudarse y amarse y Jonatán regresó. “El aceite y el perfume alegran el corazón; y la dulzura de un amigo, más que el consejo del alma” . ¡Cómo nos refresca el verdadero amigo, especialmente cuando sea en el Señor!
