Servicio a Jehová
Primero tenía que ver con sus dioses extraños y especialmente con la mencionada Astarte. El nombre de esta diosa viene del hebreo que significa estrella. La diosa Venus, diosa del amor y la fortuna en la guerra, fue adorada bajo distintos nombres en todas partes del mundo antiguo. Se conocía en Grecia como Afrodita, en Babilonia como Ishtar y entre los fenicios como Astarte. Realmente la palabra aquí i (Astaroti ) es plural. Muchas veces existían mujeres que entregaban su virtud en el servicio de la diosa como prostitutas del templo. Y como se ve del versículo 4, este culto se asociaba con los baales, las deidades cananitas que actuaban en conjunto con las Astartes para producir renovación y fruto en la vida y la tierra. Baal quiere decir “señor” y servía a los fenicios como dios de trueno y lluvia para fertilizar y regar la tierra. Las tablas Ras Shamra (descubiertas en la costa de Siria en 1929) mencionan el dios Dagón como padre de Baal.
El pueblo de Dios había adoptado este panteón de ídolos. Jehová demandaba una devoción singular. La evidencia del verdadero amor y entrega a Dios sería el abandono del pecado. Y lo hicieron. Se humillaron y se arrepintieron, elementos imprescindibles para avivamiento y reconciliación.
Samuel escogió un lugar especial para celebrar la renovación. Mizpa quiere decir una torre o garita. Al norte de Jerusalén a 900 m. sobre el nivel del mar, Mizpa es el lugar más alto en la parte central. Allí se podría realizar una gran asamblea por su situación dominante. Fue común que Israel se reuniera allí.
El acercamiento a Dios
Hay tres elementos. Derramamiento de agua, ayuno y luego en el versículo 9, el sacrificio del cordero en holocausto. Sacar agua y vertirla delante de Dios expresa por un lado su condición lastimosa y triste. Expresa la abundancia de sus lágrimas derramadas. Por el otro lado expresa su deseo de que vengan lluvias de bendición. Aunque la Biblia no lo dice, la fiesta de Sucot o Tabernáculos se celebraba con el derramamiento de agua. El sexto día de la fiesta, el llamado Hosanna Rabba o día del gran hosanna, el derramamiento del agua era acompañado por el sonido de trompetas y la recitación del Job 118:25 rogando por la prosperidad. Este pasaje es mesiánico y fue la aclamación de aquellos que condujeron a Jesús en su entrada triunfal.
El ayuno fue una señal de tristeza o congoja. También tenía que ver con una búsqueda concentrada en Dios. Elimina la necesidad de afán por la comida y enfoca el propósito singular de convergir todos los esfuerzos en lo más importante.
El sacrificio del cordero sería prerrogativa del sacerdote solamente. La fiesta de los Tabernáculos no podía celebrarse sin que primero se observara el gran día de la Expiación (Lev_23:27). Sin el derramamiento de sangre no puede haber perdón de pecados (Heb_9:22). Jesucristo es el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo. El se ofreció una vez y para siempre (Heb_9:26), y por él nos acercamos a Dios confiando en ese sacrificio. Estos tres elementos representan para nosotros entonces un verdadero arrepentimiento, una sincera dedicación a Dios y una Samuel juzgaba a los hijos de Israel (versículo 6). La palabra juzgar H8199 tiene que ver en este contexto con tratar con o dirigirles en el camino bueno. Samuel dirigía a los hijos de Israel, indicándoles el camino de acercamiento a Dios. Los jueces de este período de historia en Israel salvaban a los hijos de Israel de sus enemigos, pero también enseñaban y administraban justicia. La palabra entonces no se limita a sólo condenar. Como la disciplina neotestamentaria, no es solamente castigar lo malo.
El ataque. ¡Cuando hay avivamiento podemos esperar la oposición del enemigo! No se hizo esperar. Siempre ha sido así. Mientras no se reúne el pueblo de Dios, el enemigo no se preocupa. Pero cuando el pueblo de Dios está en su torre, en su Mizpa, se puede esperar el ataque. Y el pueblo muy sabiamente pide de Samuel que ore, que clame a Dios. La palabra clamar (versículo 8) en hebreo quiere decir implorar o quejarse con espíritu de tristeza. Lo que Samuel sabía hacer mejor que nada era clamar a Dios. Debe ser también el afán de nuestra vida. La ferviente oración del justo, obrando eficazmente, puede mucho (Jam_5:16). El versículo 9 dice que Jehová le escuchó. No se ve inmediatamente lo que sería su respuesta, pero el pueblo tenía la seguridad de que les había escuchado.
