Eliseo se sintió desconcertado y sin reprenderla admitió francamente que Dios no le había comunicado el problema de la señora contrario a otras ocasiones. Es evidente que está a punto de ocurrir una injusticia crasa. ¿Cómo podría él ser menos generoso que ella? Así el varón de Dios reinterpretó las amargas acusaciones de la agobiada señora como peticiones desesperantes.
Al percatarse de la condición del niño, inmediatamente mandó a su siervo con su bastón para colocarlo sobre la cara del niño. Debido a la urgencia extrema de la situación y la profunda preocupación del varón de Dios, éste ordenó a Guejazi que no saludara a nadie en el camino, un proceder descortés. Hay que entender que “saludar” implicaba en el Oriente entrar en la casa para comer, conversar y aun pasar la noche. Quizá Eliseo sospechaba que Guejazi haría tal cosa si no se lo prohibía expresamente. Este uso del bastón no implicaba una creencia en él como una vara mágica. Su uso pudo haber sido un gesto simbólico indicando su intención de ir más tarde y el envío adelante con su siervo aliviría parte del dolor de la señora y serviría para prevenir que comenzaran a preparar el cadáver para el entierro y a detener la degeneración física del cuerpo. No obstante, con presunción Guejazi evidentemente intentó usarlo para levantar al muchacho (compare como los discípulos de Jesús tampoco lograron curar a otro niño, Mateo 17:14-21). Como quiera se demuestra con claridad que el milagro no se logró por medio de un truco mágico porque no se efectuó hasta la llegada del varón de Dios.
El envío inmediato de Guejazi no satisfizo a la obstinada señora, que insistió en que el mismo profeta Eliseo la acompañara a la habitación en Sunem; de la misma manera Eliseo había rehusado tres veces dejar a Elías usando la misma expresión. Cuando el profeta llegó a la casa, todavía el niño no daba señales de vida. Eliseo entró solo a la habitación con el cadáver del difunto. (Los milagros de este profeta frecuentemente ocurrieron detrás de puertas cerradas, en secreto y privacidad. Primero oró personalmente a Jehová y luego se agachó sobre el niño tocando varias partes de su cuerpo; pasaron unos momentos de ansiedad para Eliseo o de actos de relajamiento después de una concentración intensa física y espiritual; y solamente después del tercer esfuerzo el calor de vida le entró, estornudó el muchacho y abrió los ojos. Es notable que este varón de Dios estaba dispuesto a arriesgar su propia santidad para satisfacer la demanda de la señora. El estornudar del niño demuestra que el alma o espíritu había vuelto. Ya tiene vida de nuevo y ocurre uno de dos ejemplos de resucitación de muertos en el AT.
Eliseo hizo llamar a la señora para devolverle a su hijo. En esta ocasión, en vez de regañarlo, ella hizo un gesto de agradecimiento y alabanza. En toda esta narración Guejazi hace los contactos con la mujer. Esto no es solamente una indicación de la posición prestigiosa del profeta sino tenía el propósito de envolverlo en el ministerio profético de manera que tuviera la oportunidad de madurar la fe.
La hospitalidad
Los orientales creen que la persona que viene a su casa es enviada por Dios. Su hospitalidad se transforma en una obligación sagrada, cuando un huésped entraba en el hogar se le hacía reverencia levantando la mano al corazón, la boca y la frente. Con esto querían decir: “Mi corazón, mi voz y mi cerebro están a vuestra disposición”. Se saludaba con un “Paz a vosotros”. También tenían la costumbre de saludarse con besos. Jesús reclamó a Simón el que no le hubiera dado un beso.
Esto se puede ver cuando Jacob besó a su padre, Esaú besó a Jacobx, José besó a sus hermanos, etc. El huésped se quitaba el calzado antes de entrar a su cuarto. Después de esto al huésped se le ofrecía agua para lavar sus pies. Para esto se contrataban a algunos siervos. También se acostumbraba ungir con aceite de oliva a los huéspedesx. Una de las primeras cosas que se ofrecía a un huésped era un vaso de agua. El compartir pan significaba hacer un pacto de paz y fidelidadx. Era falta de hospitalidad dejar al huésped solo aun a la hora de dormir, pues dormía con su ropa puesta. La hospitalidad en el Oriente también significaba que el huésped estaba seguro en ese lugar de todo peligro. El Salmista al entender que Jehová era su hospedador se sentía seguro y confiadox.
El matrimonio y la falta de hijos
Toda pareja hebrea se casaba con la idea de tener hijos. Especialmente esperaban tener un hijo varón. Se tomaba muy en serio el mandamiento de Dios en Genesis 1:28. Uno de los sabios judíos decía: “Si uno no se empeña en incrementar la especie, es como si derramara sangre o disminuyera la imagen de Dios”. La falta de hijos era considerada como un castigo de Dios. Antes de la boda, los parientes discutían acerca de los hijos que les nacerían a los que se iban a casar.
La familia de la esposa se reunía para pronunciar una bendición sobre ella, y le declaraban el deseo de que tuvieran muchos hijos. Los judíos creían que los hijos eran un don de Dios, “como flechas en la mano del valiente”. La falta de hijos, en el mundo del tiempo bíblico, era considerada solo culpa de la mujer, salvo en Deuteronomio 7:14. La pareja estéril vivía examinando su vida pasada para ver si había algún pecado no confesado. Cuando se descartaba el pecado como causa del problema, la esposa podía buscar remedio para su esterilidad. Un remedio que se utilizaba en la poca patriarcal era las mandrágoras. Se usaban como amuletos de amor. Otros pensaban que con un cambio de dieta, comiendo manzanas y pescado, podían llegar a concebir.
