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2 de Reyes 4: Milagros de Elias y Eliseo

2 de Reyes 4:9 Y ella dijo a su marido: He aquí ahora, yo entiendo que éste que siempre pasa por nuestra casa, es varón santo de Dios.

La mujer sunamita se dio cuenta de que Eliseo era un hombre de Dios, de modo que preparó una habitación para que él utilizara cada vez que estuviera en la ciudad. Ella hizo esto por su bondad y porque sintió que había una necesidad, no por motivos egoístas. Pronto, sin embargo, su generosidad sería recompensada mucho más allá de sus sueños más remotos. ¿Cuán sensible es usted a aquellos que pasan por su hogar y fluyen a través de su vida, especialmente aquellos que enseñan y predican la Palabra de Dios? ¿Qué necesidades especiales tienen ellos que podría satisfacer? Busque formas en que pueda servir y ayudar.

2 de Reyes 4:10 Yo te ruego que hagamos un pequeño aposento de paredes, y pongamos allí cama, mesa, silla y candelero, para que cuando él viniere a nosotros, se quede en él.

Al igual que Dios hizo con Sara, Raquel y Ana, así milagrosamente permitió a esta hospitalaria mujer y a su esposo tener un hijo.

2 de Reyes 4:11 Y aconteció que un día vino él por allí, y se quedó en aquel aposento, y allí durmió.

2 de Reyes 4:12 Entonces dijo a Giezi su criado: Llama a esta sunamita. Y cuando la llamó, vino ella delante de él.

2 de Reyes 4:13 Dijo él entonces a Giezi: Dile: He aquí tú has estado solícita por nosotros con todo este esmero; ¿qué quieres que haga por ti? ¿Necesitas que hable por ti al rey, o al general del ejército? Y ella respondió: Yo habito en medio de mi pueblo.

2 de Reyes 4:14 Y él dijo: ¿Qué, pues, haremos por ella? Y Giezi respondió: He aquí que ella no tiene hijo, y su marido es viejo.

2 de Reyes 4:15 Dijo entonces: Llámala. Y él la llamó, y ella se paró a la puerta.

2 de Reyes 4:16 Y él le dijo: El año que viene, por este tiempo, abrazarás un hijo. Y ella dijo: No, señor mío, varón de Dios, no hagas burla de tu sierva.

2 de Reyes 4:17 Mas la mujer concibió, y dio a luz un hijo el año siguiente, en el tiempo que Eliseo le había dicho.

2 de Reyes 4:18 Y el niño creció. Pero aconteció un día, que vino a su padre, que estaba con los segadores;

Se cree que el hijo de la mujer sunamita murió de una inflamación cerebral producida por una insolación.

2 de Reyes 4:19 y dijo a su padre: ¡Ay, mi cabeza, mi cabeza! Y el padre dijo a un criado: Llévalo a su madre.

2 de Reyes 4:20 Y habiéndole él tomado y traído a su madre, estuvo sentado en sus rodillas hasta el mediodía, y murió.

2 de Reyes 4:21 Ella entonces subió, y lo puso sobre la cama del varón de Dios, y cerrando la puerta, se salió.

2 de Reyes 4:22 Llamando luego a su marido, le dijo: Te ruego que envíes conmigo a alguno de los criados y una de las asnas, para que yo vaya corriendo al varón de Dios, y regrese.

2 de Reyes 4:23 El dijo: ¿Para qué vas a verle hoy? No es nueva luna, ni día de reposo. Y ella respondió: Paz.

2 de Reyes 4:24 Después hizo enalbardar el asna, y dijo al criado: Guía y anda; y no me hagas detener en el camino, sino cuando yo te lo dijere.

Tanto la conducta de Eliseo como la de la mujer sunamita, en este relato, ilustra la importancia de la fe y la perseverancia.

2 de Reyes 4:25 Partió, pues, y vino al varón de Dios, al monte Carmelo. Y cuando el varón de Dios la vio de lejos, dijo a su criado Giezi: He aquí la sunamita.

2 de Reyes 4:26 Te ruego que vayas ahora corriendo a recibirla, y le digas: ¿Te va bien a ti? ¿Le va bien a tu marido, y a tu hijo? Y ella dijo: Bien.

2 de Reyes 4:27 Luego que llegó a donde estaba el varón de Dios en el monte, se asió de sus pies. Y se acercó Giezi para quitarla; pero el varón de Dios le dijo: Déjala, porque su alma está en amargura, y Jehová me ha encubierto el motivo, y no me lo ha revelado.

2 de Reyes 4:28 Y ella dijo: ¿Pedí yo hijo a mi señor? ¿No dije yo que no te burlases de mí?

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