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Daniel 9: Oración de Daniel por su pueblo

Una Publicación escrita por uno de esos ángeles que se encuentran por doquier que nos prestan sus alas cuando se nos olvida cómo volar. Conviértete en uno de ellos y compártela. Será de Bendición para ti y para el que la reciba.

Daniel 9:1 Oración de Daniel por su pueblo[a] «En el primer año de Darío hijo de Asuero, de la nación de los medos,[b] que vino a ser rey sobre el reino de los caldeos,

La visión del capítulo 9 la recibió Daniel en los días del capítuo 6. Este Darío es la persona que se menciona en el capitulo 6. El Asuero mencionado aquí no es el esposo de Ester. Los hechos descritos en el libro de Ester ocurrieron aproximadamente 50 años más tarde.

Daniel 9:2 en el primer año de su reinado, yo, Daniel, miré atentamente en los libros el número de los años de que habló Jehová al profeta Jeremías, en los que habían de cumplirse las desolaciones de Jerusalén: setenta años.[c]

Daniel 9:3 Volví mi rostro a Dios, el Señor, buscándolo en oración y ruego, en ayuno, ropas ásperas y ceniza.[d]

Daniel clamó a Dios para que cumpliera la promesa de hacer regresar a su pueblo a su tierra natal. El profeta Jeremías había escrito que Dios no permitiría que los cautivos regresaran a su tierra natal durante setenta años (Jer_25:11-12; Jer_29:10). Daniel había leído esta profecía y sabía que este período de setenta años estaba llegando a su fin.

Daniel sabía cómo orar. Había leído las palabras de Dios y había creído en ellas. Cuando oraba, ayunaba, confesaba sus pecados y suplicaba a Dios que le revelara su voluntad. Oraba con una entrega completa a Dios y era totalmente receptivo a lo que Dios le dijera. Cuando usted ora, ¿le habla a Dios con franqueza? Examine su actitud. Hable a Dios franca y sinceramente.

Gabriel entonces le trajo mayor información (21; cf. 8:16) que recibió identificación cronológica y significativa en el primer año de Darío (1). Daniel estaba ocupado en ejercicios espirituales. Había estado meditando en la profecía de Jeremías acerca de que la desolación de Jerusalén (2) duraría setenta años (cf. Jer. 25:11, 12; 29:10). La oración que siguió estuvo profundamente influida por el espíritu de Jer. 25. Como en la Escritura, la motivación para la intercesión sincera de Daniel es do ble: la necesidad de la hora y la palabra de promesa del pacto de Dios. Aunque la lógica abstracta podría llevarnos a preguntar por qué él necesitaba orar cuando Dios ya había dado su promesa, Daniel mismo entendió que Dios emplea la oración como el medio por el cual se complace en cumplir su palabra. El arrepentimiento y la intercesión genuinas afectaron a Daniel externa y también internamente (3). Esto era presumiblemente una parte de las de vociones privadas de Daniel, pero sus acciones no estaban opuestas al espíritu de Mat. 6:16-18, concerniente a nuestra apariencia en público y en cualquier evento que tiene en vista la recompensa de las alabanzas de otros en vez de la apro bación de Dios.

Daniel aprendió de los libros de los profetas, especialmente del de Jeremías, que la desolación de Jerusalén continuaría por setenta años, que estaban acercándose a su fin. Las promesas de Dios son para estimular nuestras oraciones, no para hacerlas innecesarias; y cuando vemos que se aproxima su cumplimiento, debemos rogar con más fervor a Dios.

Daniel 9:4 Oré a Jehová, mi Dios, e hice confesión diciendo:[e] “Ahora, Señor, Dios grande, digno de ser temido, que guardas el pacto y la misericordia con los que te aman y guarDaniel tus mandamientos,

Los judíos cautivos se habían rebelado contra Dios. Sus pecados los habían llevado al destierro. Pero Dios es misericordioso incluso con los rebeldes, si confiesan sus pecados y regresan a Dios. No permita que la desobediencia pasada le impida regresar a Dios. El lo está esperando con los brazos abiertos.

Daniel 9:5 hemos pecado, hemos cometido iniquidad, hemos actuado impíamente, hemos sido rebeldes y nos hemos apartado de tus mandamientos y de tus ordenanzas.

Pastor Lionel

Evangelista. Autor de Vida de Jesús un Evangelio Armonizado; Sancocho Cristiano Vols.: I-IV y Bendiciones Cristianas Vols.: I y II. Libre entre los hombres, esclavo y siervo de Nuestro Señor Jesucristo

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