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Amós 7: Visiones de castigo

La plomada de albañil

En esta visión se entiende que algún tiempo ha pasado y nada ha cambiado en el comportamiento del pueblo de Israel. El versículo 7:7 es muy difícil de traducir; es la única vez que la expresión aparece en el AT. Desde la Edad Media los rabinos lo habían traducido plomada de albañil y así tiene sentido al leer el versículo. (La palabra usada en hebreo significa «estaño».) La idea es que el Señor emplea una plomada para medir la rectitud del edificio moral y religioso de la nación. Como resultado halló a la sociedad entera inclinada hacia la maldad. En el Midrash comentan: «Como con un documento acreedor en su mano, Dios ahora va a reclamar el pago de la deuda que tienen con él». El edificio nacional va a caer debido a su inclinación al pecado en todos los niveles de la sociedad. A pesar de tener los planos del Gran Arquitecto para construir una nación que respetara los derechos de todos y que administrara la justicia de forma imparcial, el pueblo ha fracasado totalmente. Ver Genesis 6:5; 8:21 sobre la inclinación natural del ser humano hacia la maldad.

El profeta ya no pudo interceder más; este problema no era el resultado de una plaga exterior sino es un cáncer mortal en el corazón de la nación entera. Tuvo que resignarse a la sentencia de Dios: ¡No lo soportaré más! Dios no pudo pasar por alto un pecado tan grave. Los santuarios y lugares de culto pagano van a ser destruidos; es más, la familia de Jeroboam II no va a continuar sobre el trono de Israel.

A veces se interpreta el libro de Amós señalando al profeta como un hombre frío, muy estricto, sin compasión para nadie. ¡No es cierto! Aquí se ve como persona muy humana que vivía en una relación íntima con su Señor. No halló ninguna satisfacción en la muerte de sus compatriotas malos; intercedió por ellos y en distintas ocasiones hizo una súplica a ellos para que buscaran a Dios, y así vivir la vida abundante. Este tema es la esencia de los capítulos 4 y 5.

Plomada de albañil

Confrontación con la máxima autoridad religiosa

El encuentro entre Amós y Amasías parece el relato de un testigo ocular, tal vez un discípulo del profeta. El sumo sacerdote nunca pone en tela de juicio que Amós es un profeta de Dios; su actuación contra el profeta es informarle que tal clase de predicación es prohibida en Betel; representa nada menos que una conspiración contra la casa real. Lejos de ser solamente un sermón, Amós ha conspirado contra el rey y siempre es posible que algunos de la tierra tomaran sus palabras como un llamamiento a organizar una rebelión contra el régimen. Más de una vez los reyes del norte fueron blancos de un complot instigado por un profeta. Amasías pensaba que Amós era una amenaza al orden público.

No se sabe si Amós dijo que Jeroboam iba a morir a espada como Amasías afirma, aunque el dicho suena como un oráculo profético. Lo cierto es que el rey murió de causas naturales. No obstante en la mentalidad hebrea una palabra pronunciada por un profeta tenía fuerza propia; como una flecha que una vez lanzada no se podía retirar. Amós había lanzado una maldición sobre Israel que podía tener consecuencias muy graves.

Con o sin autorización del rey, Amasías identifica a Amós como uno de los videntes profesionales que fueron consultados por reyes y otros sobre asuntos del futuro y que recibieron pago por cada consulta; chozeh es la palabra que se usa para esta clase de persona, no na’bi que es la palabra hebrea para «profeta». Amasías no llamó a Amós un profeta falso; solamente le mandó volver a su propia tierra y ganar su dinero de sus compatriotas de Judá. Seguramente el acento de Amós indicó que era natural de Judá. Probablemente Betel tenía su propio grupo de profetas profesionales y ya no hacían falta más.

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