Amonestación contra la rebeldía
Concluye la exhortación de Moisés a Israel. Esta exhortación empezó con la reformulación de los Diez Mandamientos y sirve como el fondo histórico para la introducción de la ley deuteronómica. Esta exhortación proveyó lo que Israel necesitaba hacer para vivir en la tierra prometida. En este capítulo Moisés rápidamente repite los eventos del Exodo para declarar que la desobediencia tiene sus consecuencias y trae el juicio de Jehová sobre la nación. Moisés termina su exhortación de amar a Jehová y obedecer sus mandamientos apelando al pasado para hablar directamente a la nueva generación de israelitas que se preparaba para entrar en Canaán. Este grupo había sido testigo de cómo Jehová disciplinó al pueblo que había salido de Egipto. El pueblo que había salido de Egipto pereció en el desierto y solamente sus hijos, aquellos que tenían menos de 20 años y aquellos que habían nacido en el desierto durante los 40 años de peregrinación iban a heredar la tierra que Jehová había prometido dar a los descendientes de Abraham.
La palabra disciplina (heb. musar) significa instrucción. La instrucción que Dios había dado a Israel estaba en su grandeza, su mano poderosa, su brazo extendido, sus señales y toda la obra que él hizo en Egipto para redimir a Israel de la casa de servidumbre. En cada uno de estos eventos la disciplina de Jehová fue manifestada con el propósito de instruir al pueblo de Israel, para que conocieran que solamente Jehová era Dios. La disciplina de Jehová significaba la educación moral y religiosa de su pueblo. La esclavitud en Egipto y la peregrinación en el desierto sirvieron como la escuela donde Israel aprendió a amar a su Dios y obedecer sus mandamientos. La gran demostración del poder divino iba a ayudar a Israel a reconocer la grandeza de Jehová y serviría para motivar al pueblo a responder al amor divino con obediencia y adoración.
El argumento de Moisés está basado en la historia de Israel y los eventos que Israel había experimentado y sigue la misma forma. El resumen del rescate de Israel de Egipto hace hincapié en cuatro elementos relacionados con el éxodo: las plagas contra Egipto, la salvación de Israel en el Mar Rojo, la dirección y protección divinas durante la jornada en el desierto y el juicio divino sobre Datán y Abiram como ejemplo del castigo que Dios trajo sobre Israel por causa del murmullo del pueblo. Moisés introduce el caso de Datán y Abiram como un ejemplo de la disciplina divina. Datán y Abiram se rebelaron contra la autoridad de Moisés. En su rebelión contra Moisés, Datán y Abiram murmuraron contra Dios, diciendo que Moisés había sacado el pueblo de Egipto para hacerlos perecer en el desierto. Para ellos Egipto era la tierra que fluía leche y miel. Pero, por causa de la dureza de sus corazones, Datán y Abiram se olvidaron que de Egipto también era la tierra donde ellos habían servido como esclavos del faraón. Canaán era verdaderamente la tierra abundante y fértil, la tierra que fluía leche y miel; y el lugar donde el pueblo podía adorar a Dios libremente. Por causa de su incredulidad y rebelión Datán y Abiram fueron destruidos cuando la tierra se abrió y los tragó, a ellos y a los hombres que se habían rebelado con ellos. El caso de Datán y Abiram sirvió para inculcar otra lección importante en la mente de Israel: la santidad de Jehová no permite rebelión. La única razón porque Israel no fue totalmente consumido fue por causa de la intercesión de Moisés y de Aarón.
Moisés declara que es la presente generación, la generación que había presenciado lo que Jehová había hecho, la que recibiría la bendición que Dios había prometido a sus antepasados. Moisés ya había enfatizado que la presente generación era responsable delante de Jehová. El doble énfasis vosotros y vuestros ojos sirve como una exhortación al pueblo a aprender de su pasado.
