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Éxodo 9: La plaga en el ganado

A pesar del propósito y la gracia del Señor, el faraón siguió en su camino obstinado; consecuentemente, Moisés le advirtió que una tormenta de granizo como nunca lo hubo en Egipto azotaría al país el día siguiente, precisamente a estas horas). Se agregó un elemento nuevo en el encuentro; por compasión hacia los egipcios y su ganado sobreviviente, Jehová les indicó cómo salvarse del granizo. A pesar de la incredulidad del faraón, algunos de sus servidores temieron a Dios y creyeron en su palabra; consecuentemente, hubo algunos que salvaron a sus criados y su ganado.

El autor llama la atención a la influencia creciente de Moisés entre los egipcios en general, y el respeto que tienen ellos para la palabra divina. Antes se había indicado una división entre Gosén, la tierra que ocupaba Israel, y la de los egipcios. Ahora se nota una división entre los egipcios mismos: los temerosos de Dios son eximidos de las consecuencias fatales de la tormenta, mientras que los incrédulos sufrirían los daños totales.

Con la plaga el Señor oprime más al faraón y le hace más difícil su resistencia a la palabra divina. El granizo no es común en Egipto y el faraón queda impresionado. Al milagro de la rareza del granizo en Egipto se agregan su severidad y el anuncio previo del tiempo preciso de su llegada. Con este golpe se nota en el faraón un leve cambio de actitud personal y un deseo de negociar a un nivel más serio. Entonces llama a Moisés y Aarón, confiesa que ha pecado esta vez, admite que él y los egipcios son culpables, y reconoce que Jehová es el justo. Por tanto, pide que rueguen a Jehová para que cesen los truenos… y el granizo, y yo os dejaré ir. Ofrece dejar ir al pueblo sin condiciones.

La plaga tocó profundamente tres aspectos de la vida egipcia:

(1) La teología egipcia (sus dioses no pudieron proteger ni a las personas ni a la siembra),

(2) la vida de algunos incrédulos que ignoraron la advertencia divina, y

(3) la economía nacional (cada vez más afectada).

Por causa del prodigio, el faraón admitió el control de Jehová sobre la naturaleza; sin embargo, no estuvo dispuesto a aceptar el control del Señor sobre su vida personal. Aun reconociéndolo así, Moisés rogó a Jehová y el Señor cesó la tormenta. Con esto, una vez más el corazón del faraón se endureció, y no dejó ir a los hijos de Israe.

El lino y la cebada se cosechan a fines de enero y al comienzo de febrero. Los cereales tardíos, el trigo y el centeno, maduran en marzo. Así pues, el granizo no destruyó los últimos, mientras que los primeros se perdieron totalmente. Si se acepta la posibilidad de relacionar la primera plaga con la inundación anual del Nilo y que existe una relación de causa y efecto entre algunas de las otras plagas con la primera, se puede calcular un período de unos ocho meses desde el comienzo de las señales en el verano hasta la del granizo en enero.

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