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Éxodo 14: Los israelitas cruzan el Mar Rojo

Éxo 14:1 Habló Jehová a Moisés, diciendo:

Éxo 14:2 Di a los hijos de Israel que den la vuelta y acampen delante de Pi-hahirot, entre Migdol y el mar hacia Baal-zefón; delante de él acamparéis junto al mar.

Esta indicación divina para doblar al sur como si se regresara a Egipto, proponía confundir y así engañar y derrotar a Faraón

Éxo 14:3 Porque Faraón dirá de los hijos de Israel: Encerrados están en la tierra, el desierto los ha encerrado.

Éxo 14:4 Y yo endureceré el corazón de Faraón para que los siga; y seré glorificado en Faraón y en todo su ejército, y sabrán los egipcios que yo soy Jehová. Y ellos lo hicieron así.

Éxo 14:5 Y fue dado aviso al rey de Egipto, que el pueblo huía; y el corazón de Faraón y de sus siervos se volvió contra el pueblo, y dijeron: ¿Cómo hemos hecho esto de haber dejado ir a Israel, para que no nos sirva?

Éxo 14:6 Y unció su carro, y tomó consigo su pueblo;

Éxo 14:7 y tomó seiscientos carros escogidos, y todos los carros de Egipto, y los capitanes sobre ellos.

Carros : Vehículos de dos o cuatro ruedas tirados por caballos, usados para llevar a un conductor y a uno o más guerreros. Equipados con arcos, flechas, lanzas y jabalinas, eran excesivamente pesados y podían ser fácilmente volcados e inmovilizados, quedando los caballos y los hombres atrapados.

Éxo 14:8 Y endureció Jehová el corazón de Faraón rey de Egipto, y él siguió a los hijos de Israel; pero los hijos de Israel habían salido con mano poderosa.

Éxo 14:9 Siguiéndolos, pues, los egipcios, con toda la caballería y carros de Faraón, su gente de a caballo, y todo su ejército, los alcanzaron acampados junto al mar, al lado de Pi-hahirot, delante de Baal-zefón.

Seiscientos carros de guerra egipcios caían encima de los indefensos israelitas, que se encontraban atrapados entre las montañas y el mar. Estos carros de guerra llevaban dos personas, uno manejaba y el otro luchaba. Estaban hechos de una cabina de madera o de piel colocada sobre dos ruedas y arrastrada por caballos. Estos eran los tanques blindados de los tiempos bíblicos. Pero aun su poder no era rival para Dios, que destruyó tanto a los carros como a los soldados.

Éxo 14:10 Y cuando Faraón se hubo acercado, los hijos de Israel alzaron sus ojos, y he aquí que los egipcios venían tras ellos; por lo que los hijos de Israel temieron en gran manera, y clamaron a Jehová.

Éxo 14:11 Y dijeron a Moisés: ¿No había sepulcros en Egipto, que nos has sacado para que muramos en el desierto? ¿Por qué has hecho así con nosotros, que nos has sacado de Egipto?

Atrapados contra el mar, los israelitas se enfrentaron al ejército egipcio que arrasaba con violencia para matarlos. Los israelitas pensaron que estaban definitivamente perdidos. Después de haber visto la poderosa mano de Dios librándolos de Egipto, su única respuesta fue el temor, los gemidos y la desesperación. ¿Dónde estaba su confianza en Dios? Israel tuvo que aprender a través de repetidas experiencias que Dios estaba junto a ellos para ayudarlos. Dios ha preservado estos ejemplos en las Escrituras para que aprendamos a confiar en El desde la primera vez. Si analizamos la fidelidad de Dios en el pasado, podemos evitar el miedo y las quejas cuando nos enfrentemos a una crisis.

Éxo 14:12 ¿No es esto lo que te hablamos en Egipto, diciendo: Déjanos servir a los egipcios? Porque mejor nos fuera servir a los egipcios, que morir nosotros en el desierto.

Este es el primer ejemplo de refunfuños y quejas de los israelitas. Su falta de fe en Dios es sorprendente. Sin embargo, ¿cuán a menudo nos vemos haciendo lo mismo, quejándonos por las inconveniencias o las aflicciones? Los israelitas estaban a punto de aprender algunas lecciones fuertes. Si hubieran confiado en Dios, habrían evitado muchas desgracias.

Éxo 14:13 Y Moisés dijo al pueblo: No temáis; estad firmes, y ved la salvación que Jehová hará hoy con vosotros; porque los egipcios que hoy habéis visto, nunca más para siempre los veréis.

Éxo 14:14 Jehová peleará por vosotros, y vosotros estaréis tranquilos.

El pueblo era hostil y estaba abatido, pero Moisés los animaba a que vieran la forma maravillosa en la que Dios los rescataría. ¡Moisés tenía una actitud positiva! Cuando parecía que estaban atrapados, invocó la intervención de Dios. Quizá no seamos perseguidos por ningún ejército, pero podemos sentirnos igualmente atrapados. Aunque nuestra primera reacción puede ser la desesperación, debemos adoptar la actitud de Moisés para estar firmes y… ver la salvación que Dios hará.

Éxo 14:15 Entonces Jehová dijo a Moisés: ¿Por qué clamas a mí? Di a los hijos de Israel que marchen.

Dios le dijo a Moisés ¡que dejara de orar y se moviera! La oración debe tener un lugar vital en nuestras vidas, pero también hay lugar para la acción. En ocasiones sabemos qué hacer, pero oramos para pedir más dirección como una excusa para justificar que no queremos actuar. Si sabemos lo que tenemos que hacer, es tiempo de moverse.

Éxo 14:16 Y tú alza tu vara, y extiende tu mano sobre el mar, y divídelo, y entren los hijos de Israel por en medio del mar, en seco.

Éxo 14:17 Y he aquí, yo endureceré el corazón de los egipcios para que los sigan; y yo me glorificaré en Faraón y en todo su ejército, en sus carros y en su caballería;

Éxo 14:18 y sabrán los egipcios que yo soy Jehová, cuando me glorifique en Faraón, en sus carros y en su gente de a caballo.

El agua estaba delante de ellos, y Faraón y su ejército detrás. Estaban atrapados y tenían que escoger una entre tres opciones: rendirse, combatir o confiar en Dios. El cruce probablemente se efectuó por algún lugar entre Qantir y el extremo norte de Suez, cerca del pantano de los papiros.

Éxo 14:19 Y el ángel de Dios que iba delante del campamento de Israel, se apartó e iba en pos de ellos; y asimismo la columna de nube que iba delante de ellos se apartó y se puso a sus espaldas,

El ángel de Dios : El ángel, la nube y el fuego, eran medios visibles utilizados por Dios para ofrecer protección, dirección y seguridad.

Éxo 14:20 e iba entre el campamento de los egipcios y el campamento de Israel; y era nube y tinieblas para aquéllos, y alumbraba a Israel de noche, y en toda aquella noche nunca se acercaron los unos a los otros.

Éxo 14:21 Y extendió Moisés su mano sobre el mar, e hizo Jehová que el mar se retirase por recio viento oriental toda aquella noche; y volvió el mar en seco, y las aguas quedaron divididas.

Los egipcios tenían que aprender que Dios no era un dios del desierto, sino que tenía en sus manos el destino de la humanidad y era el Dios de todos los elementos de la naturaleza.

No había ninguna posibilidad de escape, pero Dios abrió un camino de tierra seca a través del mar. Algunas veces nos vemos atrapados en un problema y no vemos ninguna salida. No se aterrorice, Dios puede abrir un camino.

Éxo 14:22 Entonces los hijos de Israel entraron por en medio del mar,(A) en seco, teniendo las aguas como muro a su derecha y a su izquierda.

Algunos eruditos creen que los israelitas realmente no cruzaron la parte principal del Mar Rojo sino uno de los lagos poco profundos o pantanos que estaban al norte de él. Estos casi siempre se secan en ciertas estaciones del año. Pero la Biblia afirma claramente «hizo Jehová que el mar se retirase por recio viento oriental; y volvió el mar en seco». Además, el agua era lo suficientemente profunda como para cubrir los carros.
El Dios que creó la tierra y el agua realizó un gran milagro en el momento exacto para demostrar su gran poder y amor por su pueblo.

Éxo 14:23 Y siguiéndolos los egipcios, entraron tras ellos hasta la mitad del mar, toda la caballería de Faraón, sus carros y su gente de a caballo.

Éxo 14:24 Aconteció a la vigilia de la mañana, que Jehová miró el campamento de los egipcios desde la columna de fuego y nube, y trastornó el campamento de los egipcios,

La «vigilia» significaba una de dos cosas: una posición de guardia, o una unidad de tiempo que dividía el día en cuatro períodos de 6 horas cada uno, tal como ocurría con la vigilia de la mañana.

Éxo 14:25 y quitó las ruedas de sus carros, y los trastornó gravemente. Entonces los egipcios dijeron: Huyamos de delante de Israel, porque Jehová pelea por ellos contra los egipcios.

Éxo 14:26 Y Jehová dijo a Moisés: Extiende tu mano sobre el mar, para que las aguas vuelvan sobre los egipcios, sobre sus carros, y sobre su caballería.

Éxo 14:27 Entonces Moisés extendió su mano sobre el mar, y cuando amanecía, el mar se volvió en toda su fuerza, y los egipcios al huir se encontraban con el mar; y Jehová derribó a los egipcios en medio del mar.

Éxo 14:28 Y volvieron las aguas, y cubrieron los carros y la caballería, y todo el ejército de Faraón que había entrado tras ellos en el mar; no quedó de ellos ni uno.

No se ha encontrado ninguna evidencia de este gran éxodo en los registros históricos de los egipcios. Era una práctica común en Egipto que los Faraones no registraran sus derrotas. Hasta llegaban más lejos y tomaban los registros existentes y borraban los nombres de los traidores y de los adversarios políticos. Faraón debió estar especialmente ansioso de no registrar que su gran ejército fue destruido al perseguir a una banda de esclavos que huían. Como los egipcios tampoco registraron el éxodo o no se encuentra el registro aún, es imposible precisar la fecha exacta.

Éxo 14:29 Y los hijos de Israel fueron por en medio del mar, en seco, teniendo las aguas por muro a su derecha y a su izquierda.

Éxo 14:30 Así salvó Jehová aquel día a Israel de mano de los egipcios; e Israel vio a los egipcios muertos a la orilla del mar.

Éxo 14:31 Y vio Israel aquel grande hecho que Jehová ejecutó contra los egipcios; y el pueblo temió a Jehová, y creyeron a Jehová y a Moisés su siervo.

La respuesta apropiada al poder de Dios es el temor (temor reverente), la confianza y la obediencia. Los israelitas tuvieron que aprender esta lección vez tras vez.

Moisés

Algunas personas no pueden mantenerse alejadas de los problemas. Cuando surge un conflicto, siempre se las arreglan para estar cerca. La reacción es su acción favorita. Este era Moisés. Parecía arrastrado siempre a lo que necesitaba ser enderezado. A lo largo de su vida respondía de la mejor o de la peor manera a los conflictos que lo rodeaban. Aun la experiencia que tuvo con la zarza ardiente era una ilustración de su carácter. Al descubrir el fuego y ver que la zarza no se consumía, tuvo que investigar. Ya sea que se lanzara a pelear para defender a un esclavo hebreo o tratara de servir como árbitro en un pleito entre dos parientes, cuando Moisés veía un conflicto, reaccionaba.

A través de los años, sin embargo, algo sorprendente sucedió en el carácter de Moisés. No dejó de reaccionar, sino que aprendió a hacerlo de manera correcta. La acción calidoscópica que sucedía a diario al viajar dos millones de personas por el desierto, fue un reto más que suficiente para la capacidad de respuesta de Moisés. La mayor parte del tiempo era realmente un mediador entre Dios y el pueblo. En una ocasión tuvo que responder a la ira de Dios por la necedad y el olvido del pueblo. En otra ocasión, tuvo que reaccionar a los altercados y quejas del pueblo. Y aun en otra, tuvo que reaccionar ante los ataques injustificados contra su carácter.

El liderazgo requiere reacción. Aprender a reaccionar con instintos congruentes con la voluntad de Dios requiere que desarrollemos hábitos de obediencia a El. Una obediencia congruente con Dios se desarrolla mejor en tiempos de mayor estrés. Luego al llegar el estrés, nuestra reacción natural es obedecer los deseos de Dios cuando nos enfrentamos a una situación difícil.

En nuestra era, donde se están reduciendo las normas morales, encontramos casi imposible creer que Dios castigaría a Moisés por la única ocasión en que desobedeció totalmente. Sin embargo, lo que no podemos ver es que Dios no rechazó a Moisés; simplemente él mismo se descalificó para entrar en la tierra prometida. La grandeza personal no hace inmune a una persona de cometer errores o de enfrentarse a sus consecuencias.

En Moisés vemos una personalidad sobresaliente moldeada por Dios. Pero no debemos perder de vista lo que Dios realmente hizo. No cambió quién o qué era Moisés; Dios no le dio nuevas habilidades y fortalezas. Mas bien, tomó las características de Moisés y las moldeó hasta que pudieran encajar en su propósito. ¿Establece eso alguna diferencia en su comprensión del propósito de Dios para su vida? El trata de tomar lo que creó en primer lugar y usarlo para los planes que se propuso. La próxima vez que usted hable con Dios, no le pregunte «¿En qué debo transformarme?», sino «¿Cómo podría usar mis propias habilidades y puntos fuertes para hacer su voluntad?»

En Moisés encontramos: : Educación egipcia; entrenamiento en el desierto; El más grande líder judío; puso en movimiento el éxodo; Profeta y legislador; registró los Diez Mandamientos; Autor del Pentateuco, pero al igual que todos tenía sus debilidades y errores : No pudo entrar a la tierra prometida por su desobediencia a Dios; No siempre reconoció y usó los talentos de otros;

De su vida aprendemos que: Dios prepara, luego utiliza, su programa es para toda la vida; Dios hace sus más grandes obras a través de gente débil

A Moisés lo vemos en Egipto, Madián, desierto de Sinaí de oficio Príncipe, pastor, líder de los israelitas. Hermano de María y Aarón. Esposo de Séfora. Padre de Gersón y Eliezer.

La estrategia divina.

En el primer día de viaje Israel llegó a Sucot, un lugar todavía dentro del territorio de Egipto. El segundo día llegó a Etam, que probablemente era una fortaleza egipcia situada en la frontera al este de Sucot. Desde este punto es imposible trazar la ruta con certeza, aunque se sabe que dejaron a Egipto desde el norte y fueron al desierto de Shur.

Por primera vez el texto indica que el Señor reveló su estrategia a Moisés. Jehová mandó que el pueblo diera vuelta y acampara cerca de Pihajirot. Evidentemente no lograba salir por causa de la defensa fronteriza de Etam. Por lo menos fue el informe que el faraón recibió de su agencia de información (la tropa de reconocimiento): “Andan errantes por la tierra; el desierto les cierra el paso“.

Con el cambio de dirección de la marcha se preparó el escenario para la confrontación final entre Jehová y el faraón. Una vez más el Señor endureció (hazak «apretar») el corazón del monarca para que persiguiera a Israel; sin embargo, Jehová mostró su gloria en lo que fue en realidad una última plaga, o el undécimo golpe. La tentación económica de mantener a Israel esclavizado era demasiado grande para el faraón. Todavía no se daba cuenta de que su adversario era Jehová y no Israel. Israel en su debilidad andaba errante todavía en tierra egipcia; sin embargo, Dios no era débil, y con su poderío iba a darle a Israel, y al mundo, una demostración más de su gloria que sería inolvidable. Por medio de sus hechos el Señor reveló su propósito redentor, aun para los egipcios. Trágicamente, el faraón nunca quiso admitir su humanidad frente al Señor. A pesar de su superioridad abrumadora en fuerza militar, el rey de Egipto no pudo evitar que los hijos de Israel escapasen al desierto.

El campamento nuevo.

No es posible identificar Pihajirot. La palabra Migdol significa «torre» o «fortín fronterizo.» Se hacen referencias a Migdol en los libros de Jeremías y Ezequiel; sin embargo, no se sabe si representa el mismo lugar. No se ha podido ubicar a Baalzefón («Señor del Norte», un sitio nombrado en honor de una deidad de Siria), aunque el nombre aparece en correspondencia del siglo sexto a. de J.C.

Los lugares eran bien conocidos por los israelitas y marcaban las pautas geográficas e históricas del nacimiento de su nación. Para nosotros se aclaran el drama y la grandeza del milagro hecho por Jehová cuando luchó a favor de Israel contra el ejército egipcio. Lo claro es que Israel dio vuelta, volvió al nordeste, y quedó acampado junto al mar. Desde el punto de vista de la estrategia humana, su situación pronto sería insostenible.

El seguimiento del faraónx.

Al recibir el informe de que Israel andaba errante y que el desierto lo tenía acorralado, el corazón del faraón y de sus servidores se volvió contra el pueblo. No era su intento luchar contra ellos, sino recapturarlos. Se preparó para una acción más bien policial y los persiguió con su caballería, con carros y jinetes. Desde los días de los hiksos los egipcios habían empleado caballos y carros de guerra; sin embargo, el elemento fundamental de su ejercito seguía siendo la infantería. El faraón no quería un ejército de marcha lenta, sino que buscó el elemento más móvil y rápido que tenía entre sus fuerzas. Entonces, unció su carro, y tomó 600 carros escogidos con sus oficiales y gente. El texto hebreo dice literalmente que «tomó 600 carros selectos, aun todos los carros [de los selectos] de Egipto». Los «escogidos» eran los más ligeros y eran relativamente pocos. Se dice que iban dos guerreros en cada uno de los carros. Con razón este elemento del ejército egipcio, tan bien equipado y entrenado, iba a causar pánico entre los israelitas.

Aunque los israelitas habían salido desde hacía varios días, debido al tamaño del movimiento de todo el pueblo y al cambio de dirección de la marcha, no habían salido del territorio egipcio. Al acercarse el ejército enemigo podía encontrarlos acampados junto al mar y atraparlos allí.

El temor de Israel.

Cuando los israelitas se dieron cuenta de que los egipcios venían tras ellos,… temieron muchísimo y clamaron a Jehová. El verbo «clamar» siempre indica una queja a causa de una gran angustia. No era una petición de salvación, sino era más bien una queja culpando a Dios por ponerles en tal situación. La debilidad de su fe se hacía evidente. Mientras todo iba bien salieron osadamente; sin embargo, con el cambio aparente de la suerte, culparon a Dios y a Moisés su mensajero. Era más fácil sacar la gente de la esclavitud que sacar la esclavitud de la gente. Los largos años de servidumbre en Egipto habían dejado su marca psicológica sobre la personalidad israelita. En el momento les preocupaba más la seguridad que habían gozado en Egipto.

Mientras vivían la gloria de la salida triunfante, Moisés era un héroe, pero ahora, con el terror, el pueblo lo culpaba por la crisis. Lo culpaba por traerles al desierto para morir. Con amarga ironía le preguntaron: ¿Acaso no había sepulcros en Egipto, que nos has sacado para morir en el desierto?  La respuesta era evidente: ¡Claro que había sepulcros en Egipto! No había otro país en el mundo tan preocupado con la muerte como Egipto; el país era famoso por sus tumbas y pirámides gigantescas. ¡Mejor nos habría sido servir a los egipcios que morir en el desierto! Querían volver a la seguridad de la vida servil en vez de morir en el desierto, y no se daban cuenta de que los egipcios se acercaban para recapturarlos en vez de matarlos. Con todo, no fue la fe de Israel la que produjo el milagro del éxodo. Fueron el milagro del éxodo y la victoria del mar las que produjeron la fe de la gente. Con claridad el texto enseña que la victoria y el crédito de la liberación pertenecían solamente a Jehová .

La fe de Moisés.

Moisés hizo uno de los desafíos de fe más grandes de la Biblia: ¡No temáis! Estad firmes y veréis la liberación que Jehová hará a vuestro favor. A los egipcios que ahora veis, nunca más los volveréis a ver. Jehová combatirá por vosotros…

No temáis es una exhortación ; estad firmes significa «estacionarse», «tomar la posición de uno», o «quedarse quieto». Moisés les dijo «estad firmes» o «estad quietos» para ver la liberación del Señor. La esperanza no está en estar inmóvil, sino en el significado psicológico; veréis, es decir con los ojos, la liberación de este enemigo.

La liberación también lleva consigo otro sentido; puede significar una salvación espiritual siendo que es Dios quien la hace. Los dos significados requieren «quedarse en silencio», o «quedarse quieto,» ante el Señor, con confianza. En el contexto las palabras de Moisés probablemente significan además que «dejen de clamar» o «quejarse».

Revela un gran cambio en la vida de Moisés desde el encuentro con Jehová en Sinaí; en este momento su fe está basada en experiencias personales, y confía en la fidelidad de Dios para cumplir con su palabra. ¡Dios los salvaría!

Verdades prácticas

1. Dios ayudó a su pueblo a escapar de la tiranía del faraón. ¿Se preocupa todavía por el mundo hoy? Si se lee la historia contemporánea con ojos de fe, se dirá que «sí, se preocupa.» El Señor está activo poderosamente en el mundo entero.

Al empezar la década de 1990, el mundo se conmovió con la caída inesperada de gobiernos tiránicos frente a movimientos populares de la gente que buscaba libertad. En países antes cerrados a la predicación libre del evangelio, hay avivamientos espirituales de grandes escalas. Se esperará la evaluación de los historiadores futuros, y se han de esperar los resultados permanentes; sin embargo, se enfrenta una de las oportunidades más grandes jamás vistas para la extensión del reino de Dios. Dios está activo en el mundo moderno; todavía las señales y los prodigios de él nos toman por sorpresa.

2. Hubo algo profético en la obra de Moisés: un hombre común, aunque bien preparado, se enfrentaba directamente a un rey y le reprendía con la palabra y con las señales de Dios. Las palabras eran de admonición, de instrucción, de advertencia y de esperanza.

3. El Señor, el creador del universo, ha advertido al mundo que los desastres naturales pueden azotar a las personas o a las naciones pecaminosas.

4. El juicio del Señor es justo y, mientras haya vida, el juicio tiene un propósito redentor; sin embargo, Dios no violará el libre albedrío individual. Cada uno tendrá que responder personalmente a las señales de Dios mientras que haya oportunidad. No obstante, tal como en la experiencia de faraón, vendrá la noche cuando se ha de acabar la paciencia divina y el juicio final llegará sin otra oportunidad de arrepentirse.

La respuesta divina.

Evidentemente Moisés, aun con su fe, había llevado alguna queja al Señor. Dios le respondió: ¿Por qué clamas a mí? Di a los hijos de Israel que se marchen. A veces es más fácil proclamar la fe que practicarla, y a veces molesta la respuesta que Dios da a las inquietudes. Para Israel, ponerse en marcha sería entrar en el mar. No había salida; los egipcios se acercaban por atrás y el mar quedaba en frente.

Entonces el Señor le mandó a Moisés que alzara la vara y extendiera su mano sobre el mar y lo dividiera para que el pueblo lo pasara en seco. Cuando quedaron cerrados todos los caminos de escape, el Señor abrió uno nuevo. Dios hizo lo imposible: no mostró un camino para rodear la dificultad, sino que abrió uno nuevo que la atravesaba. Sin embargo, el pueblo y Moisés tendrían que confiar y obedecer a Dios. El pueblo tendría que marchar hacia el mar, y Moisés tendría que dividir el agua. Al seguirles los egipcios en el camino, Dios mostraría su gloria en el faraón, en sus carros y en sus jinetes.

La protección divina.

El uso de la frase ángel de Dios no es tan común como la expresión «el ángel de Jehová «; sin embargo, las dos frases son intercambiables. El ángel de Dios era una teofanía (una aparición de Dios) en la cual la presencia de Dios era una realidad evidente. La columna de nube no únicamente servía como guía, sino también como protección para el pueblo. El ángel de Dios que iba delante del pueblo se trasladó en la forma de la columna de nube y se puso detrás, entre el campamento de Israel y los egipcios. Para éstos era nube y tinieblas mientras que para Israel servía de iluminación, y toda aquella noche no hubo contacto entre los dos. La nube demoraba a los egipcios para lograr su objetivo de capturar los fugitivos; a Israel le daba tiempo para que Moisés obedeciera al Señor y dividiera las aguas.

Hasta ahora el capítulo ha tratado de dos planes: el del faraón y el de Dios. Para lograr el de Dios, se pusieron en acción dos elementos: Di a los hijos de Israel que se marchen, y el ángel de Dios se puso detrás de campamento. Ahora se acercaba el clímax de la historia del éxodo. El Señor ha de poner en acción los elementos finales e Israel saldrá un pueblo nuevo, con una fe nueva y con una libertad no amenazada por el poder faraónico.

El cruce del mar en seco.

Moisés hizo de acuerdo con la palabra de Dios y extendió su mano sobre el mar, y Jehová hizo que éste se retirase con un fuerte viento del oriente que sopló toda aquella noche…. Eran dos los elementos del milagro: la mano levantada y el fuerte viento del oriente. Se combinaron dos cosas: lo sobrenatural y lo natural; lo maravilloso y lo ordinario; por la vara y por el viento.

Es imposible reconstruir los detalles del cruce del mar. El texto se preocupa mayormente del significado teológico del hecho y poco de la explicación de los aspectos físicos. Sin embargo, hoy en día muchos buscan explicaciones racionales que concuerden con las «leyes naturales». Así, se han propuesto varias teorías, aunque todas presentan problemas:

(1) Un fuerte viento occidental abrió un paso amontonando las aguas a la derecha y a la izquierda. La objeción mayor a esta teoría es la dificultad que Israel tendría en marchar directamente de cara a un viento tan fuerte.

(2) Un fuerte soplo del viento hizo retirar las aguas de la cabecera del golfo. Existe la misma dificultad.

(3) Hubo una actividad sísmica o volcánica que produjo una baja del agua que permitió pasar al pueblo. Al entrar los egipcios hubo un aguaje que los destruyó.

(4) Los israelitas cruzaron por un vado de la cabecera del golfo con bajamar mientras que los egipcios se extraviaron en la nube y fueron destruidos al crecer la pleamar.

La destrucción del ejército egipcio.

En el momento más desesperado, Jehová abrió un paso con un fuerte viento del oriente e Israel entró en medio del mar. Con la luz de la madrugada los egipcios vieron a los israelitas huyendo y los persiguieron, y entraron en el mar tras ellos.., y el camino de escape para Israel llegó a ser uno de destrucción para el ejército egipcio. En una forma antropomórfica, Jehová miró… desde la columna de fuego y de nube, y sembró confusión en el ejército de los egipcios. Trabó las ruedas de sus carros, de modo que se desplazaban pesadamente.

Aquí  hay un juego con la palabra pesadez. Cuando Moisés pidió permiso de salir al desierto en un viaje de tres días para celebrar una fiesta a Jehová , el faraón hizo más pesado el trabajo de los hombres de Israel. Cuando los egipcios trataron de cruzar el mar persiguiendo a Israel, el Señor trabó las ruedas de sus carros de modo que se desplazaban pesadamente. La LXX lo interpreta diciendo que las ruedas se enlodaban. El faraón cosechó lo que había sembrado.

Demasiado tarde los egipcios trataron de retirarse: ¡Huyamos… porque Jehová combate por ellos… !. Lo triste es que conocían el nombre de Jehová ; habían pasado por las plagas anteriores. (¡Que fácil es pensar que el responder a las admoniciones del Señor es para otras personas y para otro tiempo!) Otra vez el Señor mandó a Moisés que extendiera su mano sobre el mar, y al hacerlo, volvieron las aguas y quedó atrapado lo mejor del ejército de Egipto. Casi se puede sentir la angustia y frustración del faraón y el alto mando al ver desde la orilla la destrucción de la unidad selecta que habían mandado a perseguir a los hebreos: Las aguas… cubrieron los carros y los jinetes, junto con todo el ejército del faraón que había entrado en el mar tras ellos. No quedó de ellos ni uno solo.

En cuanto al conflicto entre Jehová y los dioses de Egipto, se cerró el capítulo. Jehová había demostrado que era Señor de la historia tal como lo era de la naturaleza. Ahora era tiempo de que Israel se diera cuenta de esta verdad.

La fe israelita.

Con la liberación hecha por Jehová , Israel vio a los egipcios muertos a la orilla del mar —el lado este, su lado— el que apenas habían alcanzado, y se dio cuenta de la gran hazaña realizada por Jehová. Finalmente llegaron al punto de temer a Jehová y creer en él y en su siervo Moisés.

Teológicamente el texto interpreta la hazaña: Jehová libró o salvó a Israel aquel día. Es la primera vez que el verbo aparece en la Biblia con Dios como el sujeto. El verbo salvar quiere decir «ser ancho», «ser espacioso», o «ser libre». En el contexto quiere decir que Jehová libró a Israel de la mano del faraón y de la esclavitud. Aquel día brotó en Israel un temor que era reverencia hacia Dios, y creyó en él. El verbo creer aquí significa «quedarse firme» (estar firme), o «confiar en …». La raíz del verbo significa «apoyarse sobre algo o alguien» o «poner su peso sobre algo. Esta vez la experiencia era diferente de la indicada en 4:31, cuando el pueblo creyó al oír que Dios había visto su aflicción. A la orilla del mar nació la fe del pueblo, que iba a durar a pesar de las muchas dificultades venideras.

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