Muchos intérpretes se refieren a lo que los árabes hoy en día llaman «maná (mann) del cielo.» Es un producto resinoso que produce el taray, un arbusto tamarisco, durante los meses de junio y julio. Hay insectos cóccidos que se alimentan de la savia del taray y producen algo semejante a la miel. El producto cae sobre el suelo principalmente de noche y con el calor del sol vienen las hormigas para limpiar el lugar. Antes, temprano en la mañana, vienen los beduinos para recogerlo, y después de hervirlo y colarlo, lo usan como miel. Se dice que la cosecha anual no excede unos pocos kilos.
A pesar de algunos aspectos similares entre lo que dice la Biblia y el maná de los árabes, parece improbable que sean el mismo. Las diferencias son más llamativas que las similitudes: Israel recogía una cantidad suficiente para el pueblo cada día con la excepción de los sábados; se lo recogía todos los días por cuarenta años; lo recogido en exceso se echaba a perder con facilidad; e Israel usaba el maná como la base para su dieta y no como un dulce ocasional. Es mejor entenderlo como una provisión especial del Señor, mandada para cuidar a los hijos de Israel.
La introducción del sábado.
El sábado (lit. «reposo» o «descanso»), como día especial de descanso, es una institución distintivamente israelita. Es el séptimo día de la semana. El día fue dado por Dios providencialmente en el desierto juntamente con la dádiva del pan. Llegó como una demostración de la gracia divina; era un día libre del trabajo cotidiano cuando no había necesidad de salir para buscar la comida, y era un día de gozo y gratitud por la bondad del Señor. Originalmente el sábado no era un día de pesadas cargas religiosas (en contraste, ver la época del Señor Jesús); por el contrario, era un día de descanso y renovación.
El Señor mandó a Moisés guardar un gomer de maná en una vasija y colocarla delante del Testimonio para que fuera un memorial para el futuro. El Testimonio, otra designación para el Arca del Pacto, no había sido construido todavía. Entonces, el orden de colocarla ahí fue en anticipación al establecimiento del culto formal.
Con esta orden el Señor continuó la enseñanza didáctica: La vasija con el maná servía como un recordatorio para Israel de la preservación divina de su vida en el desierto. A la lección de la Pascua se agregó otro elemento al depósito de memorias sagradas. La historia era la arena donde el Señor hacía sus grandes obras redentoras, y por medio de la historia Israel las conservaba para la memoria y las relataba a las generaciones futuras.
