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Éxodo 26: El tabernáculo

«Y lavarás a Aarón y a sus hijos a la puerta del tabernáculo de reunión, y los lavarás con agua». De la manera que Aarón y sus hijos debieron ser lavados en agua para ser purificados y así poder ministrar en el Lugar Santo, asimismo en el presente el arrepentido ha de lavar sus pecados mediante el bautismo para ser purificado y poder adorar en la iglesia, simbolizada por el Lugar Santo. ¡Simbolismo acertado! «Bautízate, y lava tus pecados».

Entramos en el Lugar Santo, símbolo de la iglesia. El candelero de oro, alumbrando «hacia adelante», es símbolo de «la luz del evangelio de la gloria de Cristo» que alumbra a la iglesia. Sobre el altar colocado frente a la cortina que separaba en Lugar Santo del Santísimo, las sacerdotes quemaban incienso «cada mañana y al anochecer». Este incienso simboliza las oraciones de los santos durante la Era Cristiana. «Los cuatro seres vivientes y los veinte cuatro ancianos… tenían… copas de oro llenas de incienso, que son las oraciones de los santos…».

El «pan de la proposición» simboliza «la cena del Señor». Participaban solo los sacerdotes purificados. Asimismo en la iglesia, participan de la mesa del Señor solo los cristianos (sacerdotes espirituales) purificados. Debían poner el «pan de la proposición… cada día de reposo… continuamente en orden». Cada primer día de la semana la iglesia bíblica come «la cena del Señor».

Miramos dentro del Lugar Santísimo, el cual simboliza el cielo de Dios. En el Lugar Santísimo vemos el «arca del testimonio», con el «propiciatorio» y dos querubines encima. El sumo sacerdote levítico entrada en el Lugar Santísimo «una vez al año, no sin sangre…». Durante la Era Cristiana, Jesucristo es el único sumo sacerdote del pueblo de Dios, no siendo él del orden de Leví sino sumo sacerdote «según el orden de Melquisedec». «No entró Cristo en el santuario hecho de mano, figura del verdadero, sino en el cielo mismo para presentarse ahora por nosotros ante Dios». «A través del velo… de su carne» Jesucristo abrió un «camino nuevo y vivo», haciendo posible que el cristiano fiel pueda «entrar» libremente «en el Lugar Santísimo», es decir, en el cielo, presentándose ante Dios.

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