Aceite para las lámparas
Éxodo 27:20 Y mandarás a los hijos de Israel que te traigan aceite puro de olivas machacadas, para el alumbrado, para hacer arder continuamente las lámparas.
Éxodo 27:21 En el tabernáculo de reunión, afuera del velo que está delante del testimonio, las pondrá en orden Aarón y sus hijos para que ardan delante de Jehová desde la tarde hasta la mañana, como estatuto perpetuo de los hijos de Israel por sus generaciones.
Tomar el mando, Rasgos del líder. Dios llamó a Moisés y directamente le mandó: «hazte cargo» (del hebreo veatta) «Y mandarás» (del hebreo veatta tezave). El supervisor debe intervenir y hacerse cargo de la situación, siempre que el líder delegado se mueva en la dirección equivocada o cuando comience algún tipo de confusión. «Harás llegar delante de ti» (del hebreo veatta hakrev). En ocasiones, el líder dirige poniendo un brazo alrededor de los hombros de su subordinado para afirmarle, animarlo o identificarse con él. «Y tú hablarás a todos los sabios de corazón» (del hebreo veatta tedeber).
Ocasionalmente, para evitar malentendidos, un administrador necesita «hacerse cargo», hablándoles directamente a todos los trabajadores en vez de dirigirse a ellos mediante otros líderes subordinados. El líder sabio conoce cuándo soltar un poco las amarras, pero no dejará de ejercer pleno control hasta que Dios así lo indique.
El aceite para ser quemado en las lámparas , puestas en orden por Aarón y sus hijos, simbolizaba al Espíritu Santo. Se usaba en el tabernáculo aceite de olivas machacadas, que era el mejor.
El tabernáculo de reunión es otra forma de designar al tabernáculo.
Instrucciones para el tabernáculo y el sacerdocio
En el mundo de Moisés no había ateos. Creían en la existencia de dioses malévolos y benévolos; a estos trataban de aplacarlos o complacerlos por medio de sus cultos y formas de adoración. Para ellos, todo el mundo era sacramental: no había una división entre lo religioso y lo secular, sino que la religión gobernaba la totalidad de la vida. Por más equivocadas que estuvieran, las naciones tenían sus cultos.
Tal como los otros pueblos de la época, antes de Sinaí, Israel adoraba a Dios por medio de un culto antiguo. Muchos años antes de Moisés y la dádiva de la ley, los patriarcas tenían sus prácticas religiosas y, debido a la larga estadía en Egipto, el pueblo recibió una influencia negativa del país de los faraones. Además, dentro de pocos años el pueblo iba a entrar en conflicto con la adoración cananea que tenía algunos aspectos en común con la de Israel (p. ej. ba’al en hebreo significaba «Señor»; se llamaba a Jehová ba’al. En Canaán era un dios de la naturaleza); sin embargo, era un culto radicalmente diferente en la teología y en la ética de la fe de los patriarcas.
Dios ya había librado a Israel de la esclavitud egipcia y había demostrado que era el Señor de la naturaleza y la historia. Apenas había pactado con el pueblo en una alianza solemne, cuando les reveló la naturaleza magnífica de la constitución moral que los gobernaría: era Señor de la vida. El pueblo tenía una libertad nueva, una ley nueva, una nación nueva y ahora se necesitaba una adoración nueva. Era tiempo de recibir otra revelación: Jehová era Señor de la adoración.
Israel no necesitaba un culto nuevo de la misma naturaleza de los de otros pueblos semitas, sino que necesitaba una adoración nueva diferente en forma y calidad. No sería algo evolutivo del pueblo mismo; ¡el culto israelita era el del becerro de oro del estilo de los egipciosx! El culto revelado a Moisés en el monte dio un nuevo significado a ciertas prácticas antiguas e introdujo elementos nuevos con un sentir de moralidad y de enseñanza simbólica profundos. Al bajar del monte Moisés llevó consigo un diseño del Señor y, para mostrar su importancia, se dedicaron trece capítulos del libro para explicarlo. Ciertamente Dios era Señor de la adoración.
El tabernáculo era central en el culto nuevo, pues formaba el núcleo de la vida civil, moral y religiosa del pueblo. La adoración tocaba toda la vida de Israel, y con ella se enseñaban verdades eternas en forma simbólica: Israel era la nación visible que Dios había elegido para ser su representante en el mundo; el tabernáculo era el lugar donde el Dios invisible manifestaba su presencia al pueblo, y la ceremonia de adoración en el tabernáculo estaba formada de lecciones objetivas que enseñaban a Israel lo esencial de la adoración.
