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Éxodo 27: El altar de bronce

Éxodo 27:1 Harás también un altar de madera de acacia de cinco codos de longitud, y de cinco codos de anchura; será cuadrado el altar, y su altura de tres codos.

El altar tenía 2, 25 m de largo, lo mismo de ancho y 1, 35 m de alto. Era una especie de cruz, como aquella donde Cristo se ofrecería a sí mismo, cual inmaculada ofrenda a Dios, en favor de los pecadores.

El altar del holocausto era lo primero que veían los israelitas al ingresar al atrio del tabernáculo. Allí se efectuaban sacrificios constantemente. Su presencia viva le recordaba al pueblo, en todo momento, que sólo podía acercarse a Dios mediante el sacrificio. Esta era la única manera en que sus pecados podían ser perdonados y quitados. En Hebreos, se presenta a Jesucristo como sacrificio supremo.

Éxodo 27:2 Y le harás cuernos en sus cuatro esquinas; los cuernos serán parte del mismo; y lo cubrirás de bronce.

Éxodo 27:3 Harás también sus calderos para recoger la ceniza, y sus paletas, sus tazones, sus garfios y sus braseros; harás todos sus utensilios de bronce.

Éxodo 27:4 Y le harás un enrejado de bronce de obra de rejilla, y sobre la rejilla harás cuatro anillos de bronce a sus cuatro esquinas.

Éxodo 27:5 Y la pondrás dentro del cerco del altar abajo; y llegará la rejilla hasta la mitad del altar.

Éxodo 27:6 Harás también varas para el altar, varas de madera de acacia, las cuales cubrirás de bronce.

Éxodo 27:7 Y las varas se meterán por los anillos, y estarán aquellas varas a ambos lados del altar cuando sea llevado.

Éxodo 27:8 Lo harás hueco, de tablas; de la manera que te fue mostrado en el monte, así lo harás.

El atrio del tabernáculo

Éxodo 27:9 Asimismo harás el atrio del tabernáculo. Al lado meridional, al sur, tendrá el atrio cortinas de lino torcido, de cien codos de longitud para un lado.

Éxodo 27:10 Sus veinte columnas y sus veinte basas serán de bronce; los capiteles de las columnas y sus molduras, de plata.

Éxodo 27:11 De la misma manera al lado del norte habrá a lo largo cortinas de cien codos de longitud, y sus veinte columnas con sus veinte basas de bronce; los capiteles de sus columnas y sus molduras, de plata.

Éxodo 27:12 El ancho del atrio, del lado occidental, tendrá cortinas de cincuenta codos; sus columnas diez, con sus diez basas.

Éxodo 27:13 Y en el ancho del atrio por el lado del oriente, al este, habrá cincuenta codos.

Éxodo 27:14 Las cortinas a un lado de la entrada serán de quince codos; sus columnas tres, con sus tres basas.

Éxodo 27:15 Y al otro lado, quince codos de cortinas; sus columnas tres, con sus tres basas.

Éxodo 27:16 Y para la puerta del atrio habrá una cortina de veinte codos, de azul, púrpura y carmesí, y lino torcido, de obra de recamador; sus columnas cuatro, con sus cuatro basas.

Éxodo 27:17 Todas las columnas alrededor del atrio estarán ceñidas de plata; sus capiteles de plata, y sus basas de bronce.

Éxodo 27:18 La longitud del atrio será de cien codos, y la anchura cincuenta por un lado y cincuenta por el otro, y la altura de cinco codos; sus cortinas de lino torcido, y sus basas de bronce.

Éxodo 27:19 Todos los utensilios del tabernáculo en todo su servicio, y todas sus estacas, y todas las estacas del atrio, serán de bronce.

El atrio alrededor del tabernáculo tenía 45 m de largo y 22, 50 m de ancho, y marcaba el perímetro del sagrado recinto. Se trataba de un amplio lugar donde realizar sacrificios.

De bronce muestra que mientras mayor era la distancia con respecto al Lugar Santísimo, menor el valor de los materiales empleados en el tabernáculo.

Aceite para las lámparas

Éxodo 27:20 Y mandarás a los hijos de Israel que te traigan aceite puro de olivas machacadas, para el alumbrado, para hacer arder continuamente las lámparas.

Éxodo 27:21 En el tabernáculo de reunión, afuera del velo que está delante del testimonio, las pondrá en orden Aarón y sus hijos para que ardan delante de Jehová desde la tarde hasta la mañana, como estatuto perpetuo de los hijos de Israel por sus generaciones.

Tomar el mando, Rasgos del líder. Dios llamó a Moisés y directamente le mandó: «hazte cargo» (del hebreo veatta) «Y mandarás» (del hebreo veatta tezave). El supervisor debe intervenir y hacerse cargo de la situación, siempre que el líder delegado se mueva en la dirección equivocada o cuando comience algún tipo de confusión. «Harás llegar delante de ti» (del hebreo veatta hakrev). En ocasiones, el líder dirige poniendo un brazo alrededor de los hombros de su subordinado para afirmarle, animarlo o identificarse con él. «Y tú hablarás a todos los sabios de corazón» (del hebreo veatta tedeber).

Ocasionalmente, para evitar malentendidos, un administrador necesita «hacerse cargo», hablándoles directamente a todos los trabajadores en vez de dirigirse a ellos mediante otros líderes subordinados. El líder sabio conoce cuándo soltar un poco las amarras, pero no dejará de ejercer pleno control hasta que Dios así lo indique.

El aceite para ser quemado en las lámparas , puestas en orden por Aarón y sus hijos, simbolizaba al Espíritu Santo. Se usaba en el tabernáculo aceite de olivas machacadas, que era el mejor.

El tabernáculo de reunión es otra forma de designar al tabernáculo.

Instrucciones para el tabernáculo y el sacerdocio

En el mundo de Moisés no había ateos. Creían en la existencia de dioses malévolos y benévolos; a estos trataban de aplacarlos o complacerlos por medio de sus cultos y formas de adoración. Para ellos, todo el mundo era sacramental: no había una división entre lo religioso y lo secular, sino que la religión gobernaba la totalidad de la vida. Por más equivocadas que estuvieran, las naciones tenían sus cultos.

Tal como los otros pueblos de la época, antes de Sinaí, Israel adoraba a Dios por medio de un culto antiguo. Muchos años antes de Moisés y la dádiva de la ley, los patriarcas tenían sus prácticas religiosas y, debido a la larga estadía en Egipto, el pueblo recibió una influencia negativa del país de los faraones. Además, dentro de pocos años el pueblo iba a entrar en conflicto con la adoración cananea que tenía algunos aspectos en común con la de Israel (p. ej. ba’al en hebreo significaba «Señor»; se llamaba a Jehová ba’al. En Canaán era un dios de la naturaleza); sin embargo, era un culto radicalmente diferente en la teología y en la ética de la fe de los patriarcas.

Dios ya había librado a Israel de la esclavitud egipcia y había demostrado que era el Señor de la naturaleza y la historia. Apenas había pactado con el pueblo en una alianza solemne, cuando les reveló la naturaleza magnífica de la constitución moral que los gobernaría: era Señor de la vida. El pueblo tenía una libertad nueva, una ley nueva, una nación nueva y ahora se necesitaba una adoración nueva. Era tiempo de recibir otra revelación: Jehová era Señor de la adoración.

Israel no necesitaba un culto nuevo de la misma naturaleza de los de otros pueblos semitas, sino que necesitaba una adoración nueva diferente en forma y calidad. No sería algo evolutivo del pueblo mismo; ¡el culto israelita era el del becerro de oro del estilo de los egipciosx! El culto revelado a Moisés en el monte dio un nuevo significado a ciertas prácticas antiguas e introdujo elementos nuevos con un sentir de moralidad y de enseñanza simbólica profundos. Al bajar del monte Moisés llevó consigo un diseño del Señor y, para mostrar su importancia, se dedicaron trece capítulos del libro para explicarlo. Ciertamente Dios era Señor de la adoración.

El tabernáculo era central en el culto nuevo, pues formaba el núcleo de la vida civil, moral y religiosa del pueblo. La adoración tocaba toda la vida de Israel, y con ella se enseñaban verdades eternas en forma simbólica: Israel era la nación visible que Dios había elegido para ser su representante en el mundo; el tabernáculo era el lugar donde el Dios invisible manifestaba su presencia al pueblo, y la ceremonia de adoración en el tabernáculo estaba formada de lecciones objetivas que enseñaban a Israel lo esencial de la adoración.

El tabernáculo jugó un papel muy importante temprano en la vida nacional de Israel. Al detenerse durante la marcha hacia la tierra prometida, las tiendas del pueblo se ponían alrededor del tabernáculo. ¿Con qué propósito? En primer término, el texto responde: Que me hagan un santuario, y yo habitaré en medio de ellos; … a la entrada del tabernáculo de reunión,… me encontraré contigo para hablarte allí… Yo habitaré en medio de los hijos de Israel, y seré su Dios. Y conocerán que yo soy Jehová su Dios, que los saqué de la tierra de Egipto para habitar en medio de ellos. Yo, Jehová , su Dios.

En segundo lugar, el tabernáculo, una tienda portátil, servía como símbolo de la presencia de Dios que les acompañaba en el viaje. Kelley escribió: «La presencia de Dios en medio de su pueblo fue lo que más que ninguna otra cosa constituyó a Israel en una nación y la distinguió de todas las otras naciones». Con Kelley se puede afirmar que Israel no tuvo que hacer viajes de vuelta a Sinaí para tener contacto con su Dios. El destino final del pueblo no era Sinaí, sino Canaán, la tierra prometida a los patriarcas. Jehová no era un Dios localizado: era Señor de todo el mundo y su propósito en elegir a Israel era la salvación mundial. Para ayudarles en la tarea, Dios peregrinaba con los suyos. El tabernáculo era un lugar especial de encuentro entre el pueblo y su Dios viviente y presente.

Como se notará con más detalles en los capítulos siguientes, el tabernáculo también tenía un propósito didáctico. Israel, como nación, estaba en su «jardín de infantes». No tenía experiencia en gobernarse ni en la responsabilidad que la libertad involucraba. No estaba preparada para recibir conceptos filosóficos acerca de la naturaleza de Dios y de una adoración puramente espiritual. Entonces, por medio del tabernáculo el Señor les reveló formas prácticas y visibles que representaban verdades espirituales más profundas. Más tarde, al aclararlas, no las invalidó. Simplemente se explicaba el significado de las «lecciones objetivas» (ver la relación de Hebreos con Levítico).

La información acerca del culto de adoración se encuentra en dos lugares: contiene las instrucciones dadas a Moisés por Jehová para la construcción del tabernáculo y la consagración de los sacerdotes; relata el proceso de llevar a cabo la obra. Conviene estudiar las dos secciones juntas para notar con más claridad algunos detalles (p. ej. tiempos y personas de algunos verbos) y aclaraciones del texto.

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