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Éxodo 33: La presencia de Dios prometida

Con la tienda de reunión, Dios indicaba que no abandonaría al pueblo arrepentido; sin embargo, el lugar de reunión se separaba de en medio de pueblo. La santidad divina no puede morar en la presencia de la impureza y del espíritu obstinado.

En cuanto a la tienda, existía antes de la construcción del tabernáculo. Era muy sencilla; estaba fuera del campamento, en tanto que el tabernáculo estaba en medio de él; estaba solo, en tanto que al tabernáculo asistían los sacerdotes. La tienda de reunión servía principalmente como un lugar de retiro para Moisés cuando buscaba una palabra de Jehová .

La gloria de Jehová revelada.

Esta sección trata de la presencia de Jehová con el pueblo. La apostasía no había anulado las promesas de Dios, sino que las había restringido. Por causa de ella, el Señor había dicho que no subiría con ellos a la tierra prometida para que su presencia santa no los consumiera por su pecado. Sin embargo, en su lugar prometió enviar a un ángel para arrojar a los habitantes de Canaán. La falta de la presencia misma de Jehová le preocupó a Moisés y lo animó a elevar tres peticiones a Dios referentes al tema; quería que Jehová mismo los acompañara y en cada petición se atrevía a pedir más que lo que había pedido en la oportunidad anterior.

La primera petición.

Moisés no conocía la ruta ni el territorio desde Sinaí hasta Canaán. Debido a la instrucción del Señor de subir a la tierra prometida, quería saber quién iba a guiarles: Ahora, si he hallado gracia ante tus ojos, por favor muéstrame tu camino… considera también que esta gente es tu pueblo. El ángel, ¿Quien era? La palabra significa literalmente un mensajero y podría ser un ángel celestial o humano. Probablemente la respuesta específica se encuentra cuando se indica a Hobab, el hijo de Reuel, como el que conocía la tierra y les sirvió de guía.

La respuesta inmediata vino cuando el Señor dijo: Mi presencia irá contigo, y te daré descanso. La frase inicial se traduce literalmente mi rostro irá contigo. Tal como había sido prometido meses antes en frente de la zarza que ardía, Dios le aseguró que su presencia seguiría acompañándole. La promesa era un paso adelante sobre la presencia de un ángel.

Además de la seguridad de la presencia divina, el Señor agregó que daría descanso a Moisés. Esto no significa que Moisés iba a dejar de trabajar, sino que el Señor iba a darle reposo. Era un resultado de la entrega de la vida a la voluntad del Señor y una confirmación de que iba a cumplir con la tarea encomendada. En este sentido el Señor le daba un descanso interior más bien que una vida externa tranquila.

La segunda petición.

La segunda petición de Moisés demuestra una vez más su grandeza y su identificación profunda con el pueblo. Moisés quería tener la seguridad personal de la presencia divina, pero quería que el pueblo la tuviera también. Unicamente con la presencia de Jehová podría Israel llegar a ser una nación diferente, un pueblo especial entre todos los pueblos… un reino de sacerdotes y una nación santa. Moisés no quería salir de Sinaí a menos que la presencia del Señor los acompañara; esta sería la única manera en la cual podrían llegar a ser diferentes de los demás pueblos y hacerles saber que habían hallado la gracia del Señor.

La presencia del Señor también haría otra diferencia grande entre Israel y los demás pueblos: Nunca habría necesidad en Israel de hacer peregrinaciones al lugar sagrado de la revelación suprema, a Sinaí, para adorar a Dios, o para buscar su presencia. La presencia divina en el camino diario haría la diferencia entre el pueblo de Dios y los demás pueblos (nótese el significado del tabernáculo).

En respuesta, Jehová dijo a Moisés: “También haré esto que has dicho, por cuanto has hallado gracia ante mis ojos y te he conocido por tu nombre «.

La tercera petición.

Para una confirmación de la palabra recibida, Moisés le dijo: Por favor, muéstrame tu gloria. En el capítulo se indican cuatro palabras diferentes que significan la presencia del Señor: un ángel de Dios, la presencia de Dios; lit., el rostro de Dios), el nombre de Dios, y la gloria de Dios.

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