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Génesis 27: Bendición de Jacob y Esaú

Gén 27:1 Aconteció que cuando Isaac envejeció, y sus ojos se oscurecieron quedando sin vista, llamó a Esaú su hijo mayor, y le dijo: Hijo mío. Y él respondió: Heme aquí.

Gén 27:2 Y él dijo: He aquí ya soy viejo, no sé el día de mi muerte.

Gén 27:3 Toma, pues, ahora tus armas, tu aljaba y tu arco, y sal al campo y tráeme caza;

Gén 27:4 y hazme un guisado como a mí me gusta, y tráemelo, y comeré, para que yo te bendiga antes que muera.

Aparentemente, Isaac no se ha dado cuenta que Esaú vendió su primogenitura. Parece que solicitó la comida para fortalecer su menguada vitalidad.

Un guisado era un tipo de comida que a Isaac le gustaba. Te bendiga alude a la transmisión de la propiedad familiar, las aspiraciones y las promesas espirituales, del padre al hijo mayor. Tomando como modelo las relaciones de Dios con su pueblo, el concepto patriarcal de la bendición se convierte más tarde en el momento culminante en la transmisión del legado emocional y espiritual de una generación a otra. Como tal, Dios formalizó sus principios fundamentales en la famosa bendición de Aarón.

Gén 27:5 Y Rebeca estaba oyendo, cuando hablaba Isaac a Esaú su hijo; y se fue Esaú al campo para buscar la caza que había de traer.

Gén 27:6 Entonces Rebeca habló a Jacob su hijo, diciendo: He aquí yo he oído a tu padre que hablaba con Esaú tu hermano, diciendo:

Rebeca quería asegurarse de que su hijo favorito recibiera la bendición de Isaac. Sorpresivamente, en el transcurso de este desvergonzado engaño, se cumplió la voluntad de Dios: la línea de Jacob fue la escogida.

Gén 27:7 Tráeme caza y hazme un guisado, para que coma, y te bendiga en presencia de Jehová antes que yo muera.

Gén 27:8 Ahora, pues, hijo mío, obedece a mi voz en lo que te mando.

Gén 27:9 Ve ahora al ganado, y tráeme de allí dos buenos cabritos de las cabras, y haré de ellos viandas para tu padre, como a él le gusta;

Gén 27:10 y tú las llevarás a tu padre, y comerá, para que él te bendiga antes de su muerte.

Cuando Rebeca supo que Isaac estaba preparando la bendición de Esaú, urdió un plan para engañarlo y hacer que bendijera a Jacob. Aun cuando Dios ya le había dicho que Jacob iba a ser el líder de la familia (25.23-26), Rebeca tomó el asunto en sus manos. Recurrió a algo malo para conseguir lo que Dios ya le había prometido. Para Rebeca, el fin justificaba los medios. Por buenas que sean nuestras metas, no debemos intentar conseguirlas haciendo lo que está mal. ¿Aprobaría Dios los métodos que usted emplea para alcanzar sus metas?

Gén 27:11 Y Jacob dijo a Rebeca su madre: He aquí, Esaú mi hermano es hombre velloso, y yo lampiño.

Gén 27:12 Quizá me palpará mi padre, y me tendrá por burlador, y traeré sobre mí maldición y no bendición.

La forma en que reaccionamos ante un dilema moral a menudo revela nuestros verdaderos motivos. Frecuentemente, nos cuidamos más de no ser sorprendidos que de hacer lo que es correcto. Parece que a Jacob no le importaba tanto el engaño que implicaba el plan de su madre como el que lo sorprendieran mientras lo llevaba a cabo. Si a usted le preocupa que lo sorprendan, quizás su plan no sea honesto. Permita que su temor de ser sorprendido sea una advertencia y lo impulse a hacer lo correcto. Jacob pagó un precio muy alto por llevar a cabo su deshonesto plan.

Gén 27:13 Y su madre respondió: Hijo mío, sea sobre mí tu maldición; solamente obedece a mi voz y ve y tráemelos.

Jacob vaciló cuando escuchó el engañoso plan de Rebeca. Aunque lo cuestionaba no por honrado sino por el temor de ser sorprendido, su protesta concedió a Rebeca una última oportunidad de recapacitar. Pero Rebeca estaba tan encerrada en sus planes que no podía ver con claridad lo que estaba haciendo. El pecado la había atrapado y estaba corrompiendo su carácter. Corregirse uno mismo en medio de una mala acción puede ser doloroso y molesto, pero también lo puede liberar a uno del control del pecado.

Gén 27:14 Entonces él fue y los tomó, y los trajo a su madre; y su madre hizo guisados, como a su padre le gustaba.

Gén 27:15 Y tomó Rebeca los vestidos de Esaú su hijo mayor, los preciosos, que ella tenía en casa, y vistió a Jacob su hijo menor;

La disponibilidad de los vestidos . . . preciosos de Esaú, indica que éste y su mujer vivían bajo el mismo techo con Isaac y Rebeca . La referencia a la casa sugiere que Isaac y su clan habían renunciado a los riesgos de vivir en tiendas a la intemperie, y preferían la seguridad de la amurallada Beerseba.

Gén 27:16 y cubrió sus manos y la parte de su cuello donde no tenía vello, con las pieles de los cabritos;

Gén 27:17 y entregó los guisados y el pan que había preparado, en manos de Jacob su hijo.

Gén 27:18 Entonces éste fue a su padre y dijo: Padre mío. E Isaac respondió: Heme aquí; ¿quién eres, hijo mío?

Gén 27:19 Y Jacob dijo a su padre: Yo soy Esaú tu primogénito; he hecho como me dijiste: levántate ahora, y siéntate, y come de mi caza, para que me bendigas.

Gén 27:20 Entonces Isaac dijo a su hijo: ¿Cómo es que la hallaste tan pronto, hijo mío? Y él respondió: Porque Jehová tu Dios hizo que la encontrase delante de mí.

Gén 27:21 E Isaac dijo a Jacob: Acércate ahora, y te palparé, hijo mío, por si eres mi hijo Esaú o no.

Gén 27:22 Y se acercó Jacob a su padre Isaac, quien le palpó, y dijo: La voz es la voz de Jacob, pero las manos, las manos de Esaú.

Gén 27:23 Y no le conoció, porque sus manos eran vellosas como las manos de Esaú; y le bendijo.

Gén 27:24 Y dijo: ¿Eres tú mi hijo Esaú? Y Jacob respondió: Yo soy.

A pesar de que Jacob obtuvo la bendición que quería, pagó un precio demasiado alto por haber engañado a su padre. Estas son algunas de las consecuencias de sus acciones:

(1) nunca más volvió a ver a su madre;

(2) su hermano quiso matarlo;

(3) su propio tío, Labán, lo engaño;

(4) su familia se dividió a causa de la rivalidad;

(5) Esaú llegó a ser fundador de una nación de enemigos;

(6) vivió lejos de su familia durante años.

Irónicamente, Jacob hubiera recibido de todos modos la primogenitura y la bendición. ¡Imagínese cuán diferente hubiera sido su vida si él y su madre hubieran permitido que Dios hiciera las cosas a su modo, y en su tiempo!

Gén 27:25 Dijo también: Acércamela, y comeré de la caza de mi hijo, para que yo te bendiga; y Jacob se la acercó, e Isaac comió; le trajo también vino, y bebió.

Gén 27:26 Y le dijo Isaac su padre: Acércate ahora, y bésame, hijo mío.

Isaac todavía sospecha. La cercanía de Jacob le permite utilizar el sentido del olfato

Gén 27:27 Y Jacob se acercó, y le besó; y olió Isaac el olor de sus vestidos, y le bendijo, diciendo: Mira, el olor de mi hijo, Como el olor del campo que Jehová ha bendecido;

La tensión aumenta dramáticamente para Jacob , quien utiliza a Dios para promover sus ambiciones egoístas y se aprovecha de la ceguera de Isaac

Gén 27:28 Dios, pues, te dé del rocío del cielo, Y de las grosuras de la tierra, Y abundancia de trigo y de mosto.

Gén 27:29 Sírvante pueblos, Y naciones se inclinen a ti; Sé señor de tus hermanos, Y se inclinen ante ti los hijos de tu madre. Malditos los que te maldijeren, Y benditos los que te bendijeren.

La bendición contiene tres elementos importantes: el deseo de prosperidad material (v. 28), de supremacía política y una maldición contra todos los enemigos

Gén 27:30 Y aconteció, luego que Isaac acabó de bendecir a Jacob, y apenas había salido Jacob de delante de Isaac su padre, que Esaú su hermano volvió de cazar.

Gén 27:31 E hizo él también guisados, y trajo a su padre, y le dijo: Levántese mi padre, y coma de la caza de su hijo, para que me bendiga.

Gén 27:32 Entonces Isaac su padre le dijo: ¿Quién eres tú? Y él le dijo: Yo soy tu hijo, tu primogénito, Esaú.

Gén 27:33 Y se estremeció Isaac grandemente, y dijo: ¿Quién es el que vino aquí, que trajo caza, y me dio, y comí de todo antes que tú vinieses? Yo le bendije, y será bendito.

Aunque Isaac está muy disgustado, sabe que se ha estado oponiendo a la providencia de Dios: Yo le bendije (a Jacob) y será bendito .

En tiempos antiguos la palabra de una persona la comprometía (como un contrato escrito hoy día), especialmente cuando había juramento de por medio. Por eso la bendición de Isaac era irrevocable.

Gén 27:34 Cuando Esaú oyó las palabras de su padre, clamó con una muy grande y muy amarga exclamación, y le dijo: Bendíceme también a mí, padre mío.

Gén 27:35 Y él dijo: Vino tu hermano con engaño, y tomó tu bendición.

Isaac y Esaú se dieron cuenta inmediatamente de lo que Jacob había hecho. Las palabras de bendición habían sido ya pronunciadas; no podían ser retiradas o dirigidas a otro. Los antiguos conocían mejor que nuestros contemporáneos el poder de la palabra hablada. Una bendición, una maldición, una palabra de estímulo, una palabra destructiva, pueden tener un gran efecto si se pronuncian con fe. Hebreos achaca la responsabilidad de lo sucedido a la debilidad de Esaú, y Romanos la atribuye a la providencia de Dios.

Gén 27:36 Y Esaú respondió: Bien llamaron su nombre Jacob, pues ya me ha suplantado dos veces: se apoderó de mi primogenitura,(C) y he aquí ahora ha tomado mi bendición. Y dijo: ¿No has guardado bendición para mí?

Gén 27:37 Isaac respondió y dijo a Esaú: He aquí yo le he puesto por señor tuyo, y le he dado por siervos a todos sus hermanos; de trigo y de vino le he provisto; ¿qué, pues, te haré a ti ahora, hijo mío?

Por señor tuyo : A lo largo de gran parte de su historia los descendientes de Esau estuvieron sujetos a los descendientes de Jacob. Por último, alrededor del año 100 a.C., los edomitas fueron conquistados por los judíos y convertidos por la fuerza al judaísmo

Antes de que muriera el padre, este llevaba a cabo una ceremonia de bendición en la que oficialmente traspasaba la primogenitura al heredero. A pesar de que el primogénito tenía el derecho a la primogenitura, no era suya hasta que se pronunciara esa bendición. Antes de que se diera la bendición, el padre podía quitársela al hijo mayor y darla al que más se la mereciera. Pero después de pronunciada la bendición, la primogenitura ya no se podía quitar. Por eso los padres esperaban hasta el último momento para dar esa bendición irrevocable. Aun cuando su hermano mayor le había vendido su primogenitura años atrás, Jacob necesitaba la bendición para ratificarlo.

Gén 27:38 Y Esaú respondió a su padre: ¿No tienes más que una sola bendición, padre mío? Bendíceme también a mí, padre mío. Y alzó Esaú su voz, y lloró.(D)

Gén 27:39 Entonces Isaac su padre habló y le dijo: He aquí, será tu habitación en grosuras de la tierra, Y del rocío de los cielos de arriba;

Gén 27:40 Y por tu espada vivirás, y a tu hermano servirás; Y sucederá cuando te fortalezcas, Que descargarás su yugo de tu cerviz.

Isaac le concedió a Esaú una bendición tan amplia como pudo, sin contradecir la previa bendición otorgada a Jacob. Sus descendientes serían gente cruel y salvaje. Descargarás su yugo : Alude a victorias transitorias, como cuando los edomitas se convirtieron en una molesta espina para Salomón.

Jacob huye de Esaú

Gén 27:41 Y aborreció Esaú a Jacob por la bendición con que su padre le había bendecido, y dijo en su corazón: Llegarán los días del luto de mi padre, y yo mataré a mi hermano Jacob.

Cuando Esaú perdió la valiosa bendición familiar, su futuro cambió repentinamente. Reaccionó con ira y decidió matar a Jacob. Cuando uno pierde algo de gran valor, o si otros conspiran contra uno y logran su objetivo, la primera reacción y la más natural es la ira. Pero podemos controlar nuestros sentimientos al

(1) reconocer que es una reacción nuestra,

(2) orar por fortaleza, y

(3) pedir que Dios nos ayude a ver las oportunidades que pueden surgir aun de esa circunstancia triste.

Esaú se enojó tanto con Jacob que por un momento olvidó su error al regalar su primogenitura. La ira que producen los celos nos ciega y nos impide ver los beneficios que tenemos para que nos fijemos en lo que no tenemos.

Gén 27:42 Y fueron dichas a Rebeca las palabras de Esaú su hijo mayor; y ella envió y llamó a Jacob su hijo menor, y le dijo: He aquí, Esaú tu hermano se consuela acerca de ti con la idea de matarte.

Gén 27:43 Ahora pues, hijo mío, obedece a mi voz; levántate y huye a casa de Labán mi hermano en Harán,

Gén 27:44 y mora con él algunos días, hasta que el enojo de tu hermano se mitigue;

Gén 27:45 hasta que se aplaque la ira de tu hermano contra ti, y olvide lo que le has hecho; yo enviaré entonces, y te traeré de allá. ¿Por qué seré privada de vosotros ambos en un día?

Gén 27:46 Y dijo Rebeca a Isaac: Fastidio tengo de mi vida, a causa de las hijas de Het. Si Jacob toma mujer de las hijas de Het, como éstas, de las hijas de esta tierra, ¿para qué quiero la vida?

El odio de Esaú no está justificado a la luz de su responsabilidad en el asunto. Las preocupaciones de Rebeca hicieron que despidiera ingenuamente a Jacob, bendecido por su padre, pero al costo de no volverle a ver.

Isaac decide bendecir a Esaú, su primogénito.

Isaac entiende que por su edad y por su condición física (estaba ciego) había llegado el momento de bendecir al hijo mayor. Llama a Esaú y lo instruye para que éste, de un animal del campo que vaya a cazar, le prepare su potaje. Aparentemente era una comida favorita de Isaac que Esaú sabía preparar. El propósito era el de identificarlo y trasmitirle la bendición. La bendición era el instrumento por el cual se transmitía de una generación a otra tres cosas: el liderazgo de la familia o clan, la herencia o patrimonio material y el patrimonio cultural y espiritual. En la familia patriarcal la bendición incluía la transmisión de las promesas de Dios de tierra, nación y propósito misionero universal. Por costumbre legal le correspondía la bendición al hijo mayor o primogénito, aunque en casos excepcionales el padre podía elegir el recipiente libremente. Isaac con esta acción decide asegurar la continuación del pacto y cumplir acabadamente su misión en la tierra. No se tiene en cuenta el hecho que Esaú ya había vendido su primogenitura porque ello fue un arreglo privado entre los dos hermanos. Esaú se dispone a cumplir el pedido del padre. Ninguno de los dos advirtieron que Rebeca había escuchado la intención e instrucción de Isaac.

Rebeca interviene a favor de Jacob.

En su intervención Rebeca toma los siguientes pasos: Primero, informa detalladamente a Jacob acerca de la intención de Isaac para con Esaú. Segundo, propone preparar, con la ayuda de Jacob, el potaje favorito de Isaac y dejar que Jacob lo lleve a su padre haciéndose pasar por Esaú. Rebeca conocía muy bien la receta de dicha comida. Es interesante que no se menciona ninguna razón o motivo de parte de Rebeca para este intento de sustitución. Pero aparentemente ella tenía sobradas razones para tomar ese riesgo grande a favor de uno de sus hijos y en contra de su esposo y del otro hijo. Hasta ahora, tres factores conocidos por ella podían ser mencionados como justificación o deseo de que fuera Jacob el recipiente de la bendición paterna: La profecía que ella recibiera durante su embarazo; la adquisición legal de primogenitura por parte de Jacob y el casamiento de Esaú con las cananeas. Si estos argumentos alguna vez fueron presentados a Isaac, aparentemente no tuvieron ninguna fuerza decisiva. Hasta aquí el relato bíblico sólo nos presenta a una familia dividida por intereses y preferencias distintas. Isaac prefiere a Esaú, el hijo mayor a quien quiere bendecir transmitiendo su autoridad. Rebeca prefiere a Jacob y está dispuesta a hacer todo lo que esté a su alcance para que Jacob obtenga la bendición del padre.

Jacob inicialmente resiste la propuesta no por falta de deseo sino más bien por el peligro que involucraba. Las diferencias físicas entre los dos hermanos eran muy marcadas y aunque el padre era ciego, tenía otros medios de descubrir el engaño. Pero Rebeca insiste asumiendo toda la responsabilidad del acto. El plan completo empieza entonces a desarrollarse. Primero, se prepara la comida favorita para satisfacer el requisito de Isaac. Segundo, Rebeca prepara físicamente a Jacob para que éste pudiera parecerse físicamente a Esaú. La ropa de Esaú otorgaría a Jacob el olor característico de su dueño. La piel del cabrito sobre las partes descubiertas y lampiñas de Jacob lo harían asemejar a Esaú en su aspecto externo. Estas acciones eran en previsión al uso del olfato y tacto que Rebeca sabía Isaac usaría para reconocer e identificar a su hijo. Toda esta trama deja entrever que este era un momento esperado por todos. Los intereses de todos los miembros de la familia estaban enfocados en este acto de “transmisión de mando”. Los actos de previsión de Isaac, el plan magistral de Rebeca, la colaboración y ejecución perfecta de Jacob y la reacción lastimera de Esaú parecen indicar que para este acto tan solemne y significativo nunca hubo un acuerdo total entre las partes. Y se apela a toda la astucia y los recursos humanos para la obtención del fin deseado.

Isaac concede a Jacob la bendición del pacto.

El relato del encuentro de Isaac con Jacob intentando hacerse pasar por Esaú es el más riesgoso y dramático en todo el desarrollo de estos encuentros. El encuentro de Jacob con Isaac se desarrolla de la siguiente manera: En primer lugar, Jacob se presenta a su padre. Este, que era ciego, requiere una identificación verbal. Al identificarse Jacob como Esaú, expresa la primera declaración de engaño. Segundo, le ofrece el potaje favorito para que coma y luego le bendiga. Esta declaración coincide con el requisito que Isaac diera a Esaú, aparentemente creyendo que nadie más estaba presente, de modo que la presentación del potaje daba credibilidad. Tercero, viene una serie de objeciones que Isaac presenta que dan expresión a su duda en cuanto al cumplimiento exacto del requisito de bendición (potaje e hijo correctos). El engaño no resulta fácil. Pareciera como si Isaac reconocía que este momento no era de simple resolución y que necesitaba toda la seguridad posible para obrar correctamente.

Isaac presenta varias dudas y objeciones a Jacob y éste magistralmente satisface a todas ellas. La primera objeción es la rapidez con la que se presenta la comida. Isaac sabía que la caza de un animal silvestre no era tan fácil y que la preparación del mismo requería cierto tiempo. Es un hecho que una mentira demanda otra y así sucesivamente. Y Jacob inventa rapidamente una respuesta: el “Dios de Isaac” actuó en su favor. La siguiente objeción tiene que ver con la identidad propia del hijo. Aunque no se menciona, el temor de Isaac aparentemente era que Jacob se presentara a reclamar la bendición. Ya que la ceguera de Isaac le impedía hacer una distinción visual, él usa sus otros sentidos para asegurarse de que no estaba siendo engañado. El usa el tacto para palpar y reconocer el aspecto externo (velludo) de Esaú. El usa el gusto a través del pedido de beso a su hijo y el olfato oliéndole de cerca. Rebeca había previsto con precisión para todas estas pruebas con la piel de los cabritos en las manos de Jacob y la ropa de Esaú con la “fragancia” propia a Esaú. Todas estas pruebas hacen inclinar a Isaac a convencerse que el hijo presentado es Esaú, aunque la voz de Jacob permanece distintivamente: La voz es… de Jacob. Finalmente y después de una última interrogación de identidad, Isaac queda satisfecho y come la comida presentada.

El requisito del potaje favorito estaba cumplido; la identificación del hijo estaba hecha. Ya nada podía impedir que el padre otorgara su bendición. La bendición contiene una promesa divina de prosperidad material, preeminencia política en el concierto de naciones, liderazgo del clan y continuidad con la bendición a Abraham. Una vez pronunciada la bendición e identificado el recipiente, ésta se vuelve irrevocable e intransferible. La conexión del pasado con el futuro estaba hecha.

Aquí debemos admitir que la bendición no fue solamente el resultado de un plan humano de engaño trazado y ejecutado magistralmente. Detrás de todo estaba el poder de Dios que obra en y a través de las circunstancias. Detrás de la moralidad está el factor religioso que hasta ese momento tiene como única referencia el pacto de Dios con Abraham con las promesas de descendencia, tierra y bendiciones. Será bueno repetir los tres factores “religiosos” detrás de este engaño. El anuncio profético durante el embarazo: El mayor servirá al menor; el menosprecio de Esaú por la primogenitura y su venta a Jacob; y el casamiento de Esaú con mujeres hititas arriesgando así la identidad racial y cultural del naciente pueblo escogido por Dios. Todos ellos con seguridad apuntan a un fracaso al plan redentor de Dios. Por ello, por encima de los autores humanos, hay una fuerza superior que permite todo este desarrollo. Esa fuerza es imposible de explicar o de justificar. Es esfera o área exclusiva a la soberanía absoluta de Dios.

La bendición de Isaac a Esaú.

Aunque Esaú no obtiene la bendición patriarcal, sin embargo el padre también le concede una bendición, diríamos, secundaria. Tanto Isaac como Esaú reconocen la necesidad de una bendición que al final llega. Pero antes, padre e hijo pasan por momentos de tristeza, amargura e impotencia. El primero en reaccionar ante la realidad de lo acontecido es Isaac quien se conmueve profundamente al comprobar que había otorgado la bendición a otro. Luego Esaú es quien se lamenta grandemente: Profirió un grito fuerte y muy amargo. Una vez recuperado ruega a su padre reclamando también la bendición. Pero la bendición, como la primogenitura, es única. No se puede duplicar ni recuperar.

Isaac entonces admite que fue Jacob quien había suplantado a Esaú y declara que ha otorgado todo a Jacob. Nada sustancial le queda para bendecir a Esaú. Este reconoce el engaño como esperado y consistente con el carácter de Jacob. Dicha realidad llevará a una hostilidad peligrosa entre los dos hermanos y más tarde entre las dos naciones originadas por los dos hermanos. Se puede notar la persistencia de Esaú en que el padre le otorgue no ya “la” bendición, sino aunque sea “una” bendición. Para nosotros es extraña la insistencia de Esaú de no quedar sin una bendición del padre. Pero, en el mundo espiritual de los patriarcas y de la Biblia, una generación con otra estaban firmemente ligadas. La tradición, herencia, propósito de vida, es decir, el pasado, el presente y el futuro, estaban firmemente conectados con la bendición de una generación a la otra.

Finalmente Isaac concede una bendición a Esaú que consiste en prosperidad material, en un territorio propio, la realidad histórica de una sobrevivencia difícil y en base a lucha. Además implica la sumisión o inferioridad política a su hermano con la esperanza de liberación con el tiempo. La Biblia y la historia testifican del cumplimiento de esta bendición en el desarrollo del pueblo de Edom y su relación con Israel. La relación de Esaú y Jacob no termina con la resolución de la herencia. Continúa en hostilidad, separación y finalmente reconciliación.

Esaú planea matar a Jacob.

La reacción de Esaú se manifiesta pronto y su plan de venganza se hace público. La decisión es matar a Jacob. Aquí la descendencia queda en abierto peligro por el riesgo de extinción de uno de los descendientes y la anulación del otro por la culpabilidad de homicidio. La culpabilidad de un hijo mayor lo descalificaba del derecho a la primogenitura como en el caso del homicida Caín y del usurpador Rubén. Además, el homicida debía ser vengado. La ejecución del homicidio sería sólo después de la muerte del padre.

Mientras tanto, el odio y temor entre hermanos crece peligrosamente. Rebeca, al enterarse del plan de Esaú y al notar la relación hostil, concibe un plan de solución. Este plan es convencer a Jacob para que huya de su hermano y vaya a Harán, a la casa del tío, para librar su vida. En este plan, se manifiestan varios objetivos sabios en la resolución de sentimientos. Primero, salvaguardar a ambos hijos. Realmente ella fue la instigadora de esta situación y se siente responsable de las consecuencias. Segundo, evitar que el resentimiento y odio aumente en Esaú con la presencia de Jacob. Al eliminar la causa de un sentimiento, éste deja de ser alimentado. Tercero, dar el tiempo necesario a Esaú a que sus sentimientos de ira y odio se disipen con el correr de los días. Todo sentimiento tiene su curso y necesita tiempo para su resolución. Cuarto, restablecer la unidad familiar trayendo a Jacob de vuelta. Además de convencer a Jacob, ella convence también a Isaac de la necesidad de que Jacob vaya a Harán alegando otro objetivo de responsabilidad propia de Isaac: Conseguir una esposa apropiada. Y posiblemente Rebeca también puso todo su empeño y sabiduría de madre en apaciguar a su hijo Esaú.

Hizo lo correcto de manera incorrecta  Rebeca poseía la singular capacidad de hacer una cosa correcta de la manera incorrecta o de justificar una buena acción con una razón equivocada. Era cierto que ella estaba dolida por el hecho que Esaú se había casado con una mujer hetea (hijas de Het). Sin embargo su razón, para enviar lejos a Jacob (hacia lo que hoy es la moderna Siria), era salvarlo de la mano airada de Esaú. De nuevo manipuló a Isaac para que hiciera exactamente lo que ella deseaba.

A su crédito, debemos adelantar que los dos planes de ella dieron resultado positivo: Jacob hereda el derecho de primogenitura y Esaú y Jacob finalmente se reconcilian y mantienen una vida de convivencia pacífica. Rebeca desaparece del testimonio bíblico después de esta última intervención familiar. Sin embargo, y por más controvertida que haya sido su actuación, debemos reconocer que su firmeza de determinación en las ocasiones críticas de la familia, hace posible la continuación del pacto.

Jacob

Abraham, Isaac y Jacob están entre los personajes más sobresalientes del Antiguo Testamento. Es bueno observar que su relevancia no se basa en su carácter, sino en el carácter de Dios. Fueron hombres que se ganaron el respeto a pesar de la envidia y hasta el temor de sus contemporáneos. Aunque eran ricos y poderosos, fueron egoístas, capaces de mentir y engañar. No fueron los héroes perfectos que podíamos haber esperado. Eran como nosotros: trataban de complacer a Dios, pero fallaban a menudo.

Jacob fue el tercer eslabón en el plan de Dios para comenzar una nación a partir de Abraham. El plan dio resultado más a pesar de Jacob que debido a Jacob. Antes de que naciera Jacob, Dios prometió que su plan se llevaría a cabo por medio de él y no de su hermano mellizo Esaú. Aun cuando los métodos de Jacob no fueron del todo respetables, debemos admirar su habilidad, determinación y paciencia. Cuando estudiamos su vida, desde su nacimiento hasta su muerte, podemos ver la obra de Dios en él.

La vida de Jacob tuvo cuatro etapas, cada una de ellas marcada por un encuentro personal con Dios. En la primera etapa, vivió conforme a su nombre: «el que toma por el calcañar, o el que suplanta» (en sentido figurado, «el que engaña»). Tomó por el calcañar a Esaú al nacer, y poco antes de huir de su casa agarró también la primogenitura y la bendición de su hermano. En su huida, Dios se le apareció por vez primera. No sólo le confirmó su bendición, sino que despertó en él un conocimiento personal de sí mismo. En la segunda etapa, Jacob experimentó la vida desde el lado opuesto, al ser víctima del engaño de Labán. Pero observamos aquí un cambio curioso: el Jacob de la primera etapa simplemente habría dejado a Labán; mientras que el Jacob de la segunda etapa, luego de haber tomado la decisión de partir, esperó seis años a que Dios le diera permiso. En la tercera etapa, Jacob volvió a asirse. Esta vez, junto al río Jordán, se asió de Dios y no lo dejaba ir. Se dio cuenta de que dependía del Dios que había continuado bendiciéndolo. Su relación con Dios se volvió esencial en su vida y Dios le dio un nuevo nombre: Israel, «el que lucha con Dios». En la última etapa de la vida de Jacob, Dios fue el que lo agarró: Dios tomó firmemente a Jacob. Cuando José lo invitó a trasladarse a Egipto, Jacob no dio un paso sin la aprobación del Señor.

¿Se le ha revelado Dios alguna vez? ¿Procura encontrarse con El al estudiar la Biblia? ¿Qué diferencia han hecho esas experiencias en su vida? ¿Es usted como el joven Jacob, que trata de obligar a Dios a seguirlo al desierto de sus propios planes y errores, o como el Jacob que sometió sus deseos y planes a Dios para aprobación antes de ejecutarlos?

Jacob fue el padre de las doce tribus de Israel, tercero en la línea abrahámica de los planes de Dios, determinado, dispuesto a trabajar por largo tiempo y arduamente para conseguir lo que quería, buen hombre de negocios, mas tuvo sus debilidades y cometió sus errores : Cuando se enfrentaba a un conflicto, confiaba en sus propios recursos y no pedía ayuda a Dios; Tendía a acumular riqueza para beneficio propio

De su vida aprendemos que: La seguridad no radica en la acumulación de bienes; Todas la intenciones y acciones humanas, para bien o para mal, Dios las entreteje en el curso de sus planes.

A Jacob lo vemos en Canaán, de ocupación pastor y ganadero.Hijo de Isaac y Rebeca. Hermano de Esaú. Yerno de Labán. Esposo de Raquel y Lea. Tuvo doce hijos y una hija nombrados en la Biblia

«He aquí, yo estoy contigo, y te guardaré por dondequiera que fueres, y volveré a traerte a esta tierra; porque no te dejaré hasta que haya hecho lo que te he dicho».

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