¡Rompe el ciclo! El acto de violación sexual es siempre horrible. Las consecuencias son dolorosas física y emocionalmente para los participantes, tanto para el agresor como para la persona agredida. En el caso de Siquem, el hijo de Hamor, y Dina, la hija de Jacob, los resultados tuvieron consecuencias multifamiliares y finalmente condujeron al asesinato.
Los patrones de disfunción en la conducta sexual, y los actos que ella produce se generan en ciclos. Por experiencia hemos aprendido: «La violencia engendra más violencia.»
Alguien tiene que romper el ciclo de violencia y comenzar el proceso de perdón, de recuperación y de curación dejando que Dios con su infinito amor sane totalmente las heridas que otros nos han causado o que nosotros hemos provocado a alguien.
Dos ideas importantes
1. Siquem aprendió muy tarde que, a pesar de sus buenos deseos de enmendar su falta hacia Dina por medio del matrimonio, las relaciones sexuales antes del matrimonio traen consecuencias dolorosas a las familias de ambos.
2. Los hermanos de Dina no buscaron a quien le debía una restitución por el daño hecho a su hermana, específicamente de Siquem, sino que emprendieron un asesinato en masa. El resultado fue que tuvieron que abandonar aquel lugar.
(3) Los hijos de Jacob destruyen a Siquem. Simeón y Leví, dos de los hermanos completos de Dina, junto con sus hombres aprovechan la vulnerabilidad de Siquem y atacan matando, destruyendo y confiscando los bienes materiales. Esta acción refleja la práctica de redención o venganza como responsabilidad del pariente más cercano (el redentor o go’el), institución bien establecida en la vida social y religiosa de Israel. Pero también detrás de la venganza se nota la codicia de obtener un botín de guerra. Una acción que en su inicio se podría considerar como un acto de justicia, se vuelve un acto vandálico y de vulgar robo. Esta desviación parece ser común en todos los seres humanos en todos los lugares y tiempos. Tantos cambios de gobiernos pacíficos y violentos en América Latina se hacen con el propósito de restaurar la justicia y el bienestar para todos, pero terminan en despojos que sólo benefician a los que gobiernan.
El peligro de asimilación desaparece, pero surge otro más grave: El de ser aniquilado por los pobladores locales quienes se sienten amenazados por Jacob y su familia. Jacob, quien no tuvo parte en esta acción, protesta a sus hijos y presenta el nuevo problema surgido. Y la solución a este peligro recae en él, quien con la riqueza de recursos debe enfrentar esta nueva situación en fidelidad al pacto.
