Cuando resultó imposible el trabajo en la sinagoga a causa de la sucia oposición de algunos; Pablo se mudó a la academia de un filósofo que se llamaba Tirano. Un manuscrito griego aporta un detalle que suena a testimonio presencial. Dice que Pablo daba conferencias en esa academia de 11 de la mañana a 4 de la tarde, y podemos suponer que sería porque a otras horas del día Tirano usaba sus locales. En las ciudades de Jonia se interrumpía el trabajo a las 11 de la mañana y no se continuaba hasta media tarde a causa del calor. Se dice que habría más gente durmiento en Éfeso a la 1 de la tarde que a la 1 de la noche. Lo que Pablo haría sería trabajar en su oficio las mismas horas que todo el mundo y predicar al mediodía. Esto nos presenta dos cosas: lo dispuesto que estaba Pablo a predicar, y lo interesados que estaban los oyentes. El único tiempo de que disponían era cuando todos los demás iban a comer y a dormir la siesta, y lo usaban responsablemente. Esto nos avergüenza de nuestras discusiones acerca de las horas inconvenientes para las reuniones de estudio bíblico y oración.
En este tiempo pasaban cosas maravillosas. Lo que hemos traducido como pañuelos se los ponían los trabajadores en la frente para que no les cayera el sudor; y los delantales eran como unas fajas con las que se ceñían los trabajadores y los esclavos. Es muy significativo que no se nos dice que Pablo hiciera milagros, sino que Dios los hacía por medio de Pablo. Dios, ha dicho alguien, siempre está buscando manos para usarlas. No podemos hacer milagros con nuestras manos, pero Dios sí.
La puntilla a la superstición
Algunos de los exorcistas judíos itinerantes se atrevieron a invocar el nombre del Señor Jesús para expulsar a los demonios, usándolo como una fórmula de encantamiento: -¡Os conjuramos por Jesús, el que predica Pablo! Había siete hijos de un tal Esceva, que era una de las familias sacerdotales importantes, que lo hacían; pero una vez, el espíritu malo les contestó: – ¡Sé quién es Jesús, y también sé de Pablo! Pero, ¿quiénes sois vosotros? Y el poseído se lanzó contra ellos, y los dominó y pudo más que ellos, hasta tal punto que tuvieron que salir huyendo de la casa desnudos y heridos.
Cuando supieron la cosa todos los judíos y los griegos que vivían en Éfeso se llenaron de miedo, y el nombre del Señor Jesús se tuvo por una cosa extraordinaria. Muchos de ellos aceptaron el Evangelio, y vinieron a confesar los errores que habían practicado y a revelar los secretos de sus encantamientos. Muchos de los que habían practicado la brujería trajeron sus libros y los quemaron públicamente. Cuando se calculó su precio, se dijo que llegaba a más de las cincuenta mil piezas de plata.
Así iba extendiéndose el Evangelio poderosamente y haciéndose maravillosamente eficaz. Este es un cuadro lleno de color local de la escena de Éfeso. En aquel tiempo todo el mundo creía que las enfermedades, sobre todo las mentales, las causaban espíritus malos que se introducían en el cuerpo. El exorcismo era una práctica reconocida.
Si el exorcista sabía el nombre de un espíritu más poderoso que el que había hecho su residencia en aquella pobre persona, se podía mandar al intruso que saliera en el nombre del más poderoso. Estás prácticas no han desaparecido del todo en este «siglo de las luces». La mente humana es sumamente misteriosa todavía, y hasta prácticas supersticiosas tienen a veces resultados por la misericordia de Dios.
Cuando algunos charlatanes trataron de usar el nombre de Jesús, empezaron a suceder cosas alarmantes. El resultado final fue que muchos de los farsantes, y hasta es posible que de los sinceramente equivocados, comprendieron su error. Nada muestra tan claramente la realidad del cambio como el hecho de que, en el Éfeso presa de la superstición, estuvieran dispuestos a quemar los libros y amuletos que les habían resultado tan rentables. Nos dan ejemplo con su rompimiento total aun de aquellas cosas con las que se ganaban la vida. No cabe duda de que muchos de nosotros odiamos nuestros pecados pero, o no podemos dejarlos, o lo hacemos con vacilaciones y nostalgia. Hay casos en los que-hace falta un corte radical.
