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Hechos 20: Hacia Jerusalén

En la Iglesia primitiva había dos actos íntimamente relacionados. Uno era lo que llamaban la Fiesta del Amor, en la que todos participaban, y que era una comida congregacional, probablemente la única comida decente que muchos pobres y esclavos harían en toda la semana. Los hermanos comían juntos en amor y armonía. El otro acto era la Cena del Señor, que se celebraba durante la Fiesta del Amor o a continuación. Es posible que hayamos perdido algo de gran valor al prescindir en muchas iglesias de la comida congregacional. Era una expresión excelente del ambiente familiar de la iglesia.

Todo esto sucedió por la noche, probablemente porque era el único tiempo en que podían estar presentes los esclavos y los trabajadores; y eso explica también el problema de Eutico. Estaba oscuro, y hacía calor bajo el bajo techo del piso de arriba. Las muchas lámparas, probablemente teas, formaban una atmósfera pesada. Eutico, sin duda, había estado trabajando todo el día antes de venir a la reunión, y estaba cansado. Se sentó en el alféizar de la ventana buscando el aire fresco; pero, claro, entonces las ventanas no tenían cristales ni rejas. El cansado Eutico, dominado por la atmósfera recargada, sucumbió al sueño y cayó al patio exterior. No tenemos por qué suponer que Pablo se hubiera enrollado más de la cuenta; probablemente había otros que tomaban parte, y se dialogaba. Cuando algunos de los presentes bajaron por la escalera exterior y se encontraron con que el chico no reaccionaba, no se podrían contener, y se pondrían a lamentar y llorar a la manera oriental. Pero Pablo les dijo que se controlaran, porque todavía estaba vivo. Lo que se nos dice que Pablo hizo al apretarle contra su propio cuerpo o echarse sobre él nos recuerda la escena del profeta Elías con el hijo de la viuda en 1 Reyes 17:21. Pablo no subiría inmediatamente con la mayoría, sino se quedaría para asegurarse de que Eutico se había recuperado totalmente de la caída.

Hay una afmósfera muy simpática en este sencillo cuadro. Nos da la impresión de una reunión de familia, más que de un culto de ahora en la iglesia. Es posible que los cultos hayan ganado en solemnidad; pero, ¿no habrá sido a costa de perder la atmósfera de familia?

Las etapas del camino

Los del equipo de Pablo nos adelantamos y zarpamos para Aso, donde tenía que embarcarse Pablo con nosotros. Ese era su plan porque quería ir hasta allí por tierra. Cuando se reunió con nosotros en Aso, le recibimos a bordo y seguimos para Mitilene. Al día siguiente nos encontrábamos frente a Quíos; al otro día fuimos costeando frente a Samos, y al otro desembarcamos en Mileto, porque Pablo había decidido pasar de largo Éfeso para no entretenerse en Asia y llegar lo más pronto posible a Jerusalén, donde pensaba encontrarse para Pentecostés.

Como Lucas estaba con Pablo, podemos seguir el viaje casi de día a día y paso a paso. Aso estaba a 35 kilómetros de Tróade por tierra y a 50 por mar, porque había que rodear el cabo Lectum arrostrando los fuertes vientos dominantes del Nordeste.

Pablo tenía tiempo de sobra para hacer el viaje a pie y que le recogieran en Aso. Tal vez quería estar solo para templar su espíritu para los días por delante. Mitilene estaba en la isla de Lesbos, Quío en Samos y Mileto a 40 kilómetros al Sur de Éfeso en la desembocadura del río Meandro.

Ya hemos visto que Pablo hubiera querido estar en Jerusalén para la Pascua y que fue la conspiración de los judíos lo que se lo impidió. Pentecostés era siete semanas después, y Pablo quería llegar para esa gran fiesta. Aunque Pablo no estaba sujeto a la Ley de Israel, probablemente las fiestas ancestrales le eran muy queridas, como posiblemente a los cristianos judíos. Pablo era el apóstol de los gentiles, y los judíos le odiaban; pero en su corazón no había nada más que amor hacia ellos.

Muchas iglesias siguen recordando y celebrando estas fiestas, pero no ya por su sentido del Antiguo Testamento, sino por su cumplimiento en el Nuevo: la redención del Pueblo de Dios de la cautividad del pecado mediante la Pasión y Resurrección del Cordero de Dios que vino a llevar el pecado del mundo, y la promulgación del Nuevo Pacto con la venida del Espíritu Santo y el nacimiento de la Iglesia Cristiana.

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