Isaías 44:26 Yo soy el que confirmo la palabra de su siervo, y cumplo el propósito de sus mensajeros; el que dice de Jerusalén: «Será habitada»; y de las ciudades de Judá: «Serán reedificadas, y sus ruinas levantaré»;
Los adivinos eran personas que decían recibir mensajes de los Dioses. Los agoreros eran los que inventaban augurios para su beneficio. Porque Dios es verdadero, El mismo es la norma de toda enseñanza, por lo tanto, podemos confiar en su Palabra como verdad absoluta. Su Palabra es totalmente precIsaías y podemos usarla como parámetro. Si no está seguro de alguna enseñanza, cotéjela con la Palabra de Dios. Dios condenó a los falsos profetas porque daban consejos contrarios al suyo.
Isaías 44:27 el que dice a la profundidad del mar: «Sécate»; y yo secaré tus ríos.
Isaías 44:28 El que dice de Ciro: «El es mi pastor, y él cumplirá todos mis deseos», y dice de Jerusalén: «Será reedificada», y al templo: «Serás fundado.»
Isaías, quien vivió aproximadamente del 740-681 a.C., ¡llamó a Ciro por su nombre casi ciento cincuenta años antes de que gobernara (559-530 a.C.)! Historiadores posteriores dijeron que Ciro leyó esta profecía y se conmovió tanto que la llevó a cabo. Además, más de cien años antes de que sucediera, Isaías predijo la caída de Jerusalén (586 a.C.) y la reconstrucción del templo la profetizó aproximadamente doscientos años antes de que ocurriera. Es claro que estas profecías vinieron de un Dios que conoce el futuro.
Jehová justifica y redime a Israel
Todas las maravillas mencionadas en la sección anterior, sobre todo en los versículos 16-21, Dios va a hacerlas para Israel no como una retribución a sus méritos o sus buenas obras, sino sólo por amor de sí mismo: Yo soy, yo soy el que borro tus rebeliones por amor de mí….
La justificación de Israel, es decir, la anulación de su culpa, es el primer paso hacia su redención. El primer padre de la nación, aquel que ha legado su nombre al pueblo, pecó. Esto alude a Jacob, a quien ahora Dios llama con un nuevo nombre, que expresa su justificación: Jesurún, que significa rectitud, en clara contraposición al nombre de Jacob. Aunque Jacob reveló tener un carácter desaprobado desde el vientre, es un hecho histórico que Jehová lo transformó en un hombre nuevo. Lo mismo sucederá con el pueblo del cual Jacob es el padre.
La redención de Israel coincide con el derramamiento del Espíritu divino sobre los descendientes de Jacob, expresado en la analogía del derramamiento de aguas sobre el suelo sediento y torrentes sobre la tierra seca. Algunos comentaristas ven en las palabras Este, ése y aquel del versículo 5 una alusión a la conversión de individuos de entre las naciones gentílicas al judaísmo, factor que forma parte de la concepción del Israel redimido que es propia de la segunda parte de Isaías.
Estas profecías acerca del carácter profético de Israel, es decir, oráculos divinos que describen de antemano lo que uno de entre los pueblos del mundo va a ser, es la maravilla más grande que puede constatar el profeta, quien llama a Jehová Rey de Israel y su Redentor. Jehová mismo conmina a cualquier persona, sea hombre o sea Dios, a que hable si es capaz de declarar y relatar las cosas que han sucedido desde el comienzo de la historia humana, junto con las cosas que han de venir. Nadie más que Jehová puede hacer esto, pues como él dice: Yo soy el primero y yo soy el último, y fuera de mí no hay Dios. De todas estas cosas Israel es testigo.
