Estas profecías acerca del carácter profético de Israel, es decir, oráculos divinos que describen de antemano lo que uno de entre los pueblos del mundo va a ser, es la maravilla más grande que puede constatar el profeta, quien llama a Jehová Rey de Israel y su Redentor. Jehová mismo conmina a cualquier persona, sea hombre o sea Dios, a que hable si es capaz de declarar y relatar las cosas que han sucedido desde el comienzo de la historia humana, junto con las cosas que han de venir. Nadie más que Jehová puede hacer esto, pues como él dice: Yo soy el primero y yo soy el último, y fuera de mí no hay Dios. De todas estas cosas Israel es testigo.
A 44:8 sigue un largo paréntesis. Y tras este paréntesis aparece la continuación directa del versículo 8 en los versículos 21 y 22 que contienen un tierno llamado divino a su pueblo Israel, para que se acuerde de estas cosas y para que no se olvide de su Dios quien ha borrado sus rebeliones. Al final del versículo 22 dice el Señor: Vuelve a mí, porque yo te he redimido.“
Como en 42:10-13, también ahora el profeta prorrumpe en un cántico de alabanza a Jehová. Los cielos y las profundidades de la tierra son convocados a cantar loores porque Jehová ha redimido a Jacob y será glorificado en Israel. De esta manera el profeta expresa su asentimiento con respecto a los designios de Dios.
En cuanto a la sección parentética, hay comentaristas que la consideran una adición posterior al texto original, y realmente interrumpe la secuencia del pensamiento que pasa de manera fluida del versículo 8 al versículo 21. Estando donde está, cabe preguntarnos: ¿Por qué el autor o el editor ha juzgado conveniente incluirla? Nuestra opinión es que en estos versículos el profeta explaya lo que expresó en la segunda parte del versículo 8 y que puede ser traducido así: ¿Hay Dios aparte de mí, o alguna otra Roca que yo no conozca?. En este versículo, la palabra Roca es sinónimo de Dios y describe el carácter firme y permanente de la protección que Dios brinda a su pueblo. De este hecho, dice el mismo versículo, los hijos de Israel son sus testigos. Por otro lado, los testigos de los ídolos y Dioses vanos, ellos mismos no ven ni conocen, para su propia vergüenza la vanidad y la inutilidad de los ídolos. Observe lo ridículo de la invocación del ídolo en la última parte del versículo 17. Aquí es donde el autor empieza a explayarse sobre el tema de la vanidad de la idolatría, y aunque la nota tiene carácter parentético tiene señales de ser original.
Ciro es movido a restaurar Jerusalén
En esta sección las alusiones a Ciro que el profeta ha expresado en las secciones anteriores llegan a su cenit, cuando de manera abierta y explícita menciona el nombre de Ciro. La profecía y promesa de redención y el éxodo de los cautivos de Babilonia se despoja de sus figuras poéticas (comp. 43:19, 20) para convertirse en un anuncio de acontecimientos a punto de convertirse en realidad histórica. Concretamente, Jerusalén volvería a ser habitada y las ciudades de Judá reedificadas, pues Ciro cumpliría todo el deseo de Jehová al decretar la repoblación de Jerusalén y la reconstrucción del templo.
Es verdad que esto ocurriría, y ocurrió, a partir del decreto de Ciro, pero detrás del decreto de Ciro estaba el decreto de Jehová Dios de Israel. En el versículo 24 dice el Señor: Yo, Jehová, hago todas las cosas… Y en los versículos 24-28 sigue enumerando los atributos y los hechos poderosos de Dios que corroboran su carácter de soberano en la historia de los pueblos.
