Job 38:34 »¿Puedes alzar tu voz a las nubes para que te cubra gran cantidad de agua?
Job 38:35 ¿Envías tú los relámpagos, para que ellos vayan, o para que te digan: “Aquí estamos”?
Dios dijo que tenía todas las fuerzas de la naturaleza bajo su mando y que podía desatarlas o reprimirlas a voluntad. Nadie puede comprender completamente hechos tan comunes como la lluvia o la nieve, y nadie puede mandarlas. Sólo Dios, quien las creó, tiene ese poder. El punto de Dios era que si Job no podía explicar esos hechos tan comunes de la naturaleza, ¿cómo podría explicar o cuestionar a Dios? Y si la naturaleza está más allá de lo que podemos entender, los propósitos morales de Dios tampoco son lo que nos imaginamos.
Job 38:36 ¿Quién puso la sabiduría en el corazón? ¿Quién dio inteligencia al espíritu?
Job 38:37 ¿Quién cuenta con sabiduría lo que hay en los cielos? Y los odres de los cielos, ¿quién hace que se inclinen,
Job 38:38 cuando el polvo se ha endurecido y los terrones se han pegado unos con otros?
Job 38:39 »¿Cazarás tú la presa para el león? ¿Saciarás el hambre de sus cachorros,
Job 38:40 cuando están echados en sus guaridas o se ponen al acecho en la espesura?
Job 38:41 ¿Quién le prepara al cuervo su alimento, cuando sus polluelos claman a Dios y andan errantes por falta de comida?
La justicia de Dios
Punto de vista equivocado : La Ley está por encima de Dios
Hay una ley de justicia o equidad que es más alta y más absoluta que Dios. Es obligatoria hasta para Dios. El debe actuar en respuesta a esa ley para poder ser justo. Nuestra respuesta debe ser apelar a esa ley.
Punto de vista correcto:
Dios mismo es el estándar de justicia. El usa su poder según su propia perfección moral. Así, lo que sea que El haga es justo, aun cuando no lo entendamos. Nuestra respuesta debe ser apelar a El directamente.
Fenómenos de la tierra y del cielo.
Aquí el mundo es retratado como un edificio con cimientos y una piedra angular, construido según un plano extendiendo sobre ella un cordel al acompañamiento de la música de las estrellas del alba y los ángeles.
El mar es retratado como naciendo del vientre de su madre y vestido de nubes por Dios. Pero es también una potencia amenazante que debe ser mantenida en su lugar, encerrada con cerrojos y puertas.
