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Joel 2: El día de Jehová

El ataque de los insectos se describe como el de un ejército a caballo (versículo 4); nada los detiene, nada se escapa de su poder destructor (versículo 5). Con crepitar de llama de fuego que consume la hojarasca describe la acción devoradora de los miles de miles de insectos que atacan las plantaciones; un sonido estrepitoso. Su formación se parece a la de un pueblo fuerte listo para la batalla; son invencibles (versículos 7-9). Su movimiento hace parecer que la tierra tiembla, y cuando alzan el vuelo se estremecen los cielos, oscureciéndose todo el ambiente (versículo 10). ¡El cuadro realmente es impresionante y hasta escalofriante!

La nota del juicio divino por medio de la plaga de langostas se cierra estableciendo un hecho muy importante: ¡Es Dios quien ha enviado todo esto! (versículo 11). Su ejército se refiere a los insectos que han ejecutado su palabra, su juicio, lo cual habla de su envolvimiento directo en el uso de las fuerzas naturales para ejecutar su voluntad. Un juicio de esta índole es inevitable o insoportable: ¿Quién lo podrá resistir? Dios en su soberanía ha permitido que suceda todo esto.

Un llamado al arrepentimiento

Por medio de su profeta, Dios transmite un llamado directo para que la nación se arrepienta. Esta es la condición básica o principal para que Dios acuda en su ayuda. Todo lo anterior ha mostrado que es Dios quien ha enviado este castigo o juicio; él es el único que puede aliviarlo también. Joel por su parte parece ofrecer la “fórmula” divina que el pueblo habría de poner en práctica para asegurar el perdón de Dios, su ayuda y restauración.

Pero aun ahora sugiere que a pesar de la situación, o el porqué del juicio sufrido, Dios brinda una oportunidad más a su pueblo. Volveos a mí encierra la idea de arrepentimiento, de obediencia, de cumplir la parte del pacto que les corresponde. Pero deben hacerlo con todo… corazón, o sinceramente. Los elementos rituales solo son muestras externas de este arrepentimiento, aunque deben estar presentes: ayuno, llanto y lamento. Pero Dios no quiere expresiones mecánicas o superficiales. Jehová demanda un arrepentimiento genuino, sincero, de corazón; un arrepentimiento espiritual (versículo 13). Los judíos expresaban su dolor rompiendo sus vestidos, pero Dios demanda un “corazón contrito y humillado”. Joel estimula esta acción repitiendo lo que el pueblo sabía y había comprobado a través de los siglos: Jehová, vuestro Dios… es clemente y compasivo, lento para la ira, grande en misericordia. Desiste del castigo habla de que Dios puede detener el castigo o decidir no ejecutarlo. En este caso parece sugerir la posibilidad de que Dios restaure todo lo perdido a causa del juicio enviado: deja tras sí bendición. La restauración incluye las provisiones necesarias para llevar a cabo los rituales en el templo, lo cual es una marcada señal de que el compañerismo con Dios es restaurado.

Dado que la crisis es nacional, el lamento también debe ser comunitario (versículos 15-17). Tocar la trompeta, pregonar ayuno, convocar asamblea, todos son elementos de un lamento nacional. La seriedad de la situación llama a tomar medidas un tanto drásticas, si se quiere, pero necesarias. Todos han de santificarse; es decir, purificarse ritualmente. Grandes y pequeños deben participar de estos actos. Los motivos de alegría deben cancelarse por el momento; es tiempo de mostrar contrición delante de Dios (versículo 16). Los sacerdotes deben actuar como líderes en este lamento público; ellos tienen el deber de interceder por la nación y suplicar la misericordia divina. Pero deben ser participantes activos, con lloro y oración (versículo 17). Entre el vestíbulo y el altar (otras versiones traducen “pórtico” o “entrada”) parece haber sido el sitio tradicional de oración de los sacerdotes. Tu heredad alude al pueblo judío. Afrenta en este caso es vergüenza, o el estado vulnerable ante el posible dominio que otros pudieran ejercer sobre la nación debido a su debilidad. ¿Dónde está su Dios? sugiere mofa o burla. Las naciones paganas pondrían en tela de duda la existencia, grandeza o poder de Dios a causa de la debilidad del pueblo. Por otro lado, es bueno observar que esta es una fórmula que los profetas usaron muchas veces para interceder a favor del pueblo. ¡La reputación de Jehová estaba en juego!.

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