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Josué 11: Campaña del Norte

No es fácil comprender cómo se lleva a cabo el cumplimiento de estas promesas, porque lo más importante no es comprenderlo para creerlo sino creerlo para comprenderlo. El objetivo del autor del libro de Josué (“el maestro”; ver Introducción) era alimentar la fe de los israelitas antes que confundirlos acerca del cómo se llevaron a cabo las tomas de estas tierras y para ello se presuponía que había fe en Israel.

Los relatos históricos fortalecían la esperanza y la confianza en que Dios actuaría de la misma forma en el “hoy” (yom;) de los primeros lectores, pero que al mismo tiempo esperaba una respuesta igualmente obediente de ellos como lo hizo Josué.

Una expresión muy significativa aparece. Dice: “Así tomó Josué toda esta tierra”. Da la nota predominante del proceso que está viviendo el pueblo, pues el éxito del líder es una demostración que Jehová está con ellos.

El pasaje ofrece una visión panorámica de las tierras poseídas, divididas en varias zonas geográficas: las colinas, la tierra de Gosén (es decir la tierra pastoril de Gabaón), el valle, las llanuras y las montañas de Israel (o sea el Carmelo). La descripción destaca la variedad geográfica como característica de la región. En síntesis se muestra que toda oposición ha sido derrotada y que la posesión de Canaán es una realidad que abarca un buen número de ciudades. Se destaca especialmente la derrota de los anaquitas, pues ellos fueron visitados por los espías que regresaron con informes desalentadores a Moisés.

Es una reflexión teológica sobre el porqué los pueblos fueron derrotados. En ella se afirma de manera muy natural la soberanía de Dios sobre la historia y cómo él usa las actitudes de los hombres para llevar a cabo sus planes. El texto va más allá para decir que Jehová mismo es la causa de esas actitudes.

En la actualidad, algunos estarían muy contentos con especular acerca de cómo Dios provoca en los seres humanos resistencia a sus planes para de esta manera cumplirlos finalmente sin tener en cuenta su voluntad. Sin embargo, y a pesar del menosprecio que muchos comentaristas hacen del texto, es importante señalar que la manera como el autor del texto bíblico entiende la acción de Dios no debe dar espacio para explicaciones fáciles que están siempre enmarcadas dentro de una lógica muy humana y racional. No obstante, puede decirse que como el propósito de Dios era entregar en manos de los hebreos a estos reyes y ciudades, su endurecimiento de corazón fue una preparación para su propia destrucción.

La sección finaliza diciendo: “Y la tierra reposó de la guerra”. El sentido es que no habría necesidad de más acciones bélicas. Sin embargo, la historia posterior demuestra que faltaba aun mucho tiempo para alcanzar la meta propuesta por Jehová a su pueblo y que aun poco antes de morir Josué todavía quedaba mucha tierra por poseer. Esto encuentra consonancia con el libro de los Jueces que muestra a las tribus individualmente tomando posesión de las tierras.

La tierra conquistada

El capítulo es un resumen de la primera mitad del libro de Josué. Da una lista de los reyes y naciones conquistados por Josué al este y al oeste del Jordán. Mientras el pueblo confiara en Dios y le obedeciera, caería derrotada una nación malvada tras otra.

Josué demostró una estrategia militar brillante en la manera en que llevó a cabo la conquista de la tierra de Canaán. Primero capturó la ciudad bien fortificada de Jericó para establecer una posición firme en Canaán y demostrar el poder imponente del Dios de Israel. Entonces conquistó tierra en las montañas alrededor de Bet-el y Gabaón. De allí sometió a los pueblos que ocupaban los valles. Entonces su ejército conquistó ciudades importantes en el norte, como Hazor. En fin, Israel conquistó tierras tanto al este como al oeste del Jordán; desde el monte Hermón al norte hasta más allá del Neguev, al monte de Halac en el sur. Derrotaron treinta y un reyes y sus ciudades. Los israelitas habían dominado a los heteos, amorreos, cananeos, ferezeos, heveos y jebuseos. Todavía quedaban por conquistar otros pueblos de Canaán. Inexplicablemente, detuvo su avance al Sur y no tomó Jerusalén, cosa que resultó muy costosa para el futuro reino de Israel y Judá.

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