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Josué 10: Batalla en Gabaón

Jos 10:1 Cuando Adonisedec rey de Jerusalén oyó que Josué había tomado a Hai, y que la había asolado (como había hecho a Jericó y a su rey, así hizo a Hai y a su rey), y que los moradores de Gabaón habían hecho paz con los israelitas, y que estaban entre ellos,

Jos 10:2 tuvo gran temor; porque Gabaón era una gran ciudad, como una de las ciudades reales, y mayor que Hai, y todos sus hombres eran fuertes.

Con la caída de Jericó y de Hai , así como con la derrota de Gabaón y sus ciudades confederadas, los israelitas estaban tendiendo un puente entre el norte y el sur. Poco a poco se hacían dueños de la tierra.

Jos 10:3 Por lo cual Adonisedec rey de Jerusalén envió a Hoham rey de Hebrón, a Piream rey de Jarmut, a Jafía rey de Laquis y a Debir rey de Eglón, diciendo:

Jos 10:4 Subid a mí y ayudadme, y combatamos a Gabaón; porque ha hecho paz con Josué y con los hijos de Israel.

Jos 10:5 Y cinco reyes de los amorreos, el rey de Jerusalén, el rey de Hebrón, el rey de Jarmut, el rey de Laquis y el rey de Eglón, se juntaron y subieron, ellos con todos sus ejércitos, y acamparon cerca de Gabaón, y pelearon contra ella.

Gabaón se había rendido a Josué en lugar de pelear. Su deserción enfureció al rey de Jerusalén , quien formó una confederación con cuatro de los reyes vecinos para atacar a Gabaón. Este fue el primer intento serio de Canaán por resistir.

Jos 10:6 Entonces los moradores de Gabaón enviaron a decir a Josué al campamento en Gilgal: No niegues ayuda a tus siervos; sube prontamente a nosotros para defendernos y ayudarnos; porque todos los reyes de los amorreos que habitan en las montañas se han unido contra nosotros.

Jos 10:7 Y subió Josué de Gilgal, él y todo el pueblo de guerra con él, y todos los hombres valientes.

La respuesta de Josué pone de manifiesto su integridad. Después de haber sido engañado por los gabaonitas, Josué y los líderes podrían haber sido lentos en su intento de rescatarlos. En su lugar, respondieron inmediatamente a su pedido de ayuda. ¿Cuán deseoso estaría usted de ayudar a alguien que lo hubiera engañado, aun cuando ya lo hubiese perdonado? Deberíamos tomar nuestra palabra con la misma seriedad que Josué.

Jos 10:8 Y Jehová dijo a Josué: No tengas temor de ellos; porque yo los he entregado en tu mano, y ninguno de ellos prevalecerá delante de ti.

Esta coalición de reyes enemigos del sur en realidad ayudó a Josué y a su ejército. Ya que los enemigos estaban unidos y atacando a Gabaón, Josué no tenía que gastar el tiempo y los recursos requeridos para llevar a cabo campañas individuales en contra de cada ciudad fortificada representada en aquella coalición. Josué enfrentó a esta coalición de ejércitos con confianza y la derrotó en una sola batalla porque confiaba en que Dios le daría la victoria a Israel.

Jos 10:9 Y Josué vino a ellos de repente, habiendo subido toda la noche desde Gilgal.

Jos 10:10 Y Jehová los llenó de consternación delante de Israel, y los hirió con gran mortandad en Gabaón; y los siguió por el camino que sube a Bet-horón, y los hirió hasta Azeca y Maceda.

Jos 10:11 Y mientras iban huyendo de los israelitas, a la bajada de Bet-horón, Jehová arrojó desde el cielo grandes piedras sobre ellos hasta Azeca, y murieron; y fueron más los que murieron por las piedras del granizo, que los que los hijos de Israel mataron a espada.

Los cuatro verbos utilizados en v. 10 indican que Jehová era el sujeto de aquellas acciones, quien conquistaba por medios sobrenaturales la victoria decisiva. Bet – horón era un pueblo ubicado a 6 km al noroeste de Gabaón , en el camino que llevaba a Azeca y a la costa. Se trataba de una región montañosa y consistía de dos localidades, una de ellas situada 250 m más alto que la otra. La bajada era el lugar que se hallaba a menor altura.

Jos 10:12 Entonces Josué habló a Jehová el día en que Jehová entregó al amorreo delante de los hijos de Israel, y dijo en presencia de los israelitas: Sol, detente en Gabaón; Y tú, luna, en el valle de Ajalón.

Jos 10:13 Y el sol se detuvo y la luna se paró, Hasta que la gente se hubo vengado de sus enemigos.

¿No está escrito esto en el libro de Jaser? Y el sol se paró en medio del cielo, y no se apresuró a ponerse casi un día entero

Este gran milagro es claramente un fruto del gran poder de Dios y una respuesta a la oración de Josué, quien habla directamente al sol y la luna , los cuales obedecieron (por su puesto, al mandato de Dios); la prolongación del día permite a Israel vengarse de sus enemigos . Si excluimos lo sobrenatural en este relato, sólo nos resta especular desde el punto de vista de la racionalidad humana. El libro de Jaser era un antiguo texto clásico de poesía sobre los héroes y hazañas de Israel.

El libro de Jaser posiblemente haya sido una colección de sucesos históricos musicalizados. Muchas partes de la Biblia contienen citas de libros anteriores, canciones, poemas u otros materiales orales y escritos. Debido a que Dios dirigió al escritor de este libro a escoger este material, su mensaje llega con autoridad divina.

Jos 10:14 Y no hubo día como aquel, ni antes ni después de él, habiendo atendido Jehová a la voz de un hombre; porque Jehová peleaba por Israel.

Josué y sus guerreros se paran en la brecha

La oración. Fortalecidos por la certeza divina de que saldrían victoriosos, pero sabiendo que debían pelear para poseer esa promesa, los guerreros seleccionados por Josué respondieron a la petición de ayuda de Gabaón. Esto ilustra un síndrome clásico de la vida espiritual. Tan pronto como conquistaron a Jericó y Hai, cinco reyes amorreos atacaron a Gabaón para castigarla y bloquear el avance israelita. (De manera similar, Satanás forja armas para luchar contra los que salen a conquistar por Cristo.) La batalla fue larga y feroz. Temeroso de que el sol se pusiera antes de la aniquilación del enemigo, la oración de fe de Josué apeló a la omnipotencia de Dios: el sol y la luna, deidades amorreas, se detuvieron a su orden, no sólo facilitando la victoria de Israel, sino demostrando la ineficacia de los dioses demoníacos de sus oponentes. Josué y sus guerreros se pararon en la brecha, contendiendo por los propósitos eternos de Dios y demostrando el triunfo que tal fe y tenacidad pueden realizar en la guerra espiritual.

¿Cómo se detuvo el sol? Por supuesto, en relación con la tierra, el sol siempre está en un solo lugar, es la tierra la que gira alrededor del sol. Pero la terminología usada en Josué no debe hacernos dudar del milagro. Después de todo, no nos confunde cuando alguien nos dice que el sol sale o se pone. Lo importante es que el día fue prolongado, no que Dios haya usado un método determinado para hacerlo. Se han dado dos explicaciones de la manera en que ocurrió este evento:

(1) Una disminución de velocidad de la rotación normal de la tierra le dio a Josué más tiempo, según parece indicar el lenguaje hebreo original.

(2) Una refracción poco común de los rayos del sol dio horas adicionales de luz. Sea cual haya sido el método que escogió Dios, la Biblia dice claramente que el día se prolongó gracias a un milagro, y que la intervención de Dios cambió la suerte de la batalla a favor de su pueblo.

Jos 10:15 Y Josué, y todo Israel con él, volvió al campamento en Gilgal.

Jos 10:16 Y los cinco reyes huyeron, y se escondieron en una cueva en Maceda.

Jos 10:17 Y fue dado aviso a Josué que los cinco reyes habían sido hallados escondidos en una cueva en Maceda.

Jos 10:18 Entonces Josué dijo: Rodad grandes piedras a la entrada de la cueva, y poned hombres junto a ella para que los guarden;

Jos 10:19 y vosotros no os detengáis, sino seguid a vuestros enemigos, y heridles la retaguardia, sin dejarles entrar en sus ciudades; porque Jehová vuestro Dios los ha entregado en vuestra mano.

Jos 10:20 Y aconteció que cuando Josué y los hijos de Israel acabaron de herirlos con gran mortandad hasta destruirlos, los que quedaron de ellos se metieron en las ciudades fortificadas.

Jos 10:21 Todo el pueblo volvió sano y salvo a Josué, al campamento en Maceda; no hubo quien moviese su lengua contra ninguno de los hijos de Israel.

Jos 10:22 Entonces dijo Josué: Abrid la entrada de la cueva, y sacad de ella a esos cinco reyes.

Jos 10:23 Y lo hicieron así, y sacaron de la cueva a aquellos cinco reyes: al rey de Jerusalén, al rey de Hebrón, al rey de Jarmut, al rey de Laquis y al rey de Eglón.

Jos 10:24 Y cuando los hubieron llevado a Josué, llamó Josué a todos los varones de Israel, y dijo a los principales de la gente de guerra que habían venido con él: Acercaos, y poned vuestros pies sobre los cuellos de estos reyes. Y ellos se acercaron y pusieron sus pies sobre los cuellos de ellos.

Poned vuestros pies sobre los cuellos : Referencia a una antigua costumbre que hacía a los reyes victoriosos poner sus pies sobre el cuello del enemigo derrotado. Esto ilustra la promesa divina de «hasta que ponga a tus enemigos por estrado de tus pies»

El poner el pie sobre el cuello del cautivo era una costumbre militar común en el antiguo Cercano Oriente. Simbolizaba el dominio del victorioso sobre sus cautivos. Estos reyes soberbios habían fanfarroneado acerca de su poder. Ahora todo Israel podía ver que Dios era superior a cualquier ejército terrenal.

Jos 10:25 Y Josué les dijo: No temáis, ni os atemoricéis; sed fuertes y valientes, porque así hará Jehová a todos vuestros enemigos contra los cuales peleáis.

Con la ayuda de Dios, Israel ganó la batalla contra cinco ejércitos amorreos. Tal triunfo era parte de la rutina diaria de Dios al trabajar con su pueblo para ganar la victoria. Josué dijo a sus hombres que nunca tuvieran miedo, porque Dios les daría victorias similares sobre todos sus enemigos. Dios nos ha protegido muchas veces y ha ganado victorias para nosotros. El mismo Dios que le dio poder a Josué y que nos ha guiado en el pasado nos ayudará con nuestras necesidades presentes y futuras. Acordarnos de su ayuda en el pasado nos dará esperanza para las luchas que nos esperan.

Jos 10:26 Y después de esto Josué los hirió y los mató, y los hizo colgar en cinco maderos; y quedaron colgados en los maderos hasta caer la noche.

Jos 10:27 Y cuando el sol se iba a poner, mandó Josué que los quitasen de los maderos, y los echasen en la cueva donde se habían escondido; y pusieron grandes piedras a la entrada de la cueva, las cuales permanecen hasta hoy.

Estos versículos añaden detalles a la descripción de la batalla de vv. 10 y 11, y representan la victoria de Cristo sobre los poderes de las tinieblas. Israel domina ahora la estratégica región central.

Jos 10:28 En aquel mismo día tomó Josué a Maceda, y la hirió a filo de espada, y mató a su rey; por completo los destruyó, con todo lo que en ella tenía vida, sin dejar nada; e hizo al rey de Maceda como había hecho al rey de Jericó.

Jos 10:29 Y de Maceda pasó Josué, y todo Israel con él, a Libna; y peleó contra Libna;

Jos 10:30 y Jehová la entregó también a ella y a su rey en manos de Israel; y la hirió a filo de espada, con todo lo que en ella tenía vida, sin dejar nada; e hizo a su rey de la manera como había hecho al rey de Jericó.

Jos 10:31 Y Josué, y todo Israel con él, pasó de Libna a Laquis, y acampó cerca de ella, y la combatió;

Jos 10:32 y Jehová entregó a Laquis en mano de Israel, y la tomó al día siguiente, y la hirió a filo de espada, con todo lo que en ella tenía vida, así como había hecho en Libna.

Note que en cada victoria israelita, el texto le da el mérito a Dios. Todas las victorias israelitas venían del Señor. Cuando tenemos éxito somos tentados a apropiarnos del mérito y la gloria, como si lo hubiéramos logrado por nuestra propia cuenta, en nuestras propias fuerzas. En realidad, Dios nos da las victorias, y sólo El nos libra de nuestros enemigos. Deberíamos darle el mérito a El y alabarle por su bondad.

Jos 10:33 Entonces Horam rey de Gezer subió en ayuda de Laquis; mas a él y a su pueblo destruyó Josué, hasta no dejar a ninguno de ellos.

Jos 10:34 De Laquis pasó Josué, y todo Israel con él, a Eglón; y acamparon cerca de ella, y la combatieron;

Jos 10:35 y la tomaron el mismo día, y la hirieron a filo de espada; y aquel día mató a todo lo que en ella tenía vida, como había hecho en Laquis.

Jos 10:36 Subió luego Josué, y todo Israel con él, de Eglón a Hebrón, y la combatieron.

Jos 10:37 Y tomándola, la hirieron a filo de espada, a su rey y a todas sus ciudades, con todo lo que en ella tenía vida, sin dejar nada; como había hecho a Eglón, así la destruyeron con todo lo que en ella tenía vida.

Jos 10:38 Después volvió Josué, y todo Israel con él, sobre Debir, y combatió contra ella;

Jos 10:39 y la tomó, y a su rey, y a todas sus ciudades; y las hirieron a filo de espada, y destruyeron todo lo que allí dentro tenía vida, sin dejar nada; como había hecho a Hebrón, y como había hecho a Libna y a su rey, así hizo a Debir y a su rey.

Jos 10:40 Hirió, pues, Josué toda la región de las montañas, del Neguev, de los llanos y de las laderas, y a todos sus reyes, sin dejar nada; todo lo que tenía vida lo mató, como Jehová Dios de Israel se lo había mandado.

Jos 10:41 Y los hirió Josué desde Cades-barnea hasta Gaza, y toda la tierra de Gosén hasta Gabaón.

Jos 10:42 Todos estos reyes y sus tierras los tomó Josué de una vez; porque Jehová el Dios de Israel peleaba por Israel.

Jos 10:43 Y volvió Josué, y todo Israel con él, al campamento en Gilgal.

La campaña meridional de Josué fue fulminante y victoriosa. Se conquistaron otras siete ciudades, pero el territorio no fue ocupado por Israel. Las ciudades se poblaron otra vez y se hizo necesario combatir tiempo más tarde para someterlas de nuevo

Dios había mandado a Josué que eliminara el pecado de la tierra para que el pueblo de Dios pudiera ocuparla. Josué llevó a cabo este trabajo a la perfección, guiando al ejército unido para debilitar a los habitantes. Cuando Dios nos ordena eliminar el pecado de nuestras vidas, no debemos detenernos para discutir, considerar opciones, negociar un arreglo, ni racionalizar. Más bien, como Josué, nuestra respuesta debe ser pronta y completa. Debemos ser firmes en evitar relaciones y actividades que nos pueden conducir al pecado.

Batalla en Gabaón

La alianza con Gabaón permitió establecer una cuña muy pronunciada en el camino hacia el sur.

La razón de la confederación antiisraelita

Esta confederación es una respuesta a la amenazante presencia de los israelitas, ahora en alianza con los gabaonitas. Gabaón era una de las ciudades más importantes de esta zona, en términos militares, y por eso los otros reyes se sintieron seriamente amenazados. El objetivo de la confederación de estos cinco reyes era castigar al rey de Gabaón por su traición y como medida para contrarrestar el avance de los israelitas. Quien promovió esta unión fue el rey de Jerusalén, Adonisedec (significa “señor de justicia”). Jerusalén se encontraba a sólo 9 km. y medio de Gabaón y era una ciudad preeminente del sur.

Este sería uno de los fortines que más tarde los israelitas alcanzarían con mayor gusto porque allí se establecería la capital del reino de Judá y se convertiría en el centro religioso de la nación.

Primera incursión con los nuevos aliados

Es probable que Josué viera esta unión de los reyes en su contra como un castigo de Jehová por su alianza con Gabaón. Sin embargo, Josué se preparó para el combate con todos los hombres de guerra partiendo desde Gilgal que era la sede del campamento.

La orden de Jehová es típica de las que había dado anteriormente para garantizar el éxito en la toma de Jericó y Hai. En esta ocasión la campaña hacia el sur estará garantizada de nuevo porque Dios mismo es quien entrega en las manos de Josué a los reyes confederados del Sur.

La acción redentora de Jehová

Esta acción redentora se manifiesta nuevamente como una combinación de acciones. Por una parte, están la disciplina y la organización del ejército de Israel, que es el ejército de Jehová. Los de este ejército marcharon casi toda la noche para aprovechar la oscuridad que los podría encubrir y de esta manera impactar a los enemigos con el factor sorpresa. Por otro lado, está la intervención milagrosa de Jehová que permitió que la huida de los confederados no surtiera efectos positivos y por el contrario, dicha intervención facilitó la entrega en manos de Josué y de su ejército.

Dos hechos merecen destacarse en esta nueva intervención milagrosa: Uno, la granizada que causó más muertos que los que provocó el uso de la espada. Las tormentas de granizo en oriente son espantosas, pues el granizo es tan grande como las nueces y algunas veces como los puños. Su gran tamaño y la violencia con que caen los pedazos los hacen muy dañinos para los seres humanos. El hecho milagroso radica en que dicha granizada afectó solo a los amorreos que huían, mientras que no afectó a los israelitas, quienes eran los perseguidores. Tal vez en la actualidad se puede notar que es muy común que llueva torrencialmente sobre un sector de la ciudad y en cambio a pocos metros de ese lugar la tierra está completamente seca. No obstante la acción redentora de Jehová permitió que esta granizada afectara precisamente a quienes se necesitaba retener y destruir.

El otro evento milagroso es: “Y el sol se detuvo y la luna se paró”. Este relato forma como un paréntesis que permite una descripción poética de la victoria, que fue ganada por la milagrosa intervención de Jehová. La cita corresponde a un libro llamado “Jaser” que contenía relatos épicos sobre los grandes héroes de Israel. Al parecer la cita contiene la oración de Josué y la intervención milagrosa de Dios. El relato ha sido menospreciado por los científicos, tal vez por una mala comprensión de las palabras que se utilizan en este pasaje.

Algunos comentaristas basados en la etimología de las palabras utilizadas en el hebreo para hablar de la “detención” concluyen que lo que Josué pidió no era la prolongación del día, sino que se prolongara la oscuridad pues su ataque había comenzado al amanecer y por sorpresa. Los amorreos al advertir ese ataque huyeron pronto, por lo tanto lo que convenía a los israelitas era que el día no aclarara para que la confusión inundara a los amorreos.

La oración de Josué fue en verdad muy temprano en la mañana si se toma en cuenta la ubicación de la luna en el valle de Ajalón, en el oeste, y del sol sobre Gabaón, un lugar, montañoso, en el este. Hay una explicación sugerente, pero respetuosa del sentido del texto en el Nuevo Comentario Bíblico. Dice que la palabra traducida “detente” (del verbo heb. damam) significa literalmente “permaneced silencioso” o con frecuencia tiene el sentido de “cesar” o “dejar de hacer”. Otro verbo similar en significado es traducido “se detuvo” (v. 13c; amad) puede llevar el sentido de “cesar”. El significado básico de la palabra traducida “ponerse” puede ser “venir” o “ir”. Comúnmente se utiliza para hablar de puesta o caída del sol, cuando se relaciona con este. Pero el caso es que en esta oportunidad la palabra se usa en forma poética lo cual amplía su sentido. La palabra, usada aquí en un marco poético, puede aplicarse a la luz que llega o a la salida del sol, por lo tanto la frase “casi un día entero” podría traducirse como “cuando el día fenece”. De modo que la oración puede traducirse, según Blair, así: “El sol dejó de brillar en medio del cielo y no se apresuró a venir (así que estaba) como cuando el día fenece”. Con este sentido, la derrota de los amorreos ocurrió en medio de la oscuridad y la tormenta. Quédese claro: de cualquier modo en que se traduzca ese versículo no se excluye la intervención divina o para alargar el día o para alargar la noche.

Es una reflexión sobre el evento milagroso en el que Dios actuó. Ese día es inolvidable históricamente hablando no sólo porque Jehová haya actuado milagrosamente sino que se destaca también el hecho que “Jehová escuchó la voz de un hombre; porque Jehová combatía por Israel”.

Cualquier cosa puede suceder cuando Dios responde en consonancia con su lealtad y fidelidad al pacto hecho con los seres humanos. Su respeto a la palabra de un pacto se mantiene incólume aún en medio de circunstancias adversas. Es importante recordar, según la reflexión, que Jehová no respondió a la oración porque esta fuera muy elocuente o poderosa debido a quien la hacía. Respondió porque él “combatía por Israel”.

En la actualidad se enfatiza con mucha frecuencia el poder de la oración o la necesaria intensidad de la oración. Así casi se sobrevalora el papel del que ora o de la oración misma. Este énfasis puede desviar la mirada de la fe que debe ser colocada en el autor y consumador de la misma. Puede provocar una confusión e inseguridad permanente acerca de la fidelidad de Dios y sobre la manifestación de su voluntad. Cuando el énfasis está colocado sobre la oración o sobre el que hace la oración, el objeto de la fe, es decir, Dios mismo, puede ser malentendido e incluso su nombre puede ser manipulado. Lo primero ocurre porque se espera que sea la oración la que determine la acción de Dios y no su voluntad o su fidelidad. Lo segundo puede ocurrir cuando lo que sucede después de la oración puede ser interpretado al antojo del que ora al mostrarlo como una respuesta evidente a su oración. Quizá se debería dar más importancia a la manera de confiar en Dios a través de la oración, antes que convertir a estas en táctica o estilo para dar órdenes a Dios sobre lo que deseamos.

Advierte que Josué había hablado con Jehová antes de hablar delante de los israelitas. Por lo tanto su acción ante el pueblo no tuvo el objetivo de vanagloriarse a sí mismo sino que era el resultado lógico de una confianza plena en la fidelidad de Dios a su pueblo.

Un aspecto más que vale la pena subrayar es que Jehová respondió así porque él “combatía” por Israel. Con frecuencia se acostumbra orar a Dios como si este estuviese sentado en un trono, impasible mirando los acontecimientos humanos. Lo que se deduce de este versículo es que él también combatía, estaba presente y participaba del ardor de la lucha. Dios hacía suya parte de la angustia y el afán que vivían los combatientes de Israel.

La respuesta a la oración no es simplemente algo que hace desde lejos, sin comprender muy bien lo que está pasando. Por el contrario, su respuesta se da en medio de las circunstancias, comprendiendo lo que sucede y aun más, sabiendo lo que conviene porque mira más allá del presente inmediato.

Captura de cinco reyes en Maqueda

El texto parece indicar la culminación de una parte del relato, y se describe la captura de los reyes de la confederación y su posterior sometimiento.

La captura demuestra que los israelitas ya estaban muy cerca de sus enemigos y por ello tal vez los reyes recurrieron al escondite. Pero la ingeniosidad de Josué se hizo manifiesta al capturarlos en la misma cueva mientras seguía a los demás combatientes que alcanzaron a llegar a las ciudades.

Una vez que los combatientes de Israel pusieron los pies sobre el cuello de los reyes como señal de sometimiento y sumisión, los mataron y los colgaron hasta que se puso el día como escarmiento para quien eventualmente los viera. Los combatientes de Israel los sepultaron en el mismo lugar, dejando como huella un bloque de piedras como testimonio de aquella batalla.

Este hecho es comprobado históricamente por los historiadores de Israel, como John Bright, quienes afirman que a pesar de la dificultad para armonizar cada uno de los detalles del relato bíblico con los descubrimientos arqueológicos, es cierto que durante el siglo XIII a. de J.C. hubo una irrupción violenta en Canaán que coincide con las batallas que Josué ha librado en el Sur contra estos reyes.

Campaña del Sur

La victoria en Betjorón fue el inicio de una campaña que pudo haber durado mucho tiempo, pero que dio por resultado general el sometimiento del Sur a los israelitas.

La estrategia de Josué fue la de realizar una serie de rápidos ataques a varias ciudades cananeas que terminaron por someter a sus reyes aunque no significó la ocupación de las ciudades. Los ataques fueron de exterminio y destrucción pero no de ocupación ni de asentamiento inmediato.

Los estudiosos sobre la arqueología advierten que al parecer hubo destrucciones repetidas de algunas ciudades, y por lo tanto conquistas repetidas de las mismas. En parte estas afirmaciones se basan en la incongruencia que se encuentra entre este capítulo de Josué y Jueces. Sin embargo, se ha de recordar que el relato del libro de Josué es por sí mismo un testimonio que tiene una intención más teológica que histórica, sin que por ello este aspecto sea secundario.

Al final del capítulo, se define el territorio conquistado según las regiones que lo componen: montañas, estepas, llanos y laderas. Las montañas se refieren a la zona de Judea; las estepas al Néguev que eran semiáridas y se prolongaban hasta el desierto en el Sur; los llanos o Sefela, al pie de las montañas entre la planicie costera y la región montañosa central; y las laderas el territorio que desciende hacia el este en dirección al mar Muerto.

Se menciona que Josué no dejó “sobrevivientes” (saridx); pero esto debe ser entendido a la luz del que menciona que algunos escaparon hasta las ciudades fortificadas. Al parecer los únicos sobrevivientes fueron estos.

Este ataque es parte del proceso profiláctico que la presencia de Israel dirigido por Jehová hace en Canaán. No sólo es un cuestionamiento del orden social implantado por los reyes sino de las tradiciones religiosas en las cuales estos estaban sustentados. Esto explica la operación tipo rastrillo que practicaron los combatientes de Israel. No debía quedar huella alguna.

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