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Josué 9: Impacto de la presencia israelita

Jos 9:1 Cuando oyeron estas cosas todos los reyes que estaban a este lado del Jordán, así en las montañas como en los llanos, y en toda la costa del Mar Grande delante del Líbano, los heteos, amorreos, cananeos, ferezeos, heveos y jebuseos,

Jos 9:2 se concertaron para pelear contra Josué e Israel.

Estos dos versículos sirven de introducción a los acontecimientos de los capítulos 9-11. Este capítulo revela dos diferentes reacciones de los cananeos hacia Dios y su pueblo. Una era tratar de unificar las hasta entonces divididas ciudades, y pelear contra Israel . La otra era emplear la diplomacia y el engaño para pactar con él.

Jos 9:3 Mas los moradores de Gabaón, cuando oyeron lo que Josué había hecho a Jericó y a Hai,

Gabaón : Una de las cuatro ciudades de los heveos, alrededor de 9 km al noreste de Jerusalén.

Jos 9:4 usaron de astucia; pues fueron y se fingieron embajadores, y tomaron sacos viejos sobre sus asnos, y cueros viejos de vino, rotos y remendados,

Jos 9:5 y zapatos viejos y recosidos en sus pies, con vestidos viejos sobre sí; y todo el pan que traían para el camino era seco y mohoso.

Jos 9:6 Y vinieron a Josué al campamento en Gilgal, y le dijeron a él y a los de Israel: Nosotros venimos de tierra muy lejana; haced, pues, ahora alianza con nosotros.

Cuando las noticias de su victoria llegaron a todas partes, los israelitas sufrieron oposición en dos formas: directa (los reyes de la región comenzaron a unirse en contra de ellos), e indirecta (los gabaonitas recurrieron al engaño).

Cuando obedecemos los mandatos de Dios podemos esperar la misma clase de oposición. Para guardarnos de estas presiones, debemos depender de Dios y comunicarnos diariamente con El. El nos dará fortaleza para soportar las presiones directas y sabiduría para reconocer el engaño indirecto.

Jos 9:7 Y los de Israel respondieron a los heveos: Quizás habitáis en medio de nosotros. ¿Cómo, pues, podremos hacer alianza con vosotros?

Jos 9:8 Ellos respondieron a Josué: Nosotros somos tus siervos. Y Josué les dijo: ¿Quiénes sois vosotros, y de dónde venís?

Jos 9:9 Y ellos respondieron: Tus siervos han venido de tierra muy lejana, por causa del nombre de Jehová tu Dios; porque hemos oído su fama, y todo lo que hizo en Egipto,

Jos 9:10 y todo lo que hizo a los dos reyes de los amorreos que estaban al otro lado del Jordán: a Sehón rey de Hesbón, y a Og rey de Basán, que estaba en Astarot.

Jos 9:11 Por lo cual nuestros ancianos y todos los moradores de nuestra tierra nos dijeron: Tomad en vuestras manos provisión para el camino, e id al encuentro de ellos, y decidles: Nosotros somos vuestros siervos; haced ahora alianza con nosotros.

Jos 9:12 Este nuestro pan lo tomamos caliente de nuestras casas para el camino el día que salimos para venir a vosotros; y helo aquí ahora ya seco y mohoso.

Jos 9:13 Estos cueros de vino también los llenamos nuevos; helos aquí ya rotos; también estos nuestros vestidos y nuestros zapatos están ya viejos a causa de lo muy largo del camino.

Jos 9:14 Y los hombres de Israel tomaron de la provisiones de ellos, y no consultaron a Jehová.

Por segunda vez Josué actúa sin consultar a Jehová . La primera vez fue en Hai.

Jos 9:15 Y Josué hizo paz con ellos, y celebró con ellos alianza concediéndoles la vida; y también lo juraron los príncipes de la congregación.

El deseo de los moradores de Gabaón de pactar la paz sugiere que conocían la estipulación bíblica: los cananeos debían ser completamente destruidos, pero se autorizaba a Israel para que estableciera alianzas con pueblos distantes.

Jos 9:16 Pasados tres días después que hicieron alianza con ellos, oyeron que eran sus vecinos, y que habitaban en medio de ellos.

Jos 9:17 Y salieron los hijos de Israel, y al tercer día llegaron a las ciudades de ellos; y sus ciudades eran Gabaón, Cafira, Beerot y Quiriat-jearim.

Cuando los líderes probaron las provisiones de estos hombres, vieron que el pan estaba seco y mohoso, que los odres de vino estaban rotos y sus ropas y sandalias gastadas. Pero no pudieron advertir el engaño. Después de efectuar la alianza y ratificarla por juramento, se supo la verdad: los líderes de Israel habían sido engañados. Dios les había dicho específicamente que no celebraran ningún tratado con los habitantes de Canaán. Como estratega, Josué sabía lo suficiente para consultar con Dios antes de llevar a sus tropas a la batalla. Pero el tratado de paz parecía muy inocente, y Josué y los líderes tomaron la decisión por sí solos. Al dejar de buscar la dirección de Dios y avanzar rápidamente con sus propios planes, tuvieron que enfrentarse con gente enojada y una alianza incómoda.

La distancia entre Gilgal y Gabaón era de 30 km aproximadamente.

Jos 9:18 Y no los mataron los hijos de Israel, por cuanto los príncipes de la congregación les habían jurado por Jehová el Dios de Israel. Y toda la congregación murmuraba contra los príncipes.

Aquí se ilustra la importancia de guardar las promesas. Si Josué hubiese roto su alianza con la gente de Gabaón, jurado en presencia de Dios, ello habría equivalido a romper una promesa hecha a Dios, lo cual eventualmente habría suscitado que la ira divina cayera sobre Israel

Jos 9:19 Mas todos los príncipes respondieron a toda la congregación: Nosotros les hemos jurado por Jehová Dios de Israel; por tanto, ahora no les podemos tocar.

Jos 9:20 Esto haremos con ellos: les dejaremos vivir, para que no venga ira sobre nosotros por causa del juramento que les hemos hecho.

Josué y sus consejeros habían cometido un error. Pero debido a que habían prometido proteger a los gabaonitas, iban a cumplir su palabra. El juramento no se anuló a causa del engaño de los gabaonitas. Dios les había mandado cumplir con los juramentos y faltar a uno de ellos era algo grave. Esto nos anima a no tomar nuestras promesas a la ligera.

Jos 9:21 Dijeron, pues, de ellos los príncipes: Dejadlos vivir; y fueron constituidos leñadores y aguadores para toda la congregación, concediéndoles la vida, según les habían prometido los príncipes.

Jos 9:22 Y llamándolos Josué, les habló diciendo: ¿Por qué nos habéis engañado, diciendo: Habitamos muy lejos de vosotros, siendo así que moráis en medio de nosotros?

Jos 9:23 Ahora, pues, malditos sois, y no dejará de haber de entre vosotros siervos, y quien corte la leña y saque el agua para la casa de mi Dios.

Jos 9:24 Y ellos respondieron a Josué y dijeron: Como fue dado a entender a tus siervos que Jehová tu Dios había mandado a Moisés su siervo que os había de dar toda la tierra, y que había de destruir a todos los moradores de la tierra delante de vosotros, por esto temimos en gran manera por nuestras vidas a causa de vosotros, e hicimos esto.

Jos 9:25 Ahora, pues, henos aquí en tu mano; lo que te pareciere bueno y recto hacer de nosotros, hazlo.

Jos 9:26 Y él lo hizo así con ellos; pues los libró de la mano de los hijos de Israel, y no los mataron.

Jos 9:27 Y Josué los destinó aquel día a ser leñadores y aguadores para la congregación, y para el altar de Jehová en el lugar que Jehová eligiese, lo que son hasta hoy.

Aunque se respetó la vida de los moradores de Gabaón, les fue negada la libertad. Se convirtieron en siervos encargados de proveer madera y agua para el altar . Los sacrificios y limpiezas rituales consumían grandes cantidades de ambas cosas.

Acontecimientos en el sur y centro de Canaán

Impacto de la presencia israelita

Los resultados de las incursiones de los hebreos en Jericó y Hai dieron como resultado dos actitudes que contrastan: Por un lado, la oposición se vigorizó y se organizó de manera más eficiente. Por otra parte, algunos de los habitantes de la tierra estaban dispuestos a realizar coaliciones que les permitiera vivir en paz con los recién llegados.

Oposición

La parte central del territorio quedó abierta ante la actitud de los habitantes de las ciudades del centro: Gabaón, Cafira, Beerot y Quiriatjearim. Esto facilitó que los hebreos se pusieran en marcha hacia el sur de Canaán para tomar allá territorios que hacían parte de la promesa. Los reyes de las ciudades que estaban al lado occidental del río y al sur de Canaán, es decir, las que estaban ubicadas en:

1. La región montañosa, que más tarde pertenecería a las tribus de Judá y Efraín.

2. La región baja desde el Carmelo hasta Gaza.

3. La región costera del Mediterráneo, desde el istmo de Tiro en el norte hasta las llanuras de Jope.

Se sabe poco de los pueblos que habitaban la región y que son mencionados aquí. Los hititas estaban centrados en Asia Menor, los amorreos y heveos no se distinguen claramente en la Escritura, los ferezeos y cananeos se encuentran relacionados y los jebuseos, según parece, habitaron en Jerusalén.

Lo cierto de todo esto es que dichos reyes se organizaron en una especie de confederación en el sur para contrarrestar la presencia de los hebreos. Aunque eran pueblos que mantenían vivos los conflictos entre sí dejaron esto de lado para contener el avance de los hebreos de quienes «oyeron» lo que estaban logrando.

Esta oposición parece fuerte, pues son varios reyes en contra de uno (Jehová quien lidera a los hebreos). De nuevo se hace evidente que esta oposición no es contra Josué, sino contra lo que Josué y el pueblo hacen, y en el nombre de quien lo hacen. La presencia y actitud de los hebreos sin duda desestabilizaría el orden socioreligioso de estos reyes. Ellos vivían sostenidos y legitimados por los cultos a las divinidades de esta región. En esa región predominaba la agricultura, actividad que estaba sometida a la influencia que las divinidades de la fertilidad podían ejercer en beneficio de ellos.

En este culto mediaban la clase sacerdotal que estaba al servicio de los reyes, quienes eran beneficiados directamente con los resultados de la cosecha; la presencia de un pueblo que está girando alrededor de un Dios que les ha prometido una tierra para su propio sustento, porque seguramente habían oído todo esto, los puso alerta y los reunió para ejercer la gran oposición a los hebreos.

De nuevo se hace evidente que el hacer realidad las promesas no era algo que resulte de una actitud facilista y conformista, sino de la acción de Jehová a través de la organización y fidelidad de su pueblo.

Oportunismo

Cabe destacar que no todos los reyes asumieron la misma actitud de los del sur. Por ejemplo, las ciudades que habitaban los gabaonitas, que estaban más hacia el centro y conformaban lo que se llamaba la familia de los “heveos”, se caracterizaron por el oportunismo, es decir, aprovecharon la situación con “astucia” para salir bien librados de los combates que se avecinaban. En la astucia hubo engaño, pues pretendían ser habitantes de un país lejano, el cual no representaría ningún riesgo para los hebreos. Se presentaron como embajadores ante Josué que venían de muy lejos, lo cual evidenciaron con los víveres envejecidos. Además, engañaron a Josué argumentando que sólo conocían a los hebreos por referencias distantes de lo que estaba sucediendo en Canaán. Gabaón era la ciudad capital de los heveos. Distaba de Jerusalén 9 km y medio hacia el noroeste. Al parecer habían conformado una confederación entre varias ciudades y por eso fue fácil llegar a un acuerdo acerca de la actitud que tomarían hacia los hebreos.

Contienen el diálogo sostenido con Josué, la forma en que demostraron que venían de muy lejos y la respuesta de Josué. En esto se destacan dos cosas: Se es claro que el vivir de ellos entre los hebreos no hacía fácil tener una alianza porque Jehová lo había prohibido. Josué sabe lo que debe hacer, pero esto no implica que lo que se sabe se hace. Josué actúa de acuerdo a sus sentimientos del momento, olvida la orden de Jehová respecto a estos casos y decide hacer una alianza de paz con los gabaonitas.

El autor del libro es claro al subrayar que “…no consultaron a Jehová”. Es probable que la voluntad de Dios no sea recordada en todo momento pero la meditación en su palabra y la oración, que nos comunica permanentemente con él, pueden permitir recordar y reconocer la voluntad de Dios para nuestras vidas.

La actitud de Josué y de los ancianos, al aceptar las provisiones que traían los viajeros, demuestra que aceptaron precipitadamente la “verdad” que ellos dijeron. Hizo falta quizá más diálogo entre los ancianos, más reflexión sobre los recién llegados no conocidos. Igual error puede ser el rechazo precipitado de aquellos que se acercan a pedir ayuda, como la aceptación ligera y el comprometerse con aquellos que solicitan ayuda urgente.

Pocos días después de haberlos aceptado se dieron cuenta que eran vecinos que vivían a más o menos 28 kilómetros de Gilgal. Al llegar a sus ciudades no los mataron porque estaban comprometidos a cumplir la alianza que habían realizado con ellos hacía tres días. “Por eso toda la congregación murmuraba contra los jefes” con sobrada razón, pues estaban entusiasmados en el cumplimiento de la voluntad de Dios que consistía en tomar completamente aquellas ciudades a la manera de Jericó y Hai. Toda congregación puede asumir esta actitud cuando a los líderes les falta consistencia entre sus palabras y sus hechos, el malestar, el desánimo, la pérdida de autoridad son consecuencias inevitables cuando el liderazgo falta a su palabra.

Lo curioso de esta situación es que la «murmuración» (del verbo heb. lun) llegó cuando las cosas marchaban bien, cuando los triunfos eran el pan diario. Esta situación llegó en la forma más ingenua. A veces el liderazgo puede complicar el ministerio por la credulidad excesiva, la negligencia y el apresuramiento en la toma de decisiones que afectan el desarrollo normal de los planes de Dios en la vida de su pueblo. La respuesta que dieron a la congregación advierte sobre la imposibilidad de hacer algo distinto; tienen que respetar la vida de los gabaonitas por el compromiso que han hecho, algo que han jurado por Jehová. Por eso buscaron una solución que dejara más o menos tranquilos tanto a los gabaonitas para cumplir la alianza, y a la congregación para evitar que los nuevos aliados estuvieran a la par de los hebreos.

Hay una maldición dirigida a los gabaonitas que resultó en bendición para ellos porque salvaron sus vidas y formaron parte de la comunidad de Jehová, participando de esta manera en las bendiciones que el pueblo de Dios recibió y posteriormente el tabernáculo fue levantado en ese mismo lugar.

Al parecer, los gabaonitas se convirtieron en servidores del templo: los netinimx; que significa donados para este servicio. En este acontecimiento se puede encontrar cómo los errores que se puedan cometer en un momento determinado no son el fin de todas las cosas. Siempre debe existir algún arreglo de la situación que en vez de empeorar signifique mejoría. Es un hecho que Josué cometió un error y que la congregación se molestó por ello; ahora existían dos posibilidades acerca de lo que pudo ocurrir como consecuencia:

1. Que el pueblo se dividiera en torno a la decisión de Josué, o que Josué hubiese violado la alianza hecha con los gabaonitas y en cualquier caso la situación se había complicado por las enemistades, o las consecuencias de la violación de una alianza como tal.

2. Que Josué reconociera que hubo un error, que fue engañado y que se dispusiera a realizar un arreglo que dejara a ambas partes intactas en cuanto a su dignidad o su vida, como era el caso de los gabaonitas a quienes interesaba esto más que cualquier otra cosa.

Como se puede ver la segunda posibilidad se hizo realidad, y esto constituye un principio que se debe tener en cuenta: Después de cometido un error lo menos que se puede hacer es evitar que este aumente. La actitud de Josué y los jefes ante la congregación fue sabia en la medida en que ellos no esquivaron su responsabilidad, negando que hubiesen cometido un error sino reconociendo las implicaciones de su acelerada decisión, propusieron una enmienda a su ligereza. Lo importante de este caso es que finalmente, en medio del error cometido por los líderes y debido a la sabia actitud en la enmienda, se logró mantener la dignidad hacia el pueblo y la responsabilidad de la decisión hacia los gabaonitas, quienes por medio de la “astucia” que utilizaron lograron ponerse a salvo.

El resultado de la actitud de los gabaonitas fue la salvación de sus vidas, aunque su posición social fue subalterna en relación con la que tenían antes del contacto con los hebreos.

Queda un interrogante nada fácil de resolver. La posición de los líderes de Israel hacia Gabaón constituye una excepción a la norma de la alianza de Jehová con su pueblo. ¿Es lícito? Y si lo es, ¿por cuáles razones? La respuesta a este asunto debe ser teológica, debido a que el propósito por el cual Jehová escogió a este pueblo no fue dedicarle todo su amor y misericordia exclusivamente a él, sino convertirlo en un pueblo nuevo que anunciara a su debido tiempo las buenas nuevas a todas la naciones. El objetivo era bendecirlo para que fuera bendición a otros pueblos.

El caso de los gabaonitas puede entenderse en la perspectiva de Dios; él dio un mandato a Moisés y a Josué en relación con los contactos que establecerían en la tierra prometida. él exige fidelidad absoluta a este pacto, pero permite la libre acción del ser humano en el proceso del cumplimiento del pacto. Cuando las acciones humanas colocan en peligro el cumplimiento de ese pacto la severidad de la acción divina puede ser explicable. Sin embargo, cuando algún desvío al cumplimiento del pacto puede ser aprovechado para incluir a otros en la alianza, y permite de esta manera llevar a cabo la misión hacia todos los pueblos, el error termina siendo convertido en una bendición tanto para el pueblo como para los que son recibidos dentro de él.

La bendición consiste en participar de la fe del pueblo que Dios ha llamado, como en el caso de Rajab. Lo que salva su vida no es la buena acción de ayudar a los espías, sino la fe que puso en Jehová y no en los dioses por ella conocidos. Ahora en el caso de los gabaonitas no es su “astucia” o engaño lo que los salva sino la participación en la fe de Israel, colocada en un Dios que los liberó de la esclavitud. En este caso como en otros se demuestra la soberanía de Dios que guía al pueblo aun en medio de los errores humanos. Esto no impide que él siga siendo fiel a su pacto ni que él continúe llevando a cabo su plan redentor con el pueblo escogido.

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