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Josué 9: Impacto de la presencia israelita

Lo cierto de todo esto es que dichos reyes se organizaron en una especie de confederación en el sur para contrarrestar la presencia de los hebreos. Aunque eran pueblos que mantenían vivos los conflictos entre sí dejaron esto de lado para contener el avance de los hebreos de quienes «oyeron» lo que estaban logrando.

Esta oposición parece fuerte, pues son varios reyes en contra de uno (Jehová quien lidera a los hebreos). De nuevo se hace evidente que esta oposición no es contra Josué, sino contra lo que Josué y el pueblo hacen, y en el nombre de quien lo hacen. La presencia y actitud de los hebreos sin duda desestabilizaría el orden socioreligioso de estos reyes. Ellos vivían sostenidos y legitimados por los cultos a las divinidades de esta región. En esa región predominaba la agricultura, actividad que estaba sometida a la influencia que las divinidades de la fertilidad podían ejercer en beneficio de ellos.

En este culto mediaban la clase sacerdotal que estaba al servicio de los reyes, quienes eran beneficiados directamente con los resultados de la cosecha; la presencia de un pueblo que está girando alrededor de un Dios que les ha prometido una tierra para su propio sustento, porque seguramente habían oído todo esto, los puso alerta y los reunió para ejercer la gran oposición a los hebreos.

De nuevo se hace evidente que el hacer realidad las promesas no era algo que resulte de una actitud facilista y conformista, sino de la acción de Jehová a través de la organización y fidelidad de su pueblo.

Oportunismo

Cabe destacar que no todos los reyes asumieron la misma actitud de los del sur. Por ejemplo, las ciudades que habitaban los gabaonitas, que estaban más hacia el centro y conformaban lo que se llamaba la familia de los “heveos”, se caracterizaron por el oportunismo, es decir, aprovecharon la situación con “astucia” para salir bien librados de los combates que se avecinaban. En la astucia hubo engaño, pues pretendían ser habitantes de un país lejano, el cual no representaría ningún riesgo para los hebreos. Se presentaron como embajadores ante Josué que venían de muy lejos, lo cual evidenciaron con los víveres envejecidos. Además, engañaron a Josué argumentando que sólo conocían a los hebreos por referencias distantes de lo que estaba sucediendo en Canaán. Gabaón era la ciudad capital de los heveos. Distaba de Jerusalén 9 km y medio hacia el noroeste. Al parecer habían conformado una confederación entre varias ciudades y por eso fue fácil llegar a un acuerdo acerca de la actitud que tomarían hacia los hebreos.

Contienen el diálogo sostenido con Josué, la forma en que demostraron que venían de muy lejos y la respuesta de Josué. En esto se destacan dos cosas: Se es claro que el vivir de ellos entre los hebreos no hacía fácil tener una alianza porque Jehová lo había prohibido. Josué sabe lo que debe hacer, pero esto no implica que lo que se sabe se hace. Josué actúa de acuerdo a sus sentimientos del momento, olvida la orden de Jehová respecto a estos casos y decide hacer una alianza de paz con los gabaonitas.

El autor del libro es claro al subrayar que “…no consultaron a Jehová”. Es probable que la voluntad de Dios no sea recordada en todo momento pero la meditación en su palabra y la oración, que nos comunica permanentemente con él, pueden permitir recordar y reconocer la voluntad de Dios para nuestras vidas.

La actitud de Josué y de los ancianos, al aceptar las provisiones que traían los viajeros, demuestra que aceptaron precipitadamente la “verdad” que ellos dijeron. Hizo falta quizá más diálogo entre los ancianos, más reflexión sobre los recién llegados no conocidos. Igual error puede ser el rechazo precipitado de aquellos que se acercan a pedir ayuda, como la aceptación ligera y el comprometerse con aquellos que solicitan ayuda urgente.

Pocos días después de haberlos aceptado se dieron cuenta que eran vecinos que vivían a más o menos 28 kilómetros de Gilgal. Al llegar a sus ciudades no los mataron porque estaban comprometidos a cumplir la alianza que habían realizado con ellos hacía tres días. “Por eso toda la congregación murmuraba contra los jefes” con sobrada razón, pues estaban entusiasmados en el cumplimiento de la voluntad de Dios que consistía en tomar completamente aquellas ciudades a la manera de Jericó y Hai. Toda congregación puede asumir esta actitud cuando a los líderes les falta consistencia entre sus palabras y sus hechos, el malestar, el desánimo, la pérdida de autoridad son consecuencias inevitables cuando el liderazgo falta a su palabra.

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