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Jeremías 31: Restauración de las tribus, retorno de la diáspora

Jeremías 31:1  En aquel tiempo–declara el Señor–yo seré el Dios de todas las familias de Israel, y ellos serán mi pueblo.

La restauración continúa con mensajes dirigidos a todas las familias de Israel: Al reino del norte ahora restaurado; al reino del sur, ahora restaurado; y a ambos reinos combinados en un solo pueblo. Esta promesa es para todas las familias (tribus) de Israel, no solo para la tribu de Judá. La restauración incluirá a todas las personas que confían en Dios.

Todas las familias de Israel : Las doce tribus; hace énfasis en que el término «Israel» abarca a toda la nación.

Jeremías 31:2  Así dice el Señor: Ha hallado gracia en el desierto el pueblo que escapó de la espada, Israel, cuando iba en busca de su reposo.

El pueblo que escapó de la espada : El remanente fiel que retornará del exilio.

Jeremías 31:3  Desde lejos el Señor se le apareció, diciendo: Con amor eterno te he amado, por eso te he atraído con misericordia.

Dios alcanza a su pueblo con amor misericorDioso motivado por un amor profundo y eterno. Está dispuesto a hacer lo mejor para él si tan solo se lo permiten. Después de muchas advertencias sobre el pecado, este recordatorio del granDioso amor de Dios es un respiro de aire fresco. En lugar de pensar en Dios con pavor, si observamos con cuidado, veremos la forma tan tierna en la que nos acerca a El.

Jeremías 31:4  De nuevo te edificaré, y serás reedificada, virgen de Israel; de nuevo tomarás tus panderos, y saldrás a las danzas con los que se divierten.

Jeremías 31:5  De nuevo plantarás viñas en los montes de Samaria; los plantadores las plantarán y las disfrutarán.

Jeremías 31:6  Porque habrá un día en que clamarán los guardas en la región montañosa de Efraín: «Levantaos y subamos a Sion, al Señor nuestro Dios.»

Utilizando el vocabulario del relato del libro de éxodo (halló gracia), y el concepto de la liberación de la servidumbre, Jeremías habla del retorno de la cautividad como un nuevo éxodo. El pueblo será devuelto a su tierra y de nuevo organizará peregrinaciones a Sion.

Levantaos , y subamos a Sion : Desde tiempos de Jeroboam el pueblo del reino del norte adoraba en santuarios rivales; ahora regresarán al lugar donde reside Jehová.

Jeremías 31:7  Porque así dice el Señor: Gritad con alegría por Jacob, y dad voces por la primera de las naciones; proclamad, dad alabanza, y decid: «Oh Señor, salva a tu pueblo, al remanente de Israel.»

Jeremías 31:8  He aquí, yo los traigo del país del norte, y los reuniré de los confines de la tierra, entre ellos los ciegos y los cojos, la muJeremías encinta y también la que está dando a luz; una gran compañía volverá acá.

Jeremías 31:9  Con llanto vendrán, y entre súplicas los guiaré; los haré andar junto a arroyos de aguas, por camino derecho en el cual no tropezarán; porque soy un padre para Israel, y Efraín es mi primogénito.

Jeremías 31:10  Oíd, naciones, la palabra del Señor, anunciad en las costas lejanas, y decid: El que dispersó a Israel lo reunirá, y lo guardará como un pastor a su rebaño.

Jeremías 31:11  Porque el Señor ha rescatado a Jacob, y lo ha redimido de manos más fuertes que él.

Jeremías 31:12  Vendrán y gritarán de júbilo en lo alto de Sion, y radiarán de gozo por la bondad del Señor: por el grano, por el vino y por el aceite, y por las crías de las ovejas y de las vacas. Su alma será como huerto regado, y nunca más languidecerán.

Jeremías 31:13  Entonces la virgen se alegrará en la danza, y los jóvenes y los ancianos a una; cambiaré su duelo en gozo, los consolaré y los alegraré de su tristeza.

Jeremías 31:14  Y llenaré con abundancia el alma de los sacerdotes, y mi pueblo se saciará de mi bondad–declara el Señor.

Esto significa que se harían muchos sacrificios en el templo para que los sacerdotes tuvieran un banquete con su porción. También es un símbolo de vida y prosperidad

Jeremías 31:15  Así dice el Señor: Se oye una voz en Ramá, lamento y llanto amargo. Raquel llora por sus hijos; rehúsa ser consolada, por sus hijos que ya no existen.

Raquel, madre de José y Benjamín, se lamenta por sus hijos (las tribus del norte que marchan al exilio). Mateo 2:18 cita el versículo 15 como expresión de dolor por la matanza de niños inocentes, pero aquí ya aparece la esperanza de restauración y gozo. Raquel, la esposa favorita de Jacob, era la madre simbólica de las tribus del norte, que los asirios llevaron al cautiverio. Se describe a Raquel llorando por los cautivos en Ramá, un lugar de escala en el camino a la deportación. Este versículo se cita en Mateo 2:18 para describir la tristeza de las madres de Belén cuando asesinaron a sus hijos varones. Hubo gran llanto en ambos casos

Jeremías 31:16  Así dice el Señor: Reprime tu voz del llanto, y tus ojos de las lágrimas; hay pago para tu trabajo–declara el Señor–, pues volverán de la tierra del enemigo.

Jeremías 31:17  Y hay esperanza para tu porvenir–declara el Señor–, los hijos volverán a su territorio.

Jeremías 31:18  Ciertamente he oído a Efraín lamentarse: «Me has castigado, y castigado fui como becerro indómito. Hazme volver para que sea restaurado, pues tú, Señor, eres mi Dios.

El primer paso en la conversión de Efraín (sinónimo de Israel) es una confesión y un arrepentimiento delante de Dios. Para evitar un regreso a los caminos de apostasía, se insta a Efraín a poner señales y recordar la senda que lo condujo a desobedecer a Dios. «Herí mi muslo» era una expresión de dolor y luto. Efraín era una de las tribus más grandes del reino del norte. Si bien cayó en los pecados más degradantes, Dios todavía amaba al pueblo. Un remanente se volvería a Dios, arrepintiéndose de sus pecados y El lo perdonaría. Dios lo sigue amando, a pesar de lo que haya hecho. Lo perdonará si vuelve a El.

Jeremías 31:19  «Porque después que me aparté, me arrepentí, y después que comprendí, me di golpes en el muslo; me avergoncé y también me humillé, porque llevaba el oprobio de mi juventud.»

Jeremías 31:20  ¿No es Efraín mi hijo amado? ¿No es un niño encantador? Pues siempre que hablo contra él, lo recuerdo aún más; por eso mis entrañas se conmueven por él, ciertamente tendré de él misericordia–declara el Señor.

Jeremías 31:21  Levanta para ti señales, coloca para ti majanos; presta atención a la calzada, al camino que anduviste. Vuelve, virgen de Israel, vuelve a estas tus ciudades.

Jeremías 31:22  ¿Hasta cuándo andarás errante, hija infiel? Porque el Señor ha creado algo nuevo en la tierra: la muJeremías rodeará al hombre.

La muJeremías rodeará al varón : Quizás aluda a la idea de que la muJeremías protegerá al hombre, lo inverso de lo normal. El significado no está claro. Varón, geber: Un campeón, héroe, guerrero, hombre poderoso, un hombre en toda su fortaleza. Geber es una de las cuatro palabras hebreas más importantes para «varón» en el Antiguo Testamento; describe a un hombre de fuerza o valentía, y deriva del verbo gabar, que quiere decir: «ser fuerte». Una forma intensiva de geber es gibbor, que significa: «campeón» u «hombre valiente y poderoso», como en Jueces 6:12. La palabra también aparece en la frase: El Gibbor («el Dios fuerte»), la cual podría traducirse como: «Dios el campeón».

Jeremías 31:23  Así dice el Señor de los ejércitos, el Dios de Israel: Otra vez hablarán esta palabra en la tierra de Judá y en sus ciudades, cuando yo restaure su bienestar: «El Señor te bendiga, morada de justicia, monte santo.»

La restauración incluirá la normalización de la vida, un regreso a los días de prosperidad y paz, pero también un nuevo pacto que permitirá al pueblo servir a Dios en espíritu y en verdad.

Jeremías 31:24  Y morarán juntamente en ella Judá y todas sus ciudades, los labradores y los que van con los rebaños.

Jeremías 31:25  Porque yo he de satisfacer al alma cansada y he de saciar a toda alma atribulada.

Jeremías 31:26  En esto me desperté y miré, y mi sueño me resultó agradable.

Me desperté : Aparentemente, Jeremías estaba dormido cuando recibió este mensaje.

Jeremías 31:27  He aquí, vienen días–declara el Señor–en que sembraré la casa de Israel y la casa de Judá de simiente de hombre y de simiente de animal.

Jeremías 31:28  Y como velé sobre ellos para arrancar y para derribar, para derrocar, para destruir y para traer calamidad, así velaré sobre ellos para edificar y para plantar–declara el Señor.

Jeremías 31:29  En aquellos días no dirán más: «Los padres comieron uvas agrias, y los dientes de los hijos tienen dentera»,

El pueblo trató de echarle la culpa al juicio de Dios por los pecados que sus padres cometieron. Sin duda, el pecado de una persona afecta a otros, pero a todas las personas se les responsabiliza por el pecado de sus vidas. ¿Qué excusas utiliza por sus pecados?

Jeremías 31:30  sino que cada cual por su propia iniquidad morirá; los dientes de todo hombre que coma uvas agrias tendrán dentera.

Se destaca la responsabilidad individual citando un viejo proverbio que reaparece en Ezequiel 18:2. Aparentemente, la gente había malinterpretado el significado de algunas porciones de las Escrituras, de manera que justificaban su conducta pecaminosa culpando al juicio de Dios sobre sus predecesores. La responsabilidad colectiva es un tema importante en el AT; pero tanto Jeremías como Ezequiel subrayan que la calamidad que se aproxima se debe al pecado de quienes viven en aquel momento y no al de sus antepasados.

Jeremías 31:31  He aquí, vienen días–declara el Señor–en que haré con la casa de Israel y con la casa de Judá un nuevo pacto,

El meollo de la profecía de Jeremías es el nuevo pacto que Dios establecerá con su pueblo, perdonando sus pecados, y poniendo la ley en su mente y escribiéndola en su corazón , de manera que todos lo conozcan. El pasaje es citado en toda su extensión en el NT. Este es un mensaje claramente profético que apunta a la era de la Iglesia.

Haré : Literalmente «partiré». A la luz de Hebreos 8, la casa de Israel . . . Judá representa hasta cierto punto la Iglesia.

Jeremías 31:32  no como el pacto que hice con sus padres el día que los tomé de la mano para sacarlos de la tierra de Egipto, mi pacto que ellos rompieron, aunque fui un esposo para ellos–declara el Señor;

Jeremías 31:33  porque este es el pacto que haré con la casa de Israel después de aquellos días–declara el Señor–. Pondré mi ley dentro de ellos, y sobre sus corazones la escribiré; y yo seré su Dios y ellos serán mi pueblo.

Dios escribiría sus leyes en los corazones en vez de escribirlas en tablas de piedra, como hizo con los Diez Mandamientos. En 17.1 sus pecados se grabaron en sus corazones, por lo tanto, anhelaban más que todo la desobediencia. Este cambio parece describir una experiencia muy similar al nuevo nacimiento, en el que Dios toma la iniciativa. Cuando entregamos la vida a Dios, El, por su Espíritu Santo, pone en nosotros el deseo de obedecer

En su mente : Equivale a interiorizar la Ley, en tanto que en sus corazones les permite mantener el control de sí mismos.

Jeremías 31:34  Y no tendrán que enseñar más cada uno a su prójimo y cada cual a su hermano, diciendo: «Conoce al Señor», porque todos me conocerán, desde el más pequeño de ellos hasta el más grande–declara el Señor–pues perdonaré su maldad, y no recordaré más su pecado.

Jeremías 31:35  Así dice el Señor, el que da el sol para luz del día, y las leyes de la luna y de las estrellas para luz de la noche, el que agita el mar para que bramen sus olas; el Señor de los ejércitos es su nombre:

Jeremías 31:36  Si se apartan estas leyes de mi presencia–declara el Señor– también la descendencia de Israel dejará de ser nación en mi presencia para siempre.

Jeremías 31:37  Así dice el Señor: Si los cielos arriba pueden medirse, y explorarse abajo los cimientos de la tierra, también yo desecharé toda la descendencia de Israel por todo lo que hicieron–declara el Señor.

Dios tiene el poder de abolir las leyes de la naturaleza y aun de eliminar a su pueblo. Pero no hará ninguna de estas cosas. Esta no es una predicción, sino una promesa. De esta manera Dios expresa que, así como no abolirá las leyes de la naturaleza, tampoco rechazará a Israel. ¡Nada de esto sucederá!

Jeremías 31:38  He aquí, vienen días–declara el Señor–en que la ciudad será reedificada para el Señor, desde la torre de Hananeel hasta la puerta del Angulo.

Estos puntos destacan los límites de la Jerusalén restaurada en los días de Nehemías. Gareb y Goa son desconocidos. El valle de los cuerpos muertos y de la ceniza es tal vez el valle del hijo de Hinom, donde se sacrificaban niños en cultos paganos.

Jeremías 31:39  Y el cordel de medir saldrá más allá, directamente hasta la colina de Gareb, y girará hasta Goa.

Jeremías 31:40  Y todo el valle de los cadáveres y de las cenizas, y todos los campos hasta el arroyo Cedrón, hasta la esquina de la puerta de los Caballos hacia el oriente, serán santos al Señor. La ciudad no será arrancada ni derribada nunca jamás.

Restauración de las tribus. Retorno de la diáspora.

Podemos dividir el capítulo en cuatro secciones lógicas: a) profecía sobre la restauración de Israel, principalmente de las tribus del reino del Norte (Samaría), unidas de nuevo a Judá retorno gozoso de los judíos de la Diáspora profecía sobre la restauración del reino del Norte pequeños oráculos sobre el futuro. Esta última parte está en prosa, mientras que las anteriores están en verso.

Restauración de las tribus.

En la época de la restauración final, Yahvé será el centro de todas las tribus o familias de Israel, es decir, de los dos reinos, separados después de Salomón. Todas constituirán el pueblo de Dios como en los tiempos del éxodo.

La época del desierto quedó como la era ideal en el pasado de las relaciones íntimas entre Yahvé y su pueblo. Los profetas añoraban la simplicidad de aquellos tiempos cuando los israelitas aún no se habían contaminado con las idolatrías y vicios de los pueblos sedentarios de Canaán. Por eso el profeta, al describir la nueva liberación del exilio babilónico, piensa en una nueva vida en el desierto, en que las relaciones de Yahvé con su pueblo, en vías de repatriación, lleguen a la máxima intimidad. La palabra, pues, desierto aquí es término de comparación, para despertar las ilusiones del pueblo, que vivía aún de los recuerdos de las maravillas del éxodo. El pueblo escapado de la espada, los supervivientes de las calamidades de la guerra y del desierto, halló gracia en el desierto, al encontrarse de nuevo bajo la protección de su Dios, que los acompaña paternalmente a través del desierto siró-arábigo en su retorno a la patria. El profeta piensa en las caravanas de repatriados que con Zorobabel y demás guías de Israel fueron retornando a Palestina después del decreto libertador de Ciro en 538 a.C. La palabra desierto puede significar lo equivalente a triste, luctuoso, lugar de prueba, y entonces el profeta contrapondría la situación de vida de pruebas en el desierto y la intervención milagrosa divina que los salva de la situación triste del exilio; es decir, su gracia, su protección misericorDiosa. Precisamente en estos años de prueba, como los pasados en el desierto del Sinaí, fueron los años en que se fraguará la nueva alianza entre Israel y su Dios protector. Como consecuencia de esta protección, Israel se reintegró a su tierra: se fue a su reposo Israel, a la heredad santa, donde podrá disfrutar de los bienes otorgados por Dios.

Y la iniciativa para entrar en nuevas relaciones de amistad partió del mismo Yahvé. El pueblo se hallaba alejado de su Dios por sus pecados y confinado en las lejanías del destierro, abandonado a su suerte, sin posibilidad propia de rehabilitarse; pero Yahvé tuvo compasión de él y desde lejos se le hizo ver, ofreciendo sus gracias y protección para sacarle de aquel mísero estado. Y a continuación se explica la razón de esta actitud de Dios: Con amor eterno te amé; por eso te he mantenido favor. A pesar de las infidelidades de Israel, Yahvé, exclusivamente por amor, decidió volver a tener relaciones amistosas con su pueblo. Sus predilecciones por Israel son eternas, e.d., muy antiguas, desde su elección en Abraham y desde su liberación de Egipto. Por eso promete restaurarla en su vida nacional: de nuevo te edificaré, y seras plantada. Israel es concebida como una viña o plantación que cuidadosamente es plantada por Yahvé para que dé frutos. La expresión virgen de Israel tiene un particular acento idílico de ternura. Israel es considerado como una doncella virgen que merece de nuevo los amores de su verdadero Esposo, y se le promete el volver a participar de las alegrías de la vida, como las jóvenes de su edad: volverás a adornarte con tus tímpanos y saldrás en alegres danzas. Bajo estas imágenes, llenas de ingenuidad, se insinúa la nueva vida de Israel como pueblo entregado a su vida pacífica alegre, gozando de sus propios bienes, después de haber pasado la época de la opresión y de la devastación. De nuevo surgirán las nobles alegrías de la vida y el Jolgorio de la juventud en las plazas festejando los anales familiares y nacionales del pueblo.

Los israelitas podrán de nuevo dedicarse a sus trabajos de campo con la esperanza de participar de sus frutos: plantarás viñas en las alturas de Samaría. Este verso parece indicar que la profecía se centra sobre todo en la restauración del reino del Norte, con Samaría por capital. Samaría era famosa por sus vinos. La expresión y los que las plantan las gozarán indica la paz del país. Ya no serán los exactores extranjeros los que disfrutarán de los frutos que no son suyos, sino que los usufructuarán los propios israelitas establecidos en su país.

Y con la paz vendrá la restauración plena del culto en Jerusalén. De nuevo las doce tribus se considerarán ligadas a Sión como centro religioso, y por eso en aquellos días los atalayas clamarán en el monte de Efraím: Levantaos y subamos a Sión, a Yahvé, nuestro Dios. Esos atalayas o centinelas parecen ser los que estaban en las cimas de las colinas vigilando la salida de la nueva luna para anunciar a todo el país el momento de las fiestas pertinentes al nuevo mes o “neomenias.” Quizá se aluda también a la paz total que reinará en el país. En adelante los atalayas, que antes estaban encargados de anunciar invasiones militares, anunciarán sólo acontecimientos religiosos: las asambleas santas en Sión, donde mora Yahvé, el Dios de todos. La expresión monte de Efraím es clásica para designar el reino del Norte, de Samaría, centro de un culto cismático a Yahvé desde los tiempos de Jeroboam, en el siglo ? antes de Cristo.

Retorno glorioso de la Diáspora

Yahvé invita a celebrar el retorno glorioso de Israel, la primera de las naciones, en cuanto que ha sido escogida por El como heredad particular para que participara de sus beneficios materiales y espirituales. Por eso es su pueblo, y ésa es la razón de que le haya salvado, a pesar de estar reducido a un resto, después de tantas calamidades y guerras
.
A continuación describe el retorno de la Diáspora de la tierra del alquilón y de los extremos de la tierra. El retorno será completo, alcanzando aun a los tarados físicos e impedidos. Ningún obstáculo se opondrá a la manifestación de la omnipotencia liberadora de Yahvé, que los guiará y asistirá paternalmente durante la travesía de retorno. La caravana de los repatriados es inmensa. El profeta se complace en contemplar la muchedumbre que retorna: ¡qué gran comunidad la que vuelve! Y contrapone dos situaciones históricas: Salieron entre llanto en otro tiempo camino del destierro, y ahora vuelven con consolaciones bajo la guía paternal de Yahvé, que dirige la repatriación, facilitando el paso de la caravana por caminos llanos para que no tropiecen, llevándolos a las corrientes de las aguas. El paso por el desierto lleva consigo el peligro de perecer de sed. Pero esto no ocurrirá en el retorno de los exilados por el desierto, ya que Yahvé, que los guía personalmente, se encargará de llevarlos por senderos que lleven a los oasis y pozos que jalonan las rutas de la estepa para los que las conocen. Porque Yahvé es el Padre de Israel, que siente un afecto profundo hacia el pueblo que ha elegido y criado como hijo suyo.
Efraím era la tribu principal del reino del Norte, y aquí es sinónimo del mismo, que es el primogénito de Dios, según expresión conocida aplicada a Israel en general. El profeta contrapone aquí al reino del Norte (Efraim), en exilio, a las otras naciones, y en este sentido es el primogénito, en cuanto que es parte del Israel total histórico, objeto de las promesas divinas. No se le quiere anteponer al reino de Judá, del que hablará a continuación. El profeta concibe a ambos reinos como parte integrante del Israel auténtico tradicional, con sus doce tribus, descendientes de Jacob.

El profeta, obsesionado con la idea del retorno glorioso de su pueblo, invita enfáticamente a todas las naciones, a las lejanas islas, o pueblos costeros del Mediterráneo, a reconocer el gran hecho de la salvación del pueblo israelita, disperso en todas las regiones. Yahvé lo dispersó primero para castigarlo y purificarlo en la prueba, siendo los pueblos invasores que lo dispersaron meros instrumentos de la justicia divina 16. Pero ahora ha llegado el momento de la liberación, y por eso Yahvé lo protege como el pastor a su rebaño. Es inútil, pues, que se opongan a sus divinos designios obstruyendo el retorno de los expatriados, pues Yahvé ha redimido a Jacob, rescatándolo de mano más fuerte que él. A pesar de la insignificancia del pueblo israelita, ha logrado substraerse del poder omnímodo mesopotámico gracias a la intervención directa divina.

Después de describir la travesía gloriosa por el desierto y su éxodo triunfal de entre las naciones, el profeta, lleno de júbilo, contempla la reanudación del culto solemne en Sión, adonde afluyen con gritos de júbilo de todas las tribus. Como premio a su nueva religiosidad, Yahvé proveerá de toda clase de bienes materiales: el trigo, el vino, el aceite, los corderos, los terneros., siendo su alma como un jardín regado; es decir, los israelitas serán abastecidos de toda clase de ubérrimos frutos, como al jardín que no le falta la abundante irrigación del agua. Han pasado los tiempos del hambre y de la devastación de la campiña por el enemigo invasor, y de nuevo empezarán a surgir los tradicionales productos palestinianos de trigo, vino y aceite. Con ello la alegría reinará por doquier: la virgen danzará alegre en el corro. El luto ha sido sustituido por el sano júbilo popular, fruto de la seguridad nacional bajo la protección de Dios.

Con la abundancia de bienes vendrá la afluencia de sacrificios en el templo, de forma que los sacerdotes se verán cumplidos: saciaré a los sacerdotes de la grosura de las victimas. Muchos autores han querido suprimir este verso como espúreo, porque parten del prejuicio de que Jeremías es sistemáticamente opuesto a todo lo que sea manifestación de culto externo en el templo. Pero el verso está en todos los códices y versiones. Por otra parte, no se opone a un culto externo, siempre que esté basado en una convicción interior profunda, con la entrega de los corazones a Yahvé. En la nueva teocracia, los sacerdotes participarán de los beneficios debidos a su clase. De nuevo tenemos que repetir que bajo estas imágenes de bienes materiales hay que ver la idea sustancial mesiánica de felicidad y paz. Los profetas, hombres de su tiempo, hablando para sus contemporáneos, conciben el mesianismo con colores terrenos. Sin embargo, lo sustancial de su mensaje — la justicia y paz de las conciencias — se cumple en la era mesiánica inaugurada por el Mesías, que, por otra parte, tiene su plena manifestación en la etapa celeste.

Restauración del reino del Norte

De un modo conmovedor, el profeta describe el retorno de las dos tribus del norte (reino de Samaría). Muchos autores creen que es de la primera época de su actividad profética, por su parecido conceptual y estilístico con 3:12. A medida que la catástrofe de Judá se acercaba, Jeremías fue centrando su atención en torno a ésta; pero en los primeros tiempos felices de Josías sentía obsesión por la suerte trágica de los hermanos deportados del reino del Norte en el 721, un siglo antes. También para ellos hay esperanza de salvación.

En su sensibilidad extrema le parece oír los llantos de Raquel, la esposa predilecta de Jacob, al ver camino del destierro a sus descendientes. Raquel era la madre de José, padre a su vez de Efraím y de Benjamín, representantes, por su importancia histórica, del reino cismático del Norte. Precisamente en una de estas tribus se hallaba localizada, según la tradición, la tumba de Raquel. Rama es la actual er-Ram, a 10 kilómetros al norte de Jerusalén, junto a la calzada que conducía a Samaría. El profeta refleja poéticamente el duelo de la madre Raquel por la suerte de sus hijos, que avanzan hacia el norte en tristes caravanas camino del destierro.

El profeta se atreve a consolarla en nombre de Dios, porque la situación va a cambiar súbitamente: cese tu voz de gemir., porque hay compensación para tus penas. Sus dolores de alumbramiento de hijos no han sido vanos, pues no desaparecen totalmente, ya que llegará la hora del retorno a la patria; por eso hay esperanza para su porvenir.
Esta esperanza está basada en el arrepentimiento de Israel en el exilio: oigo a Efraím lamentarse: “Tú me has castigado.”. Se reconoce rebelde como novillo indómito, que al fin es vencido por la astucia de su dueño y se deja llevar de la cuerda: conviérteme y yo me convertiré. En su plena juventud, lleno de vitalidad, era indómito, y se dejó llevar por vías extrañas a las de Yahvé. Pero la prueba del exilio le ha hecho comprender su falsa situación, y pide humildemente que le haga volver a El: conviérteme y yo me convertiré.

Reconoce humildemente su causa y se da golpes de compunción: luego que entré en mi, herime el muslo. Es el gesto que expresa consternación, dolor21. Está avergonzado por el oprobio de su mocedad. Es la alusión a sus desviaciones en los tiempos en que como pueblo se sentía joven y se permitía el lujo de abandonar inconscientemente a su Dios.

Por otra parte, Yahvé siente una debilidad inexplicable por Israel: ¿No es Efraím mi predilecto, mi niño mimado?. Muchas veces ha querido castigarlo según merecía, pero instintivamente se acuerda de esta predilección y se arrepiente del castigo que iba a enviarle, y siente que sus entrañas se conmueven. La frase es bellísima y antropomórfica. El profeta finge un soliloquio divino para explicar esa lucha que en El siente entre los derechos de su justicia y el amor que tiene por Israel: ¿cómo explicar el que, a pesar de ser Efraím infiel, le ame tanto?. Es la historia del amor divino en sus relaciones con los pecadores de todos los tiempos. Por fin, el profeta describe la última fase de este proceso de retorno. Ha llegado la hora de emprender el camino de la patria, y es necesario conocer bien las sendas. Israel es representado como una dama, la virgen de Israel, que anda vacilante al tomar el camino de retorno. Llega la hora de volver a encontrarse con el Esposo, Yahvé, y, por tanto, no es el momento de perder el tiempo en indecisiones. Israel parece que se ha acostumbrado a la vida huérfana del exilio, y al sentirse libre tiene los miembros como entumecidos y anda remisa en emprender el regreso. El profeta le exhorta enfáticamente a ello. Es el grito de las ansias reprimidas de Jeremías, que desea ver a su pueblo establecido en su patria. Por eso les pide que preparen cuidadosamente el itinerario, colocando jalones para no extraviarse: ponte hitos, alza jalones, pon tu atención en la calzada, el camino que antes recorriste. Israel debe hacer memoria del camino que en otro tiempo siguió hacia el destierro, para no perderse en el desierto. Es una exhortación poética para destacar la inminencia y seguridad del retorno. Yahvé tiene tan decidida su repatriación, que ya pueden los exilados ir pensando en preparar el itinerario de las caravanas de retorno.

Debe, pues, salir de la somnolencia producida por los años de exilio y estar lista para el camino: ¿hasta cuándo has de andar titubeando?. Israel no debe temer, pues va a gozar de una protección especial, ya que hará Dios una cosa nueva en la tierra: la hembra rodeará al varón. El sentido de este verso ha sido muy discutido, y los autores no convienen en señalar en qué consiste esa cosa nueva.

En la tradición judía no se le daba sentido mesiánico. Las sentencias de los autores modernos son muy diversas. Generalmente, los autores católicos suelen entender la frase misteriosa en el sentido de que la hembra es Israel, esposa de Yahvé, que es el varón. La cosa realmente nueva que Dios va a “crear” o hacer aparecer es que Israel en la nueva etapa rodeará al varón (Yahvé), es decir, buscará afanosamente adherirse a Yahvé como su Dios, y esto es algo admirable dada su propensión innata a la idolatría y a apartarse de las prescripciones de Yahvé. Este sentido está conforme con la profecía de Jeremías de que en la nueva alianza la Ley estará escrita en los corazones. Por otra parte, el símil del desposorio entre Dios e Israel es un lugar común en la literatura profética. Además, parece que éste es el sentido que da la versión siríaca: “la muJeremías amará diligentemente al varón,” interpretación seguida por San Efrén.

Recientemente se ha propuesto una luminosa solución que también parece encajar en el contexto: el profeta invita a los exilados a no vacilar y a que preparen el camino, y para que no sientan aprensiones sobre los peligros del itinerario por el desierto, les anuncia un portento inaudito: la hembra rodeará al varón. En las caravanas, normalmente, las hembras, con sus niños, como seres indefensos, van en el centro de la comitiva, mientras que los varones, como más fuertes, van en los flancos, con las armas en la mano, dispuestos a defender a los componentes de la caravana contra cualquier repentina incursión o razzia de los belicosos beduinos. Esta disposición es la normal; pero, en la caravana de retorno de los exilados, Dios los protegerá directamente, en tal forma que las mujeres pueden libremente ir en los flancos “rodeando al varón,” que iría descuidado en el centro, pues no habrá peligros inesperados. Así, pues, aquí se exaltaría la suprema seguridad de que disfrutarán los repatriados en su camino de retorno.

Reconstrucción de Judá

Yahvé promete al reino de Judá la reconstrucción que había prometido al reino del Norte. En sus designios forman un solo pueblo. Será una reconstrucción material y, sobre todo, moral y religiosa. La profecía puede ser compuesta después de la ruina de Jerusalén en el 586, para consolar a los israelitas, decepcionados en sus ilusiones. No todo estaba perdido, porque Yahvé velaba sobre los destinos de su pueblo. El profeta se transporta mentalmente al momento en que los exilados, ya de retorno a su patria, saludan jubilosos a la Ciudad Santa: Bendígate Yahvé, morada de justicia, monte de santidad. Judá será un país de justicia, porque definitivamente reinará en él la equidad, y el centro será el monte de santidad, es decir, Sión, morada de Yahvé, que vive en una atmósfera de santidad y lo santifica todo con su contacto.

A su sombra florecerá de nuevo la vida nacional en su plena manifestación. Resurgirá la vida industrial, agrícola y ganadera, de modo que todos se sientan contentos en la nueva sociedad: saciaré a toda alma desfallecida y hartaré a toda alma lánguida. La abundancia será la característica de los nuevos tiempos. También aquí el profeta idealiza mucho el cuadro, pues sabemos que los años que siguieron a la repatriación fueron bien penosos y estrechos; pero el sentirse libres en su patria endulzaba sus trabajos. Por otra parte, como siempre, en la mente del profeta se superpone el horizonte mesiánico, que ve vinculado inicialmente a esta primera etapa de repatriación. En la época del Mesías, la felicidad será plena.

La frase del versículo 26 es enigmática y diversamente traducida. Muchos autores la explican en el sentido de que el profeta, maravillado de la granDiosa perspectiva liberadora de su pueblo, se sentía como al despertar de un dulce sueño: por eso, al despertar y ver, fue dulce mi sueño. Otros autores creen que la frase es una observación del lector, añadida posteriormente, el cual, al leer tan espléndidas perspectivas para su pueblo, pensaría que todo eso era demasiado bello para que fuera realidad, y así lo catalogaría entre los “dulces sueños.”

Resurrección de Israel y Judo

Es la promesa de la repoblación de los países asolados de Israel y Judá. Después de la guerra han quedado despoblados, y es preciso que Dios favorezca de nuevo la multiplicación de sus habitantes y de sus ganados. Yahvé ahora va a actuar como el sembrador que lanza a voleo el grano que debe germinar: yo sembraré. de hombres y animales. Es de notar que el vaticinio se refiere a los dos reinos separados, el de Israel y el de Judá, que en los futuros planes de Dios están destinados a constituir un solo reino mesiánico. Ha pasado el tiempo del castigo y llega la hora de vivir ambos en paz dentro de la abundancia. Israel y Judá son comparados a un campo feraz, bien dispuesto para la siembra que Yahvé mismo va a realizar. Antes Dios había enviado el castigo, la devastación y la ruina para salvaguardar los derechos de su justicia y de su santidad: velé sobre ellos para arrancar y destruir. Ha sido la primera parte de su labor; pero llega la hora de la segunda: velaré sobre ellos para edificar y plantar. Las expresiones están calcadas sobre la misión encomendada a Jeremías de anunciar la destrucción y la ruina, de un lado, y después la resurrección y “edificación” del nuevo pueblo. Es el instrumento de la justicia y misericordia divinas, que “vela” por los intereses de su justicia y de los de su pueblo. Le castiga primero para purificarle y después para premiarle. Si lo “destruye” primero, es para “plantarlo” y “edificarlo” después según un nuevo módulo más espiritual.

La retribución personal

En ese nuevo orden de cosas, en el pueblo de Dios reinará una justicia más personal. Hasta ahora predominaba el principio de la responsabilidad colectiva, basada en la interdependencia social de las tribus. La ley de la sangre, esencial en la vida tribal del desierto, traía como consecuencia una interdependencia de intereses que a veces resulta injusta. Los contemporáneos de Jeremías se consideraban injustamente castigados al sufrir ellos totalmente las consecuencias de la catástrofe debida en gran parte a los pecados de los antepasados: los padres comieron los agraces y los hijos sufrieron la dentera. Este proverbio, que parecía correr entre los exilados, expresaba bien su estado de ánimo. Jeremías se hace eco de ello, y anuncia para un futuro próximo una justicia más proporcional basada en la responsabilidad individual. Según las leyes de la solidaridad tribal, los hijos debían pagar por los pecados de los padres. En realidad, los contemporáneos de Jeremías y de Ezequiel no habían sido peores que sus antepasados. Sobre todo, la época del impío rey Manases se había caracterizado por la apostasía general. Y por eso los contemporáneos de Jeremías, que no tenían luces sobre la retribución en la vida de ultratumba, no encontraban justo el sufrir por pecados que ellos no habían cometido. Jeremías concede en parte esto, y les promete una nueva era en la que la responsabilidad será individual. Tampoco Jeremías tenía especiales luces sobre la retribución en el más allá, y por eso sus promesas se basan en la esperanza de una justicia perfecta en la era mesiánica. No habrá entonces pecado nacional, porque Yahvé hará que la ley reine en los corazones, y, así, la masa total del pueblo vivirá centrada en torno al pensamiento de su Dios. Si alguno peca, él solo será castigado, sin infringir daño a la nación. Por eso ya no tendrá vigencia el viejo proverbio: los padres comieron los agraces y los hijos sufren la dentera. El nuevo reino mesiánico será, en su marcha, independiente de la conducta de los individuos. Jeremías piensa aquí en la nación, cuya suerte como tal será independiente de la conducta de algunos transgresores. Ezequiel se fija más en la responsabilidad de los individuos como tales: los hijos no serán responsables de las acciones de los padres. La promesa de Jeremías se cumple en el “Israel de Dios.,” la Iglesia, inmaculada en sí, aunque sus componentes sean pecadores en gran parte. Cada uno responderá ante Dios de sus acciones. La época plena del mesianismo total no se da en este estadio terrestre en el sentido de que no habrá pecadores. El reino de Dios obra como un fermento que fructifica en toda la masa, pero sólo en el estadio definitivo celeste se da la plena teocracia de los justos en torno al Cordero inmolado. Es la etapa definitiva, cantada en el Apocalipsis. Los profetas no sabían distinguir las diferentes etapas, y veían vinculadas al Israel histórico realizaciones ideales que sólo se darían en el “Israel de Dios,” que tiene su plena eclosión y su razón de ser en la definitiva etapa celeste.

La nueva alianza.

Este fragmento es uno de los más bellos de toda la literatura profética por el espiritualismo que resuman sus palabras. La alianza antigua, basada en penas y castigos, será sustituida por otra nueva alianza que tiene su asiento en los corazones. Parece un anticipo del mensaje evangélico. El pacto del Sinaí había caducado por la infidelidad de una de las partes contratantes, y se había mostrado ineficaz para dirigir la vida religiosa del pueblo elegido. Las imposiciones externas no habían logrado despertar la entrega íntima y profunda de los corazones. El materialismo de la letra había ahogado el espíritu contenido en la misma. El ritualismo había suplantado al contenido ético-religioso del pacto sinaítico, y era preciso iniciar una nueva etapa con nuevas bases para regular las relaciones de Israel con su Dios. Faltaba el principio interior de la gracia, que transforma los corazones. Puesto que la antigua alianza había fracasado, no se debía reconstruir la nueva teocracia con las mismas bases ya caducas. Por eso, Jeremías, en nombre de Dios, anuncia una nueva alianza, escrita sobre los corazones, en sustitución de la antigua, escrita en piedra. En vez de meras imposiciones externas, con promesas y amenazas materiales, la base de la nuev alianza será el “conocimiento” amoroso e íntimo de Yahvé y de sus derechos.

La nueva alianza será con el Israel total: la casa de Israel y la casa de Judá. Las doce tribus son objeto del amor de Dios, y de ellas saldrá el núcleo sustancial de la era mesiánica, del “Israel de Dios” del ?. ?. La expresión vienen días alude a una perspectiva ilimitada iniciada con el retorno de la cautividad y plenamente manifestada en la era mesiánica. En el horizonte profetice se superponen constantemente ambas perspectivas históricas, en cuanto que la primera es una preparación de la segunda; pero los confines de ambas quedan indeterminados. Pero la nueva alianza se diferenciará bien de la del Sinaí, cuando Yahvé sacó a Israel de la tierra de Egipto, ya que ésta fue quebrantada por una de las partes signatarias, los israelitas. En cambio, la nueva alianza durará para siempre, porque Yahvé imprimirá en los corazones un conocimiento de El mismo que los atraerá y guiará en todas sus acciones conforme a los intereses de Yahvé: yo pondré mi ley en su interior y la escribiré en su corazón, y seré su Dios, y ellos mi pueblo. Ambas alianzas tenían por fin vincular a Israel a su Dios, pero en la nueva etapa las leyes no serán meras proposiciones externas e invitaciones a cumplirlas, con el anuncio de las correspondientes sanciones o premios, como en el Sinaí43, sino que Yahvé actuará en los corazones de los ciudadanos de la nueva teocracia para que irresistiblemente las cumplan. Es una expresión hiperbólica para recalcar el sentido interior de la nueva legislación divina. La antigua Ley mosaica había sido escrita en tablas de piedra44; la nueva, en los corazones. La expresión es bellísima e irreemplazable para designar el carácter espiritual del nuevo pacto 45. Entonces Yahvé será realmente el Dios de su pueblo.

La acción íntima de Yahvé en los corazones será tan profunda e incoercible, que no habrá necesidad de doctores que enseñen la ley del Señor: No tendrán que enseñarse unos a otros, porque Yahvé mismo, dominando los corazones, será el Doctor de cada uno. En Isaias 54:13 se dice lo mismo: “Todos tus hijos serán instruidos por el Señor.” La máxima docilidad presidirá los móviles de los nuevos israelitas. Naturalmente, estas palabras de Jeremías no se oponen a la existencia de doctores en la nueva ley, como han querido entender los anabaptistas. Aquí se quiere resaltar el carácter íntimo e insinuante de la ley del Señor, que no dependerá en su eficacia tanto de la audición externa, comunicada por un maestro humano, cuanto de la acción íntima de Yahvé, que mueve los corazones. Todos lo conocerán, desde los pequeños a los grandes. Conocer a Dios aquí no es tener un conocimiento especulativo sobre Dios y sus atributos, sino que la frase en el A.T. implica un conocimiento afectivo, que supone la entrega de la vida a sus preceptos 46. Pequeños y grandes aquí son probablemente la clase dirigente de la nación y los simples ciudadanos, sobre todo los pobres e ignorantes.

Dios, en reconocimiento a esta entrega íntima de los corazones, les perdonará sus maldades. La nueva era se abre con una amnistía general, de modo que las relaciones con Dios serán totalmente cordiales. De nuevo Jeremías insinúa la nueva obra de remisión de los pecados, que se cumplirá con la infusión desbordante de la gracia.

Permanencia de Israel

Este pequeño oráculo, que tiene mucha semejanza con el Deutero-Isaías, puede ser bien una intercalación posterior del redactor, aunque de inspiración jeremiana. Y puede concebirse como culminación de los versículos 31-34, en el sentido de que en la nueva alianza no sólo los individuos como tales vivirán permanentemente vinculados a Yahvé, sino que la misma sociedad teocrática subsistirá eternamente como consecuencia de esa entrega de los corazones de aquéllos a Dios, sellada en el nuevo pacto.

El profeta, con estilo solemne y enfático, destaca la inmutabilidad de las leyes de los astros como modelo de la inmutabilidad de Israel. El que garantiza la permanencia de Israel es el que ha puesto al sol para que luzca de día, y leyes a la luna. para que luzca de noche, y el que dirige la marcha de los elementos, sujetando a leyes al mismo mar, símbolo tradicional de fuerza, indómita 48.

La frase solemne de Yahvé tiene el carácter de juramento: Si dejaran de regir estas leyes ante mí (Creador de ellas)., cesara la descendencia de Israel de ser ante mí una nación por siempre. No se puede expresar de modo más vigoroso la seguridad de la permanencia de Israel como nación. La misma idea se recalca en el símil del versículo 26: como no pueden medirse los cielos ni descubrirse los fundamentos de la tierra, así tampoco podrá Yahvé “repudiar” a su pueblo.

Reconstrucción y grandeza futura de Jerusalén

En esta descripción ideal se traza el perímetro de la nueva ciudad de Jerusalén, dentro del cual habrá lugares que antes tradicionalmente habían sido considerados como impuros por haber sido profanados con la presencia de cadáveres y con los sacrificios de niños a Moloc. Todo el área será puro y consagrado a Yahvé. El profeta no cita el recinto sagrado del templo, que ya supone consagrado a Dios, sino lo que tradicionalmente era considerado como profano. Es una descripción ideal de la capital de la teocracia mesiánica. Ezequiel se moverá en el mismo plan ideal al describir la nueva Tierra Santa. En la perspectiva mesiánica de Jeremías no se menciona la reconstrucción del templo porque toda la ciudad será morada de Yahvé. El autor del Apocalipsis trazará también el perímetro ideal de la Jerusalén celestial. Las perspectivas son proféticas, con una carga fuerte poética para impresionar en los lectores; por eso las descripciones no han de tomarse literalmente. El profeta, ante las ruinas de la ciudad, sueña con otra ciudad reconstruida más perfecta, aun topográficamente, que la anterior, sobre todo girando en torno a su Dios, del que irradia toda su grandeza y esplendor.

La torre de Jananeel estaba en el ángulo noroeste de la explanada del templo, donde hoy está enclavada la Torre Antonia. La puerta del ángulo corresponde a la actual “puerta de Jafa.” La colina de Gareb es desconocida como localidad, pero se supone que el profeta se refiere a la colina llamada de Sión, donde está el Cenáculo. De ahí partía hacia el sudeste, hacia Goa, lugar también desconocido, pero que se supone que estaba en la confluencia del Cedrón, del Tiropeón y del er-Rababy. La intención del profeta parece englobar dentro de la Ciudad Santa los lugares que eran tradicionalmente impuros, como la depresión, punto de convergencia de los tres wadys antes citados, donde se arrojaban los cadáveres y donde había sido erigido el impuro Tofet, o abominación idolátrica, con su secuela de sacrificios de niños inocentes: y todo el valle de los cadáveres, hasta el torrente Cedrón, hasta la esquina de la puerta de los Caballos. La puerta de los Caballos estaba en el ángulo sudeste de la actual explanada de la mezquita de Ornar (Haram esh-Sherif), donde se juntaba la muralla del templo con la de la ciudad. De este modo queda completamente cerrado el perímetro de la ciudad, que, partiendo del noroeste de la explanada del templo, había dado vuelta hacia el occidente por la actual puerta de Jafa, descendiendo al punto de unión del Cedrón y el er-Rababy, para volverse hacia el este hasta empalmar con la explanada del templo de nuevo. Con este trazado, el profeta quería indicar que en la nueva ciudad no habría zonas impuras, sino que todo sería “consagrado” a Yahvé como suyo. Es una idealización geográfica que no ha de ser entendida a la letra. Siempre los profetas juegan con símbolos en función de ideas. La nueva ciudad será santa totalmente, sin zonas impuras. En el nuevo orden de cosas, hasta la topografía de la ciudad será diferente, al verse libre de lugares tradicionalmente infamantes.

 

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