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Jeremías 31: Restauración de las tribus, retorno de la diáspora

Y la iniciativa para entrar en nuevas relaciones de amistad partió del mismo Yahvé. El pueblo se hallaba alejado de su Dios por sus pecados y confinado en las lejanías del destierro, abandonado a su suerte, sin posibilidad propia de rehabilitarse; pero Yahvé tuvo compasión de él y desde lejos se le hizo ver, ofreciendo sus gracias y protección para sacarle de aquel mísero estado. Y a continuación se explica la razón de esta actitud de Dios: Con amor eterno te amé; por eso te he mantenido favor. A pesar de las infidelidades de Israel, Yahvé, exclusivamente por amor, decidió volver a tener relaciones amistosas con su pueblo. Sus predilecciones por Israel son eternas, e.d., muy antiguas, desde su elección en Abraham y desde su liberación de Egipto. Por eso promete restaurarla en su vida nacional: de nuevo te edificaré, y seras plantada. Israel es concebida como una viña o plantación que cuidadosamente es plantada por Yahvé para que dé frutos. La expresión virgen de Israel tiene un particular acento idílico de ternura. Israel es considerado como una doncella virgen que merece de nuevo los amores de su verdadero Esposo, y se le promete el volver a participar de las alegrías de la vida, como las jóvenes de su edad: volverás a adornarte con tus tímpanos y saldrás en alegres danzas. Bajo estas imágenes, llenas de ingenuidad, se insinúa la nueva vida de Israel como pueblo entregado a su vida pacífica alegre, gozando de sus propios bienes, después de haber pasado la época de la opresión y de la devastación. De nuevo surgirán las nobles alegrías de la vida y el Jolgorio de la juventud en las plazas festejando los anales familiares y nacionales del pueblo.

Los israelitas podrán de nuevo dedicarse a sus trabajos de campo con la esperanza de participar de sus frutos: plantarás viñas en las alturas de Samaría. Este verso parece indicar que la profecía se centra sobre todo en la restauración del reino del Norte, con Samaría por capital. Samaría era famosa por sus vinos. La expresión y los que las plantan las gozarán indica la paz del país. Ya no serán los exactores extranjeros los que disfrutarán de los frutos que no son suyos, sino que los usufructuarán los propios israelitas establecidos en su país.

Y con la paz vendrá la restauración plena del culto en Jerusalén. De nuevo las doce tribus se considerarán ligadas a Sión como centro religioso, y por eso en aquellos días los atalayas clamarán en el monte de Efraím: Levantaos y subamos a Sión, a Yahvé, nuestro Dios. Esos atalayas o centinelas parecen ser los que estaban en las cimas de las colinas vigilando la salida de la nueva luna para anunciar a todo el país el momento de las fiestas pertinentes al nuevo mes o “neomenias.” Quizá se aluda también a la paz total que reinará en el país. En adelante los atalayas, que antes estaban encargados de anunciar invasiones militares, anunciarán sólo acontecimientos religiosos: las asambleas santas en Sión, donde mora Yahvé, el Dios de todos. La expresión monte de Efraím es clásica para designar el reino del Norte, de Samaría, centro de un culto cismático a Yahvé desde los tiempos de Jeroboam, en el siglo ? antes de Cristo.

Retorno glorioso de la Diáspora

Yahvé invita a celebrar el retorno glorioso de Israel, la primera de las naciones, en cuanto que ha sido escogida por El como heredad particular para que participara de sus beneficios materiales y espirituales. Por eso es su pueblo, y ésa es la razón de que le haya salvado, a pesar de estar reducido a un resto, después de tantas calamidades y guerras
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A continuación describe el retorno de la Diáspora de la tierra del alquilón y de los extremos de la tierra. El retorno será completo, alcanzando aun a los tarados físicos e impedidos. Ningún obstáculo se opondrá a la manifestación de la omnipotencia liberadora de Yahvé, que los guiará y asistirá paternalmente durante la travesía de retorno. La caravana de los repatriados es inmensa. El profeta se complace en contemplar la muchedumbre que retorna: ¡qué gran comunidad la que vuelve! Y contrapone dos situaciones históricas: Salieron entre llanto en otro tiempo camino del destierro, y ahora vuelven con consolaciones bajo la guía paternal de Yahvé, que dirige la repatriación, facilitando el paso de la caravana por caminos llanos para que no tropiecen, llevándolos a las corrientes de las aguas. El paso por el desierto lleva consigo el peligro de perecer de sed. Pero esto no ocurrirá en el retorno de los exilados por el desierto, ya que Yahvé, que los guía personalmente, se encargará de llevarlos por senderos que lleven a los oasis y pozos que jalonan las rutas de la estepa para los que las conocen. Porque Yahvé es el Padre de Israel, que siente un afecto profundo hacia el pueblo que ha elegido y criado como hijo suyo.

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