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Jeremías 31: Restauración de las tribus, retorno de la diáspora

En su sensibilidad extrema le parece oír los llantos de Raquel, la esposa predilecta de Jacob, al ver camino del destierro a sus descendientes. Raquel era la madre de José, padre a su vez de Efraím y de Benjamín, representantes, por su importancia histórica, del reino cismático del Norte. Precisamente en una de estas tribus se hallaba localizada, según la tradición, la tumba de Raquel. Rama es la actual er-Ram, a 10 kilómetros al norte de Jerusalén, junto a la calzada que conducía a Samaría. El profeta refleja poéticamente el duelo de la madre Raquel por la suerte de sus hijos, que avanzan hacia el norte en tristes caravanas camino del destierro.

El profeta se atreve a consolarla en nombre de Dios, porque la situación va a cambiar súbitamente: cese tu voz de gemir., porque hay compensación para tus penas. Sus dolores de alumbramiento de hijos no han sido vanos, pues no desaparecen totalmente, ya que llegará la hora del retorno a la patria; por eso hay esperanza para su porvenir.
Esta esperanza está basada en el arrepentimiento de Israel en el exilio: oigo a Efraím lamentarse: “Tú me has castigado.”. Se reconoce rebelde como novillo indómito, que al fin es vencido por la astucia de su dueño y se deja llevar de la cuerda: conviérteme y yo me convertiré. En su plena juventud, lleno de vitalidad, era indómito, y se dejó llevar por vías extrañas a las de Yahvé. Pero la prueba del exilio le ha hecho comprender su falsa situación, y pide humildemente que le haga volver a El: conviérteme y yo me convertiré.

Reconoce humildemente su causa y se da golpes de compunción: luego que entré en mi, herime el muslo. Es el gesto que expresa consternación, dolor21. Está avergonzado por el oprobio de su mocedad. Es la alusión a sus desviaciones en los tiempos en que como pueblo se sentía joven y se permitía el lujo de abandonar inconscientemente a su Dios.

Por otra parte, Yahvé siente una debilidad inexplicable por Israel: ¿No es Efraím mi predilecto, mi niño mimado?. Muchas veces ha querido castigarlo según merecía, pero instintivamente se acuerda de esta predilección y se arrepiente del castigo que iba a enviarle, y siente que sus entrañas se conmueven. La frase es bellísima y antropomórfica. El profeta finge un soliloquio divino para explicar esa lucha que en El siente entre los derechos de su justicia y el amor que tiene por Israel: ¿cómo explicar el que, a pesar de ser Efraím infiel, le ame tanto?. Es la historia del amor divino en sus relaciones con los pecadores de todos los tiempos. Por fin, el profeta describe la última fase de este proceso de retorno. Ha llegado la hora de emprender el camino de la patria, y es necesario conocer bien las sendas. Israel es representado como una dama, la virgen de Israel, que anda vacilante al tomar el camino de retorno. Llega la hora de volver a encontrarse con el Esposo, Yahvé, y, por tanto, no es el momento de perder el tiempo en indecisiones. Israel parece que se ha acostumbrado a la vida huérfana del exilio, y al sentirse libre tiene los miembros como entumecidos y anda remisa en emprender el regreso. El profeta le exhorta enfáticamente a ello. Es el grito de las ansias reprimidas de Jeremías, que desea ver a su pueblo establecido en su patria. Por eso les pide que preparen cuidadosamente el itinerario, colocando jalones para no extraviarse: ponte hitos, alza jalones, pon tu atención en la calzada, el camino que antes recorriste. Israel debe hacer memoria del camino que en otro tiempo siguió hacia el destierro, para no perderse en el desierto. Es una exhortación poética para destacar la inminencia y seguridad del retorno. Yahvé tiene tan decidida su repatriación, que ya pueden los exilados ir pensando en preparar el itinerario de las caravanas de retorno.

Debe, pues, salir de la somnolencia producida por los años de exilio y estar lista para el camino: ¿hasta cuándo has de andar titubeando?. Israel no debe temer, pues va a gozar de una protección especial, ya que hará Dios una cosa nueva en la tierra: la hembra rodeará al varón. El sentido de este verso ha sido muy discutido, y los autores no convienen en señalar en qué consiste esa cosa nueva.

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