La nueva alianza.
Este fragmento es uno de los más bellos de toda la literatura profética por el espiritualismo que resuman sus palabras. La alianza antigua, basada en penas y castigos, será sustituida por otra nueva alianza que tiene su asiento en los corazones. Parece un anticipo del mensaje evangélico. El pacto del Sinaí había caducado por la infidelidad de una de las partes contratantes, y se había mostrado ineficaz para dirigir la vida religiosa del pueblo elegido. Las imposiciones externas no habían logrado despertar la entrega íntima y profunda de los corazones. El materialismo de la letra había ahogado el espíritu contenido en la misma. El ritualismo había suplantado al contenido ético-religioso del pacto sinaítico, y era preciso iniciar una nueva etapa con nuevas bases para regular las relaciones de Israel con su Dios. Faltaba el principio interior de la gracia, que transforma los corazones. Puesto que la antigua alianza había fracasado, no se debía reconstruir la nueva teocracia con las mismas bases ya caducas. Por eso, Jeremías, en nombre de Dios, anuncia una nueva alianza, escrita sobre los corazones, en sustitución de la antigua, escrita en piedra. En vez de meras imposiciones externas, con promesas y amenazas materiales, la base de la nuev alianza será el “conocimiento” amoroso e íntimo de Yahvé y de sus derechos.
La nueva alianza será con el Israel total: la casa de Israel y la casa de Judá. Las doce tribus son objeto del amor de Dios, y de ellas saldrá el núcleo sustancial de la era mesiánica, del “Israel de Dios” del ?. ?. La expresión vienen días alude a una perspectiva ilimitada iniciada con el retorno de la cautividad y plenamente manifestada en la era mesiánica. En el horizonte profetice se superponen constantemente ambas perspectivas históricas, en cuanto que la primera es una preparación de la segunda; pero los confines de ambas quedan indeterminados. Pero la nueva alianza se diferenciará bien de la del Sinaí, cuando Yahvé sacó a Israel de la tierra de Egipto, ya que ésta fue quebrantada por una de las partes signatarias, los israelitas. En cambio, la nueva alianza durará para siempre, porque Yahvé imprimirá en los corazones un conocimiento de El mismo que los atraerá y guiará en todas sus acciones conforme a los intereses de Yahvé: yo pondré mi ley en su interior y la escribiré en su corazón, y seré su Dios, y ellos mi pueblo. Ambas alianzas tenían por fin vincular a Israel a su Dios, pero en la nueva etapa las leyes no serán meras proposiciones externas e invitaciones a cumplirlas, con el anuncio de las correspondientes sanciones o premios, como en el Sinaí43, sino que Yahvé actuará en los corazones de los ciudadanos de la nueva teocracia para que irresistiblemente las cumplan. Es una expresión hiperbólica para recalcar el sentido interior de la nueva legislación divina. La antigua Ley mosaica había sido escrita en tablas de piedra44; la nueva, en los corazones. La expresión es bellísima e irreemplazable para designar el carácter espiritual del nuevo pacto 45. Entonces Yahvé será realmente el Dios de su pueblo.
La acción íntima de Yahvé en los corazones será tan profunda e incoercible, que no habrá necesidad de doctores que enseñen la ley del Señor: No tendrán que enseñarse unos a otros, porque Yahvé mismo, dominando los corazones, será el Doctor de cada uno. En Isaias 54:13 se dice lo mismo: “Todos tus hijos serán instruidos por el Señor.” La máxima docilidad presidirá los móviles de los nuevos israelitas. Naturalmente, estas palabras de Jeremías no se oponen a la existencia de doctores en la nueva ley, como han querido entender los anabaptistas. Aquí se quiere resaltar el carácter íntimo e insinuante de la ley del Señor, que no dependerá en su eficacia tanto de la audición externa, comunicada por un maestro humano, cuanto de la acción íntima de Yahvé, que mueve los corazones. Todos lo conocerán, desde los pequeños a los grandes. Conocer a Dios aquí no es tener un conocimiento especulativo sobre Dios y sus atributos, sino que la frase en el A.T. implica un conocimiento afectivo, que supone la entrega de la vida a sus preceptos 46. Pequeños y grandes aquí son probablemente la clase dirigente de la nación y los simples ciudadanos, sobre todo los pobres e ignorantes.
