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Josué 8: Sucesos en Hai

Jos 8:1 Jehová dijo a Josué: No temas ni desmayes; toma contigo toda la gente de guerra, y levántate y sube a Hai. Mira, yo he entregado en tu mano al rey de Hai, a su pueblo, a su ciudad y a su tierra.

Ya que Israel había quedado limpio del pecado de Acán, Josué se preparó para volver a atacar a Hai, esta vez para ganar. Josué había aprendido algunas lecciones que podemos seguir en nuestra vida diaria:

(1) confiese sus pecados cuando Dios se los revela

(2) cuando caiga en pecado, vuelva a concentrarse en Dios, resuelva el problema y siga adelante. Dios desea que el ciclo de pecado, arrepentimiento y perdón nos fortalezca, y no que nos debilite. Las lecciones que aprendemos de nuestros fracasos deben ayudarnos a dominar la misma situación la próxima vez que se presente. Ya que Dios está ansioso de darnos limpieza, perdón y fortaleza, la única manera de perder es darnos por vencidos. Podemos demostrar la clase de persona que somos por la manera en que respondemos la segunda y tercera vez que nos sucede lo mismo.

Jos 8:2 Y harás a Hai y a su rey como hiciste a Jericó y a su rey; sólo que sus despojos y sus bestias tomaréis para vosotros. Pondrás, pues, emboscadas a la ciudad detrás de ella.

Israel debía aprender que la obediencia era recompensada. Dios les dijo que podían tomar los despojos de Hai, algo que no les fue permitido hacer en Jericó.

¿Por qué permitió Dios que los israelitas se quedaran esta vez con el botín? Las leyes de Israel para disponer del botín de la guerra cubrían dos situaciones.

(1) Las ciudades como Jericó que estaban bajo la proscripción de Dios (juicio por idolatría) no podían ser saqueadas. El pueblo de Dios tenía que mantenerse santo y separado de toda influencia de idolatría.

(2) La distribución del botín de ciudades que no estaban bajo proscripción (anatema) era una costumbre normal en la guerra. Proveía al ejército y a la nación de los alimentos, ganados y armas necesarios para sostenerse en tiempos de guerra. Hai no estaba bajo el «anatema». El ejército conquistador necesitaba los alimentos y el equipo. Ya que no se les pagaba a los soldados, el botín era parte de su incentivo y recompensa por ir a la guerra.

Jos 8:3 Entonces se levantaron Josué y toda la gente de guerra, para subir contra Hai; y escogió Josué treinta mil hombres fuertes, los cuales envió de noche.

La conquista de Hai fue muy importante para los israelitas. A sólo casi 18 km de Jericó, Hai era un baluarte clave para los cananeos y una fortaleza para Bet-el. Si los reyes cananeos recobraban el aliento con una derrota de Israel en Hai, podrían unirse en un ataque coordinado. Ellos no sabían que Dios había restaurado su poder y protección sobre las tropas de Josué. Debemos depender de Dios con total obediencia para estar seguros de la victoria que nos ha prometido.

Jos 8:4 Y les mandó, diciendo: Atended, pondréis emboscada a la ciudad detrás de ella; no os alejaréis mucho de la ciudad, y estaréis todos dispuestos.

Jos 8:5 Y yo y todo el pueblo que está conmigo nos acercaremos a la ciudad; y cuando salgan ellos contra nosotros, como hicieron antes, huiremos delante de ellos.

Jos 8:6 Y ellos saldrán tras nosotros, hasta que los alejemos de la ciudad; porque dirán: Huyen de nosotros como la primera vez. Huiremos, pues, delante de ellos.

Jos 8:7 Entonces vosotros os levantaréis de la emboscada y tomaréis la ciudad; pues Jehová vuestro Dios la entregará en vuestras manos.

Jos 8:8 Y cuando la hayáis tomado, le prenderéis fuego. Haréis conforme a la palabra de Jehová; mirad que os lo he mandado.

Jos 8:9 Entonces Josué los envió; y ellos se fueron a la emboscada, y se pusieron entre Bet-el y Hai, al occidente de Hai; y Josué se quedó aquella noche en medio del pueblo.

Jos 8:10 Levantándose Josué muy de mañana, pasó revista al pueblo, y subió él, con los ancianos de Israel, delante del pueblo contra Hai.

Los ancianos de Israel eran los jefes de los clanes y familias y representaban al pueblo en ocasiones especiales.

Jos 8:11 Y toda la gente de guerra que con él estaba, subió y se acercó, y llegaron delante de la ciudad, y acamparon al norte de Hai; y el valle estaba entre él y Hai.

Jos 8:12 Y tomó como cinco mil hombres, y los puso en emboscada entre Bet-el y Hai, al occidente de la ciudad.

Estos 5.000 hombres eran un contingente separado de los 30.000 del v. 3 y fueron despachados para tender una emboscada a cualquier refuerzo procedente de Bet – el .

Jos 8:13 Así dispusieron al pueblo: todo el campamento al norte de la ciudad, y su emboscada al occidente de la ciudad, y Josué avanzó aquella noche hasta la mitad del valle.

Jos 8:14 Y aconteció que viéndolo el rey de Hai, él y su pueblo se apresuraron y madrugaron; y al tiempo señalado, los hombres de la ciudad salieron al encuentro de Israel para combatir, frente al Arabá, no sabiendo que estaba puesta emboscada a espaldas de la ciudad.

Las tácticas nocturnas de Josué eran lo suficientemente visibles como para poner en movimiento al rey de Hai y a su pueblo, quienes madrugaron y salieron al encuentro de Israel .

Jos 8:15 Entonces Josué y todo Israel se fingieron vencidos y huyeron delante de ellos por el camino del desierto.

Jos 8:16 Y todo el pueblo que estaba en Hai se juntó para seguirles; y siguieron a Josué, siendo así alejados de la ciudad.

Jos 8:17 Y no quedó hombre en Hai ni en Bet-el, que no saliera tras de Israel; y por seguir a Israel dejaron la ciudad abierta.

Bet – el y Hai estaban a 3 km una de la otra, pero sólo Hai fue conquistada. Bet-el cayó más tarde en manos de Israel

Jos 8:18 Entonces Jehová dijo a Josué: Extiende la lanza que tienes en tu mano hacia Hai, porque yo la entregaré en tu mano. Y Josué extendió hacia la ciudad la lanza que en su mano tenía.

Jos 8:19 Y levantándose prontamente de su lugar los que estaban en la emboscada, corrieron luego que él alzó su mano, y vinieron a la ciudad, y la tomaron, y se apresuraron a prenderle fuego.

El Señor entregó la ciudad a Josué. La derrota de ayer se convirtió en la victoria de hoy. Una vez que resolvemos el problema del pecado, nos esperan perdón y victoria más adelante. Con la guía de Dios podemos evitar desanimarnos y ser consumidos por la culpa. No importa cuán difícil parezca recuperarse de un traspié ocasionado por un pecado, debemos renovar nuestros esfuerzos por llevar a cabo la voluntad de Dios.

Jos 8:20 Y los hombres de Hai volvieron el rostro, y al mirar, he aquí que el humo de la ciudad subía al cielo, y no pudieron huir ni a una parte ni a otra, porque el pueblo que iba huyendo hacia el desierto se volvió contra los que les seguían.

Jos 8:21 Josué y todo Israel, viendo que los de la emboscada habían tomado la ciudad, y que el humo de la ciudad subía, se volvieron y atacaron a los de Hai.

Jos 8:22 Y los otros salieron de la ciudad a su encuentro, y así fueron encerrados en medio de Israel, los unos por un lado, y los otros por el otro. Y los hirieron hasta que no quedó ninguno de ellos que escapase.

Jos 8:23 Pero tomaron vivo al rey de Hai, y lo trajeron a Josué.

El hecho de que capturaran al rey de Hai . . . vivo no constituyó una violación del mandato de Dios; todo lo contrario, perseguía darle realce a su muerte colgándolo de un árbol. Exhibir un cuerpo de esa manera indicaba una maldición divina.

Jos 8:24 Y cuando los israelitas acabaron de matar a todos los moradores de Hai en el campo y en el desierto a donde los habían perseguido, y todos habían caído a filo de espada hasta ser consumidos, todos los israelitas volvieron a Hai, y también la hirieron a filo de espada.

Jos 8:25 Y el número de los que cayeron aquel día, hombres y mujeres, fue de doce mil, todos los de Hai.

Jos 8:26 Porque Josué no retiró su mano que había extendido con la lanza, hasta que hubo destruido por completo a todos los moradores de Hai.

Jos 8:27 Pero los israelitas tomaron para sí las bestias y los despojos de la ciudad, conforme a la palabra de Jehová que le había mandado a Josué.

Jos 8:28 Y Josué quemó a Hai y la redujo a un montón de escombros, asolada para siempre hasta hoy.

Jos 8:29 Y al rey de Hai lo colgó de un madero hasta caer la noche; y cuando el sol se puso, mandó Josué que quitasen del madero su cuerpo, y lo echasen a la puerta de la ciudad; y levantaron sobre él un gran montón de piedras, que permanece hasta hoy.

Jos 8:30 Entonces Josué edificó un altar a Jehová Dios de Israel en el monte Ebal,

Jos 8:31 como Moisés siervo de Jehová lo había mandado a los hijos de Israel, como está escrito en el libro de la ley de Moisés, un altar de piedras enteras sobre las cuales nadie alzó hierro; y ofrecieron sobre él holocaustos a Jehová, y sacrificaron ofrendas de paz.

El altar debía ser construido de piedras enteras para que no fuera profanado. Esto impediría que la gente adorara al altar como si fuera un ídolo o a la habilidad de los artesanos en lugar de las grandes obras de Dios.

Jos 8:32 También escribió allí sobre las piedras una copia de la ley de Moisés, la cual escribió delante de los hijos de Israel.

Los holocaustos pertenecían exclusivamente a Dios. Se sacrificaba al animal, se drenaba su sangre y entonces el fuego lo consumía completamente sobre el altar. El animal representaba la total consagración a Dio. Las ofrendas de paz también consistían en sacrificios de animales, pero la carne era consumida por los sacerdotes y el pueblo. En este caso el animal simbolizaba gratitud, dedicación a Dios y compañerismo con él.

Lo más probable es que hayan sido los Diez Mandamientos (registrados en Exodo 20) los que Josué copió en las piedras. Estos eran el fundamento de todas las leyes de Dios, y siguen siendo de relevancia hoy.

Jos 8:33 Y todo Israel, con sus ancianos, oficiales y jueces, estaba de pie a uno y otro lado del arca, en presencia de los sacerdotes levitas que llevaban el arca del pacto de Jehová, así los extranjeros como los naturales. La mitad de ellos estaba hacia el monte Gerizim, y la otra mitad hacia el monte Ebal, de la manera que Moisés, siervo de Jehová, lo había mandado antes, para que bendijesen primeramente al pueblo de Israel.

Jos 8:34 Después de esto, leyó todas las palabras de la ley, las bendiciones y las maldiciones, conforme a todo lo que está escrito en el libro de la ley.

Las bendiciones y las maldiciones : Formaban parte del pacto. Si éste era obedecido se recibían bendiciones; en caso contrario, maldiciones.

Jos 8:35 No hubo palabra alguna de todo cuanto mandó Moisés, que Josué no hiciese leer delante de toda la congregación de Israel, y de las mujeres, de los niños, y de los extranjeros que moraban entre ellos.

El monte Ebal estaba ubicado a 32 km al norte de Hai. De acuerdo con la ley de Moisés, Josué edificó un altar y renovó el pacto

Sucesos en Hai

Después que el pueblo ha reconocido su falta y corregido sus caminos distorsionados en relación al pacto, Jehová promete entregar la ciudad de Hai con una afirmación muy convincente de que en esta ocasión no habrá lugar a fracasos.

Trabajando por la promesa

Lo interesante del pasaje es que aunque la victoria está garantizada, Josué debe llevar a cabo todo un plan de ataque. Es lógico en cualquier combate. La acción de Jehová no ahorra el trabajo que su pueblo debe realizar para alcanzar las promesas.

La orden de Jehová va dirigida contra el rey de Hai, lo que evidencia que en ninguna manera se trata de una orden para cometer un genocidio. No obstante, la destrucción general es resultado de un ataque que hace parte de una guerra que siempre cobra víctimas con poca o ninguna conciencia sobre el conflicto. El rey encarna todo el sistema religioso y político que Jehová ha sometido a juicio.

La tierra prometida que se va a poseer es un espacio para ser libres, para vivir como seres que han sido creados a imagen y semejanza de Dios y con el objetivo de crear en ese pueblo un tipo del ser humano que Dios anhela para todo el mundo.

Al parecer permite al pueblo posesionarse de algunas cosas de la ciudad que seguramente servirían de sostenimiento durante cierto tiempo. Esta permisividad demuestra que el dueño del botín es Jehová y que por lo tanto él puede disponer del mismo para dar provisión al pueblo en un período de asentamiento provisional.

Un aspecto que se debe destacar en esta primera parte del pasaje es la organización y disciplina que logró infundir Josué a los combatientes, especialmente si la comparamos con la primera incursión hacia Hai. Los términos que se usan son: “les mandó” (del verbo heb., tsav), “Mirad que yo os lo he mandado”, y “Josué los envió”. Evidentemente son más fuertes que los de la primera incursión donde se dice: “Fueron allá unos 3.000 hombres…”. No se trata de pensar que en el primer caso los combatientes hicieron lo que consideraron probablemente conveniente, pero sí es notable que en esta segunda incursión se destaca el papel directivo de Josué, y la disciplina que el grupo tenía para responder a las órdenes.

Es importante aprender que las cosas que Dios ofrece en sus promesas son recibidas en medio del esfuerzo y la preparación, no en medio de la pasividad y la mera espontaneidad. Asuntos de gran magnitud, como la toma de Hai, no se consiguen en forma ligera sino que exigen una preparación minuciosa y detallada, preparación que implica una conciencia clara acerca de quién es el Señor de la historia, el cual guía en cada paso a su pueblo.

En esta ocasión también hubo realismo y una visión más aterrizada de la situación, a diferencia de lo que había ocurrido en la primera incursión cuando dijeron: “No fatigues a todo el pueblo allí, porque ellos son pocos”. Por el contrario, en la segunda incursión hubo necesidad de preparar una emboscada para sacar a los hombres de Hai fuera de ella y combatirlos en un terreno neutral. Lo que antes parecía tan fácil de acuerdo a un primer informe de los espías, ahora se afrontaba con todos los preparativos y la inteligencia con que un enemigo debe ser enfrentado. Menospreciar al enemigo ya es un paso hacia atrás en la marcha hacia la victoria. Los desafíos y los obstáculos deben ser afrontados con toda la seriedad y responsabilidad que sean necesarias. Josué y su ejército deben asegurarse no sobre suposiciones sino sobre realidades manteniendo firme la confianza en Dios.

Un aspecto que se debe rescatar de esta experiencia del pueblo de Israel es que el nuevo intento fortaleció el ánimo del pueblo. Quizá la derrota inicial tuvo el mismo efecto en el pueblo que el que tuvo en Josué. Lógicamente el desánimo podría impedir un nuevo intento de alcanzar esta ciudad; pero después de la corrección de los errores, de las órdenes y de la organización que impartió Josué, el pueblo se dispuso para un nuevo ataque que tendría resultados altamente positivos.

El sentirse derrotado y luego intentar la superación de un obstáculo puede permitir un paso hacia adelante en la maduración, y eso es lo que sucedió al pueblo, que dejó un recuerdo de esta victoria para que siempre la memoria colectiva fuera inyectada positivamente con aquella experiencia.

Haciendo realidad la promesa

La orden para el ataque final la dio Jehová, nuevamente a través de Josué quien extendió su lanza, como símbolo del combate, en dirección a la ciudad. Así la mantuvo hasta que terminó la lucha y los de Israel tomaron completamente la ciudad.

En este proceso se pueden mencionar varias cosas: Por un lado, la muerte generalizada de los habitantes de la ciudad, que a la mente actual puede parecer muy fuerte y de dudoso carácter en cuanto a la manera en que se alcanzan las promesas de Dios. Es necesario volver al contexto histórico del pueblo, pues de otra manera se puede terminar en justificaciones extrabíblicas de masacres y genocidios que son ajenos al propósito del texto bíblico. La guerra es una guerra en cualquier parte del mundo, pero esta ha sido usada por Dios para corregir aun al mismo pueblo escogido. En este período, como ya se ha mencionado, la toma de Canaán no es la llegada a un jardín de flores sin espinas. Más bien, la tierra prometida es un espacio que se debe alcanzar a través de los medios necesarios en ese período histórico de la revelación y en ese momento histórico del pueblo hebreo. Hombres y mujeres murieron en este combate, pero se debe recordar que son sociedades caracterizadas por el valor que otorgan a la comunidad en detrimento, a nuestro parecer del siglo XXI, de la individualidad. Esta valía, pero no en la misma medida que en la actualidad. Por eso, desarraigar a un pueblo implicaba no solo derrotar a los combatientes que salieron de Hai sino a su descendencia.

El otro elemento que está presente en este evento es que los hebreos están librando una lucha que tiene connotaciones religiosas, y por lo tanto en erradicar los santuarios y lugares de culto. De ahí que incendiaran la ciudad. Esta orden quizá procuraba dejar limpio el lugar para que el pueblo instalara el santuario de adoración al único Dios, Jehová, que estaba formando un pueblo nuevo caracterizado por la justa repartición de la tierra que se verá más adelante y por un gobierno que no expoliará a los trabajadores de la tierra.

No obstante estos esfuerzos, el pueblo tuvo que entrar en una crisis de adaptación, pues todos los pueblos no fueron destruidos. Por esa razón los israelitas tuvieron que convivir con aquellos que adoraban a otros dioses, aunque esto realmente era contrario al propósito de Jehová para Israel.

Algunos comentaristas plantean que el libro de Josué es el resultado de un historiador de la tradición deuteronomista. Efectivamente muestra una percepción clara de la diferencia que había entre el culto a Jehová y los cultos a los dioses cananeos. Este relato siendo de todas maneras posterior a la conquista, ya ha recogido el fruto de la larga experiencia y crisis que provocó la toma de Canaán al pueblo de Jehová.

En un principio el influjo del mundo religioso cananeo en la religión de Israel fue notable, por ejemplo la adopción de epítetos divinos puramente cananeos nos muestra hasta qué punto llega la asimilación de las concepciones cananeas, como en el caso, donde se habla de los cuernos de Jehová, atributo sólo conocido en Canaán y destinado a sus divinidades.

El libro de Josué nos muestra, entonces, una lectura de la historia de Israel mucho más consciente de la importancia de la fidelidad a Jehová. Por ello, repasa acontecimientos que quizá sus lectores primarios habían ignorado o estaban olvidando.

La radicalidad de las batallas con Baal refleja que la lucha, en términos de lo religioso, era fundamental para la sobrevivencia de la comunidad israelita de fe. Por eso es necesario comprender este aspecto al leer sobre las batallas con los pueblos cananeos. En ellas no están envueltos sólo los aspectos políticos que estamos acostumbrados a ver en las guerras actuales, sino que estaba incluida la sobrevivencia del culto al Dios que los había sacado de Egipto y les había prometido una tierra para vivir libremente.

La manera en que es destruido el rey de Hai refleja lo que se acaba de afirmar pues la dureza del ataque es un castigo al rey quien es colgado en un madero para escarmiento de otros reyes y de los extranjeros que andaban con el pueblo. Su cuerpo fue echado en un pozo cavado a la entrada de la ciudad por ser el lugar más visible, y el montón de piedras levantado sobre su cuerpo era una costumbre que todavía existe en Oriente, por medio del cual se señala la sepultura de las personas infames.

Pacto ceremonial en el monte Ebal

Este pasaje es una interrupción del relato sobre las campañas de toma de la tierra prometida, y traslada el escenario de los acontecimientos a la región de Siquem, unos 29 km al nordeste, para luego regresar al campamento en Gilgal.

Las explicaciones para la aparición de este relato en este punto son varias: Algunos consideran la destrucción de Hai como la primera oportunidad de Josué para continuar hasta Siquem, lo cual es muy probable. También se considera que este pasaje sirve como preámbulo a la alianza de Josué con los gabaonitas. Otros consideran que se trataba de comparar nuevamente a Josué con Moisés, ya que Moisés sostuvo un cayado en su mano mientras se libraba la batalla contra Amalec y luego se construyó un altar. En esta ocasión Josué sostuvo su lanza sobre Hai mientras era destruida y luego construye un altar.

Es importante además aclarar otros detalles que están implícitos sobre el pasaje: Nada se dice sobre cómo llegaron hasta Siquem sin ser molestados por nadie, pues en el libro de Josué no se relata la captura de Siquem y a las puertas de estas ciudad se ofrecieron servicios de dedicación a Jehová. La razón puede ser que el libro de Josué no se propuso relatar todas las conquistas hechas por el pueblo, o que los habitantes de esta ciudad no se mostraron hostiles hacia los hebreos porque allí tal vez vivían algunos emparentados con Jacob después de haberla tomado. Ciertos documentos arqueológicos revelan que el príncipe de Siquem por el año 1380 a. de J.C. estaba en alianza con los «habirus» que posiblemente pudieron haber tenido alguna conexión con los hebreos. Otra razón puede ser que el temor que se había apoderado de los habitantes de la tierra les desanimara de cualquier intento de ataque a los hebreos.

El monte Ebal estaba al norte de la ciudad de Siquem y frente al monte Gerizim y es allí donde Josué lleva a cabo la ceremonia de consagración a Jehová.

El altar de piedras no labradas respondía a una instrucción de Jehová, sobre los altares que debían ser de tierra, y de esta forma daban la apariencia de la misma. El no ser piedras labradas las presentaba en la manera más natural posible para levantar un altar a Jehová.

Se hicieron sacrificios de paz tal como se habían llevado a cabo en el momento en que se estableció el pacto y por la observanción de estos ritos se renovaba el pacto. El pueblo se reconciliaba con Dios por medio de los holocaustos (ofrendas quemadas) y se gozaba con él por medio de los sacrificios de paz.

La reproducción de la ley refuerza el acto conmemorativo y el hecho de revivir la experiencia del pacto acordado en el Sinaí. Es notable además la mención de los «extranjeros»; ger en este acto, porque vuelve a subrayar el carácter inclusivo de este pacto respecto a otros pueblos y naciones. Si Jehová rechazaba a algunos pueblos en este período no era porque Israel fuese el mejor pueblo, es decir impecable, sino porque estaba comprometido con obedecer el pacto, y se adhería a la fe en Jehová. Todos los que participaran de esta fe harían parte del pueblo de Jehová.

El evento termina con la lectura de toda la ley, al parecer era una versión más extensa de lo que se había inscrito en las piedras, tal vez la ley contenida en Deuteronomio.

La descripción de este acto solemne no está completa si no se termina donde se menciona a toda la “congregación e Israel, incluyendo las mujeres, los niños y los extranjeros que vivían entre ellos”.

Se destaca en este acto de reafirmación del pacto con Jehová, el que se dirigió a tocar los sentidos de cada uno de los presentes; fue un acto para ver (piedras, holocausto y sacrificios), oír (la lectura de la ley), olfatear (holocaustos y sacrificios) y sentir seguramente en el momento de cavar las piedras; ya la pascua había permitido gustar para recordar.

Este acto se dirigía a la persona en forma holística, integral, no parcialmente. No era algo para salvar una parte, sino involucraba a todo el ser humano, que en su integralidad recibirá la promesa de la tierra prometida la cual no consistía en un bien solo espiritual sino material, psíquico y afectivo. Este hecho representa un desafío para la iglesia del presente asediada por la fragmentación de la persona humana, que debido a la insatisfacción de algunas de sus necesidades básicas tiende a conformarse con soluciones parciales, momentáneas que finalmente resultan ilusorias.

El pacto que se renovó en esta ocasión consistía en bendición permanente, cotidiana, integral y comprehensiva de todo el ser humano que es hecho a imagen y semejanza de Dios.

El culto debe tener un carácter pedagógico además del conmemorativo o de alabanza a Dios, pues finalmente quien lo dirige no debe centrar la atención en sí mismo, sino en el objeto de la adoración, en la importancia de que esa adoración sirva para renovar el compromiso con Dios y facilita perpetuar la alabanza al Señor de los ejércitos.

Esta fue una experiencia de adoración integral, porque vinculó a todas las familias, las clases, los sexos, etc. Daba importancia a la comunidad y no al aislamiento individualista, el mismo que puede terminar en un egocentrismo espiritual de quienes se jactan de tener experiencias extraordinarias que los pueden hacer “más espirituales”.

El acto permitió reemplazar, en cierta medida, la imagen de Moisés como un hito inalcanzable, pues para el pueblo la experiencia del Sinaí significó algo único e irrepetible. Este acto permitió equiparar, guardando las proporciones, a Josué con Moisés, ya que el primero protagonizaba el liderazgo del pueblo en un momento tan importante como lo fue el del Sinaí.

Este evento era la realización concreta e histórica de las promesas derivadas del pacto que Jehová había realizado con su pueblo. No se pretendía superar a Moisés, pero sí constituía un cumplimiento de las promesas que Moisés por fe quiso alcanzar y ahora otros disfrutaban de ellas.

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