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Josué 7: Castigo de Acán

El relato de este capítulo se mueve entre dos historias: una, el pecado de Acán; la otra, la derrota de Hai.

Jos 7:1 Pero los hijos de Israel cometieron una prevaricación en cuanto al anatema; porque Acán hijo de Carmi, hijo de Zabdi, hijo de Zera, de la tribu de Judá, tomó del anatema; y la ira de Jehová se encendió contra los hijos de Israel.

Josué había proclamado un bando divino que prohibía el saqueo de Jericó. Sólo Acán desafió la prohibición, pero su desobediencia es vista como la de todo el pueblo, a causa del principio de la responsabilidad colectiva que recorre todo el AT. El pecado siempre tiene implicaciones colectivas.

«El anatema» se refiere a todas las vestiduras, ganado y otro botín que Dios dijo a Israel que debiera destruir cuando conquistara Jericó. El problema no era que ellos hubieran encontrado un buen uso para algo que de todos modos sería desechado. Se trataba de una seria ofensa dado que habían desafiado una orden explícita del Señor.

Note los resultados del pecado de Acán:

(1) muchos hombres murieron

(2) El ejército de Israel se paralizó de temor

(3) Josué cuestionó a Dios

(4) Dios amenazó con retirar su presencia del pueblo

(5) Acán y su familia tenían que ser destruidos

Cuando Israel eliminó el pecado de su comunidad, estos fueron los resultados:

(1) palabras alentadoras de Dios

(2) La presencia de Dios en la batalla

(3) La dirección y promesa de victoria por parte de Dios

(4) El permiso de Dios para guardar el botín y el ganado de la batalla para ellos mismos. A través de la historia de Israel, hubo bendiciones cuando el pueblo eliminó el pecado. Uno experimenta victoria cuando elimina el pecado de su vida y sigue, de todo corazón, el plan de Dios.

En virtud de la ley de la solidaridad, el pecado de Acán recae sobre todo el pueblo. A este episodio y a sus consecuencias aludía implícitamente el texto. El autor sagrado, en una breve introducción, hace referencia al precepto divino sobre el herem y anticipa la razón del desastre de Hai. Josué había conminado al pueblo a no tomar nada de lo que debía ser consagrado al exterminio ni de lo que debía reservarse para el tesoro de Yahvé. El pueblo obedeció a su palabra, pero la codicia cegó a Acán. Era Acán hijo de Judá por Zarac.

Jos 7:2 Después Josué envió hombres desde Jericó a Hai, que estaba junto a Bet-avén hacia el oriente de Bet-el; y les habló diciendo: Subid y reconoced la tierra. Y ellos subieron y reconocieron a Hai.

Jos 7:3 Y volviendo a Josué, le dijeron: No suba todo el pueblo, sino suban como dos mil o tres mil hombres, y tomarán a Hai; no fatigues a todo el pueblo yendo allí, porque son pocos.

Jos 7:4 Y subieron allá del pueblo como tres mil hombres, los cuales huyeron delante de los de Hai.

Jos 7:5 Y los de Hai mataron de ellos a unos treinta y seis hombres, y los siguieron desde la puerta hasta Sebarim, y los derrotaron en la bajada; por lo cual el corazón del pueblo desfalleció y vino a ser como agua.

Hai era una pequeña ciudad fortificada ubicada en la región montañosa al noroeste de Jericó.

Yahvé es un Dios celoso que castiga las infidelidades de su pueblo. Como represalia por el pecado de Acán le abandona a sus propias fuerzas en el ataque a Hai y es derrotado, a pesar del exiguo número de sus defensores. El autor sagrado conoce la ciudad y sus alrededores, pero usa de la aproximación al señalar el número de guerreros que atacaron la ciudad y las bajas que tuvieron. El número de atacantes parece excesivo en relación con las pérdidas sufridas. Hai, que significa la Ruina, se identifica con el actual et-Tell, a tres kilómetros al sudeste de Bete. Estaba edificada sobre uno de los promontorios que se adelantan hacia la depresión jordánica, con una posición excepcional desde el punto de vista estratégico. Hai era la llave para penetrar en el macizo central de Palestina.

Jos 7:6 Entonces Josué rompió sus vestidos, y se postró en tierra sobre su rostro delante del arca de Jehová hasta caer la tarde, él y los ancianos de Israel; y echaron polvo sobre sus cabezas.

Rompió sus vestidos : Esta era una forma acostumbrada de expresar alguna pena o dolor profundo, lo mismo que echarse tierra sobre la cabeza.

Josué y los ancianos rompieron sus vestidos y echaron polvo sobre sus cabezas como señales de un luto profundo delante de Dios. Estaban confundidos por la derrota en la pequeña ciudad de Hai después de la victoria espectacular de Jericó. Por lo tanto se presentaron delante de Dios en gran humildad y tristeza para recibir sus instrucciones. Cuando nuestras vidas se desmoronan, nosotros también debemos volvernos a Dios en busca de ayuda y dirección. Como Josué y los ancianos, debemos humillarnos delante de Dios para que podamos oír su Palabra.

Jos 7:7 Y Josué dijo: ¡Ah, Señor Jehová! ¿Por qué hiciste pasar a este pueblo el Jordán, para entregarnos en las manos de los amorreos, para que nos destruyan? ¡Ojalá nos hubiéramos quedado al otro lado del Jordán!

Cuando Josué primero salió contra Hai, no consultó a Dios sino que dependió de la fuerza de su ejército para derrotar la pequeña ciudad. Sólo después de la derrota de Israel decidió buscar a Dios y preguntarle qué había pasado.

Muchas veces dependemos de nuestras propias habilidades y fuerza, sobre todo cuando la tarea que tenemos parece fácil. Buscamos a Dios sólo cuando los obstáculos parecen demasiado grandes. Sin embargo, sólo Dios sabe lo que tenemos por delante. Una consulta con El, aun cuando todo nos vaya bien, puede salvarnos de graves errores o malas decisiones. Puede que Dios quiera que aprendamos ciertas lecciones, nos despojemos de cierto orgullo o consultemos a otros antes de trabajar a través nuestro.

Jos 7:8 ¡Ay, Señor! ¿qué diré, ya que Israel ha vuelto la espalda delante de sus enemigos?

Jos 7:9 Porque los cananeos y todos los moradores de la tierra oirán, y nos rodearán, y borrarán nuestro nombre de sobre la tierra; y entonces, ¿qué harás tú a tu grande nombre?

Imagínese orar a Dios de esta manera. Esta no es una oración formal de iglesia. Es la oración de un hombre que tiene miedo y está confundido por lo que está sucediendo a su alrededor. Josué le expresó sus verdaderos sentimientos a Dios. Si esconde sus necesidades de Dios, está ignorando al único que realmente le puede ayudar. Dios recibe sus oraciones sinceras y desea que le exprese sus verdaderos sentimientos. Cualquier creyente puede volverse más sincero en la oración al recordar que tenemos un Dios que es omnisciente (todo lo sabe) y omnipotente (todo lo puede) y que su amor dura para siempre.

Jos 7:10 Y Jehová dijo a Josué: Levántate; ¿por qué te postras así sobre tu rostro?

Jos 7:11 Israel ha pecado, y aun han quebrantado mi pacto que yo les mandé; y también han tomado del anatema, y hasta han hurtado, han mentido, y aun lo han guardado entre sus enseres.

Jos 7:12 Por esto los hijos de Israel no podrán hacer frente a sus enemigos, sino que delante de sus enemigos volverán la espalda, por cuanto han venido a ser anatema; ni estaré más con vosotros, si no destruyereis el anatema de en medio de vosotros.

La violación del pacto, debido al pecado de Acán, fue la causa por la cual han venido a ser anatema . Al pueblo se le prometió éxito y prosperidad, pero sólo si actuaba obedientemente.

¿Por qué trajo castigo sobre toda la nación el pecado de Acán? Aunque fue la falla de un hombre, Dios lo vio como una desobediencia nacional a una ley nacional. Dios exigía que toda la nación se comprometiera a la tarea que había prometido cumplir: conquistar la tierra. Por eso, cuando una persona falló, todos fallaron. Si el pecado de Acán no hubiera sido castigado, se habría desatado un saqueo ilimitado. La nación como entidad colectiva tenía que prevenir esa desobediencia.

El pecado de Acán no fue el simple acto de guardar algo del botín (que Dios permitía en algunos casos), sino la desobediencia al mandato explícito de Dios de destruir todo lo relacionado con Jericó. Su pecado fue la indiferencia a la maldad e idolatría de la ciudad, no simplemente el deseo de tener más dinero. Dios no volvería a proteger al ejército de Israel hasta que se eliminara el pecado y este volviera a obedecerle sin reservas.

Dios no se conforma con que hagamos lo bueno algunas veces. El desea que todos nosotros hagamos lo bueno siempre. Estamos bajo sus órdenes para eliminar todo pensamiento, práctica o posesión que entorpezca nuestra devoción a Dios.

Jos 7:13 Levántate, santifica al pueblo, y di: Santificaos para mañana; porque Jehová el Dios de Israel dice así: Anatema hay en medio de ti, Israel; no podrás hacer frente a tus enemigos, hasta que hayáis quitado el anatema de en medio de vosotros.

«Santificaos» significaba que los israelitas tenían que realizar los ritos de purificación que se mencionan, cuando se preparaban para cruzar el Jordán. Tales ritos preparaban al pueblo para acercarse a Dios y les hacían recordar constantemente el pecado de ellos y la santidad de El.

Jos 7:14 Os acercaréis, pues, mañana por vuestras tribus; y la tribu que Jehová tomare, se acercará por sus familias; y la familia que Jehová tomare, se acercará por sus casas; y la casa que Jehová tomare, se acercará por los varones;

Jos 7:15 y el que fuere sorprendido en el anatema, será quemado, él y todo lo que tiene, por cuanto ha quebrantado el pacto de Jehová, y ha cometido maldad en Israel.

Santifica al pueblo: Para que el pueblo pudiese consagrarse a Dios tenía que sacar de su seno a los transgresores.

El revés sufrido en Hai desconcierta a Josué y a sus íntimos colaboradores por lo que significaba y por las repercusiones que la derrota tendría en el futuro. Yahvé en esta ocasión no había combatido al lado de su pueblo, lo que debía interpretarse como señal de que estaba resentido por alguna infidelidad cometida contra El. Como muestras externas de dolor, rasga Josué sus vestiduras, echa polvo sobre su cabeza, y, postrado en tierra, se queja a Yahvé, casi reprochándole su conducta haciéndole ver el porvenir de su pueblo y el menoscabo de su gloria ante los otros pueblos de Palestina. La conducta de Yahvé en momentos tan críticos es desconcertante. ¿No cobrarán ánimo los pueblos de toda Palestina al enterarse de que un puñado de hombres de Hai ha infligido una gran derrota a los israelitas, considerados por algunos como invencibles?

Dios señala a Josué la causa del revés sufrido en Hai se señalan los procedimientos para aplacar su ira. Como sujeto de este pecado, seis veces se dice que es una colectividad; una vez el pecador es Israel (hata Yisrael, Israel pecó); cinco veces se dice que ellos, es decir, los israelitas, han pecado. De todo el contexto aparece que el pecador es Acán, quien con su pecado trajo la confusión sobre el campamento de Israel. Para que entre Dios y el pueblo se reanuden las relaciones de amistad, es preciso que desaparezca la infamia de en medio del pueblo y de que sea quemado el que faltó a la alianza. Dios mismo sugiere a Josué el método que debe seguirse para individualizar al culpable.

Jos 7:16 Josué, pues, levantándose de mañana, hizo acercar a Israel por sus tribus; y fue tomada la tribu de Judá.

Por sus tribus : La sociedad hebrea tenía un carácter tribal. Las doce tribus de Israel descendían de los 12 hijos de Jacob y estaban integradas por muchos clanes y familias.

Jos 7:17 Y haciendo acercar a la tribu de Judá, fue tomada la familia de los de Zera; y haciendo luego acercar a la familia de los de Zera por los varones, fue tomado Zabdi.

Jos 7:18 Hizo acercar su casa por los varones, y fue tomado Acán hijo de Carmi, hijo de Zabdi, hijo de Zera, de la tribu de Judá.

Jos 7:19 Entonces Josué dijo a Acán: Hijo mío, da gloria a Jehová el Dios de Israel, y dale alabanza, y declárame ahora lo que has hecho; no me lo encubras.

Jos 7:20 Y Acán respondió a Josué diciendo: Verdaderamente yo he pecado contra Jehová el Dios de Israel, y así y así he hecho.

Jos 7:21 Pues vi entre los despojos un manto babilónico muy bueno, y doscientos siclos de plata, y un lingote de oro de peso de cincuenta siclos, lo cual codicié y tomé; y he aquí que está escondido bajo tierra en medio de mi tienda, y el dinero debajo de ello.

Jos 7:22 Josué entonces envió mensajeros, los cuales fueron corriendo a la tienda; y he aquí estaba escondido en su tienda, y el dinero debajo de ello.

Jos 7:23 Y tomándolo de en medio de la tienda, lo trajeron a Josué y a todos los hijos de Israel, y lo pusieron delante de Jehová.

Jos 7:24 Entonces Josué, y todo Israel con él, tomaron a Acán hijo de Zera, el dinero, el manto, el lingote de oro, sus hijos, sus hijas, sus bueyes, sus asnos, sus ovejas, su tienda y todo cuanto tenía, y lo llevaron todo al valle de Acor.

Acor significa «problema». Parece que recibió ese nombre como un recordatorio del problema causado por Acán.

Jos 7:25 Y le dijo Josué: ¿Por qué nos has turbado? Túrbete Jehová en este día. Y todos los israelitas los apedrearon, y los quemaron después de apedrearlos.

Y los quemaron : La familia de Acán fue destruida por ser copartícipe del pecado y debido al principio de la culpa colectiva

Acán subestimó a Dios y no tomó sus mandatos en serio. Puede haberle parecido insignificante a Acán, pero los efectos de su pecado fueron sentidos por toda la nación, sobre todo su familia. Como Acán, nuestras acciones afectan a más personas, además de nosotros mismos. Cuidado con la tentación de racionalizar sus pecados, con decir que son demasiado pequeños o demasiado personales para afectar a alguien más que a usted.

Jos 7:26 Y levantaron sobre él un gran montón de piedras, que permanece hasta hoy. Y Jehová se volvió del ardor de su ira. Y por esto aquel lugar se llama el Valle de Acor, hasta hoy.

Un gran montón de piedras : Sirve para recordar que el arrepentimiento trae restauración.

¿Por qué pagó toda la familia de Acán por su pecado? La narración bíblica no nos dice si fueron cómplices en el delito. Pero en la antigüedad, se trataba a la familia como una unidad. Acán, como cabeza de la familia, era como un jefe tribal. Si prosperaba, la familia prosperaba con él. Si sufría, ellos también. Muchos israelitas ya habían muerto en la batalla como resultado del pecado de Acán. Este tenía que ser totalmente eliminado del pueblo de Israel.

Toda su familia tenía que ser apedreada junto con él, para que no quedara ninguna huella del pecado en Israel. En nuestra cultura individualista, nos cuesta trabajo entender tal decreto, pero en las culturas antiguas era un castigo usual. El castigo encajaba con el delito: Acán desobedeció el mandato de Dios de destruirlo todo en Jericó, por lo tanto todo lo que le pertenecía a Acán sería destruido. El pecado tiene consecuencias drásticas, así que debemos tomar medidas drásticas para evitarlo.

Según lo que había mandado Dios, echáronse suertes para descubrir al culpable empleando el sistema de eliminación, empezando por las tribus y terminando por los individuos. Con el efod en la mano, un sacerdote interpretaba las respuestas dadas por las dos suertes sagradas, el urim y el tummim, dos piedras preciosas que, convencionalmente, significaban sí o no. Acán resultó ser el culpable. Reconoció su falta y confesó haber sustraído un hermoso manto de Senaar, es decir, de Babilonia, y una cantidad de plata y oro en lingotes, cuya estimación en medidas actuales era de tres kilos y 800 gramos respectivamente. El texto masorético actual extiende el castigo a los familiares y a la hacienda del sacrílego, pero el texto griego reduce la lapidación al culpable. Como en otras partes del libro de Josué, se ha amplificado el texto primitivo de este pasaje con glosas redaccionales con el fin de acentuar las penas en que incurren los transgresores de la alianza. Como glosa debe también considerarse la noticia de que Acán fuera quemado en el fuego.

Campaña contra Hai

La toma de la tierra prometida no fue un proceso lineal y sin obstáculos. Como ya se ha mencionado, es posible que no todo se haya logrado tan fácilmente como puede suponer una primera lectura del libro de Josué. Sin embargo, en este mismo libro ya se demuestra que la posesión de Canaán fue un proceso que tuvo que lidiar con las dificultades propias que el manejo de grupo humano supone.

Esta es la experiencia que tuvo Josué con Acán y toda su familia, experiencia por cierto muy dolorosa pero necesaria hasta cierto punto, debido a los resultados que esta tuvo para la vida y formación del pueblo.

Varios comentaristas sobre este pasaje consideran necesaria la aclaración arqueológica sobre la destrucción de Hai. Por eso vale la pena mencionar al menos el porqué se relaciona la destrucción de Hai con la mención de Betel.

Hugh J. Blair, en el Nuevo Comentario Bíblico, expone cuatro tesis principales que explican las discrepancias entre el relato bíblico y los hallazgos arqueológicos, específicamente porque parece que Hai ya estaba destruida antes de que llegara Josué. Su opinión es que tal vez resulte mejor cuestionar la evidencia arqueológica porque se puede estar cometiendo un error al identificar a Hai con Betel, que sí parece haber sido destruida en el tiempo de la llegada de los hebreos. Dice: “…es de esperar que aparezcan nuevas evidencias de la ciudad de Hai de los días de Josué”. Esta solución tal vez no es del todo satisfactoria pero sirve para enfatizar que el aprecio por el texto bíblico no puede basarse en una ciencia que trabaja muy lentamente y que además, después de cada hallazgo, parecen surgir más preguntas que las que se logran resolver. Por esa razón y sin ignorar sus aportes, en este caso hay que volver al texto para encontrar allí el sentido y la razón de su existencia. No conviene dejar el asunto con la pregunta del porqué Dios inspiró al autor para hablar de la toma de una ciudad que aparentemente ya estaba destruida.

Otro de los aspectos que algunos comentaristas destacan al estudiar este pasaje es la mención del suceso de Acán en relación con el fracaso del primer intento contra Hai. Esto se debe a que la descripción de la posesión de la tierra prometida, se refiere exclusivamente al territorio de la tribu de Benjamín, mientras que el relato de Acán y la mención de Acor corresponden a una tradición de la tribu de Judá que quizá esté relacionada con otra batalla ya que no hay cercanía entre Hai, lugar de la batalla, y Acor, lugar del castigo de Acán.

Se sugiere que había cierta rivalidad entre la tribu de Benjamín y la de Judá que se ve en la tensión posterior por la importancia de poseer a Jerusalén, o la rivalidad de David (judaíta) y Saúl (benjaminita); por eso dicha rivalidad se hace evidente al relacionar los dos incidentes, el de Hai y de Acán siendo este el motivo principal de la derrota inicial del pueblo en la tierra prometida. Esta explicación histórica puede ser usada para fundamentar el hecho de que en este período la unidad del pueblo era aún débil y que los egoísmos particularistas salieron a la superficie en momentos cruciales para la estabilización del pueblo de Jehová en la tierra prometida y colocando en aprietos el liderazgo de Josué.

Intento fallido contra Hai

El capítulo comienza dando la razón para el fracaso inicial en la toma de Hai. Josué envía espías nuevamente para conocer un poco el terreno. Aunque sabe que la presencia de Jehová está garantizada, era importante reconocer el terreno. El informe en esta ocasión muestra bastante optimismo, si uno compara los informes de otras comisiones de espionaje que Moisés y Josué ya habían enviado. En esta ocasión parece que la victoria sobre Jericó les dio aires de triunfalismo; tal vez menospreciaron al enemigo.

De todas maneras el obstáculo no parecía ser tan difícil de superar como lo fue Jericó; la toma de Hai era la continuación de un proceso irreversible, garantizado por Jehová. De ahí que la confianza se haya apoderado de los espías.

Sin embargo, Israel fue derrotada. Numéricamente hablando, la pérdida en hombres fue apabullante: 36 de entre 3.000 hombres; apenas constituía un poco más del 1% de los combatientes. Sin embargo, lo más difícil de aceptar era el no haber podido tomarse a Hai. El hecho de salir huyendo sí constituye una humillación, y provocó una situación crítica: “…el corazón del pueblo desfalleció y vino a ser como agua”. El ánimo del pueblo ahora es similar al de los reyes amorreos; es la angustia de la derrota y de la impotencia para poder contraatacar, pues lo que ha sucedido en verdad es que ya no cuentan con la compañía de Jehová.

Castigo de Acán

La actitud de Josué refleja la crisis provocada por la derrota pero sobre todo porque en el fondo sabe que algo está fallando. La relación con Jehová anda mal. Las preguntas de Josué son similares a los argumentos de los que se quejaban ante Moisés en el desierto. El ensimismamiento en que ha caído Josué no le permite comprender que quien ha fallado al pacto no es Jehová sino el pueblo mismo.

Hay señal de duelo, de arrepentimiento en el sentido del dolor, el pesar por saber que han fallado; pero aún no se sabe dónde está la razón del problema. El dolor por fallar es un paso inicial en el proceso de restauración, porque implica al menos que se reconoce que las cosas no están funcionando bien en relación con Dios. Esto es sólo un preámbulo en el arrepentimiento.

Jehová dio instrucciones para que Josué indagara acerca de quién era el culpable de la tragedia que afectaba a todo el pueblo. Josué fue tribu por tribu investigando de clan en clan y luego de familia en familia, es decir, todas las unidades que componían al pueblo hebreo: tribus, clanes, familias, hasta la estructura más pequeña del pueblo.

Es importante comprender la mentalidad de los pueblos antiguos para respetar el texto bíblico que narra el castigo de Acán. La comunidad es la unidad básica para la sobrevivencia de las personas. Estas no son entendidas, como en nuestro tiempo, en términos individuales; no son personas aisladas que se pueden pertenecer a sí mismos o que son libres según la democracia occidental. La persona en este contexto tiene valor en la medida en que pertenece a una comunidad. Las tribus cuidan estrictamente a sus miembros porque ellos representan la mano de obra para la cacería o la agricultura y a las mujeres porque garantizan la reproducción de la comunidad si son fértiles. De ahí se pensaba que una mujer en una comunidad tenía valor en la medida en que era fértil. La lucha entre tribus o clanes con frecuencia se dio por el rapto de mujeres o violaciones, que tenían una implicación socioeconómica y religiosa, puesto que lo que importaba en el fondo no era el honor de una mujer sino el de la comunidad. Por esta razón la mujer era, en cierto modo, un objeto de intercambio sobre el cual solo los padres podían intervenir para darlas en matrimonio, y en muchos casos entre los clanes con cierta consanguinidad para que la comunidad no se desintegrara. Así como el individuo se debe a la comunidad, la comunidad se debe al individuo. Lo que esta haga por él no es un beneficio que termine fortaleciendo el individualismo, sino por el contrario a la comunidad misma. La reciprocidad es fundamental, pues lo que el individuo haga afecta a la comunidad; cuando actúa quien lo hace es la comunidad y no una persona individual.

Esta manera comunitaria de pensar y actuar también se demostró en Israel. Se desarrolló hasta el punto que muchos consideraban que los pecados de sus padres causaban las tragedias actuales, procurando evitar la responsabilidad individual. Este hecho permite comprender por qué el pecado de uno afecta a toda la comunidad, y por qué el esfuerzo de uno ayuda a la comunidad. Jehová se reveló a un pueblo en su contexto, y en esa medida no se reveló a individuos para que estos se dieran por bien servidos al conocer a la divinidad. Se reveló a ellos en la medida en que hacían parte de una comunidad. Por ese trato que Jehová hace con todo un pueblo, todo el pueblo responde; cada tribu, cada clan, cada familia puede afectar positiva o negativamente a la comunidad en general.

El pecado de Acán no lo afectó negativamente a él solamente, sino a toda la comunidad. Treinta y seis hombres murieron, y no se alcanzó la meta propuesta. La violación del pacto no era la desobediencia a un acuerdo entre él y Jehová, sino entre Jehová y todo el pueblo.

El sentido de pertenencia, que no es característico de nuestro tiempo, nos impide tal vez comprender el sentido fuertemente comunitario de la relación de Israel con Jehová y por esa razón puede existir resistencia a aceptar tal castigo.

Acán fue anatematizado por tocar objetos anatematizados por orden de Jehová. Eran malditos y debían destruirse para comenzar de nuevo; eran parte de una herencia de la ciudad cananea que no debían recibirla.

Mientras que Acán se identifica con lo que está anatematizado, Rajab se identifica con lo que está sacralizado. El contraste confirma que la adhesión al pacto no estaba dada de hecho por pertenecer a una etnia, sino que también esta debía estar comprometida en el cumplimiento de ese pacto. Deja constancia de que toda la familia recibió el castigo, lo cual no es injusto pues la ley prohibía claramente la pena de muerte de los familiares del inculpado siempre y cuando estos no fueran cómplices. Al parecer por estar viviendo en la misma tienda, los de Acán conocieron el secreto de su padre y sabían dónde estaba escondido lo que se guardó para sí. Parece que fuera un castigo muy drástico, pero el pecado no era menos grave. Al pensar en sí mismo ignorando el pacto de todo el pueblo con Dios, se amenazaba la unidad de ese pueblo; se pretendía acumular riquezas para sí dando lugar a la reproducción de un sistema injusto que precisamente ya se estaba destruyendo.

En nuestro tiempo el individuo parece ser dueño de sus decisiones y aparentemente responde por ellas; pero quizá este sentido comunitario, que no es tan fuerte en la actualidad, provoca que se olvide la connotación de las acciones individuales en la comunidad de fe, los efectos de pecados individuales para la unidad de la iglesia.

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