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Josué 12: La media tribu de Manaséorio de Basán

Jos 12:15 el rey de Libna, otro; el rey de Adulam, otro;

Jos 12:16 el rey de Maceda, otro; el rey de Bet-el, otro;

Jos 12:17 el rey de Tapúa, otro; el rey de Hefer, otro;

Jos 12:18 el rey de Afec, otro; el rey de Sarón, otro;

Jos 12:19 el rey de Madón, otro; el rey de Hazor, otro;

Jos 12:20 el rey de Simron-merón, otro; el rey de Acsaf, otro;

Jos 12:21 el rey de Taanac, otro; el rey de Meguido, otro;

Jos 12:22 el rey de Cedes, otro; el rey de Jocneam del Carmelo, otro;

Jos 12:23 el rey de Dor, de la provincia de Dor, otro; el rey de Goim en Gilgal, otro;

Jos 12:24 el rey de Tirsa, otro; treinta y un reyes por todos.

Es la relación de los 31 reyes derrotados por Josué al oeste del Jordán. La victoria sobre estos reyes representó la consumación del pacto con Abraham.

Estadística de los triunfos

Este pasaje constituye una especie de apéndice de la obra de Josué, pero incluye lo realizado bajo el liderazgo de Moisés. En la primera parte se mencionan solo dos reyes que fueron destronados en el lado oriental del río Jordán, mientras que en la segunda parte se mencionan treinta y un reyes derrotados por Josué al lado occidental del río.

La mención de la primera lista obedece a la importancia teológica que el autor da a las podían unir para enfrentar a algún adversario como en efecto lo hicieron para defenderse de los israelitas. Algo que se debe destacar es que las principales víctimas de los ataques del pueblo de Jehová fueron los reyes, es decir, el sistema que ellos representaban. Lo que se menciona en esta estadística no es el número de habitantes que destruyeron sino el número de reyes que destronaron.

No habría ahora otro rey que no fuese Jehová. Si hubo luego conflictos bélicos, fue en la medida en que la presencia de otros reyes amenazaban la vida del pueblo y la fidelidad a Jehová, y no sólo porque les interesara apoderarse de más territorios. Este no era un pueblo expansionista al estilo de las grandes naciones de la época contemporánea, sino un pueblo que quería garantizar que su fidelidad, culto y prácticas religiosas dirigidas a Jehová no fuesen tentadas por la presencia de otras divinidades que acompañaban a los reyes que estaban cerca a ellos. Es necesario subrayar el hecho de que antes que una lucha entre poderes políticos lo que hay en el fondo es una lucha espiritual, contra dioses. Tales dioses no garantizaban la vida de todo el pueblo sino que estaban al servicio de reyes que a su vez los usan para mantener su posición y su dominio sobre la población.

Jehová liberó a Israel de la esclavitud a que estaban sometidos en Egipto. La formación de este pueblo se da en medio de la solidaridad (el apoyo de las tribus transjordánicas), la obediencia a un solo Dios y la repartición justa y equitativa de la tierra. Lo que está sucediendo no es el reemplazo de un dios por otros, sino el paso de una forma distinta de ser pueblo, ahora con una misión, una bendición y un llamado que deberá reflejarse en su actitud hacia los otros pueblos en el momento histórico que Dios había preparado para ellos, a saber el tiempo de la venida de Jesucristo.

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